Las burbujas
inmobiliarias no son de amor[1]
Martín Cruz Santos
Advierto que la pericia en asuntos financieros
no abunda en mi curriculum vitae ni los carismas adivinadores de futuros
inexorables me asisten. Sin embargo, debo asirme a la coherencia ética,
particularmente, en cuanto a lo expuesto en mis escritos previos sobre el tema
de la vivienda[2].
Un buen amigo y compañero de luchas afirma que cuando se plantea y examina un
problema considerado apremiante, resulta imperativa la responsabilidad de
presentar soluciones posibles. Estoy de acuerdo, aunque naufraguemos en el
intento, porque eso es parte de los procesos sociales y políticos. De modo que
dedico y someto a la consideración de mis lectores esta reflexión a tenor con el
riesgo no menor de una burbuja inmobiliaria, un producto de la especulación
asociada al afán de lucro desmedido, que a su vez es causante de la
gentrificación y las consecuencias habidas.
¿Qué es una burbuja inmobiliaria? La
definición técnica aduce el incremento excesivo e injustificado de los precios
inmobiliarios[3].
Al ocurrir ese aumento exorbitante en la propiedad raíz disponible, la búsqueda
de un beneficio económico lucrativo conduce a comprar para luego vender a un valor
superior. Entiéndase tal acción como especulativa, que es el motor principal
del fenómeno. Las empresas constructoras y la banca comercial también son
protagonistas, ya que las primeras solicitan y obtienen créditos bancarios para
responder a la demanda en ascenso, que a su vez empuja el abultamiento de los costos.
La burbuja crece en pleno apogeo.
En el ínterin, la tierra se torna
apetecible gracias a la premura creada de suelos edificables. Trastocada quedan
la planeación y planificación. El Estado, presionado por los sectores
inversionistas, flexibiliza las normativas correspondientes y amplía las
aprobaciones de los permisos o las licencias de uso. Rendimientos parciales: más
terrenos disponibles para la compraventa y la edificación, la multiplicación de
las inversiones en infraestructura y el agolpamiento de los negocios vislumbrados
que atraen a clientes potenciales con poder adquisitivo considerable. El remedio
económico aparenta ser burbujeante. Es la fiesta de los millones y todo
procede. Por tanto, no hay avalúo o tasación que racionalice las cantidades
descabelladas de dinero que se piden por un predio, casa o apartamento. Hay quien
las pague, pero, ¿hasta cuándo?
Simultáneamente, la cuantía para adquirir un
inmueble es inasequible para muchas personas de la clase trabajadora quienes
sobreviven con salarios menguados en una carestía perenne[4]. El desplazamiento social,
la imposibilidad del alquiler a largo plazo debido a la “escasez de vivienda”,
pese a la retahíla de construcciones y la disponibilidad de ventas y arriendos
con valores pecuniarios casi auríferos, y la carrera desbocada por superar los
topes de ventas demacran el derecho a un hogar digno. Contradictoriamente, la necesidad
real no es satisfecha por la oferta abundante. Al revés, la irreal e inflada arrastra
consigo el ofrecimiento por el derrotero conducente al estallido de la burbuja
inmobiliaria como ocurrió en Colombia en la década de 1990 cuando:
“la política
económica ocasionó el aumento de la financiarización de la economía y la
desregulación del sistema, produciendo una burbuja especulativa en el sector
inmobiliario, que no responde a la demanda real derivada de los ingresos de los
colombianos, sino al apalancamiento sin control del sistema financiero[5]”.
El problema ahonda en la medida que acontece una crisis de
proporciones riesgosas cuyos efectos paralizan el desarrollo socioeconómico. Un
panorama aterrador entra en la escena: insolvencia de los clientes de recursos
limitados, freno calculado en las cuentas inversoras, embargo de propiedades,
desplome de los precios, estancamiento de la fabricación otrora boyante, el
desempleo amenaza y cumple, y el sistema financiero, para autosanarse, agrava a
los enfermos:
“Esta burbuja reventó a finales de la década de los 90 jalonada
por la crisis económica internacional, dando paso a una contracción del sistema
financiero y al aumento de las tasas de interés en el país, conllevando al
despojo de cientos de miles de viviendas por parte de las entidades financieras
y la realización del capital especulativo, por medio del despojo tanto directo
de las entidades financieras al pueblo colombiano, como también por las
políticas de reajuste estructural puestas en marcha en Colombia, lo que impactó
el gasto social, mientras se beneficiaba al gran capital y claramente al
sistema financiero tanto nacional como internacional[6].
Si son perjudiciales la gentrificación,
turistificación y el rastreo angustioso e inconcluso de espacios habitables, la
explosión de una burbuja inmobiliaria empeora el cuadro descrito.
No quiero ser pitoniso[7], pero, en guerra avisada
muere menos gente. Dicho esto, a sabiendas que la violencia bélica ocasiona un
cúmulo grotesco de muertes. En Jardín, Antioquia, y en tantos otros lugares de
Colombia, Puerto Rico y el mundo, pululan las ofertas de terrenos, pisos y
locales como si no quisieran ser vendidos o arrendados, a juzgar por el alza
cada vez mayor de los costes. Que hace falta construir, no cabe duda. No
obstante, pocos jardineños pueden darse el lujo de pagar lo ofertado. El catálogo
es abierto para inversionistas nacionales y extranjeros que especulan junto a los
autóctonos. Probablemente, es el juego de apuestas en una ruleta peligrosa.
Subordinar el bien común al interés rentable
acarrea desenlaces previsibles. En ausencia de equilibrio ninguna sociedad se
estabiliza. Urge un llamado: analizar con detenimiento, rigor y valentía el contexto
histórico inmediato, tomar decisiones categóricas e implantar políticas eficaces,
porque en el recrudecimiento de las condiciones actuales se nos va la vida de
pueblo amañador. Comparto mis ideas y argumentos para la discusión pública. Emanan
de la observación crítica, la preocupación honesta y la voluntad congruente de
aportar a la comunidad donde residimos y a las que llegue el reflejo, quien
sabe si opaco, espero sea diáfano, de lo cavilado en mis Reflexiones desde El
Jardín.
[1]
Esta parte del título hace referencia a la canción Burbujas de amor, del
cantautor dominicano Juan Luis Guerra. Está incluida en el tercer álbum
de su grupo musical 4-40, Bachata Rosa, producido por Guerra para la casa
discográfica Karen Records.
[2]
Martín
Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el
Jardín,
disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html
; Escasez de vivienda, ¿Por qué? La fecha origina de la
entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023.
Dada la importancia que le atribuimos, republicamos el artículo
el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html
; De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad,
disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html,
Cooperativas de vivienda: sus posibilidades. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/04/cooperativas-de-vivienda-sus.html
[3] David
López Cabia (2022), Burbuja inmobiliaria, Economipedia, disponible en: https://economipedia.com/definiciones/burbuja-inmobiliaria.html
[4] A tenor con el panorama socioeconómico colombiano recomendamos la lectura de: John Freddy Gómez y Camila Andrea Galindo (2019), Burbuja inmobiliaria en Colombia: vivienda, salario y deuda, disponible en: https://www.cadtm.org/Burbuja-inmobiliaria-en-Colombia-Vivienda-salario-y-deuda
[5]
Ibid.
[6]
Ibid.
[7]
Hago referencia a las antiguas sacerdotisas del templo de Apolo, dios de la
mitología griega asociado a las artes, la sanación y las profecías, que
exponían sus oráculos en el templo de Delfos.
