01 octubre 2024



Nada que hacer

Martín Cruz Santos

“Quien quiere hacer algo, encuentra un medio,

quien no quiere hacer nada, encuentra una excusa”.

Proverbio árabe

 

      La sociedad de consumo desmedido, que es guiada por el énfasis en el crecimiento de la producción de la riqueza trabajada por muchos, pero disfrutada por pocos, tiene como eje la actividad económica en torno a la cual gira la vida toda. En consecuencia, comprar, consumir y descartar es el quehacer placentero, lúdico y eufórico que receta el mercado. El mundo resulta ser un espacio para existir en la fugacidad de las distracciones continuas propiciadoras de la adrenalina como fuego voraz de lo efímero. Peor que la muerte es nada que hacer. Juzgar el entorno natural y la creación cultural a partir de los parámetros de ese espectro visitante, distorsiona la imagen de cualquier modo alterno de ser y la visión de mundo que le subyace.

    Días atrás un compatriota mío (recuerden que soy puertorriqueño), a quien no conocía, visitó el municipio de Jardín, Antioquia en Colombia, donde resido. Aparentaba ser uno de tantos turistas arribados a este pueblo patrimonial. Para mi sorpresa, no era un transeúnte, sino que estuvo asentado en esta localidad, pero se fue, y cito sus palabras: “Porque acá no hay nada que hacer”. No había terminado su expresión cuando riposté: “Eso depende de lo que a uno le guste hacer”. Acto seguido, el visitante de ocasión explayó sus preferencias por la magia de los centros comerciales citadinos lejos de los anodinos encuentros cotidianos en el Parque El Libertador, que, a su juicio, conducen al tedio. Nada más con el testigo.

    Que es su opinión, supuestamente cimentada en la experiencia, y le cobija la libertad de expresión, claro está. Sin embargo, debo aseverar que salí molesto de la situación. Considero que semejante generalización sentenciosa raya en la falta de respeto contra las más de 15,000 personas, la mayoría nacidas en Jardín, actuantes de la historia viva del pueblo. Además, menosprecia el auge del turismo en la zona. Entiendo al susodicho, quien moró durante un tiempo prolongado, según dijo, porque en un año y tres meses que habito aquí definitivamente, tras un lustro viniendo con frecuencia, no sabía de otro boricua[1] afincado en esta población. Eso a pesar que suelo participar en diversas actividades culturales, compro en los comercios locales, converso diariamente con amigos, vecinos y nuevos conocidos, tomo café en los negocios tradicionales, camino por las calles y los caminos veredales, conduzco un podcast y resalto temas relacionados con  los aportes culturales de individuos y organizaciones de la comunidad, administro el grupo de Amigos de Jardín, Antioquia,[2] coadyuvo a las soluciones de los asuntos cívicos que nos atañen, en fin, busco integrarme a la vecindad que me ha acogido. Tal vez ahí estriba la diferencia.

     Darío Ruiz Gómez, eminente escritor, docente, periodista, teórico del arte y el urbanismo, crítico literario y poeta colombiano afirma que “Jardín no es solo un pueblo, es un modo de vida”.[3] Suscribo la apreciación de él. Asimismo, reconozco que hay formas de ser adecuadas o no a idiosincrasias y ambientes particulares. Por tanto, es válido manifestar individualmente no sentirse a gusto en un sitio a causa de las expectativas incumplidas. Como foráneo y viajante hay la opción de regresar al país de origen o trasladarse a distintos confines, si las circunstancias son favorables. No obstante, la pretendida autoridad discursiva para decretar “No hay nada que hacer” es la ejemplificación de mentalidades turistificadoras para las cuales, una vez hecho el recorrido por los atractivos de recreación, avienen agotados los deleites, porque confunden el paso del viajero con la permanencia comunitaria.

    Cabe acotar un aspecto pertinente. El consumismo de la sociedad líquida[4] atavía el menosprecio selectivo por los pueblos de gesto antiguo, máxime si las delimitaciones de estos quedan en la periferia del mundo, donde “el sur también existe”[5]. Son valorados solamente si: patrocinan escapatorias temporeras de las ciudades, constituyen réplicas del pasado adornadas con modernidades desconcertantes, incluyen enclaves vacacionales para hacer y deshacer sin miramientos ciudadanos, perfilan objetos para la especulación inmobiliaria y gentrificación en determinados casos, entre otras oportunidades. Algunos pasajeros optan por establecerse, pero sin socializar, hasta que el hastío colme sus emociones insatisfechas. Definitivamente, no hay nada que hacer para ellos ni con ellos. La miopía cultural les impide ver más allá de sus narices.

