01 diciembre 2025



Un lugar en el mundo[1]

Martín Cruz Santos

 

“Ser recibido otorga un sentido de seguridad,

de legitimidad, de identidad que facilita el posicionamiento y

la seguridad de pisar sobre un terreno firme.

Permite, además, la orientación de los que precedieron

sobre las rutas a seguir, los misterios del nuevo lugar,

aprender las estrategias y los atrechos para atajar

la incertidumbre para poder vivir allí.”[2]

 

Edwin R. Quiles Rodríguez

(arquitecto, planificador y docente puertorriqueño)


     La trama de la película aludida en el título de estos apuntes gira en torno al personaje de Ernesto, interpretado por el actor Gastón Batyi, quien viajó a San Luis, provincia de Argentina, al pueblo remoto donde vivió su infancia. La travesía es una vuelta existencial a los orígenes y remontarse a un tiempo que determinó el devenir. A propósito, pienso que la experiencia de escoger un lugar para residir, tal vez lejos de lo rutinario, trasciende la espacialidad geográfica y apela a la búsqueda constante y renovada de uno mismo. Que, en la etapa actual de mi proceder, como aseveramos en la primera reflexión publicada en este medio:

“Es un periplo espiritual decidido, orquestado y caminado sin el afán de otros tiempos, pero, con la pasión por la libertad acumulada al ritmo de los cambios vitales”.[3]

Acorde con el drama mencionado, el punto de partida es referencia ineludible para encontrar el entorno adecuado. También lo es la acogida, integración y participación dinámica en la comunidad de advenimiento.

    Considero que la adaptación al panorama natural y cultural elegido propicia atisbar tanto el pasado como el futuro desde el enfoque afincado en un presente fluido. “Donde está tu corazón es tu lugar en el mundo.”[4] Mi posicionamiento en Colombia -en específico, Jardín, Antioquia- cristaliza los cambios imprescindibles de este ciclo vital para continuar recorriéndolo. Incluso, cuando las turbulencias arrecian, resistir con ahínco es menester. Una resistencia aprendida con rigor y desempeñada con aciertos y desaciertos, pero sin añoranzas innecesarias ni deseos de retornar a lo pretérito. Transitar de un estadio a otro implica rehacer la síntesis biográfica, y, probablemente, alterar el rumbo, reconocer las continuidades y advertir las discontinuidades. Hay cambios, que, si no los llevamos a cabo, se nos va la vida.

  Al respecto, acudamos a la sabiduría inherente a la música popular. Una de mis apreciaciones musicales es el género de la Salsa.[5] El cantautor Rubén Blades, quien, a mi juicio, es una figura emblemática de ese movimiento, nos aporta su conocimiento. Del documental “Yo no me llamo Rubén Blades”[6] les comparto un pensamiento memorable: “El que tiene más pasado que presente, que organice su tiempo.” Para quienes abarcamos una historia personal acumulada en décadas, y pasada de la mitad de un siglo, es aconsejable actualizar el inventario, porque las existencias se agotan. Hallado el lugar en el mundo, y para acercarse al final próximo o remoto, vale la pena mirar hacia el frente, a corta distancia, fijar la observación en cada paso y caminar sin reservas para lo ulterior. Distante del inicio, contiguo a lo decidido, nada mejor que haber acertado el sitio donde los paisajes y la presencia consciente encajan. Reitero:

“No es un cambio más, sino uno trascendental, porque incide significativamente en el proceso de vivir, descubrir, amar y aprender, entre otras posibilidades”.[7]

La vivencia no es extrapolable, ciertamente. Sin embargo, para mí es un imperativo exponerlo casi como un legado.

   Tantas veces me han preguntado: ¿extrañas tu país? Indistintamente del contexto en que surge la interrogante, mi respuesta es: “no necesariamente, porque decidí (decidimos, porque es una decisión de mi esposa y yo) residir acá”. No soy un desterrado, o no del todo, si lo fuera, otra sería mi contestación. Significa que, culminados los capítulos previos de mi historia con la satisfacción del deber cumplido, comencé los inéditos con la apertura a la territorialidad allende el lar nativo aceptando la otredad cultural llevada a cuestas. Si bien podría regresar a Puerto Rico a morar, esa opción es ajena a nuestros planes inmediatos, que ya no contemplan periodicidades alejadas. Descubrí un lugar en el mundo para vivirlo plenamente, a decir de mi amigo Ricardo Vega: “en esa bella tierra que hoy haces tu hogar.”[8] Queda manifestado en mis Reflexiones desde El Jardín.

   



[1] Es el título de una película argentina dirigida por Adolfo Aristarain y que fue estrenada en abril de 1992.

[2] Edwin R. Quiles Rodríguez (2024), ¡Mi amor, tenemos casa!, San Juan, Puerto Rico: Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, pág., 79.

[3] Martín Cruz Santos (13 de julio de 2023), Cambio de rumbo, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/07/cambio-de-rumbo-martin-cruz-santos-de.html

[4] Ibid.

[5] Recomiendo la lectura de mi reflexión titulada Salseros puertorriqueños en Colombia (1 de diciembre de 2023), disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/salseros-puertorriquenos-colombia.html

[6] Documental biográfico dirigido por Abner Benaim y producido por él y Gema Juárez Allen.  Contó con colaboración cinematográfica y financiera de tres países: Panamá, Argentina y Colombia. El estreno aconteció en los tres entre los meses de marzo y septiembre de 2018.

[7] Martín Cruz Santos, Cambio de rumbo, loc. Cit.

[8] Son palabras citadas de un mensaje reciente recibido de Ricardo Vega, puertorriqueño quien reside junto a su familia en Filipinas.