Un
lugar en el mundo[1]
Martín Cruz Santos
“Ser
recibido otorga un sentido de seguridad,
de
legitimidad, de identidad que facilita el posicionamiento y
la
seguridad de pisar sobre un terreno firme.
Permite,
además, la orientación de los que precedieron
sobre
las rutas a seguir, los misterios del nuevo lugar,
aprender
las estrategias y los atrechos para atajar
la
incertidumbre para poder vivir allí.”[2]
Edwin
R. Quiles Rodríguez
(arquitecto, planificador y docente puertorriqueño)
La trama de la película aludida en el
título de estos apuntes gira en torno al personaje de Ernesto, interpretado por
el actor Gastón Batyi, quien viajó a San Luis, provincia de Argentina, al
pueblo remoto donde vivió su infancia. La travesía es una vuelta existencial a
los orígenes y remontarse a un tiempo que determinó el devenir. A propósito,
pienso que la experiencia de escoger un lugar para residir, tal vez lejos de lo
rutinario, trasciende la espacialidad geográfica y apela a la búsqueda constante
y renovada de uno mismo. Que, en la etapa actual de mi proceder, como
aseveramos en la primera reflexión publicada en este medio:
“Es un periplo
espiritual decidido, orquestado y caminado sin el afán de otros tiempos, pero,
con la pasión por la libertad acumulada al ritmo de los cambios vitales”.[3]
Acorde
con el drama mencionado, el punto de partida es referencia ineludible
para encontrar el entorno adecuado. También lo es la acogida, integración y
participación dinámica en la comunidad de advenimiento.
Considero que la adaptación al panorama
natural y cultural elegido propicia atisbar tanto el pasado como el futuro
desde el enfoque afincado en un presente fluido. “Donde está tu corazón es
tu lugar en el mundo.”[4] Mi posicionamiento en
Colombia -en específico, Jardín, Antioquia- cristaliza los cambios
imprescindibles de este ciclo vital para continuar recorriéndolo. Incluso, cuando
las turbulencias arrecian, resistir con ahínco es menester. Una resistencia
aprendida con rigor y desempeñada con aciertos y desaciertos, pero sin añoranzas
innecesarias ni deseos de retornar a lo pretérito. Transitar de un estadio a
otro implica rehacer la síntesis biográfica, y, probablemente, alterar el
rumbo, reconocer las continuidades y advertir las discontinuidades. Hay
cambios, que, si no los llevamos a cabo, se nos va la vida.
Al respecto, acudamos a la sabiduría inherente
a la música popular. Una de mis apreciaciones musicales es el género de la
Salsa.[5] El cantautor Rubén Blades,
quien, a mi juicio, es una figura emblemática de ese movimiento, nos aporta su
conocimiento. Del documental “Yo no me llamo Rubén Blades”[6] les comparto un
pensamiento memorable: “El que tiene más pasado que presente, que organice
su tiempo.” Para quienes abarcamos una historia personal acumulada en
décadas, y pasada de la mitad de un siglo, es aconsejable actualizar el
inventario, porque las existencias se agotan. Hallado el lugar en el mundo, y
para acercarse al final próximo o remoto, vale la pena mirar hacia el frente, a
corta distancia, fijar la observación en cada paso y caminar sin reservas para
lo ulterior. Distante del inicio, contiguo a lo decidido, nada mejor que haber
acertado el sitio donde los paisajes y la presencia consciente encajan. Reitero:
“No es
un cambio más, sino uno trascendental, porque incide significativamente en el
proceso de vivir, descubrir, amar y aprender, entre otras posibilidades”.[7]
La
vivencia no es extrapolable, ciertamente. Sin embargo, para mí es un imperativo
exponerlo casi como un legado.
Tantas veces me han preguntado: ¿extrañas
tu país? Indistintamente del contexto en que surge la interrogante, mi
respuesta es: “no necesariamente, porque decidí (decidimos, porque es una decisión
de mi esposa y yo) residir acá”. No soy un desterrado, o no del todo, si lo
fuera, otra sería mi contestación. Significa que, culminados los capítulos
previos de mi historia con la satisfacción del deber cumplido, comencé los
inéditos con la apertura a la territorialidad allende el lar nativo aceptando
la otredad cultural llevada a cuestas. Si bien podría regresar a Puerto Rico a
morar, esa opción es ajena a nuestros planes inmediatos, que ya no contemplan
periodicidades alejadas. Descubrí un lugar en el mundo para vivirlo plenamente,
a decir de mi amigo Ricardo Vega: “en esa bella tierra que hoy haces tu
hogar.”[8] Queda manifestado en mis
Reflexiones desde El Jardín.
[1]
Es el título de una película argentina dirigida por Adolfo Aristarain y que fue
estrenada en abril de 1992.
[2]
Edwin R. Quiles Rodríguez (2024), ¡Mi amor, tenemos casa!, San Juan,
Puerto Rico: Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, pág., 79.
[3]
Martín Cruz Santos (13 de julio de 2023), Cambio de rumbo, disponible
en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/07/cambio-de-rumbo-martin-cruz-santos-de.html
[4]
Ibid.
[5] Recomiendo
la lectura de mi reflexión titulada Salseros puertorriqueños en Colombia
(1 de diciembre de 2023), disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/salseros-puertorriquenos-colombia.html
[6]
Documental biográfico dirigido por Abner Benaim y producido por él y Gema
Juárez Allen. Contó con colaboración
cinematográfica y financiera de tres países: Panamá, Argentina y Colombia. El
estreno aconteció en los tres entre los meses de marzo y septiembre de 2018.
[7]
Martín Cruz Santos, Cambio de rumbo, loc. Cit.
[8]
Son palabras citadas de un mensaje reciente recibido de Ricardo Vega,
puertorriqueño quien reside junto a su familia en Filipinas.