    Disponer que es el tiempo propicio para tomar una decisión y atreverse a llevarla a cabo, fortalece la voluntad, reafirma la libertad y determina la responsabilidad. Ahora bien, extrapolar una resolución propia involucrando el sentir ajeno es inconveniente y riesgoso dada la injusticia implícita. La vida, que en su devenir transcurre por rumbos distintos y distantes, conlleva las posibilidades de ubicarse en los asentamientos escogidos. Me trajo a estos lares al arrostre del tiempo y el espacio idóneos para mis Reflexiones desde el Jardín. Como cantara Atahualpa Yupanqui:

          “En más de una ocasión quisiera hacerme perdiz,

          para ver de ser feliz en algún pago lejano,

          pero, la verdad, paisano, me gusta el aire de aquí”.[6] 



[1] El vocablo boricua es sinónimo de puertorriqueño u oriundo de Borinquen, nombre ancestral indígena de Puerto Rico.

[2] Amigos de Jardín, Antioquia en Facebook: https://www.facebook.com/share/g/sqhswcrgfMeagTQE/

[3] Darío Ruiz Gómez, 19 de agosto de 2023, Racionalidad espacial frente a la naturaleza: El Parque; en Narrativas Pueblerinas (séptima edición), Teatro Municipal Rafael Leónidas Velázquez Rojas, Jardín, Antioquia.   

[4] El sociólogo polaco Zygmunt Bauman (1925-2017) acuñó el término sociedad líquida para referirse al mundo actual caracterizado por la incertidumbre causada por la rapidez de los cambios y la ausencia de vínculos sociales duraderos.  Curiosamente, la novena edición del Festival de Cine de Jardín, dirigida por el cineasta colombiano Víctor Gaviria, y llevada a cabo durante los días 26 al 29 de septiembre de 2024, abordó el tema de la Sociedad Líquida: individuos solitarios, una libertad sin mundo.

[5] Hago referencia al poema titulado El sur también existe, de la autoría del poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009). Es el nombre también de un disco grabado por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat sobre los poemas de Benedetti en 1985.

[6] Atahualpa Yupanqui, 1984, Milonga del peón de campo, Álbum La pampa de antes, Sony Music Entertaiment Argentina.  

 

01 septiembre 2024


 

Enredados

Martín Cruz Santos

 

    Gregarios e individualistas; grupales y desagrupados; articulados y descoyuntados. Asociados por afinidades y conveniencias. Son las dicotomías humanas juntas y separadas. Como otras especies, necesitamos la interacción con nuestros congéneres para desarrollar las actividades diversas del quehacer vital. Los encuentros no son la excepción a la regla. Claro que no siempre ocurren físicamente. Hay distancias reducidas en las tangencias virtuales y enredos también.

   Con las denominadas redes sociales, desde la aparición de SixDegrees en el año 1997[1], y el posterior apogeo, aunque venido a menos, de Facebook, la magia de la instantaneidad de las comunicaciones propicia la ilusión de la ubicuidad. Mensajes de texto, voz e imagen circulan velozmente a través de una maraña de direcciones electrónicas, sitios y presencias imaginadas. Los términos “contacto” y “amigo” son resignificados para variar los sentidos tradicionales y advertir formas y contenidos inéditos. Surgen “grupos” y “comunidades” distintos y distantes, pero próximos en intereses momentáneos o duraderos. El mundo interconectado es un asidero resbaladizo programado para seducir con socializaciones comprimidas.

