12 agosto 2023


 

Gentrificación urbana y rural

Martín Cruz Santos

 

  La socióloga y planificadora urbana Ruth Glass (1912-1990)[1] acuñó el término gentrificación para referirse al fenómeno social del desplazamiento poblacional que ocurre en sectores urbanos empobrecidos cuando los terrenos y las estructuras habitadas son convertidas en objetivos mercantiles y de especulación económica. El proceso implica la sustitución y expulsión de la población, usualmente de clase trabajadora, por sectores de clase alta y, por ende, de mayor poder económico.  La palabra inglesa gentry, en su origen, califica a la gente de la alta burguesía o aristocracia inglesa, particularmente, terrateniente. Glass estudió los cambios en la demografía residencial de los barrios obreros de Londres donde el desalojo de los moradores originales y sus descendientes por parte de miembros de la clase media y la clase alta trastocaba la vida social, política, cultural y económica.

      A partir de entonces el concepto gentrificación ha sido utilizado en diversidad de países donde la configuración de los espacios vecinales sufre dicha tendencia que rebasa por mucho los barrios londinenses estudiados por Glass. Son cuatro las fases clásicas de su desarrollo: la degradación y pauperización de un sector de viviendas, la estigmatización de la vida social de ese espacio, la revaloración y encarecimiento económico, y la comercialización inmobiliaria.[2] Pese a que ocurre bajo la apariencia discursiva y material del mejoramiento de las condiciones de la infraestructura de los espacios cifrados para tal fin, quienes se benefician de los cambios no son los habitantes tradicionales, sino, los emergentes cuyo poder adquisitivo superior constituye el objetivo de los inversionistas apoyados por la institucionalidad gubernamental. El cambio no es solo visible en la fisonomía de las edificaciones, también lo es en los modos culturales. Suelen ser transformaciones drásticas, porque abarcan la estilización y elitización del entorno con el consabido aumento del precio de las viviendas y los locales comerciales, así como también los bienes y servicios disponibles en la zona.    

    Paulatinamente el hábitat articulado durante generaciones a través del trabajo y la interacción sociocultural resulta ser inhabitable para quienes lo forjaron. De lo inalcanzable a la expulsión hay un solo paso. Por la vía de la pauperización comienza a marginarse a toda una clase social, la popular y trabajadora, hasta convertirla en minoría sofocada y gentrificada.   Ruth Glass lo evidenció en Londres hace seis décadas, hoy es evidenciable alrededor del mundo. La globalización neoliberal ha convertido la gentrificación en un recurso táctico transnacional que amplía las inversiones rentables a cualquier sector en el planeta destinado al turismo y el exclusivismo residencial, particularmente, si el atractivo es de peculiar belleza natural o cultural (arquitectónico, patrimonial, exótico, entre otros).    

   Los ejemplos de lo descrito son constatables en todos los continentes. Ciudades como New York, Madrid, Paris, Roma, Ciudad de México, Bogotá, Rio de Janeiro, Buenos Aires, Sídney, Johannesburgo y Tokio, por mencionar algunas, han sido objeto de la gentrificación. Puerto Rico no es la excepción. Sectores tales como el Viejo San Juan, Santurce y Río Piedras ubicados en la ciudad capital, San Juan, sufren una escalada que ha contado, es importante afirmarlo, con la resistencia activa de vecinos residentes y comerciantes de esos lugares. Sobre todo, el carácter turístico atribuido a las áreas afectadas propicia la oferta desmedida de alquileres a corto plazo en detrimento de los de largo plazo, que escasean y sus precios incrementan continuamente. Como resultado, la demografía urbana es reconfigurada con un mosaico poblacional integrado por vecinos de poder adquisitivo alto, visitantes turísticos de ocasión y tal vez un puñado de los habitantes permanentes que, aunque venidos a menos, resisten el desplazamiento.    

   La gentrificación acontece, asimismo, en pueblos patrimoniales localizados en la periferia de las ciudades principales que atraen a inversionistas inmobiliarios quienes ofertan edificaciones antiguas para ser remodeladas con el beneficio de incentivos económicos gubernamentales. Ha proliferado también en Puerto Rico la práctica política municipal de declarar viviendas y edificios como estorbos públicos que suelen ser vendidas a precios bajos ya sea para promover la demolición de las mismas y revalorar el terreno donde están enclavadas o facilitar la compraventa de múltiples espacios por un individuo o un grupo de inversionistas.[3]  El alza del costo de la vida espera a la vuelta de la esquina.   

