La ética
otra vez
Martín Cruz Santos
Hay temas que no escapan de mi agenda
reflexiva. Están presentes reiteradamente y emergen porque son consustanciales
a mi pensamiento filosófico.[1]
Considero que durante la carrera académica de tres décadas que llevé a cabo, la
enseñanza y el aprendizaje del componente ético resultó ser lo más
gratificante. Tanto que aún después de la vida universitaria continúo
auscultando sus vertientes posibles.[2]
Máxime dadas las aristas concernientes a la convivencia social que debemos
construir históricamente.
No fueron escazas las ocasiones cuando tocó
definir las perspectivas del quehacer ético que proponemos, ya que existen tergiversaciones
que confunden la reflexión filosófica de la conducta moral, que es la ética, con
el afán moralizante de raigambre ideológico religioso en boga. Categóricamente dicho, ética es la parte más
práctica de la filosofía[3]
y atañe sólo a los humanos y sus relaciones con el entorno cultural, entiéndase
social, político, económico y ecológico. Como vemos, abarca bastante. Somos
seres morales en cuanto al cohabitar en grupos sociales propensos a erigir
valoraciones y regulaciones normativas para interactuar. Las normas indican lo
que debe ser, según lo interiorizan los afiliados a una colectividad. De ahí
que hablemos de moralidad definida como hechos apropiados de los individuos
conformes a la moral establecida. Vivir y
hacer el bien, lo bueno en el sentido moral, es el objetivo ulterior. Pero,
¿cuáles son los intereses que subyacen a un andamiaje moral?[4] Ahí
radica, a mi juicio, la médula del problema.
Todo entramado social contiene un follaje moral
que configura los actos libres de los miembros del conjunto. Teóricamente,
la vida consciente manifestada en valores y costumbres arraigados configuran el
“ethos” (modo de ser o carácter adquirido), o como decía Aristóteles, “una segunda naturaleza”. Sí, segunda, porque el animal ético es creador
de cultura para complementar imaginariamente su primera naturaleza, la
biológica, orgánica y corpórea. Con el saber teórico y práctico adjudicable al juicio
ético se pretende abonar a la coexistencia mediante consensos mínimos que rigen
las relaciones de poder entre los individuos.
Hay dos componentes sobresalientes que
acompañan el constructo abordado. Son los cimientos psicológicos y sociológicos.
Las experiencias culturales devienen a partir de la combinación dinámica
bio-psico-social. Por ende, la eticidad de las acciones racionales, optativas,
libres y responsables está asociada a principios y normas afectadas por
interferencias complejas. El énfasis
ético que subrayamos haya su espacio en la problematización de la actividad decidida,
y no mecánicamente determinada, con secuelas en la vida comunal. Por ejemplo,
no debe afectar a alguien que yo decida ir de caminata por las rutas públicas
de las veredas de Jardín, Antioquia, municipio colombiano donde resido; pero si
la decisión es irme sin avisar y evadir adrede un compromiso prioritario contraído
con otras personas, sí hay consecuencias morales, pues estaría faltando a la
responsabilidad emanada de una decisión potestativamente consensuada. Segundo caso:
que alguien respire dentro de un salón cerrado es un acto biológico o
fisiológico, no afecta moralmente; pero que alguien inhale o exhale humo de
cigarrillos en la misma habitación no sólo tiene consecuencias adversas para la
salud de fumadores activos y pasivos, sino que, asimismo, comporta efectos
morales, por ser contrario a las normas y causante de daños.
Las dos muestras anteriores son básicas. No
obstante, las interrelaciones también pueden ser conflictivas en mayor grado. Consideremos
la violencia y sus variantes (interpersonal, psicológica, física, de género, política,
armada, bélica, entre otras). Quien ejerce el uso de la fuerza agresiva para
someter o defenderse del sometimiento aduce razones con matices morales justificadas
con argumentaciones[5] y
basadas en una visión ideológica que implica “un conjunto de significados y valores que codifican ciertos intereses relevantes
para el poder social”.[6]
A ese ideario pertenece
el asunto moral que atiende el saber ético. Es
importante acotar que la complejidad de cualquier ideología, y su
conflictividad implícita, arrastra a los actores a la renegociación moral constante
entre las partes a pesar de las trincheras supuestamente
inalterables de sus puntos de referencia.
