Cambio de rumbo
Martín Cruz Santos
De un tiempo a esta parte me he acostumbrado a las despedidas a medias. Ya, pero todavía no, es parte de la consigna o quizás un mantra que llevo conmigo. Escribir desde el sur de América, con los farallones del Citará, esas majestuosas formaciones rocosas de la cordillera occidental de Colombia divisadas en el horizonte desde mi ventana, es indicativo del cambio de rumbo iniciado. De las montañas de Cayey, Puerto Rico, donde residí de enero de 2022 a junio de 2023, y también durante los primeros 18 años de mi vida, a los Andes colombianos hay un largo trecho. Es un periplo espiritual decidido, orquestado y caminado sin el afán de otros tiempos, pero, con la pasión por la libertad acumulada al ritmo de los cambios vitales. Me despedí geográficamente del archipiélago puertorriqueño, no obstante, aún es reciente el arribo al otro destino como para hablar de una partida definitiva.
Acá, en Jardín, municipio del suroeste del departamento de Antioquia,
declarado Pueblo Patrimonio de Colombia[1] en 1985, el ritmo de la
vida es acompasado. Los encuentros cotidianos en el Parque El Libertador son
acompañados con cafés y tertulias. Una plaza amplia constituida por un rosal diverso,
una fuente, monumentos, asientos y la arquitectura colonial de las edificaciones
aledañas, en particular, las casas, los cafés, los restaurantes y otros
comercios, presidida por el estilo neogótico de la Basílica Menor Nuestra
Señora de la Inmaculada Concepción, integran las manifestaciones culturales
variadas, en unión a la gastronomía propia y el entorno ecológico exuberante de
la sala comunitaria del hogar jardineño. El Parque y su contexto multicolor es
un espacio abierto para las vivencias socioculturales. Durante un fin de semana
que es largo o puente - es decir, cuando el lunes es feriado o festivo, como es
denominado en estas tierras-, la cantidad de personas que lo visitan es mayor.
No es así de lunes a jueves normalmente. Sin embargo, en ambos casos, es el sitio
por excelencia para la integración comunitaria.
Considero que el Parque es el punto de partida, llegada o regreso.
Lugareños, visitantes ocasionales y turistas nacionales e internacionales
observan, contemplan y se adentran en la idiosincrasia de este pueblo a partir
de su centralidad en la planificación urbana. Algunos, como es mi caso,
cambiamos el rumbo de nuestras vidas al comprender el significado de la
expresión célebre acuñada por Manuel Díaz Sierra (1918-2003)[2]: “A Jardín no se viene,
se vuelve”. Volver a Jardín, el espacio escogido para vivir, es afirmar la
voluntad de ser y continuar adelante siempre. Al lugar de reunión vecinal se
llega con el mayor de los entusiasmos.
Volví junto a mi esposa para quedarnos donde confluyen la actividad laboral,
de estudio, jubilación, vacaciones o cualquier otra vital y creativa que
propicia el crecimiento humano y social. Los trabajos, las faenas, alegrías y los pesares son
la vida misma manifestada en sus múltiples dimensiones. Donde está tu corazón
es tu lugar en el mundo. No es un cambio más, sino uno trascendental, porque
incide significativamente en el proceso de vivir, descubrir, amar y aprender,
entre otras posibilidades. ¿Qué busco existencialmente? Tiempo disponible para
disfrutar, relajarme, compartir y profundizar en los significados que voy
construyendo a través del camino trazado, recorrido y por recorrer. ¿Por qué
aquí? Porque la tranquilidad del panorama natural y cultural jardineño es, especialmente,
sinónimo de salud y vida. Cambio de rumbo para recorrer los caminos y
contemplar su belleza, porque disfrutar la armonía con la naturaleza en
compañía de mis seres amados es una gran vivencia allí donde me encuentro.
Probablemente, la vida está hecha de colores. Percibirlos, apreciarlos,
descubrirlos y vivirlos atiende una prioridad personal inmediata. La estética inherente a esta etapa de mi vida
es motivada por la actitud sensible. Hay lugares que albergan el potencial de acrecentar
la sensibilidad. En mi opinión, Jardín es uno de ellos. Por eso lo
hemos escogido para vivir y afirmar
la voluntad de ser. Posamos la vista
en sus rincones cercanos, ampliamos la mirada hacia los contornos lejanos,
escuchamos el cantar de los pájaros y la voz de las personas a quienes saludamos
y nos saludan, caminan y respiran con inspiración compartida. Cambio de rumbo
para intensificar esas y otras experiencias sensibles.
Cambiar
es imprescindible, pues la vida toda es cambio. En el presente forjamos futuros
imaginados que luego serán parte de nuestras historias para ser contadas. Cada
recuerdo alberga vivencias tal vez inolvidables. Escribo reflexiones desde el
Sur que mañana serán memorias y testimonios fehacientes de este cambio de rumbo
a mis 61 años de vida en construcción.
[1]
Los Pueblos Patrimonio
de Colombia o Red Turística de Pueblos Patrimonio, es un programa especial del
Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia con el propósito de
promover el patrimonio material e inmaterial cultural de la Nación.
[2] Manuel Díaz Sierra fue
un escritor, poeta, político, servidor público y miembro fundador de la Casa de la Cultura y el Centro de
Historia de Jardín, Antioquia.

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