    A diferencia de las relaciones interpersonales contextualizadas en tiempos precisos y espacios geográficos definidos, las “enredadas” (mediadas por redes sociales) expanden las fronteras de los movimientos cotidianos y los extraordinarios. Publicar en la inmediatez parece un accionar posdemocrático, porque avienta expresiones inimaginables transmitidas por doquier transgrediendo los andamiajes nacionales y estatales. Recompone la esfera pública o política con activismos usualmente desorganizados que confunden el medio con el fin y la táctica con la estrategia. Da igual expresar una indignación pasajera que convocar a una manifestación sin ton ni son. Siempre y cuando las vistas y los likes aumenten exponencialmente, el éxito estará asegurado; si no, en un santiamén quedará olvidado. Sube el video, baja la aplicación, comparte, repite sin corroborar, haz quedar bien a Göbbels[2].

     Los usuarios y sus mensajes atiborran las telarañas aspirando “irse virales”. Una cadena de tipo moral religiosa, memes, recetas para la felicidad, fake news, anuncios reproducidos hasta la náusea, manifiestos revolucionarios y otros conservadores, esperanza y fatalidad, a grandes rasgos, exponen los ánimos que transitan entre la euforia y la depresión. Enterar qué se come, bebe, compra, vende, visita, gusta, espera, atiende, por quién votar, no se tiene o, contrariamente, es poseído en demasía, para mencionar algunos ejemplos, hace de los muros, tuits y otros facsímiles razonables, ventanas desde donde asomarse a la humanidad para ser vistos, leídos o, mínimamente, tomados en cuenta. Identificados con los puntos de vista de los usuarios seleccionados y que configuran el entorno mediático habitual, tornase la homogeneidad de criterios en el aparente poder hegemónico capaz de dominar al amigo disidente o el enemigo declarado bloqueándolo desde la pantalla y el teclado. Menos, es más, si nos parecemos los aglomerados.     

  Algunos conocidos personalmente, otros figurados e idealizados por conocer, pero enredados conjuntamente para bien o mal. De hecho, este escrito tendrá mayor difusión, tal vez, gracias a los perfiles registrados en mis listas preconcebidas. Sin embargo, opino que vamos atomizándonos con la cercanía lejana y la militancia en barricadas de cupos limitados e ilusiones agrandadas. La fiebre no está en la manta ni el cuchillo confabula con el agresor. Redes van y vienen impulsadas por razones económicas y del mercado, fundamentalmente, y la instrumentalización de quienes las consumimos. Usar el medio no es el problema, sino intercambiar roles entre la herramienta y quien la utiliza. Que la efervescencia no nuble el entendimiento ni la facilidad anodina ocupe el lugar de las articulaciones para construir proyectos de vida en procesos históricos cuya conflictividad implica la participación en la diversidad ideológica. Es mi aporte por el momento en mis Reflexiones desde El Jardín.  



[1] Redacción de BBCMundo (8 de julio de 2019), Six Degrees: cómo fue y quién creó la primera red social de internet, inspirada por la teoría de los "seis grados", disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-48558989

[2] La referencia es a Joseph Göbbles (1897-1945), quien fuera ministro de Educación y Propaganda en el gobierno alemán de Adolf Hitler, posición desde la cual promovió principios y prácticas que continúan presentes en los medios de comunicación del mundo, particularmente, la publicidad, tales como: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”.

 

06 junio 2024


 

La patria desde la distancia

Martín Cruz Santos

 

    Recuerdo la conversación virtual sostenida con la productora puertorriqueña Maru Hernández, radicada en la ciudad de Valencia, España, y el compatriota y colega historiador Hugo R. Viera Vargas, quien residía entonces en Sarasota, Florida, transmitida en vivo o directo el jueves 3 de junio de 2021[1]. Fue el inicio de la serie titulada La patria desde la distancia como parte del podcast Conversaciones con Martín Cruz Santos[2], un espacio creado el mes anterior a esa conversa para tertuliar sobre temas de actualidad y aproximarnos a diversos proyectos socioculturales. Aporta diálogos con nacionales de Puerto Rico quienes habitamos fuera del archipiélago. El objetivo es conocer las experiencias diversas en los ámbitos donde nos hallamos y las perspectivas de la Isla a partir de puntos geográficos distantes. En aquel entonces mi esposa y yo vivíamos en Puerto Rico, pero, viajando a Colombia frecuentemente. Hoy domiciliamos en Jardín, Antioquia, municipio de los Andes colombianos.

