07 noviembre 2024


La colonia que no cesa[1]

Martín Cruz Santos

 

“El colono y el colonizado se conocen desde

hace tiempo. Y, en realidad, tiene razón el colono cuando

dice conocerlo. Es el colono el que ha hecho y

sigue haciendo al colonizado.

El colono saca su verdad, es decir, sus

bienes, del sistema colonial”.

(Frantz Fanon)[2]

 

   El colonialismo configura mentalidades y dependencias que afinca a través del miedo como arma paralizante y la mentira letal. El resultado neto es la sumisión ambigua, conformista o desafiante del colonizado al poder impuesto. Asimismo, la expoliación de las riquezas del territorio dominado con la complicidad de una elite parasitaria local que actúa cual sanguijuela agarrada a sus compatriotas a quienes desprecia. La psiquis queda configurada por sentirse menos y creerse más comparándose siempre con el norte imaginado, pero con la brújula rota e incapaz de llegar a destino alguno. Puerto Rico es un lugar donde esperar sin saber qué exactamente es la panacea de la colonia que no cesa.

     El día 5 de noviembre de 2024 hubo comicios gubernamentales en la Isla/archipiélago otra vez. Cada cuatro años se acude a sufragar para que todo siga igual o peor. Durante la campaña electoral surtió efervescencia la euforia parcial causada por las expectativas de un cambio que no ocurrió. Sin embargo, volvió a ganar la continuidad del andamiaje hegemónico representada por uno de los partidos encargados de administrar la colonia desde 1968, el Partido Nuevo Progresista (PNP), fundado ese año, heredero del viejo Partido Estadista Republicano, que propone la anexión de Puerto Rico a los Estados Unidos como un estado más. Precisamente, al día siguiente de la votación, Mitch McConnel, un prominente congresista del Partido Republicano, ganador de la contienda estadunidense, sentenció: “No se van a admitir nuevos estados”.[3] Habló el colonizador para los oídos sordos de los colonizados. Nada dijo. Preocupa más a los reformistas del patio, y a un porcentaje no menor del pueblo disminuido hasta la dependencia, los fondos federales que llegarán o no. Simultáneamente prosigue el robo de las riquezas producidas por la clase trabajadora, el empobrecimiento creciente, el desasosiego y la emigración.  

     Definitivamente, la Isla flotante no es de basura[4], sino de oportunidades perdidas y sueños truncados, de futuros diluidos en propuestas inconclusas. Dicho categóricamente: la colonia no cesará en las urnas electorales ni en proyectos de “buen gobierno”, sino por la vía de la autodeterminación y descolonización sin las cuales toda reforma es un fuego artificial que sube candente, pero baja apagado. Sin romper con la estructura colonial ahondamos la ciénaga. Un carnaval interminable de falacias perpetúa el desorden establecido y promueve un devenir incierto y carente de voluntad política para superarlo. Mientras haya depredadores económicos y politiqueros con sus respectivos capataces y carceleros distribuidos proporcionalmente en los partidos políticos colonialistas habrá elecciones para no elegir. 

    La colonia no cesa ni los exilios tampoco. Al fin y al cabo, lo segundo es una tabla de salvación para respirar más allá del aturdimiento y el desmadre: la cotidianidad asfixiante vivida entre la incertidumbre de saber qué sectores no tendrán servicio de energía eléctrica, a quiénes le falta el agua potable, no enfermarse, porque la atención de la salud es un derecho conculcado y transmutado en un privilegio caro;  cuáles escuelas públicas o colegios privados cerrarán por falta de alumnos, cuántos empleos parciales equivalen a un salario de sobrevivencia, y si llega un huracán, ¿a qué hora comenzará el espectáculo mediático de los regentes? Para colmo, el patrono dice en tono amenazante por quién votar y luego reza hipócritamente, en público, la antífona: ¡Puerto Rico se levanta![5]

      Proferir alabanzas a la democracia y a la Isla bendecida es sintomático de enajenación. La que pertenece sin ser parte[6], la afortunada a pesar del infortunio es irreformable. Resulta imprescindible continuar organizando y empujando la descolonización desde los diversos espacios sociales (organizaciones políticas, comunidades, educación, artes, deportes y todas las posibles), pero con objetivos, estrategias y tácticas definidas y guiadas por una entidad comprometida con el pueblo trabajador. Denunciar y aspirar a la superación del colonialismo es posible y necesario, pero insuficiente si no se cuenta con un programa de trabajo articulado y eficaz que trascienda los certámenes plebiscitarios. Quienes habitan la patria radicados en ella y la mayoría residente afuera debemos estar preparados y disponibles para aportar a la construcción de un proyecto de país soberano. Es ineludible a menos que hayamos sucumbido a los vaivenes desesperanzadores de la colonia que no cesa en aras de un aparente bienestar propio de náufragos. Así lo veo y digo en mis Reflexiones desde el Jardín.

 

 



[1] El título es alusivo a una obra del autor puertorriqueño José Juan Rodríguez Vázquez (2004), El sueño que no cesa: la nación deseada en el debate intelectual puertorriqueño (1920-1940), San Juan: Ediciones Callejón.

[2] Frantz Fanon (1961, primera edición; 2018 edición consultada), Los condenados de la tierra, México: Fondo de Cultura Económica.

[3] José A. Delgado, 6 de noviembre de 2024, “No se van a admitir nuevos estados”, dice Mitch McConnell, saliente líder republicano del Senado”, El Nuevo Día, disponible en: https://www.elnuevodia.com/corresponsalias/washington-dc/notas/no-se-van-a-admitir-nuevos-estados-dice-mitch-mcconnell-saliente-lider-de-la-mayoria-republicana-del-senado/

[4] Redacción de BBC News Mundo, 28 de octubre de 2024, La furia por el comediante que durante un evento de Trump llamó a Puerto Rico "isla de basura" y se burló de los latinos, disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c5yx8656qj6o

[5] Hago referencia al lema de la campaña mediática que Carlos López Lay, director ejecutivo de Bella International, dirigió después del huracán María que afectó a Puerto Rico en septiembre de 2017. Ese mismo personaje emitió una carta a más de 700 empleados de la susodicha empresa presionándolos para que votarán de acuerdo con los intereses económicos de él. Véase al respecto: https://www.metro.pr/noticias/2024/11/04/patronos-envian-cartas-a-sus-empleados-advirtiendo-que-no-voten-por-la-alianza-pip-mvc/

[6] Según, la Constitución de los Estados Unidos en su Artículo IV, Sección III, Cláusula II, El Congreso de ese país tiene el poder sobre los territorios que le pertenecen. A diferencia de los estados, los territorios no son parte de la Unión, por ende, la Constitución no aplica en todas sus partes a quienes residen en ellos, sino que la decisión al respecto recae en el Congreso. Ha sido ratificado continuamente por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos desde los Casos Insulares llevados a cabo en las primeras décadas del siglo XX. Escuché un podcast al respecto: https://podcasters.spotify.com/pod/show/vozdelcentro/episodes/1010-Los-vergonzosos-Casos-Insulares-e2is8uq/a-ab73b0l