Entre
montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas
Martín
Cruz Santos
La publicación reciente del libro titulado Entre
montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas (2026)[1]
es el producto del trabajo de campo de estudiantes del curso de
Investigación Etnográfica del Pregrado en Antropología de la Universidad de
Antioquia (UdeA) en Medellín, Colombia. Durante una semana, en diciembre de
2025, con la mentoría del doctor Jonathan Echeverri Zuluaga, el grupo recorrió
parte del territorio del municipio de Jardín, localizado en el suroeste del departamento
de Antioquia, para observar, conversar, registrar y analizar diversas
manifestaciones culturales de quienes lo habitan. Mediante sus apuntes, diarios
de campo y fotografías lograron plasmar no solo sus perspectivas, sino también
las memorias de las vivencias.
El texto consta de siete capítulos organizados
acertadamente y precedidos por los agradecimientos y una introducción de
Echeverri Zuluaga. Aneja al final pinturas y fotos hechas por residentes. Considero
un acierto haber comenzado la exposición textual con la inspiración poética de
Pedro Alonso Agudelo Rendón y Effy Osorio Pinilla que dan paso a los enfoques
de carácter biológico y cultural.
Mundos interespecie es la categoría
que abre el diálogo leyente y propicia reflexiones bioéticas sobre las
prácticas de conservación de especies, en particular, las aves. Laura Michelle
Agudelo Marín pajareó con el acompañamiento bien orientado de Élver Andrés
Ledesma, especialista en reservas naturales, el reconocido biólogo y pajarero,
José Castaño, y el doctor Luis Orlando Marulanda Orozco, director de la Reserva
Natural Jardín de Rocas. De su escrito emanan momentos compartidos y salpicados
por una curiosidad ávida capaz de registrar los andares forjados en busca de
una convivencia biocéntrica. Por su parte, Natalia Medina Taborda supo
adentrarse por senderos aromáticos y saberes añejados en torno a la agricultura
cafetera. Jardín es partícipe de la geografía cultural del café. Es un pueblo
con vocación agrícola que transita por la vía turística. Tomar un tinto en las
cercanías del Parque El Libertador es un ritual que apela a la expansión mundial
de ese fruto ancestral. Desde que la bebida fue esparciéndose históricamente a
partir de su origen en Etiopía, surgieron caracterizaciones y sensibilidades complejas
que fundamentan la pregunta formulada por Natalia: ¿Qué sabe uno realmente
del café?
Las
abejas, cuya presencia es imprescindible en el hábitat planetario, motivaron a Briana
Camila Cediel, quien captó la acogida recibida por los tours que promueven la
comprensión de la necesidad de cuidar las polinizadoras nativas más allá de la
popularidad de la miel que de ellas extraemos. La cotidianidad y cercanía de los
proyectos agroecológicos en las veredas con prácticas adecuadas, ciertamente,
convierten el espacio en “tierra prometida” donde la abundancia no es un
milagro, es el resultado de un vínculo interespecie que se ha sostenido en el
tiempo”[2].
Cabe resaltar los signos de carácter
creativo plasmados en las páginas de la obra reseñada. La autoría variada, que incluye a jardineños, destaca
el arte y la creación, cuyas expresiones abonan dinámicas estéticas de conexiones
identitarias. No faltan los abordajes en cuanto a la gastronomía y los sabores
(leer a Alejandra Estrada Quintero y Tomás González Agudelo), la literatura (leer
a María Isabella Henao Hernández), los murales (leer a María Salomé Agudelo
Barón), y, cómo no, el patrimonio arquitectónico
constituido, principalmente, por la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción de
María y el Parque el Libertador, declarados monumentos nacionales de la
República de Colombia mediante el Decreto 1132 de 1985 (leer a Larry Jesús
Valencia Guzmán). En el contexto de los encuentros comunitarios, cuando la
tertulia nos acompaña, el Parque es un espacio sin parangón, la sala de la casa
jardineña donde el taburete autóctono es un elemento medular por su valor
simbólico de tradición y arraigo territorial (leer a Angelina Sabogal Jaramillo).
Por otro lado, el conservadurismo político y
religioso es evidente en Jardín, como en otros lugares del Departamento. La
inclusión del apartado sobre las Subjetividades en disputa abre oportunidades
para conversaciones libres de prejuicios y estigmas excluyentes (leer a Effy
Osorio Padilla y Gerson José Peralta Sepúlveda). Es un punto de partida beneficioso,
si somos honestos al abordar controversias inconclusas. De hecho, el tema
empalma con el peliagudo de la Espiritualidad y religiosidad (leer a Sarah Laleshka
Gómez Lanos y Juan Carlos Durán Taborda), desarrollado, a mi juicio, con el
respeto debido tanto a la religión institucionalizada como a la popular y la Embera-chamí.
Ambos aspectos entreveran líneas de investigación inferidas de los ensayos, que
debemos tomar en cuenta.
En
relación con la enseñanza y el aprendizaje, hay instancias sociales cuya labor
es encomiable. Es el caso de la Corporación Escuela de Música de Jardín, a la
cual dedicó su aportación la estudiante Vanesa Castaño Arenas. El sentido
testimonial y afectivo, con acordes didácticos permea la óptica escrita. No es
para menos, porque la misión de este referente importantísimo es ser una instancia
de formación artística, que ofrece programas de música para niños y niñas,
jóvenes y adultos con el propósito de contribuir al crecimiento integral de sus
estudiantes.
Nos enorgullece el
aporte reflexivo de una docente muy querida en Jardín, Mercedes del Tránsito
Arrubla Carmona, quien ha ejercido su proyecto didáctico en la Institución
Educativa Miguel Valencia, ubicada en la vereda Verdún. Desde ese espacio rural
ha impulsado una conversación global que conecta a la comunidad con el mundo.
Un lema vital estimula a la galardonada educadora: “Aprender observando,
pensando, haciendo, experimentando investigando y jugando”.
Las miradas etnográficas del colectivo
estudiantil arrojan luz, asimismo, sobre el turismo masivo y sus repercusiones
(leer a Nicolás Moreno Millán y Alejandra Villa Tobón). Denotan la importancia de la organización para
atender un fenómeno de interés social que debe ser indagado con el propósito de
obtener resultados y tomar decisiones. Quienes hemos participado en la dilucidación
de las aristas al respecto (la sección incluye un artículo mío) debemos
procurar que las anotaciones antropológicas construidas individual y pluralmente
sean pertinentes y actualizadas en las políticas públicas y la planificación
municipal.
Recomendamos encarecidamente la lectura de Entre
montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas. La
rigurosidad académica y metodológica del estudio realizado convoca a socializarlo,
de modo que rebase las afinidades personales, apele al análisis documentado,
fomente la discusión de ideas diferentes y amplíe los horizontes de la
comunidad jardineña.