   Después de variados capítulos conversacionales y contactar compatriotas en Asia, Europa y América es pertinente formularme la interrogante principal de esos encuentros: ¿Cómo visualizas a Puerto Rico? Corresponde una mirada crítica en la separación física y el distanciamiento condicionado por el contexto histórico tanto de la isla caribeña y antillana como de la vivencia en el extranjero. Para quienes emigramos, las razones y los sentimientos que subyacen a la decisión guardan relaciones estrechas con el acá y el allá, es decir, nos insertamos en la comunidad nacional que nos acoge sabiéndonos miembros de otra entidad territorial. Advierto con honestidad que escribo amparado en el privilegio del no desplazado ni expulsado a causa de la pobreza extrema, la guerra atroz o la opresión política causante de la salida desesperada de tantos congéneres en el mundo. Mi esposa y yo moramos en Sudamérica como trabajadores jubilados. En Colombia, precisamente, territorio escogido para asentarse por una cantidad no menor de boricuas[3].

   Leo diariamente las noticias locales, las de Puerto Rico y la esfera internacional. Estoy al tanto de las opiniones, los juicios y las y falacias generadas en las redes sociales. Actúo con la disciplina aprendida en el oficio de historiar y con el afán de pensar analíticamente. Siento esperanza cuando observo la persistencia de mis compueblanos en las faenas liberadoras que empujan en comunidades marginadas. Además, con la coherencia de quienes enseñan y aprenden en las escuelas, los colegios y las universidades pese a las adversidades institucionales y presupuestarias que enfrentan. La riqueza producida mediante el trabajo, aunque faltante en los presupuestos familiares, es fruto, sin duda alguna, del tesón de la clase trabajadora. Contra la desigualdad perenne y normalizada, en todos los rincones hay ejemplos fehacientes de la resistencia cotidiana para salir adelante. Cómo no solidarizarme, si esa es la historia de mi familia y de otras innumerables, incluso, las oleadas de emigrantes que transitan en la “guagua aérea”[4]. 

     Vamos a la otra cara de la moneda. Percibo el desgaste social y emocional de un pueblo expoliado y carente de los servicios básicos adecuados para una vida digna. El drama de la infraestructura eléctrica colapsada que afecta a la mayoría de la población es comparable con la incapacidad de la clase gobernante para alumbrar otras ideas que no sean la deslumbrante corrupción y la competencia presurosa por administrar los fondos públicos. Enchufan el sueño generalizado e iluso del progreso y descargan el estancamiento social. La ebriedad del poder de unos pocos contrasta con la sobriedad expectante de muchos y el anhelo de cambios que no llegan a ser. En un año electoral las campañas propagandísticas sobresalen por la ambición del galardón pseudo poderoso para acceder a la complicidad colonizada del desorden político establecido por el Congreso estadunidense, representante permanente de los intereses hegemónicos de la clase dominante del imperio colonizador, aliada estratégica de las elites trasnacionales.

     Prima una sociedad de reformas sin forma ni contenido en la que el certamen politiquero de cada cuatro años es una fase eufórica tras la depresión que no cesa. La borrachera de ocasión es alucinante. Se confunde la unidad de propósitos con los juntes de avivamiento, el frenesí momentáneo, los goces truculentos convenidos y la desilusión entusiasta compartida. El triunfo de una reina de belleza, un deportista o algún autodenominado artista, acto pretendidamente representativo de la identidad puertorriqueña, manifiesta un nacionalismo cultural inconsciente, chauvinista y trasnochado. Tal vez sustituye temporariamente la espera pasiva por la mágica autodeterminación política, supuestamente medular, de una independencia folclórica ubicada en una urna de votación a la vuelta de la esquina (sin mencionar cuán alejada está la dichosa esquina ni cuántas votaciones faltan), una estadidad anexionista a la espera de ser solicitada (como si el Congreso de E.U. estuviera ansioso por atender el asunto) o un Estado Libre Asociado a desarrollar (más bien a resucitar). Y como la historia depende de la memoria, aliarse para gobernar la colonia pretende ser un capítulo inédito del devenir histórico isleño.  Añádale la imposibilidad del liderato partidista anquilosado de sintonizar discursivamente con las nuevas generaciones y el componente del envejecimiento poblacional por la vía de la perdida y la baja poblacionales. Nada que no pueda resolver una agencia publicitaria, según ellos.

