01 marzo 2024


La ética otra vez

  Martín Cruz Santos

    Hay temas que no escapan de mi agenda reflexiva. Están presentes reiteradamente y emergen porque son consustanciales a mi pensamiento filosófico.[1] Considero que durante la carrera académica de tres décadas que llevé a cabo, la enseñanza y el aprendizaje del componente ético resultó ser lo más gratificante. Tanto que aún después de la vida universitaria continúo auscultando sus vertientes posibles.[2] Máxime dadas las aristas concernientes a la convivencia social que debemos construir históricamente.

    No fueron escazas las ocasiones cuando tocó definir las perspectivas del quehacer ético que proponemos, ya que existen tergiversaciones que confunden la reflexión filosófica de la conducta moral, que es la ética, con el afán moralizante de raigambre ideológico religioso en boga.  Categóricamente dicho, ética es la parte más práctica de la filosofía[3] y atañe sólo a los humanos y sus relaciones con el entorno cultural, entiéndase social, político, económico y ecológico. Como vemos, abarca bastante. Somos seres morales en cuanto al cohabitar en grupos sociales propensos a erigir valoraciones y regulaciones normativas para interactuar. Las normas indican lo que debe ser, según lo interiorizan los afiliados a una colectividad. De ahí que hablemos de moralidad definida como hechos apropiados de los individuos conformes a la moral establecida.  Vivir y hacer el bien, lo bueno en el sentido moral, es el objetivo ulterior. Pero, ¿cuáles son los intereses que subyacen a un andamiaje moral?[4]   Ahí radica, a mi juicio, la médula del problema.

    Todo entramado social contiene un follaje moral que configura los actos libres de los miembros del conjunto. Teóricamente, la vida consciente manifestada en valores y costumbres arraigados configuran el “ethos” (modo de ser o carácter adquirido), o como decía Aristóteles, “una segunda naturaleza”.  Sí, segunda, porque el animal ético es creador de cultura para complementar imaginariamente su primera naturaleza, la biológica, orgánica y corpórea. Con el saber teórico y práctico adjudicable al juicio ético se pretende abonar a la coexistencia mediante consensos mínimos que rigen las relaciones de poder entre los individuos.

     Hay dos componentes sobresalientes que acompañan el constructo abordado. Son los cimientos psicológicos y sociológicos. Las experiencias culturales devienen a partir de la combinación dinámica bio-psico-social. Por ende, la eticidad de las acciones racionales, optativas, libres y responsables está asociada a principios y normas afectadas por interferencias complejas.  El énfasis ético que subrayamos haya su espacio en la problematización de la actividad decidida, y no mecánicamente determinada, con secuelas en la vida comunal. Por ejemplo, no debe afectar a alguien que yo decida ir de caminata por las rutas públicas de las veredas de Jardín, Antioquia, municipio colombiano donde resido; pero si la decisión es irme sin avisar y evadir adrede un compromiso prioritario contraído con otras personas, sí hay consecuencias morales, pues estaría faltando a la responsabilidad emanada de una decisión potestativamente consensuada. Segundo caso: que alguien respire dentro de un salón cerrado es un acto biológico o fisiológico, no afecta moralmente; pero que alguien inhale o exhale humo de cigarrillos en la misma habitación no sólo tiene consecuencias adversas para la salud de fumadores activos y pasivos, sino que, asimismo, comporta efectos morales, por ser contrario a las normas y causante de daños.

   Las dos muestras anteriores son básicas. No obstante, las interrelaciones también pueden ser conflictivas en mayor grado. Consideremos la violencia y sus variantes (interpersonal, psicológica, física, de género, política, armada, bélica, entre otras). Quien ejerce el uso de la fuerza agresiva para someter o defenderse del sometimiento aduce razones con matices morales justificadas con argumentaciones[5] y basadas en una visión ideológica que implica “un conjunto de significados y valores que codifican ciertos intereses relevantes para el poder social”.[6] A ese ideario pertenece el asunto moral que atiende el saber ético. Es importante acotar que la complejidad de cualquier ideología, y su conflictividad implícita, arrastra a los actores a la renegociación moral constante entre las partes a pesar de las trincheras supuestamente inalterables de sus puntos de referencia.

