Defensa ética del ocio
Martín Cruz Santos
En gran
medida, las tres décadas[1]
cuando me dediqué a la docencia universitaria en Puerto Rico estuvieron
estrechamente vinculadas a la reflexión filosófica. Fueran cursos humanísticos,
de pensamiento crítico, ética e historia, los planteamientos filosóficos eran
inherentes. Los temas permeaban, asimismo, las conversaciones sostenidas con
mis colegas. Recuerdo, especialmente, con afecto y respeto, los diálogos con el
doctor Omar Ponce Rivera, investigador y educador quien ha destinado esfuerzos
considerables y publicaciones al tema del ocio. Con él participé en un foro
académico al respecto,[2]y,
posteriormente, prolongamos la conversa mediante el podcast
Conversaciones con Martín Cruz Santos.[3]
Evidentemente, ha sido un asunto relevante.
Retomemos la temática una vez
más con el propósito de aportar algunos conocimientos para la consideración ética
del ocio en la práctica cotidiana, esto es, a la luz de mis experiencias
actuales, ya no como una adenda propuesta desde la academia. En el foro de 2021
aludido partía de la premisa que el contexto social donde ubicamos nuestras
vidas empuja hacia la inmediatez del consumo de lo útil y materialmente
productivo del tiempo valorado económicamente. Aseverábamos que en el campo
educativo esto se traduce, desafortunadamente, en enseñar para las profesiones
y estudiar para aprobar las evaluaciones y los cursos, no para la vida; conocer
la disciplina u ocupación, pero sin énfasis en las responsabilidades personales
y ciudadanas. En fin, evitar “filosofar”, ese desperdicio de la duración de las
cosas. Aprendimos, como dice el refrán,
que “el ocio es la madre o el padre de todos los vicios”. Nos ha tocado
desaprender. Es cierto que la insistencia estuvo cifrada en la vida
universitaria, pero, hoy, en la fase de la jubilación otrora anhelada, reafirmo
que el ocio puede ser creativo, contemplativo, recreativo, ética y
estéticamente eficaz, por tanto, productivo. Pero, producir no en el sentido
restringido que por definición el mundo laboral y económico le atribuye. En la
continuidad de la construcción de mi existencia, el ocio implica la decisión
responsable de aprehender las lecciones del camino.
En Colombia, donde resido, como en Puerto Rico, mi país natal, es
imprescindible reconsiderar la importancia cabal de capacitar la mente para
fortalecer la voluntad de actuar conscientemente. Escribo desde la perspectiva
de un adulto mayor jubilado y decidido a serenarme y no generar y reproducir
problemas imaginarios que causan angustias reales. Busco vivir ociosamente sin
distracciones ni divagaciones innecesarias. Según el filósofo francés André Comte Sponville, al otium antiguo son consustanciales los
significados cuyo referente mayor es la relación del ser humano con el contexto
socio económico y cultural que le rodea. Significaciones que apelan a las
antinomias de la conceptualización mercantilista del intervalo del trabajo
sintetizadas en la expresión tan común “el
tiempo es oro”. En ese marco, Comte Sponville alude al período libre que
sirve para vivir. Recuerdo aquella estrofa de una canción de Juan Manuel
Serrat: “Vale la pena vivir para vivir”.[4]
En esta etapa de mi vida es el momento y
el espacio vital que ya no es devorado por el trabajo asalariado o la venta de
la fuerza laboral y el consumo de las energías físicas e intelectuales en la
producción de la riqueza, que usualmente amasa otro.
Durante años viví añorando la
temporada sobrante después de la jornada laboral asignada al descanso, que no
era como tal el ocio, sino la pereza causada por el agotamiento corpóreo que obstaculizaba
la disposición para el acto libre y creativo, que es expresión de las
potencialidades individuales y comunitarias. El ocio, incluso el contemplativo,
no es ajeno al talante cívico. Ahí estriba la singularidad del concepto.