     La Patria imaginada colectivamente y vista allende la distancia es un signo de interrogación o unos puntos suspensivos, un presagio inevitable, el regocijo efímero y vacuo explayado a coro: “Yo soy boricua pa´ que tú lo sepas”. Es el grito silenciado repetidamente, la rabia contenida y la confianza depositada en que no llueva ni ventee más mierda. Asimismo, es la promesa temida y encarnecida inherente a un proyecto inconcluso apartado de la emancipación latinoamericana decimonónica y del calor de la Guerra Fría, pero, cercano a las migraciones desbordantes, las destrucciones de las periferias y los rincones excluidos por el neoliberalismo. Es el lugar trastocado política y económicamente, atropellado y pospuesto; vociferado, pero no escuchado; leído sin interpretación rigurosa. Donde la historia atestigua el ya, pero, todavía no al registrar vacíos sin narrar y resquicios evidentemente obviados.

    Distanciarse del objeto observado no garantiza su mejor comprensión cabalmente, sin embargo, posibilita no desfallecer en el empeño. Reflexionar a Puerto Rico desde El Jardín implica el intento de auscultar el presente habiendo sido parte de su pasado y, en remoto, barruntar el futuro. Así lo veo y digo. Afuera o adentro continuamos siendo partícipes del quehacer puertorriqueño, porque en otras tierras, así como en la que nos pertenece, aspiramos a construir un país, lo opuesto a la colonia que hemos sido.  



[1] La grabación está disponible en nuestro canal de YouTube: https://youtu.be/RkrV1w5GZws?si=Nr1dwG8zs1AgPLpO

[2] Pueden acceder a nuestro canal donde están contenidas las grabaciones de todas las conversaciones llevadas a cabo desde el 18 de mayo de 2021: https://www.youtube.com/@MCRUZSA

[3] Recomiendo la lectura de mi reflexión titulada Colomrriqueños y paisaboricuas, publicada en ese blog: https://www.blogger.com/blog/post/edit/4952124511128813048/4135628412505177265

[4] La guagua aérea es el título de un ensayo de la autoría del escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez que fue publicado en el año 1983 por primera vez y, posteriormente, en una colección de ensayos en 1994. Relata los vaivenes de la migración puertorriqueña a los Estados Unidos, particularmente, a la ciudad de Nueva York, en las décadas de 1950 y 1960. La obra fue adaptada al cine por el cineasta Luis Molina Casanova en 1993. En 2023 se adaptó al teatro como musical dirigido por la actriz, cantante, compositora y directora Aidita Encarnación. Cabe aclarar que en Puerto Rico la palabra guagua se refiere a un autobús o vehículo público para transportar pasajeros (bus o buseta en Colombia).

04 mayo 2024

 









Las burbujas inmobiliarias no son de amor[1]

Martín Cruz Santos

    Advierto que la pericia en asuntos financieros no abunda en mi curriculum vitae ni los carismas adivinadores de futuros inexorables me asisten. Sin embargo, debo asirme a la coherencia ética, particularmente, en cuanto a lo expuesto en mis escritos previos sobre el tema de la vivienda[2]. Un buen amigo y compañero de luchas afirma que cuando se plantea y examina un problema considerado apremiante, resulta imperativa la responsabilidad de presentar soluciones posibles. Estoy de acuerdo, aunque naufraguemos en el intento, porque eso es parte de los procesos sociales y políticos. De modo que dedico y someto a la consideración de mis lectores esta reflexión a tenor con el riesgo no menor de una burbuja inmobiliaria, un producto de la especulación asociada al afán de lucro desmedido, que a su vez es causante de la gentrificación y las consecuencias habidas.

  ¿Qué es una burbuja inmobiliaria? La definición técnica aduce el incremento excesivo e injustificado de los precios inmobiliarios[3]. Al ocurrir ese aumento exorbitante en la propiedad raíz disponible, la búsqueda de un beneficio económico lucrativo conduce a comprar para luego vender a un valor superior. Entiéndase tal acción como especulativa, que es el motor principal del fenómeno. Las empresas constructoras y la banca comercial también son protagonistas, ya que las primeras solicitan y obtienen créditos bancarios para responder a la demanda en ascenso, que a su vez empuja el abultamiento de los costos. La burbuja crece en pleno apogeo.

