(Foto de Eddie Adam (Associated Press)
Vietnam: memorias de una guerra 50 años
después
Martín Cruz Santos
“El gobierno estadounidense cree
erróneamente que con fuerza brutal podría obligar a nuestro pueblo a rendirse. Pero
el pueblo vietnamita jamás se rendirá. Amamos la paz, pero debe ser una paz genuina
en independencia y libertad.”[1]
Ho Chi Minh (1890-1969)
“¿Sabes qué, mamá? Lo mismo que pasó en
el imperio romano pasará en Estados
Unidos”[2].
Joan Báez (cantante y compositora
estadounidense)
Escuchando la voz de la investigadora y
divulgadora histórica colombiana Diana Uribe en la comunicación de dos
capítulos de su podcast sobre el fin de la guerra de Vietnam[3], evoqué recuerdos
angustiosos de mi niñez. Yo era un niño de casi tres años cuando Estados Unidos
intensificó su agresión contra el pueblo vietnamita mediante la invasión de
tropas militares en marzo de 1965. Había incursionado en esa intromisión
extranjera a mediados de los años 50.
A finales de los sesentas, la radio era el
medio de comunicación que utilizábamos en nuestra casa y en las de la mayoría
de los vecinos. La televisión comenzó en Puerto Rico en otro marzo, el de 1954,
pero, en los barrios pobres de los municipios rurales de la Cordillera Central,
en uno de los cuales vivíamos, la señal tardó en recibirse, más por la carencia
de recursos económicos para comprar un aparato televisivo que por la disponibilidad
tecnológica de la transmisión y la oferta comercial de la novedosa pantalla de
imágenes en movimiento. Fueron las ondas radiales portadoras de noticias del
conflicto bélico en el sudeste asiático, un lugar geográficamente lejano al
caribe antillano, pero cercano a las vidas de los jóvenes puertorriqueños que
fallecieron sin saber a ciencia cierta por qué guerreaban. En la colonia,
eufemísticamente denominada “territorio no incorporado de los Estados Unidos” o
Estado Libre Asociado desde 1952, el servicio militar obligatorio impuesto por
el gobierno de los Estados Unidos afectó a 48,000 compatriotas aproximadamente.
Escribo estas memorias en mi vejez antes
que el olvido arrope los recuerdos. Los mismos que hoy repaso, cuestiono y
distingo de las andanadas y monsergas inculcadas por los medios de
comunicación, la escuela y la religión institucionalizada en su fiel
cumplimiento de roles como aparatos ideológicos del Estado, a decir de
Althusser.[4] La radio de aquellos
tiempos transmitía música, radionovelas, noticias y sentidos pésames. Nos
enterábamos de los muertos conocidos y los anónimos. En ocasiones, el pregón de
llantos y gritos en la vecindad precedía y ahogaba la emisión noticiosa. Dolía
en el alma oír los nombres de muchachos arrebatados de la vida luchando por
nada sin saber por qué.
El mundo de mi infancia era una plétora de
enemigos imaginarios creados por las falacias propagadas durante la Guerra
Fría. Jugábamos con soldaditos de plástico que ingenuamente identificábamos con
las etiquetas aprendidas de una dualidad inaudita: ellos, los otros, comunistas,
malos por naturaleza, alejados de Dios; nosotros, los buenos de siempre,
envidiosamente libres, cruzados de la democracia y la cristiandad. Soñábamos
con matar vietnamitas antes que subieran por la ventana y saltaran con un puñal
sobre la cama donde dormíamos. Y no comprendimos a los veteranos sobrevivientes
con sus manías y delirios, los conocidos irreconocibles; los locos y adictos, quienes
se fueron obligados y regresaron desquiciados.
Aquella guerra no fue la primera ni la
última para enumerar conscriptos isleños de breve entrenamiento. En la primera
guerra mundial, justo cuando fue impuesta la ciudadanía estadounidense a los
puertorriqueños (1917), 18,000 compatriotas empuñaron fusiles; 61,000 en la
segunda, 68, 000 en Corea, 48,000 en Vietnam[5] y siga sumando hasta el
sol de hoy. No contaré los heridos, muertos ni desaparecidos por respeto a su
dignidad cuyo valor no es cuantitativo. El colonialismo es una fábrica de mano
de obra barata y desechable.
Con la educación universitaria, despertó mi
curiosidad advenida en conocimiento. Conocí a un obispo católico puertorriqueño,
Mons. Arturo Parrilla Bonilla (1919-1994),[6] un jesuita insigne. Era un
conservador en la doctrina y el dogma, pero liberal, diría revolucionario, en
la práctica política. Sobrio en la vestimenta, fiel al renunciamiento de las
riquezas materiales, cooperativista a ultranza y militante por la independencia
de Puerto Rico. Férreo opositor a la guerra, ejerció su protesta contra el
intervencionismo de Estados Unidos en Vietnam y el servicio militar
obligatorio. El 23 de septiembre de 1970, en la conmemoración del Grito de
Lares[7], realizó un acto de
desobediencia civil quemando las libretas militares de los obligados a matar
por el afán de lucro disfrazado de campañas civilizatorias. A mis ocho años de
edad no me enteré de la gesta, lo supe un decenio posterior.
