01 septiembre 2024


 

Enredados

Martín Cruz Santos

 

    Gregarios e individualistas; grupales y desagrupados; articulados y descoyuntados. Asociados por afinidades y conveniencias. Son las dicotomías humanas juntas y separadas. Como otras especies, necesitamos la interacción con nuestros congéneres para desarrollar las actividades diversas del quehacer vital. Los encuentros no son la excepción a la regla. Claro que no siempre ocurren físicamente. Hay distancias reducidas en las tangencias virtuales y enredos también.

   Con las denominadas redes sociales, desde la aparición de SixDegrees en el año 1997[1], y el posterior apogeo, aunque venido a menos, de Facebook, la magia de la instantaneidad de las comunicaciones propicia la ilusión de la ubicuidad. Mensajes de texto, voz e imagen circulan velozmente a través de una maraña de direcciones electrónicas, sitios y presencias imaginadas. Los términos “contacto” y “amigo” son resignificados para variar los sentidos tradicionales y advertir formas y contenidos inéditos. Surgen “grupos” y “comunidades” distintos y distantes, pero próximos en intereses momentáneos o duraderos. El mundo interconectado es un asidero resbaladizo programado para seducir con socializaciones comprimidas.

    A diferencia de las relaciones interpersonales contextualizadas en tiempos precisos y espacios geográficos definidos, las “enredadas” (mediadas por redes sociales) expanden las fronteras de los movimientos cotidianos y los extraordinarios. Publicar en la inmediatez parece un accionar posdemocrático, porque avienta expresiones inimaginables transmitidas por doquier transgrediendo los andamiajes nacionales y estatales. Recompone la esfera pública o política con activismos usualmente desorganizados que confunden el medio con el fin y la táctica con la estrategia. Da igual expresar una indignación pasajera que convocar a una manifestación sin ton ni son. Siempre y cuando las vistas y los likes aumenten exponencialmente, el éxito estará asegurado; si no, en un santiamén quedará olvidado. Sube el video, baja la aplicación, comparte, repite sin corroborar, haz quedar bien a Göbbels[2].

     Los usuarios y sus mensajes atiborran las telarañas aspirando “irse virales”. Una cadena de tipo moral religiosa, memes, recetas para la felicidad, fake news, anuncios reproducidos hasta la náusea, manifiestos revolucionarios y otros conservadores, esperanza y fatalidad, a grandes rasgos, exponen los ánimos que transitan entre la euforia y la depresión. Enterar qué se come, bebe, compra, vende, visita, gusta, espera, atiende, por quién votar, no se tiene o, contrariamente, es poseído en demasía, para mencionar algunos ejemplos, hace de los muros, tuits y otros facsímiles razonables, ventanas desde donde asomarse a la humanidad para ser vistos, leídos o, mínimamente, tomados en cuenta. Identificados con los puntos de vista de los usuarios seleccionados y que configuran el entorno mediático habitual, tornase la homogeneidad de criterios en el aparente poder hegemónico capaz de dominar al amigo disidente o el enemigo declarado bloqueándolo desde la pantalla y el teclado. Menos, es más, si nos parecemos los aglomerados.     

  Algunos conocidos personalmente, otros figurados e idealizados por conocer, pero enredados conjuntamente para bien o mal. De hecho, este escrito tendrá mayor difusión, tal vez, gracias a los perfiles registrados en mis listas preconcebidas. Sin embargo, opino que vamos atomizándonos con la cercanía lejana y la militancia en barricadas de cupos limitados e ilusiones agrandadas. La fiebre no está en la manta ni el cuchillo confabula con el agresor. Redes van y vienen impulsadas por razones económicas y del mercado, fundamentalmente, y la instrumentalización de quienes las consumimos. Usar el medio no es el problema, sino intercambiar roles entre la herramienta y quien la utiliza. Que la efervescencia no nuble el entendimiento ni la facilidad anodina ocupe el lugar de las articulaciones para construir proyectos de vida en procesos históricos cuya conflictividad implica la participación en la diversidad ideológica. Es mi aporte por el momento en mis Reflexiones desde El Jardín.  



[1] Redacción de BBCMundo (8 de julio de 2019), Six Degrees: cómo fue y quién creó la primera red social de internet, inspirada por la teoría de los "seis grados", disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-48558989

[2] La referencia es a Joseph Göbbles (1897-1945), quien fuera ministro de Educación y Propaganda en el gobierno alemán de Adolf Hitler, posición desde la cual promovió principios y prácticas que continúan presentes en los medios de comunicación del mundo, particularmente, la publicidad, tales como: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.