    En el ínterin, la tierra se torna apetecible gracias a la premura creada de suelos edificables. Trastocada quedan la planeación y planificación. El Estado, presionado por los sectores inversionistas, flexibiliza las normativas correspondientes y amplía las aprobaciones de los permisos o las licencias de uso. Rendimientos parciales: más terrenos disponibles para la compraventa y la edificación, la multiplicación de las inversiones en infraestructura y el agolpamiento de los negocios vislumbrados que atraen a clientes potenciales con poder adquisitivo considerable. El remedio económico aparenta ser burbujeante. Es la fiesta de los millones y todo procede. Por tanto, no hay avalúo o tasación que racionalice las cantidades descabelladas de dinero que se piden por un predio, casa o apartamento. Hay quien las pague, pero, ¿hasta cuándo?    

     Simultáneamente, la cuantía para adquirir un inmueble es inasequible para muchas personas de la clase trabajadora quienes sobreviven con salarios menguados en una carestía perenne[4]. El desplazamiento social, la imposibilidad del alquiler a largo plazo debido a la “escasez de vivienda”, pese a la retahíla de construcciones y la disponibilidad de ventas y arriendos con valores pecuniarios casi auríferos, y la carrera desbocada por superar los topes de ventas demacran el derecho a un hogar digno. Contradictoriamente, la necesidad real no es satisfecha por la oferta abundante. Al revés, la irreal e inflada arrastra consigo el ofrecimiento por el derrotero conducente al estallido de la burbuja inmobiliaria como ocurrió en Colombia en la década de 1990 cuando:

“la política económica ocasionó el aumento de la financiarización de la economía y la desregulación del sistema, produciendo una burbuja especulativa en el sector inmobiliario, que no responde a la demanda real derivada de los ingresos de los colombianos, sino al apalancamiento sin control del sistema financiero[5]”.

El problema ahonda en la medida que acontece una crisis de proporciones riesgosas cuyos efectos paralizan el desarrollo socioeconómico. Un panorama aterrador entra en la escena: insolvencia de los clientes de recursos limitados, freno calculado en las cuentas inversoras, embargo de propiedades, desplome de los precios, estancamiento de la fabricación otrora boyante, el desempleo amenaza y cumple, y el sistema financiero, para autosanarse, agrava a los enfermos:

“Esta burbuja reventó a finales de la década de los 90 jalonada por la crisis económica internacional, dando paso a una contracción del sistema financiero y al aumento de las tasas de interés en el país, conllevando al despojo de cientos de miles de viviendas por parte de las entidades financieras y la realización del capital especulativo, por medio del despojo tanto directo de las entidades financieras al pueblo colombiano, como también por las políticas de reajuste estructural puestas en marcha en Colombia, lo que impactó el gasto social, mientras se beneficiaba al gran capital y claramente al sistema financiero tanto nacional como internacional[6].

  Si son perjudiciales la gentrificación, turistificación y el rastreo angustioso e inconcluso de espacios habitables, la explosión de una burbuja inmobiliaria empeora el cuadro descrito.

     No quiero ser pitoniso[7], pero, en guerra avisada muere menos gente. Dicho esto, a sabiendas que la violencia bélica ocasiona un cúmulo grotesco de muertes. En Jardín, Antioquia, y en tantos otros lugares de Colombia, Puerto Rico y el mundo, pululan las ofertas de terrenos, pisos y locales como si no quisieran ser vendidos o arrendados, a juzgar por el alza cada vez mayor de los costes. Que hace falta construir, no cabe duda. No obstante, pocos jardineños pueden darse el lujo de pagar lo ofertado. El catálogo es abierto para inversionistas nacionales y extranjeros que especulan junto a los autóctonos. Probablemente, es el juego de apuestas en una ruleta peligrosa.

