Somos
viejos
Martín Cruz Santos
El envejecimiento de la población mundial
es un fenómeno demográfico que llama la atención por el aumento y la proporción
que proyecta en la mayoría de los países. Aspectos relacionados con la
natalidad, mortalidad y las migraciones, entre otros, también constituyen temas
que abarcan discusiones, investigaciones, publicaciones, simposios, congresos y
la formulación de políticas públicas nacionales y planteamientos
internacionales. La complejidad del asunto merece nuestra reflexión. Muchos
somos viejos o adultos mayores, pero, aunque no se pertenezca a este grupo
creciente, es importante tomar en consideración sus repercusiones.
Recientemente el Departamento de Asuntos
Económicos y Sociales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó
el Informe Social Mundial 2023: no dejar a nadie atrás en un mundo que
envejece..[1] El documento plantea el
envejecimiento como una tendencia definitoria de la realidad social mundial que
ha sido propiciada por los avances en cuanto al cuidado de la salud y las
reducciones en la fertilidad se refiere. En diversos países la longevidad ha
aumentado mientras que la reducción en el número de nacimientos es evidente. La
población mayor de 65 años ha tenido un crecimiento superior al de otros
segmentos poblacionales.
Los
datos estadísticos pueden ser útiles para dimensionar el problema. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS), entre los años 2015 y 2050 el porcentaje de
habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará del 12% al 22%. En 2030,
la edad de una de cada 6 personas será 60 años o más. Significa que ese sector
estará constituido por 1400 millones de seres humanos; en 2020 eran 1000
millones.[2] Aunque en la actualidad el
envejecimiento es más notable en los países de ingresos altos, como Japón, por
ejemplo,[3] se vislumbra que en el año
2050 dos terceras partes de los adultos mayores de 60 años vivirá en países de
ingresos bajos y medios. Precisamente, este punto es preocupante, porque interactúa
con en el empeoramiento de las condiciones de pobreza y desigualdad.
Consideremos las situaciones particulares de los
dos países que habito y me habitan, Puerto Rico y Colombia, ambos ubicados
geográficamente en zonas donde existen retos económicos, políticos y sociales
considerables. Hagamos referencia primero a Colombia donde habitan 7,412,407
personas mayores de 60 años, es decir, el 14% de la población colombiana, que
en 2023 está constituida por 52,215,503.[4] Las proyecciones indican
que en 2031 la cantidad aumentará a 10 millones. Definitivamente, los retos son
mayúsculos, pero no imposibles de enfrentar, especialmente, la protección de
los derechos económicos y sociales (salud, alimentación, vivienda, participación,
entre otros).
En Puerto Rico, el envejecimiento de la población
representa un gran reto que no se debe eludir o menospreciar. Similar a lo que
ocurre en otros países, las variables demográficas que inciden en el problema
social que suscita esta reflexión son: nacimientos, defunciones y migración. El
Censo de 2020 cuantificó la población total del archipiélago puertorriqueño en
3,190,410.[5] De ese total, 909,934 son
adultos mayores de 60 años o más, es decir, el 28.5%. En 2022 ocupamos el
cuarto lugar en el mundo con un 22.9% después de Japón (29.9%), Italia (24.1%) y
Finlandia (23.3%).[6]
La perdida y la baja poblacional actúan como agravantes de esta realidad
demográfica. Hace apenas 13 años, en 2010, el Censo informó que el número de habitantes
había disminuido de 3,815,893 a 3,725,789. La
pérdida poblacional mediante la emigración hacia los Estados Unidos por causas
económicas, principalmente, es la válvula de escape que mengua el poblamiento.
Mientras tanto, cada vez son menos los nacimientos en comparación con las
defunciones; esa es la baja poblacional. A partir del año 2015 la cantidad de
nacimientos ha decrecido en comparación con las muertes. En 2022 la cifra de
nacimientos fue 18,672; fallecieron 35,384 personas.[7] Los cambios en las
vertientes económicas y políticas son las causas fundamentales de esta merma de
la natalidad.
Colombia y Puerto Rico
son dos ejemplos, pero, en cada país de América Latina y el Caribe podemos
encontrar datos estadísticos comparables como representaciones numéricas de seres
humanos en situación de vulnerabilidad social por razón de su condición de
adultos mayores. En las sociedades donde el envejecimiento es visto desde la
perspectiva económica de la producción solamente, ser viejo es una desgracia
para quienes ya no poseemos las energías explotables mediante el trabajo
asalariado. Entonces llegan los días aciagos cuando las necesidades
impostergables de la alimentación adecuada, salud y vivienda quedan
insatisfechas por causa de la pobreza. Las políticas gubernamentales y las
legislaciones laborales de austeridad para la mayoría trabajadora causan salarios
bajos, pluriempleo, jubilaciones que no causan jubilo, pensiones raquíticas y salud
mental empobrecida, entre otras circunstancias humanas que marginan como
desechos a quienes vivimos, produjimos y aportamos para el crecimiento de la
riqueza de un país.
Somos viejos, el mundo es viejo. Con sus
7,900 millones de habitantes aproximadamente, la diversidad demográfica parece
encontrarse con una característica que nos homogeniza: el envejecimiento
acelerado. Esta transformación social en el siglo XXI tiene consecuencias inéditas
y merece la dedicación acuciante de los gobiernos y los organismos
internacionales encargados de garantizar los derechos de la población adulta
mayor. La declaración de la Década del Envejecimiento Saludable 2021-2030 por
la Organización de las Naciones Unidas es una iniciativa loable. Sin embargo,
la justicia no se decreta, se construye de modo fehaciente con políticas públicas
y prácticas consecuentes acorde a las diversas sociedades y culturas del mundo
y las condiciones económicas y políticas de sus habitantes.
Sirva esta reflexión desde El Jardín para
reivindicar el derecho a una vejez saludable, respetada, feliz y partícipe
activamente de los cambios que acontecen en el mundo.
[1]
Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de las
Naciones Unidas. (febrero de 2023). Informe Social Mundial: no dejar a nadie
atrás en un mundo que envejece. Disponible en línea: https://iberoamericamayores.org/2023/02/18/onu-informe-social-mundial-2023-no-dejar-a-nadie-atras-en-un-mundo-que-envejece/
[2]
Organización Mundial de la Salud (OMS). (1 de octubre de 2022). Envejecimiento
y salud. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/ageing-and-health#:~:text=En%202030%2C%20una%20de%20cada,habr%C3%A1%20duplicado%20(2100%20millones).
[3] La
población de Japón es 125,507,000. El 29.9% tiene 65 años o más. Fuente:
https://www.un.org/es/global-issues/population
[4] Departamento
Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Sistema Estadístico
Nacional (SEN). Disponible en: https://www.dane.gov.co/index.php/sistema-estadistico-nacional-sen
[5]
Negociado del Censo de los Estados Unidos. (2020). Base de datos internacionales
y sobre Puerto Rico. Disponible en: https://www.census.gov/newsroom/press-releases/2022/population-estimates-characteristics/population-estimates-characteristics-spanish.html
[6]
Fuente: Fuente: https://www.un.org/es/global-issues/population
[7]
Sara R. Marrero Cabán. (4 de abril de 2023). El gran problema de la baja en
la natalidad en Puerto Rico y qué hacer para solucionarlo. Primera
Hora. Disponible en: https://www.primerahora.com/noticias/puerto-rico/notas/el-gran-problema-de-la-baja-en-natalidad-en-puerto-rico-y-que-hacer-para-solucionarlo/

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Sus comentarios son bienvenidos. Por favor, escriba su nombre junto al escrito para responderlo de modo personalizado. Gracias.