Enredados
Martín Cruz Santos
Gregarios e individualistas; grupales y desagrupados;
articulados y descoyuntados. Asociados por afinidades y conveniencias. Son las
dicotomías humanas juntas y separadas. Como otras especies, necesitamos la
interacción con nuestros congéneres para desarrollar las actividades diversas
del quehacer vital. Los encuentros no son la excepción a la regla. Claro que no
siempre ocurren físicamente. Hay distancias reducidas en las tangencias
virtuales y enredos también.
Con las denominadas redes sociales, desde la
aparición de SixDegrees en el año 1997[1], y el posterior apogeo,
aunque venido a menos, de Facebook, la magia de la instantaneidad de las
comunicaciones propicia la ilusión de la ubicuidad. Mensajes de texto, voz e imagen
circulan velozmente a través de una maraña de direcciones electrónicas, sitios
y presencias imaginadas. Los términos “contacto” y “amigo” son resignificados
para variar los sentidos tradicionales y advertir formas y contenidos inéditos.
Surgen “grupos” y “comunidades” distintos y distantes, pero próximos en
intereses momentáneos o duraderos. El mundo interconectado es un asidero resbaladizo
programado para seducir con socializaciones comprimidas.
A
diferencia de las relaciones interpersonales contextualizadas en tiempos precisos
y espacios geográficos definidos, las “enredadas” (mediadas por redes sociales)
expanden las fronteras de los movimientos cotidianos y los extraordinarios. Publicar
en la inmediatez parece un accionar posdemocrático, porque avienta expresiones
inimaginables transmitidas por doquier transgrediendo los andamiajes nacionales
y estatales. Recompone la esfera pública o política con activismos usualmente
desorganizados que confunden el medio con el fin y la táctica con la estrategia.
Da igual expresar una indignación pasajera que convocar a una manifestación sin
ton ni son. Siempre y cuando las vistas y los likes aumenten
exponencialmente, el éxito estará asegurado; si no, en un santiamén quedará
olvidado. Sube el video, baja la aplicación, comparte, repite sin corroborar,
haz quedar bien a Göbbels[2].
Los usuarios y sus mensajes atiborran las telarañas
aspirando “irse virales”. Una cadena de tipo moral religiosa, memes, recetas
para la felicidad, fake news, anuncios reproducidos hasta la náusea,
manifiestos revolucionarios y otros conservadores, esperanza y fatalidad, a
grandes rasgos, exponen los ánimos que transitan entre la euforia y la
depresión. Enterar qué se come, bebe, compra, vende, visita, gusta, espera,
atiende, por quién votar, no se tiene o, contrariamente, es poseído en demasía,
para mencionar algunos ejemplos, hace de los muros, tuits y otros facsímiles
razonables, ventanas desde donde asomarse a la humanidad para ser vistos, leídos
o, mínimamente, tomados en cuenta. Identificados con los puntos de vista de los
usuarios seleccionados y que configuran el entorno mediático habitual, tornase la
homogeneidad de criterios en el aparente poder hegemónico capaz de dominar al amigo
disidente o el enemigo declarado bloqueándolo desde la pantalla y el teclado. Menos,
es más, si nos parecemos los aglomerados.
Algunos conocidos personalmente, otros
figurados e idealizados por conocer, pero enredados conjuntamente para bien o
mal. De hecho, este escrito tendrá mayor difusión, tal vez, gracias a los
perfiles registrados en mis listas preconcebidas. Sin embargo, opino que vamos
atomizándonos con la cercanía lejana y la militancia en barricadas de cupos
limitados e ilusiones agrandadas. La fiebre no está en la manta ni el cuchillo confabula
con el agresor. Redes van y vienen impulsadas por razones económicas y del
mercado, fundamentalmente, y la instrumentalización de quienes las consumimos. Usar
el medio no es el problema, sino intercambiar roles entre la herramienta y
quien la utiliza. Que la efervescencia no nuble el entendimiento ni la
facilidad anodina ocupe el lugar de las articulaciones para construir proyectos
de vida en procesos históricos cuya conflictividad implica la participación en
la diversidad ideológica. Es mi aporte por el momento en mis Reflexiones desde
El Jardín.
[1] Redacción de BBCMundo (8 de julio de 2019), Six Degrees: cómo fue y quién creó la primera red social de internet, inspirada por la teoría de los "seis grados", disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-48558989
[2]
La referencia es a Joseph Göbbles (1897-1945), quien fuera ministro
de Educación y Propaganda en el gobierno alemán de Adolf Hitler, posición desde
la cual promovió principios y prácticas que continúan presentes en los medios
de comunicación del mundo, particularmente, la publicidad, tales como: “una
mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.