     Subordinar el bien común al interés rentable acarrea desenlaces previsibles. En ausencia de equilibrio ninguna sociedad se estabiliza. Urge un llamado: analizar con detenimiento, rigor y valentía el contexto histórico inmediato, tomar decisiones categóricas e implantar políticas eficaces, porque en el recrudecimiento de las condiciones actuales se nos va la vida de pueblo amañador. Comparto mis ideas y argumentos para la discusión pública. Emanan de la observación crítica, la preocupación honesta y la voluntad congruente de aportar a la comunidad donde residimos y a las que llegue el reflejo, quien sabe si opaco, espero sea diáfano, de lo cavilado en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Esta parte del título hace referencia a la canción Burbujas de amor, del cantautor dominicano Juan Luis Guerra. Está incluida en el tercer álbum de su grupo musical 4-40, Bachata Rosa, producido por Guerra para la casa discográfica Karen Records.   

[2] Martín Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el Jardín, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html ; Escasez de vivienda, ¿Por qué? La fecha origina de la entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023.  Dada la importancia que le atribuimos, republicamos el artículo el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html ; De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad, disponible en:   https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html, Cooperativas de vivienda: sus posibilidades. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/04/cooperativas-de-vivienda-sus.html

[3] David López Cabia (2022), Burbuja inmobiliaria, Economipedia, disponible en: https://economipedia.com/definiciones/burbuja-inmobiliaria.html

[4] A tenor con el panorama socioeconómico colombiano recomendamos la lectura de: John Freddy Gómez y Camila Andrea Galindo (2019), Burbuja inmobiliaria en Colombia: vivienda, salario y deuda, disponible en: https://www.cadtm.org/Burbuja-inmobiliaria-en-Colombia-Vivienda-salario-y-deuda 

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Hago referencia a las antiguas sacerdotisas del templo de Apolo, dios de la mitología griega asociado a las artes, la sanación y las profecías, que exponían sus oráculos en el templo de Delfos. 


02 abril 2024


 

Cooperativas de vivienda: sus posibilidades

Martín Cruz Santos

     Continuamos la reflexión en torno a la escasez de vivienda, tema abordado en nuestros escritos previos[1]. No debe causar redundancia, dado que el fenómeno afecta gravemente a quienes dedican esfuerzos ingentes con el propósito de hallar “una casa o un apartamento disponible para ser arrendado a largo plazo”[2]. Asimismo, no basta con describir, analizar y denunciar tal realidad. Es imprescindible aportar perspectivas distintas y soluciones viables. Por tanto, proponemos una aproximación a la cuestión de las cooperativas de vivienda y sus posibilidades frente a un problema ascendente y contrario a un derecho, que “posee carácter internacional desde el momento cuando fue reconocido como parte del derecho a un nivel de vida adecuado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948”[3].

    Encontrar el espacio apropiado para habitarlo dignamente, aunque concierna a una actividad privada, es un asunto cuyas repercusiones son colectivas. Como seres humanos y sociales podemos y solemos aunar voluntades tendentes incluso a la sobrevivencia en última instancia. Mientras pretendamos resolver la insuficiencia de casas atribuyendo a cada cual la responsabilidad de proveérsela, despojamos de una de sus funciones al Estado y la organización comunitaria. Los proyectos gubernamentales para la construcción de residencias de interés social coadyuban a aliviar la situación. No obstante, en ocasiones los trámites burocráticos y financieros, con el perjuicio de la corrupción, entorpecen las metas cifradas. La respuesta ciudadana de resignarse y esperar pasivamente o sacrificarlo todo, incluido el endeudamiento indebido, como en una especie de inmolación salvífica de corte individualista es inoperante. Por el contrario, la eficacia en el actuar conlleva activar la organización y autogestión vecinal, porque la unidad de intenciones bien orquestada abona a la satisfacción de las necesidades primordiales del gremio.  

     Sabemos que la historia del cooperativismo evidencia haber fomentado la ayuda mutua al procurar soluciones para los dilemas comunes. Es “un método de organización socioeconómica por grupos que siguen los principios de la cooperación adaptados a su propia realidad”[4]. Los diversos modelos de cooperativas construidos desde el siglo XIX hasta el presente han sido creados para mejorar y, en lo posible, transformar las vidas de sus socios en su contexto histórico. Contribuyen al desarrollo social, económico, político y cultural a través de la cooperación voluntaria, coherente y determinada de quienes optan por este medio.

