Nada que hacer
Martín Cruz Santos
“Quien
quiere hacer algo, encuentra un medio,
quien no quiere hacer nada, encuentra una
excusa”.
Proverbio árabe
La sociedad de consumo desmedido, que es
guiada por el énfasis en el crecimiento de la producción de la riqueza trabajada
por muchos, pero disfrutada por pocos, tiene como eje la actividad económica en
torno a la cual gira la vida toda. En consecuencia, comprar, consumir y
descartar es el quehacer placentero, lúdico y eufórico que receta el mercado.
El mundo resulta ser un espacio para existir en la fugacidad de las
distracciones continuas propiciadoras de la adrenalina como fuego voraz de lo
efímero. Peor que la muerte es nada que hacer. Juzgar el entorno natural y la
creación cultural a partir de los parámetros de ese espectro visitante,
distorsiona la imagen de cualquier modo alterno de ser y la visión de mundo que
le subyace.
Días atrás un compatriota mío (recuerden
que soy puertorriqueño), a quien no conocía, visitó el municipio de Jardín,
Antioquia en Colombia, donde resido. Aparentaba ser uno de tantos turistas arribados
a este pueblo patrimonial. Para mi sorpresa, no era un transeúnte, sino que estuvo
asentado en esta localidad, pero se fue, y cito sus palabras: “Porque acá no
hay nada que hacer”. No había terminado su expresión cuando riposté: “Eso
depende de lo que a uno le guste hacer”. Acto seguido, el visitante de
ocasión explayó sus preferencias por la magia de los centros comerciales
citadinos lejos de los anodinos encuentros cotidianos en el Parque El
Libertador, que, a su juicio, conducen al tedio. Nada más con el testigo.
Que es su opinión, supuestamente cimentada en
la experiencia, y le cobija la libertad de expresión, claro está. Sin embargo,
debo aseverar que salí molesto de la situación. Considero que semejante
generalización sentenciosa raya en la falta de respeto contra las más de 15,000
personas, la mayoría nacidas en Jardín, actuantes de la historia viva del
pueblo. Además, menosprecia el auge del turismo en la zona. Entiendo al
susodicho, quien moró durante un tiempo prolongado, según dijo, porque en un
año y tres meses que habito aquí definitivamente, tras un lustro viniendo con
frecuencia, no sabía de otro boricua[1] afincado en esta
población. Eso a pesar que suelo participar en diversas actividades culturales,
compro en los comercios locales, converso diariamente con amigos, vecinos y
nuevos conocidos, tomo café en los negocios tradicionales, camino por las
calles y los caminos veredales, conduzco un podcast y resalto temas
relacionados con los aportes culturales
de individuos y organizaciones de la comunidad, administro el grupo de Amigos
de Jardín, Antioquia,[2] coadyuvo a las soluciones
de los asuntos cívicos que nos atañen, en fin, busco integrarme a la vecindad
que me ha acogido. Tal vez ahí estriba la diferencia.
Darío Ruiz Gómez, eminente escritor,
docente, periodista, teórico del arte y el urbanismo, crítico literario y poeta
colombiano afirma que “Jardín no es solo un pueblo, es un modo de vida”.[3]
Suscribo la apreciación de él. Asimismo, reconozco que hay formas de ser
adecuadas o no a idiosincrasias y ambientes particulares. Por tanto, es válido
manifestar individualmente no sentirse a gusto en un sitio a causa de las
expectativas incumplidas. Como foráneo y viajante hay la opción de regresar al
país de origen o trasladarse a distintos confines, si las circunstancias son
favorables. No obstante, la pretendida autoridad discursiva para decretar “No
hay nada que hacer” es la ejemplificación de mentalidades
turistificadoras para las cuales, una vez hecho el recorrido por los atractivos
de recreación, avienen agotados los deleites, porque confunden el paso del
viajero con la permanencia comunitaria.
Cabe acotar un aspecto pertinente. El
consumismo de la sociedad líquida[4] atavía el menosprecio selectivo
por los pueblos de gesto antiguo, máxime si las delimitaciones de estos quedan
en la periferia del mundo, donde “el sur también existe”[5].
Son valorados solamente si: patrocinan escapatorias temporeras de las ciudades,
constituyen réplicas del pasado adornadas con modernidades desconcertantes, incluyen
enclaves vacacionales para hacer y deshacer sin miramientos ciudadanos, perfilan
objetos para la especulación inmobiliaria y gentrificación en determinados
casos, entre otras oportunidades. Algunos pasajeros optan por establecerse,
pero sin socializar, hasta que el hastío colme sus emociones insatisfechas. Definitivamente,
no hay nada que hacer para ellos ni con ellos. La miopía cultural les impide
ver más allá de sus narices.
Disponer que es el tiempo propicio para
tomar una decisión y atreverse a llevarla a cabo, fortalece la voluntad,
reafirma la libertad y determina la responsabilidad. Ahora bien, extrapolar una
resolución propia involucrando el sentir ajeno es inconveniente y riesgoso dada
la injusticia implícita. La vida, que en su devenir transcurre por rumbos distintos
y distantes, conlleva las posibilidades de ubicarse en los asentamientos
escogidos. Me trajo a estos lares al arrostre del tiempo y el espacio idóneos para
mis Reflexiones desde el Jardín. Como cantara Atahualpa Yupanqui:
“En más de una ocasión quisiera
hacerme perdiz,
para ver de ser feliz en algún pago
lejano,
pero, la verdad, paisano, me gusta el aire de aquí”.[6]
[1] El
vocablo boricua es sinónimo de puertorriqueño u oriundo de Borinquen, nombre ancestral
indígena de Puerto Rico.
[2]
Amigos de Jardín, Antioquia en Facebook: https://www.facebook.com/share/g/sqhswcrgfMeagTQE/
[3]
Darío Ruiz Gómez, 19 de agosto de 2023, Racionalidad espacial frente a la
naturaleza: El Parque; en Narrativas Pueblerinas (séptima edición), Teatro
Municipal Rafael Leónidas Velázquez Rojas, Jardín, Antioquia.
[4]
El sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017) acuñó el término sociedad
líquida para referirse al mundo actual caracterizado por la incertidumbre
causada por la rapidez de los cambios y la ausencia de vínculos sociales
duraderos. Curiosamente, la
novena edición del Festival de Cine de Jardín, dirigida por el cineasta
colombiano Víctor Gaviria, y llevada a cabo durante los días 26 al 29 de
septiembre de 2024, abordó el tema de la Sociedad Líquida: individuos
solitarios, una libertad sin mundo.
[5]
Hago referencia al poema titulado El sur también existe, de la autoría
del poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Es el nombre también de un
disco grabado por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat sobre los poemas de
Benedetti en 1985.
[6]
Atahualpa Yupanqui, 1984, Milonga del peón de campo, Álbum La pampa de
antes, Sony Music Entertaiment Argentina.
