18 octubre 2025

                                                               (Foto de Eddie Adam (Associated Press)

Vietnam: memorias de una guerra 50 años después

 

Martín Cruz Santos 

“El gobierno estadounidense cree erróneamente que con fuerza brutal podría obligar a nuestro pueblo a rendirse. Pero el pueblo vietnamita jamás se rendirá. Amamos la paz, pero debe ser una paz genuina en independencia y libertad.”[1]

Ho Chi Minh (1890-1969)

“¿Sabes qué, mamá? Lo mismo que pasó en

el imperio romano pasará en Estados Unidos”[2].

Joan Báez (cantante y compositora estadounidense)

 

   Escuchando la voz de la investigadora y divulgadora histórica colombiana Diana Uribe en la comunicación de dos capítulos de su podcast sobre el fin de la guerra de Vietnam[3], evoqué recuerdos angustiosos de mi niñez. Yo era un niño de casi tres años cuando Estados Unidos intensificó su agresión contra el pueblo vietnamita mediante la invasión de tropas militares en marzo de 1965. Había incursionado en esa intromisión extranjera a mediados de los años 50.  

  A finales de los sesentas, la radio era el medio de comunicación que utilizábamos en nuestra casa y en las de la mayoría de los vecinos. La televisión comenzó en Puerto Rico en otro marzo, el de 1954, pero, en los barrios pobres de los municipios rurales de la Cordillera Central, en uno de los cuales vivíamos, la señal tardó en recibirse, más por la carencia de recursos económicos para comprar un aparato televisivo que por la disponibilidad tecnológica de la transmisión y la oferta comercial de la novedosa pantalla de imágenes en movimiento. Fueron las ondas radiales portadoras de noticias del conflicto bélico en el sudeste asiático, un lugar geográficamente lejano al caribe antillano, pero cercano a las vidas de los jóvenes puertorriqueños que fallecieron sin saber a ciencia cierta por qué guerreaban. En la colonia, eufemísticamente denominada “territorio no incorporado de los Estados Unidos” o Estado Libre Asociado desde 1952, el servicio militar obligatorio impuesto por el gobierno de los Estados Unidos afectó a 48,000 compatriotas aproximadamente.

     Escribo estas memorias en mi vejez antes que el olvido arrope los recuerdos. Los mismos que hoy repaso, cuestiono y distingo de las andanadas y monsergas inculcadas por los medios de comunicación, la escuela y la religión institucionalizada en su fiel cumplimiento de roles como aparatos ideológicos del Estado, a decir de Althusser.[4] La radio de aquellos tiempos transmitía música, radionovelas, noticias y sentidos pésames. Nos enterábamos de los muertos conocidos y los anónimos. En ocasiones, el pregón de llantos y gritos en la vecindad precedía y ahogaba la emisión noticiosa. Dolía en el alma oír los nombres de muchachos arrebatados de la vida luchando por nada sin saber por qué.

    El mundo de mi infancia era una plétora de enemigos imaginarios creados por las falacias propagadas durante la Guerra Fría. Jugábamos con soldaditos de plástico que ingenuamente identificábamos con las etiquetas aprendidas de una dualidad inaudita: ellos, los otros, comunistas, malos por naturaleza, alejados de Dios; nosotros, los buenos de siempre, envidiosamente libres, cruzados de la democracia y la cristiandad. Soñábamos con matar vietnamitas antes que subieran por la ventana y saltaran con un puñal sobre la cama donde dormíamos. Y no comprendimos a los veteranos sobrevivientes con sus manías y delirios, los conocidos irreconocibles; los locos y adictos, quienes se fueron obligados y regresaron desquiciados.

    Aquella guerra no fue la primera ni la última para enumerar conscriptos isleños de breve entrenamiento. En la primera guerra mundial, justo cuando fue impuesta la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños (1917), 18,000 compatriotas empuñaron fusiles; 61,000 en la segunda, 68, 000 en Corea, 48,000 en Vietnam[5] y siga sumando hasta el sol de hoy. No contaré los heridos, muertos ni desaparecidos por respeto a su dignidad cuyo valor no es cuantitativo. El colonialismo es una fábrica de mano de obra barata y desechable.

  Con la educación universitaria, despertó mi curiosidad advenida en conocimiento. Conocí a un obispo católico puertorriqueño, Mons. Arturo Parrilla Bonilla (1919-1994),[6] un jesuita insigne. Era un conservador en la doctrina y el dogma, pero liberal, diría revolucionario, en la práctica política. Sobrio en la vestimenta, fiel al renunciamiento de las riquezas materiales, cooperativista a ultranza y militante por la independencia de Puerto Rico. Férreo opositor a la guerra, ejerció su protesta contra el intervencionismo de Estados Unidos en Vietnam y el servicio militar obligatorio. El 23 de septiembre de 1970, en la conmemoración del Grito de Lares[7], realizó un acto de desobediencia civil quemando las libretas militares de los obligados a matar por el afán de lucro disfrazado de campañas civilizatorias. A mis ocho años de edad no me enteré de la gesta, lo supe un decenio posterior.