Reviso la respuesta a una interrogante tantas veces formulada: ¿dónde
radica el componente ético del ocio? Reitero que en su pertenencia a la
condición humana y social donde la moral ha de ser entendida como una segunda
naturaleza construida para regular el comportamiento en la sociedad. La moral
es la materia prima para la reflexión filosófica que denominamos ética. Visto a
partir de esa óptica, el ocio es la manifestación de la libertad condicionada
por las relaciones de poder a las cuales subyace un torrente de
contradicciones. En este ámbito, el principio ético de la responsabilidad como
cuidado de sí mismo emerge como un imperativo.
Cómo no traer a colación el análisis del filósofo y psiquiatra francés Michel
Foucault [5]
acerca dea la problematización del poder y sus repercusiones en las
interacciones humanas, entiéndase, el espectro amplísimo que incluye, pero no se
limita a: entre individuos, en la familia, las educativas, el orden o desorden
político, las de producción económica (que incluye el consumo, claro) y todas
las enmarcadas en el quehacer cultural, que es bastante. Foucault enuncia una
diferencia entre los estados de poder y las relaciones de poder. En las ligazones sociales asienta el problema ético de la
definición de las prácticas aplicables
al ocio. Para él, la libertad está supeditada por los significados colectivos
influidos por las concomitancias del poder.
Interesantemente, en su discurso, Foucault pregunta: “¿Qué es la ética sino la práctica de la
libertad, la práctica reflexiva de la libertad? Y acto seguido afirma: “La libertad es la condición ontológica de la
ética; pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad”.[6]
De esa concepción emanan sus ideas a tenor con la diligencia de sí mismo. El
autor distingue dos miradas epistemológicas. Una que lo asume como un acto
egoísta, es decir, la contradicción entre mi deber con el otro y el interés por
mí. Perspectiva ésta que, a mi juicio, minimiza la complejidad de la
socialización donde la moral no es, simplemente, un decálogo de deberes personales.
La otra visión, que es la promovida por Foucault, es el cultivo de lo característicamente
humano: el atenderse como ser holístico, el autoconocimiento, la
autosuperación, el dominio de uno mismo, entre otras.
Foucault no deja lugar para la duda en cuanto a la visión ética
planteada: “Yo no digo que la ética es el cuidado de sí, sino que, en la
antigüedad, la ética como práctica reflexiva de la libertad ha girado en torno
a este imperativo fundamental: ‘cuida de ti mismo’”.[7]
De ahí se desprende la consideración del cuidado de sí, del cual es parte el
ocio, ético en sí mismo, es decir, partícipe de la construcción del ethos o
modo de ser arraigado a principios éticos. Por ende, la atención personal no
excluye la vinculación con otros congéneres y la diversidad de seres naturales ni actuar solidariamente, escuchar y comprender las enseñanzas
surgidas de la socialización en los espacios compartidos. Es “jugar a perder el tiempo”, una expresión
lúdica y reivindicativa del ocio recreativo y colectivo, atendemos la salud corporal
y emocional y, cómo no, transgredimos el paradigma absurdo de vivir para
trabajar.
Las correlaciones de poder experimentadas en las formas organizadas o
desorganizadas de lo político, económico y cultural incluyen, pues, las
posibilidades de la emancipación y la resistencia. La opción de elegir es determinada
por múltiples aspectos y amerita cultivar responsablemente las capacidades concernientes
desarrolladas mediante procesos educativos formales e informales, éticos y
estéticos. En el centro de esa ocupación se ubica el ocio, que no es solo una
necesidad, sino un deber moral éticamente justificado. Por tal razón, para Foucault el cuido de sí
aparece como una condición pedagógica, ética y política. Es medular en la ética
para enfrentar con realismo los nexos de poder de todo tipo, que son
inevitables. Ese es el punto de articulación de la preocupación ética, de la
lucha política por el respeto de los derechos humanos y ciudadanos, y del
compromiso crítico activo contra las técnicas abusivas del poder.
Dicho categóricamente
desde la autodeterminación ganada por mi terquedad madurada (con nuevos bríos,
aunque con varios achaques después de jubilado), lejos de constituir una
pérdida, el ocio y la ponderación filosófica son ineludibles. Extrapolemos la valoración
de Foucault sobre la función crítica de la filosofía, a saber: “Deriva, hasta cierto punto, del imperativo socrático:
"ocúpate de ti mismo", es decir: "fúndate en la libertad,
mediante el dominio de ti".[8] El reto en cuestión conlleva la superación de las visiones economicistas
neoliberales que menosprecian el ocio y lo relegan al rol funcional de un lapso
concedido para el reposo en aras de recuperar las fuerzas a gastarse en la
producción asalariada, algo así como un mal necesario para obtener el objetivo monetario.