     Ciertamente, la ética propicia edificar conocimientos teóricos clarificadores del ejercicio moral. Teóricos, porque acarrean el estudio concienzudo de una cuestión con el debido proceder sistemático, metodológico, indagador y en búsqueda de entendimientos certeros que arrojen luz a la realidad social próxima. En ese marco, no evade la esfera comunitaria que clama por acuerdos auténticos para su transformación; por tanto, la experiencia acumulada por la actividad ética genera procesos de análisis y exploración de interpretaciones de los obstáculos que aquejan el desarrollo de un pueblo, y convergencias entre los diferentes agentes que trabajan por el bien común.  

      Reiteramos, que la ética enfoque la moral, su objeto de investigación, no la convierte en auxiliar de moralismos ni monsergas fundamentalistas.  El desafío estriba en demostrar por qué una sociedad considera un acto bueno o malo, moral o inmoral, en determinado contexto. No es para justificar convencionalismos e imponerlos culturalmente divinizándolos o adjudicándoles sitiales universales e inapelables. La ética analiza los patrones de conducta moral (valores morales, ángulos morales de problemas sociales, políticos y económicos, entre otros). No predica ni prescribe normas. El afán inquisidor y el oficio ético están reñidos. Claro, la explicación de los códigos, los valores y las prácticas vividas en una época, puede tener repercusiones en la comprensión de lo que somos, estamos siendo y pretendemos ser.

     El núcleo del raciocinio ético es un valimiento audaz para encauzar los esfuerzos concertados en pro de alcanzar entendimientos fraguados al calor de proyectos que vislumbran un futuro justo y solidario. Hagamos que surjan vías insospechadas, vertientes fluidas, transgresiones imprescindibles, en fin, aportes renovadores en tiempos discurridos entre verdades anquilosadas e innovaciones superfluas. Dicho sea, con voluntad ética, en mis Reflexiones desde El Jardín.  

   

  

 

 

 

          .

 

 



[1] Vida consciente, pensamiento y filosofía constituyen una trilogía inseparable. Las dimensiones de esta afirmación fueron dialogadas con el filósofo y educador colombiano, el doctor Renier Castellanos Meneses, en mi podcast Conversaciones con Martín Cruz Santos el 24 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.youtube.com/live/kX1VqUGSoHI?si=xZS3LNGqbyPyOo9H

[2] En diciembre de 2023 publiqué por este medio una reflexión titulada Defensa ética del ocio. Pueden acceder a su lectura en el enlace siguiente:  https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/defensa-etica-del-ocio-martin-cruz.html

[3] Recuerdo siempre que mi primer profesor de ética en la universidad fue el doctor Carlos Rojas Osorio, un colombiano quien reside en Puerto Rico desde hace décadas. Posteriormente fuimos colegas. Considero que es un filósofo, investigador que ha aportado grandemente al desarrollo humanístico de la educación universitaria.  Para quienes se inician en el estudio de la filosofía, recomiendo el libro siguiente: Carlos Rojas Osorio, (2010), La filosofía: sus transformaciones en el tiempo, San Juan: Isla Negra Editores. 

[4] Ética es filosofía, por tanto, formula preguntas para ahondar en el porqué de su objeto de estudio. Son preguntas vitales que atienden incluso la cotidianidad. Al respecto recomiendo dos lecturas de un mismo autor: Fernando Savater, (2008), Las preguntas de la vida, Barcelona: Editorial Ariel; _______ (1991), Ética para Amador, Barcelona: Editorial Ariel, S.A. Asimismo, es recomendable la lectura de un clásico:  Arthur Shopenhauer, (edición de 2010), Los dos problemas fundamentales de la ética. Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A.

[5] Recomiendo la lectura siguiente: Jorge Orlando Melo, (2021), Colombia: las razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del País y el fracaso de la lucha armada, Colombia: Crítica.

[6] Terry Eagleton, (2005), Ideología: una introducción, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 25.