    La derrota de un imperio es un fantasma perpetuo, máxime si el causante no aspiraba a ocupar el puesto del vencido. El heroico pueblo vietnamita, guiado por el célebre Ho Chi Minh, confirmó la veracidad de las enseñanzas del sabio Sun Tzu,[8] a saber: que un pequeño grupo puede vencer a un gran ejército. Que no es la superioridad de la fuerza militarista ni la tecnología aniquiladora lo definitorio en la guerra, sino la estrategia y la táctica, la inteligencia y disciplina, el conocimiento del enemigo y la adaptabilidad, la unidad, la capacitación política y las alianzas, entre otras medidas. Triunfaron, aunque perdieron vidas innumerables, recursos naturales e infraestructura. El contrincante era muy poderoso, pero lo expulsaron de las tierras invadidas, unificaron el País[9] y determinaron el camino a seguir.  

   Cincuenta años han transcurrido desde la liberación de Saigón[10] (actualmente Ciudad Ho Chi Minh) por el Frente Nacional de Liberación de Vietnam y las Fuerzas Armadas de la República Democrática de Vietnam. Medio siglo es tiempo suficiente para reafirmar que vale la pena ser antiimperialista, anticolonialista, antifascista y pacifista crítico. Esto último, porque el derecho a la autodeterminación de los pueblos debe acompañarse siempre por la legítima defensa, particularmente, armada, ante las agresiones externas. Mientras existan las ráfagas de vientos imperiales saqueadores de la justicia, la soberanía y la paz es imprescindible estar prevenidos y rememorar la hazaña vietnamita, que no es solo historia pasada, sino presente inconcluso y abierto hacia el futuro que abordo en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Ho Chi Minh, Mensaje al pueblo estadounidense, 23 de diciembre de 1966, disponible en: https://www.historyisaweapon.com/defcon2/hochiminh/

[2] Joan Báez, a los 14 años de edad y después de leer Historia y decadencia y caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon (1737-1794), cita disponible en: https://www.xlsemanal.com/actualidad/20150215/joan-baez-ingenua-nunca-8136.html

[3] Diana Uribe, El fin de la guerra de Vietnam: 50 años después, en DianaUribe.fm, disponible en: https://open.spotify.com/episode/23xnswJNj1gQoL4rE7nIXj?si=df6f8779d5a34ab1

[4] El término aparato ideológico del estado lo acuñó el filósofo francés Louis Althusser (1918-1990) para indagar en la ideología como mecanismo del poder político institucional. Véase: Louis Althusser, Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado, en: Žižek, Slavoj (compilador), Ideología: un mapa de la cuestión, México: Fondo de Cultura Económica, 1994, 115-155.

[5] Registros militares, National Archives, disponible en: https://www.archives.gov/research/military/vietnam-war/casualty-statistics

[6] Al respecto recomendamos la lectura siguiente: Miguel Santiago Santana (2018), Antulio Parrilla Bonilla: obispo y profeta de Puerto Rico, San Juan: Ediciones Gaviota.

[7] El Grito de Lares fue una gesta de insurrección contra el gobierno colonial español en Puerto Rico llevada a cabo el 23 de septiembre de 1868. Inició en el municipio montañoso de Lares, de ahí su nombre. Es conmemorada anualmente por las organizaciones políticas independentistas en la Plaza de la Revolución de dicho municipio.

[8] Sun Tzu  fue un general, estratega militar y filósofo chino. Se le atribuye la autoría de una obra clásica, el Arte de la guerra, que ha trascendido el ámbito militar para ser adaptado a diversas circunstancias del comportamiento humano y social. El libro está disponible en versión PDF en: https://www.elejandria.com/libro/descargar/el-arte-de-la-guerra/sun-tzu/847/1297

[9] La unificación de ese país aconteció el 2 de julio de 1976 cuando se erige la fundación oficial de la República Socialista de Vietnam tras unir los dos territorios del norte y el sur.

[10] La fecha crucial que determinó el fin de la Guerra y la expulsión de las tropas estadounidenses fue el 30 de abril de 1975.

12 octubre 2025


 

Reseña del libro

Creación e interpretación del Bolero:

 una aproximación desde la historia, la literatura y la performance

de Pablo Alexis Santos Sánchez

 

 

Martín Cruz Santos

 

   El cantante, actor y educador puertorriqueño Pablo Alexis Santos Sánchez publicó recientemente el libro titulado Creación e interpretación del bolero: una aproximación desde la historia, la literatura y la performance.[1] La obra propicia una lectura informada y profunda gracias a los recursos recursos epistemológicos y la metodología investigativa utilizada por el autor para lograr un acercamiento musical, literario, histórico y autobiográfico al género musical del bolero. Su escritor es un intérprete apasionado que expone los hallazgos de una indagación de la cual es parte, no aparte, porque el sujeto investigador ha sido influido a la vez que aporta su talento artístico al desarrollo del objeto estudiado.  