Finalmente, recordemos que la faena ética
sobrepasa las ilaciones entre los mortales de la especie racional y abarca un
carácter eco ético. Como bien ha expuesto el pedagogo y filósofo francés Edgar
Morín: “Desde ahora, una ética
propiamente humana, es decir una antropoética debe considerarse como una ética
del bucle de los tres términos (individuo+ sociedad +especie), de donde surgen
nuestra conciencia y nuestro espíritu propiamente humano. Esa es la base para
enseñar la ética venidera”[9].
Añado, también lo es para educar y aprender a cuidar de nosotros mismos, el
aprecio por el ocio creativo, contemplativo, ético, estético, recreacional,
espiritual y amante de la natura aquejada por la voracidad sin límites ni tregua
del afán de lucro. Que nos cataloguen como ociosos, si es preciso, porque es un
deber moral serlo y está éticamente fundamentado y documentado en mis
Reflexiones desde El Jardín.
[1] Trabajé en la docencia
universitaria desde agosto de 1993 hasta julio de 2023.
[2]
El ocio en tiempo de
pandemia: análisis ético e implicaciones educativas para la educación física,
la recreación y las ciencias del ejercicio. Semana de la Educación: perspectivas y experiencias
transformadoras a un año de la pandemia. Panel integrado por: Dr. Omar Ponce Rivera,
Dr. Martín Cruz Santos y Dr. Adolfo López Alemán, Universidad Ana G. Méndez,
Recinto de Cupey. Moderador: Dr. Luis Mondríguez Torres. 3 de mayo de 2021. La
redacción del contenido de este artículo está basada en la ponencia presentada
ese día.
[3] Dr. Omar Ponce Rivera (invitado). Ocio y educación, jueves 2
de diciembre de 2021, grabación disponible en línea: https://www.youtube.com/live/3dF0Ws1XE34?si=ThydkS8vx8XvODWj
[4] Para vivir es el título de la novena canción incluida en
el álbum homónimo, el undécimo LP grabado por el cantautor catalán Joan Manuel
Serrat. Fue editado por la compañía discográfica Zafiro/Novola en el año 1974. Oprima
el enlace siguiente para escuchar la canción: https://youtu.be/ucHm4D6ttuo?si=mm68XhjcDI124vPp
[5] Michel Focault (1926-1984),
filósofo francés de gran influencia por su teorización crítica de los conceptos
del progreso, el poder y la sexualidad. Varias de sus obras de mayor relevancia
son: Locura y civilización (1960), La arqueología del saber (1969)
Las palabras y las cosas (1966) Vigilar y castigar (1975)
y los volúmenes de la Historia de la sexualidad: Introducción (1976)
y El uso del placer (1984). La preocupación de sí mismo (1984).
[6] Michel Foucault, La
ética del cuidado de sí como práctica de la libertad, diálogo con H. Becker,
R. Fornet Betancourt, A. Gómez Müller, 20 de enero de 1984, disponible en
línea: https://www.topologik.net/michel_foucault.htm
[7] Ibid.
[8] Ibid.
[9]
Edgar Morin (1999). Los siete saberes necesarios para la universidad del
futuro, disponible en línea:
https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000117740_spa

Gracias por tu filosofar del ocio. Me pareció escucharte en las reuniones académicas, no por el tema si no más bien por tu enhebrar de ideas. El ocio para mi no existe, pero en el sentido de no hacer nada. Pues su definición “ Cesación del trabajo, inacción o total omisión de la actividad” no es algo que me ocurra, excepto cuando medito o contemplo. El resto del tiempo libre, siempre estoy en alguna actividad… o estoy pintando o escribiendo, o camino o tejo crochet, o siembro plantas o las cuido, pero siempre estoy haciendo algo.
ResponderEliminarExcelente tu reflexión, me gusto mucho.
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