Ciertamente, la ética propicia edificar conocimientos
teóricos clarificadores del ejercicio moral. Teóricos,
porque acarrean el estudio concienzudo de una cuestión con el debido proceder sistemático,
metodológico, indagador y en búsqueda de entendimientos certeros que arrojen
luz a la realidad social próxima. En ese marco, no evade la esfera comunitaria que
clama por acuerdos auténticos para su transformación; por tanto, la experiencia
acumulada por la actividad ética genera procesos de análisis y exploración de interpretaciones
de los obstáculos que aquejan el desarrollo de un pueblo, y convergencias entre
los diferentes agentes que trabajan por el bien común.
Reiteramos, que la ética enfoque la moral, su objeto
de investigación, no la convierte en auxiliar de moralismos ni monsergas fundamentalistas.
El desafío estriba en demostrar por qué
una sociedad considera un acto bueno o malo, moral o inmoral, en determinado
contexto. No es para justificar convencionalismos e imponerlos culturalmente
divinizándolos o adjudicándoles sitiales universales e inapelables. La ética analiza
los patrones de conducta moral (valores morales, ángulos morales de problemas
sociales, políticos y económicos, entre otros). No predica ni prescribe normas.
El afán inquisidor y el oficio ético están reñidos. Claro, la explicación de los
códigos, los valores y las prácticas vividas en una época, puede tener
repercusiones en la comprensión de lo que somos, estamos siendo y pretendemos
ser.
El núcleo del raciocinio ético es un
valimiento audaz para encauzar los esfuerzos concertados en pro de alcanzar entendimientos
fraguados al calor de proyectos que vislumbran un futuro justo y solidario. Hagamos
que surjan vías insospechadas, vertientes fluidas, transgresiones
imprescindibles, en fin, aportes renovadores en tiempos discurridos entre verdades
anquilosadas e innovaciones superfluas. Dicho sea, con voluntad ética, en mis
Reflexiones desde El Jardín.
.
[1]
Vida consciente, pensamiento y filosofía constituyen una trilogía inseparable.
Las dimensiones de esta afirmación fueron dialogadas con el filósofo y educador
colombiano, el doctor Renier Castellanos Meneses, en mi podcast Conversaciones
con Martín
Cruz Santos el 24 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.youtube.com/live/kX1VqUGSoHI?si=xZS3LNGqbyPyOo9H
[2] En
diciembre de 2023 publiqué por este medio una reflexión titulada Defensa ética
del ocio. Pueden acceder a su lectura en el enlace siguiente: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/defensa-etica-del-ocio-martin-cruz.html
[3] Recuerdo siempre que mi primer profesor de ética en la universidad fue el doctor Carlos Rojas Osorio, un colombiano quien reside en Puerto Rico desde hace décadas. Posteriormente fuimos colegas. Considero que es un filósofo, investigador que ha aportado grandemente al desarrollo humanístico de la educación universitaria. Para quienes se inician en el estudio de la filosofía, recomiendo el libro siguiente: Carlos Rojas Osorio, (2010), La filosofía: sus transformaciones en el tiempo, San Juan: Isla Negra Editores.
[4] Ética es filosofía, por tanto, formula preguntas para ahondar en el porqué de su objeto de estudio. Son preguntas vitales que atienden incluso la cotidianidad. Al respecto recomiendo dos lecturas de un mismo autor: Fernando Savater, (2008), Las preguntas de la vida, Barcelona: Editorial Ariel; _______ (1991), Ética para Amador, Barcelona: Editorial Ariel, S.A. Asimismo, es recomendable la lectura de un clásico: Arthur Shopenhauer, (edición de 2010), Los dos problemas fundamentales de la ética. Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A.
[5]
Recomiendo la lectura siguiente: Jorge Orlando Melo, (2021), Colombia: las
razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del
País y el fracaso de la lucha armada, Colombia: Crítica.
[6]
Terry Eagleton, (2005),
Ideología: una introducción, Barcelona:
Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 25.

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