La derrota de un imperio es un fantasma
perpetuo, máxime si el causante no aspiraba a ocupar el puesto del vencido. El
heroico pueblo vietnamita, guiado por el célebre Ho Chi Minh, confirmó la
veracidad de las enseñanzas del sabio Sun Tzu,[8] a saber: que un pequeño
grupo puede vencer a un gran ejército. Que no es la superioridad de la fuerza militarista
ni la tecnología aniquiladora lo definitorio en la guerra, sino la estrategia y
la táctica, la inteligencia y disciplina, el conocimiento del enemigo y la
adaptabilidad, la unidad, la capacitación política y las alianzas, entre otras medidas.
Triunfaron, aunque perdieron vidas innumerables, recursos naturales e
infraestructura. El contrincante era muy poderoso, pero lo expulsaron de las
tierras invadidas, unificaron el País[9] y determinaron el camino a
seguir.
Cincuenta años han transcurrido desde la
liberación de Saigón[10] (actualmente Ciudad Ho
Chi Minh) por el Frente Nacional de Liberación de Vietnam y las Fuerzas Armadas
de la República Democrática de Vietnam. Medio siglo es tiempo suficiente para
reafirmar que vale la pena ser antiimperialista, anticolonialista, antifascista
y pacifista crítico. Esto último, porque el derecho a la autodeterminación de
los pueblos debe acompañarse siempre por la legítima defensa, particularmente,
armada, ante las agresiones externas. Mientras existan las ráfagas de vientos
imperiales saqueadores de la justicia, la soberanía y la paz es imprescindible
estar prevenidos y rememorar la hazaña vietnamita, que no es solo historia pasada,
sino presente inconcluso y abierto hacia el futuro que abordo en mis
Reflexiones desde El Jardín.
[1]
Ho Chi Minh, Mensaje al
pueblo estadounidense, 23 de diciembre de 1966,
disponible en: https://www.historyisaweapon.com/defcon2/hochiminh/
[2]
Joan Báez, a los 14 años de edad y después de leer Historia y decadencia y
caída del Imperio Romano, de Edward Gibbon (1737-1794), cita disponible en:
https://www.xlsemanal.com/actualidad/20150215/joan-baez-ingenua-nunca-8136.html
[3]
Diana Uribe, El fin de la guerra de Vietnam: 50 años después, en
DianaUribe.fm, disponible en: https://open.spotify.com/episode/23xnswJNj1gQoL4rE7nIXj?si=df6f8779d5a34ab1
[4]
El término aparato ideológico del estado lo acuñó el filósofo francés Louis
Althusser (1918-1990) para indagar en la ideología como mecanismo del poder
político institucional. Véase: Louis Althusser, Ideología y Aparatos
Ideológicos del Estado, en: Žižek, Slavoj (compilador), Ideología: un mapa
de la cuestión, México: Fondo de Cultura Económica, 1994, 115-155.
[5]
Registros militares, National Archives, disponible en: https://www.archives.gov/research/military/vietnam-war/casualty-statistics
[6] Al
respecto recomendamos la lectura siguiente: Miguel Santiago Santana (2018), Antulio
Parrilla Bonilla: obispo y profeta de Puerto Rico, San Juan: Ediciones
Gaviota.
[7] El
Grito de Lares fue una gesta de insurrección contra el gobierno colonial
español en Puerto Rico llevada a cabo el 23 de septiembre de 1868. Inició en el
municipio montañoso de Lares, de ahí su nombre. Es conmemorada anualmente por
las organizaciones políticas independentistas en la Plaza de la Revolución de
dicho municipio.
[8]
Sun Tzu fue un general, estratega
militar y filósofo chino. Se le atribuye la autoría de una obra clásica, el Arte
de la guerra, que ha trascendido el ámbito militar para ser adaptado a
diversas circunstancias del comportamiento humano y social. El libro está
disponible en versión PDF en: https://www.elejandria.com/libro/descargar/el-arte-de-la-guerra/sun-tzu/847/1297
[9]
La unificación de ese país aconteció el 2 de julio de 1976 cuando se erige la
fundación oficial de la República Socialista de Vietnam tras unir los dos
territorios del norte y el sur.
[10]
La fecha crucial que determinó el fin de la Guerra y la expulsión de las tropas
estadounidenses fue el 30 de abril de 1975.