   ¿La gentrificación es únicamente urbana? ¿Cómo afecta a la población rural? Cambia el contexto social, pero no escapa del fenómeno reflexionado. La investigación académica titulada Gentrificación rural: estudio de caso en la vereda Aguas Claras del municipio de el Carmen de Viboral, Antioquia, desarrollada por Edwin Traslaviña Rodríguez,[4] documenta y aporta conocimientos que permiten extrapolar el concepto en cuestión a sectores no urbanos. El autor logra esclarecer que las poblaciones campesinas también son afectadas por la gentrificación rural. El reemplazo cobra formas distintas, pero no distantes del proceder gentrificador. La reconfiguración de la vereda Aguas Claras es un ejemplo fehaciente:

“Su paisaje rural caracterizado por la cultura y toda la plataforma simbólica que de ella se deriva, pasa a ser reemplazado por un hábitat en ruralidad caracterizado por la urbanización que gana cada vez más espacio destacando más las casas, vías y vehículos que las personas que lo habitan”.[5]

La flora y la fauna son objetivadas como artículos para el consumo privilegiado en un ambiente artificial que se apropia del espacio geográfico campestre despojándolo sus significados o reinterpretándolos a la luz de una valoración socioeconómica elitista:

“El capital simbólico del hábitat rural no se pierde, se transforma en un capital simbólico de un hábitat en ruralidad, es decir, prima el valor de cambio de la tierra donde se destaca la ubicación, la proximidad, la vía, el área, pero no lo que produce la tierra, la calidad de ésta, las lluvias, los vecinos. El paisaje rural que antes se destacaba por los diferentes productos que producía, por ser punto de encuentro con los vecinos y familiares, ahora es reemplazado por un paisaje ornamentado, basado en la estética citadina, asociado más al prestigio y al poder que al sentir y compartir”.[6]

 

El estudio de caso basado en el contexto de una vereda rural antioqueña ejemplifica la gentrificación rural observable en otros municipios y departamentos de Colombia. Como bien asevera Traslaviña Rodríguez: “El atractivo urbanístico de hábitat rurales se ha convertido en el mayor generador de gentrificación rural”.[7]

    A mi juicio, después de la pandemia del COVID-19, cual Decamerón[8] contemporáneo, recrudece la búsqueda de los paisajes rurales y el contacto con la naturaleza. Tal propensión no es un problema en sí, por el contrario, es saludable. Sin embargo, trasladar modelos urbanísticos a las zonas rurales abultando los precios de los terrenos, transfigurando el hábitat, aumentando la siembra de construcciones y disminuyendo la agricultura, desplazando al campesinado en aras de establecer parcelaciones de accesos controlados para privilegiados exclusivos, agrava las condiciones socioeconómicas de los pobres rurales en un mundo de desigualdades perdurables.

   En las Reflexiones desde El Jardín apelo a la simbiosis de mis experiencias que transitan de un contexto histórico a otro, de Puerto Rico a Colombia, donde inevitablemente encuentro similitudes aun en las diferencias. No es para menos en cuanto al tema abordado. Los efectos de la mercantilización de toda actividad humana transmutada en rentable invaden y desdibujan los contornos imaginados de lo urbano o rural de un país a otro. En consecuencia, los cambios sociales provocados por la gentrificación devienen de igual modo en la marginación desbocada de las clases desposeídas y la acumulación de bienes y riquezas en manos de las elites transnacionales para cuyos miembros la posesión de inmuebles en la ciudad y el campo es un símbolo de estatus social. Al fin y al cabo, poseerlos y que posean las peculiaridades de sus dueños constituye el valor ulterior, la marca del poder.



[1] Ruth Glass fue una socióloga y planificadora urbana británica de ascendencia alemana nacida en Berlín el 30 de junio de 1912. Emigró a Londres en la década de 1930 donde realizó estudios en London School of Economics. En la década de 1950 se integró a la Facultad de University College of London. Fundó el Centre for Urban Studies.En 1964 publicó una de sus obras más reconocidas London: Aspects of Change, en la cual acuña el término gentrification. Falleció en Sutton, UK, el 7 de marzo de 1990.

[2] Universidad de América. (2022). ¿Qué es el fenómeno urbanístico conocido como Gentrificación? Disponible en línea: https://www.uamerica.edu.co/interes/que-es-el-fenomeno-urbanistico-conocido-como-gentrificacion/

 

[3] Recomendamos la lectura de la serie investigativa al respecto desarrollada por el Centro de Periodismo Investigativo: Vanesa Colón Almenas. (8 de junio de 2023). Hablan las víctimas del truco de los estorbos públicos: https://periodismoinvestigativo.com/2023/06/hablan-las-victimas-del-truco-de-los-estorbos-publicos/

[4] Edwin Traslaviña Rodríguez, (2015), Tesis: Gentrificación rural: estudio de caso en la vereda Aguas Claras del municipio de el Carmen de Viboral, Antioquia. Medellín: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Arquitectura, Escuela del Hábitat. Disponible en línea: https://repositorio.unal.edu.co/bitstream/handle/unal/55721/98519854.2015.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[5] Ibid., 253.

[6] Ibid., 254.

[7] Ibid., 255.

[8] Hacemos referencia a la obra literaria El Decamerón de la autoría del humanista italiano Giovanni Boccaccio escrita a mediados del siglo XIV. Recrea lo acontecido durante la Peste Bubónica que afectó a Europa en esa época como pretexto para exponer temas sobre las experiencias humanas.   

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