   Seis apartados configuran el esquema de organización expositiva. El primero ocupa la experiencia musical y académica del ensayista, que es clave como punto de partida, a nuestro juicio, porque ejemplifica lo aseverado al final del párrafo anterior. Dedica el segundo al bolero en la historia como preámbulo a los siguientes, tercero y cuarto, cuyas páginas recogen el devenir de ese género en coyunturas históricas determinantes. El quinto capítulo recapitula y profundiza el planteamiento inicial al retomar el aspecto autobiográfico de su proceso creador. Concluye el sexto con las reflexiones finales.  Es un acierto el contenido fotográfico que actúa como registro informativo y testimonial complementario. Asimismo, incluye referencias bibliográficas amplias.

    Cabe destacar el énfasis en la contextualización de cada una de las piezas musicales analizadas en el texto. Conocer e interpretar el trasfondo social, político, económico y cultural coadyuva a la comprensión temática que subyace a una canción, así lo argumenta Santos Sánchez:

“El hecho musical no es una estructura aislada o autosuficiente que esté desvinculado del carácter político, social o económico, sino justo, al contrario. Como expresión humana, la música -una determinada música- solo puede entenderse dentro de un contexto, porque es ese contexto el que la dota de un determinado valor y el que también ocasiona que predominen en ella unas emociones y no otras”.[2]

 

No puede ser de otro modo, ya que el bolero, como cualquier otra creación simbólica pertenece a un espacio y tiempo condicionado por las circunstancias materiales que afectan a quienes integran un colectivo humano.

   El escrito expone las fases del recorrido bolerístico a partir de sus orígenes en Cuba durante el tercio final del siglo XIX. Sucedió en el oriente de la Isla caribeña, en Santiago, donde la marginalidad popular dio a luz un ritmo novel en el cual la guitarra arpegiada estuvo ausente, pero sí la presencia de un rasgado de cuerdas que lo aceleraba.[3]  Trovadores como Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Alberto Villalón, entre otros, fueron iniciadores de la musicalización del bolero y entreveraron los rasgos propios de esa primera etapa. Así lo relata Pablo Alexis Santos en el apartado tercero de su trabajo escrito, uno versado en la auscultación y el análisis de diversidad de fuentes primarias y secundarias, así como también en la fundamentación teórica necesaria para un trabajo de índole académico.  

    México, cuya geografía cultural representa la segunda etapa evolutiva del bolero, tributó una continuidad enriquecedora en la que destaca el insigne compositor Agustín Lara. Es un mérito del libro rescatar las memorias del cambio principal que produjo la tierra azteca al sustituir la guitarra por el piano, que “provocaba que el acento musical en el bolero -que había sido uno de sus elementos definitorios- pasara más desapercibido y perdiera fuerza, al contrario de lo que ocurría con las guitarras con las que el acento rítmico del cinquillo era muy marcado”.[4] Los ciclos ulteriores quedarían marcados por la versatilidad del tránsito mexicano.

    En su tercer periodo, advino al bolero un auge peculiar en Puerto Rico. Compositores como Rafael Hernández, Pedro Flores, Silvia Rexach, Bobby Capó y Benito de Jesús, para mencionar algunos, crearon canciones memorables que son parte del repertorio de la música latinoamericana. Las características propias de ese tiempo dan cuenta de elementos emotivos y cognitivos de particular significado en la discursividad puertorriqueña. Las páginas dedicadas a dirimir la cuestión detallan los temas específicos que describen la sociedad, la situación económica, la migración, la condición colonial de Puerto Rico y distintos ángulos del quehacer humano.

     Si bien el bolero es relacionado con el romance, la afectividad, los amores posibles como también los imposibles, su creación musical abre un abanico de inspiraciones. En palabras de Pablo Alexis:

“El yo bolerístico recorre la vida, refleja la existencia humana y perpetúa el amor. Por eso su recorrido es continuo y heterogéneo: le canta a la mujer, a la Patria, desmiente a Dios, transgrede los estatutos sociales, le canta a la identidad, nos hace reflexionar sobre asuntos históricos y sociales, en fin, el bolero es el desahogo y el reflejo musical del latinoamericano”.[5]

 

Ciertamente, una contribución adicional de la publicación es evidenciar el talante polifacético del camino iniciado en Cuba otrora y transmutado en el archipiélago borincano. Una actualización hecha con la participación de intérpretes varios entrevistados por Santos Sánchez abona la discusión y perfila posibles líneas de investigación abiertas gracias a los resultados difundidos en el libro.

    En el epílogo quedan demostrados los enfoques empleados y la indudable proyección en las experiencias estéticas del autor, a quien auguramos éxitos en la continuidad de su trayectoria creativa. Recomendamos la lectura de Creación e interpretación del bolero en nuestras Reflexiones desde El Jardín.

    



[1] Pablo Alexis Santos Sánchez (2025), Creación e interpretación del Bolero: una aproximación desde la historia, la literatura y la performance, Mayagüez: C.P.P Editores.

[2] Ibid., 24.

[3] Ibid., 27.

[4] Ibid., 57.

[5] Ibid., 134.