24 julio 2023

 


El yoga y yo

Martín Cruz Santos

 

  “Gracias a la vida que me ha dado tanto”[1], cantó Violeta Parra. Es imprescindible hacerse eco de aquella voz y su canción para agradecer a mis amistades por su presencia y solidaridad, porque la vida sin la amistad sería el ensayo de una función teatral sin público ni las expectativas de subir a escena. Al paso de tiempo y la madurez he ido afirmando mi ser de espíritu libre que transita por la vida acrecentando la conciencia y la voluntad, desatando las ataduras propias y colaborando con la libertad de otras personas que he conocido a lo largo de la ruta. Así camino haciéndome libre, porque quiero, y no hay vuelta atrás. Para mí, no hay duda: se aprende cada día y todo aprendizaje es motivo de reflexión. No cesamos y continuamos aprendiendo, es decir, viviendo en una continua práctica de la reflexión hecha conciencia de lo que somos y pretendemos ser.

   Buscando se encuentra y puede ser que alcancemos un peldaño del quehacer humano sensible, si decidimos de una vez y por todas que la sensibilidad y la razón son buenas compañeras para caminar. Hegel afirmó: “El entusiasmo artístico no es otra cosa que el estar lleno del tema, estar totalmente presente en él y no descansar hasta que la forma artística no esté moldeada y redondeada”[2]. Considero que el entusiasmo, según fue conceptuado por Hegel, se puede arrimar a otras experiencias de la vida. Él dijo, además, que nada importante ha sido hecho en el mundo sin pasión. Sensible y racionalmente me fui aproximando al yoga hace más de una década en momentos cuando la pasión vital había menguado en mí. Fueron tiempos difíciles, críticos y, como en toda etapa existencial, pasajeros.

    Yoga es un conjunto de disciplinas que usualmente es conocido por una práctica particular para conectar la totalidad del cuerpo mediante el control mental y respiratorio. Sabemos que ha sido ejercido desde hace miles de años. Es comprensible su longevidad, si tomamos en consideración la tendencia humana a buscar el bienestar para mejorar el estado de la salud. Precisamente, ejercitarse para lograr el equilibrio entre el cuerpo y la mente es el objetivo principal del yoga. En la tradición hinduista, tal balance es imprescindible para alcanzar la iluminación y la trascendencia. No obstante, practicarlo se ha generalizado como un medio para mantener la eficiencia física y emocional, especialmente, reducir el estrés. El fin ulterior es holístico: el equilibrio integral.

    Es adecuado acudir a la raíz de las palabras para comprender sus significados. La palabra yoga tiene su origen en el idioma sánscrito y significa unión. La unidad del todo implica esfuerzo, pero no el normalizado por el consumismo, esto es, esforzarse en la producción desmedida y agotar las energías físicas y mentales a través del trabajo y el consumo. El yoga utiliza posturas físicas sutiles conscientes (asanas), ejercicios de respiración (pranayama) y la contemplación para el beneficio de sus practicantes. Armonizar el cuerpo, controlar la mente y las emociones, desarrollar la flexibilidad física, enfocarse y concentrarse, así como también aliviar tensiones y malestares físicos y psicológicos pueden ser parte de los frutos obtenidos con su ejercicio consecuente.

   Luego de varios años de compartir grupal en Puerto Rico con la dirección de la maestra Leykamarie Alma (LeykAlma)[3], continué con los asanas en mis rutinas cotidianas. Quienes me conocen saben que caminar es una de mis actividades predilectas. Llevo a cabo rutinas de calentamiento acompañadas con asanas y otros ejercicios antes de salir a caminar o, simplemente, dentro del quehacer cotidiano. No había retornado al yoga colectivo hasta que Claudia y yo nos mudamos a Jardín, Antioquia. Llegamos afortunadamente al proyecto Jardín, Ser y Sentir,[4] dirigido por la maestra Andrea Parra. Un grupo de personas entusiastas, muy amables y jardineñamente solidarias nos encontramos semanalmente para respirar al unísono y hacernos conscientes de nuestra presencia. Cada sesión es una oportunidad para el crecimiento humano. Sin prisa, pero sin pausa vamos, parafraseando la susodicha cita de Hegel, estando total y conscientemente presentes en el entusiasmo del encuentro, llenándonos del tema y creando formas artísticas entre movimientos y descansos.    

  Cada tiempo merece su propio afán. Es preciso no dejar pasar el aprendizaje propio de cada momento. Porque vivir tiene su lugar en el tiempo y el espacio, cualquier ámbito adecuado es propicio para dedicarse al cuidado de sí en el Kairós o momento preciso. El yoga y yo, entiéndase, la práctica activa y consciente del cuidado saludable de mí mismo, encuentra hoy ángulos insospechados e inéditos para renovar la pasión por la vida. Se abre un camino adicional para vivir mejor que inspira otra reflexión desde El Jardín.

 



[1] La canción titulada Gracias a la vida, escrita por la cantautora chilena Violeta Parra, formó parte del disco Las últimas composiciones de Violeta Parra grabado por la disquera RCA Víctor en el año 1966.

[2] George W. Hegel. (1826). Filosofía del arte o estética. Berlín: Edición de A. Gethmann-Siefert y B. Collenberg-Plotnikov

 

[3] Para obtener información sobre las clases de hatha yoga que ofrece la maestra Leykamarie Alma pueden acceder en Facebook: https://www.facebook.com/leykalma.yoga/about?locale=es_LA  y en Instagram: https://www.instagram.com/leykalmayoga/

 

[4] Para obtener información sobre Jardin, Ser y Sentir pueden acceder en Facebook: https://www.facebook.com/profile.php?id=100033197299420 y en Instagram: https://www.instagram.com/jardinserysentir/

 

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