    Converger y solucionar, de eso se trata. Cuando numerosas personas están aquejadas por un mismo rompecabezas, ¿por qué no intentar unirse para descubrir cuáles son las piezas que faltan y colocarlas donde van? La complementariedad de los caracteres humanos y culturales vinculados en la diversidad es mayor que la complejidad del inconveniente a superar. Dentro del cooperativismo, las cooperativas de vivienda fungen como entidades sin fines de lucro que atienden el objeto de reflexión planteado. Es decir, la alianza con el fin de adquirir las viviendas anheladas. Este tipo de sociedad participativa establece el énfasis en los integrantes, no en el capital lucrativo. Participar en los roles de miembros y dueños favorece alcanzar las mejores condiciones de calidad y precios acorde al poder económico conjugado.  Recordemos que es prioritario el bien común.

   Los objetivos generales de las cooperativas de viviendas procuran garantizar el acceso a la habitación meritoria y asequible[5]. En comparación con los costos en el mercado inmobiliario e hipotecario, las unidades se adquieren por un precio menor. Los planes de pago son adaptados a la capacidad presupuestaria de los afiliados tomando en consideración la salud fiscal de la entidad grupal. Además, las decisiones compartidas y apoyadas categóricamente condicionan e impiden la especulación tan frecuente hoy día. En fin, el valor ulterior es “generar proyectos de vida fundamentados en principios como la solidaridad, vecindad, ayuda mutua, autogestión y propiedad colectiva”[6]. 

     Es importante acotar que la decisión en cuanto al modo cooperativo de vivienda depende de las fortalezas, las carencias, los intereses y las finalidades de copartícipes. La compra terrenos, edificaciones independientes o apartamentos en edificios multifamiliares; la existencia de zonas públicas y áreas recreativas para la convivencia, entre otros, son aspectos a considerar. Sin embargo, aunque organizar y colaborar figuran tareas arduas y de navegación contracorriente en las sociedades abocadas al egoísmo y el afán de las ganancias, subordinar los derechos ciudadanos al segundo eje aumenta la gentrificación[7] y el desplazamiento. Por supuesto que la opción esbozada no es la única salida. Solo añadimos una línea de acción en aras de la consecución de un sitio habitado y hogareño que merecemos todos. Sirva como incitación a vislumbrar horizontes de justicia e igualdad. De paso, validamos que el derecho no ejercido es conculcado. Por el momento, emito estas opiniones en mis Reflexiones desde El Jardín.  

    

   

    



[1] Véase la reflexión titulada Escasez de vivienda, ¿por qué? Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html

[2] La expresión es tomada de mi reflexión que lleva por título De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html

[3] Escasez de vivienda, ¿por qué?

[4] Asociación Colombiana de Cooperativas, Historia del cooperativismo mundial. Disponible en: https://ascoop.coop/historia-del-cooperativismo-mundial/

[5] Recomendamos consultar la fuente siguiente: Lydia Mabel Castillo Sanabria, Cooperativas de vivienda o cohousing: ¿una figura viable en Colombia? Disponible en:

https://www.notinetlegal.com/cooperativas-de-vivienda-o-cohousing-una-figura-viable-en-colombia-621.html

[6] Ibid.

[7] Martín Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el Jardín, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html

01 marzo 2024


La ética otra vez

  Martín Cruz Santos

    Hay temas que no escapan de mi agenda reflexiva. Están presentes reiteradamente y emergen porque son consustanciales a mi pensamiento filosófico.[1] Considero que durante la carrera académica de tres décadas que llevé a cabo, la enseñanza y el aprendizaje del componente ético resultó ser lo más gratificante. Tanto que aún después de la vida universitaria continúo auscultando sus vertientes posibles.[2] Máxime dadas las aristas concernientes a la convivencia social que debemos construir históricamente.

    No fueron escazas las ocasiones cuando tocó definir las perspectivas del quehacer ético que proponemos, ya que existen tergiversaciones que confunden la reflexión filosófica de la conducta moral, que es la ética, con el afán moralizante de raigambre ideológico religioso en boga.  Categóricamente dicho, ética es la parte más práctica de la filosofía[3] y atañe sólo a los humanos y sus relaciones con el entorno cultural, entiéndase social, político, económico y ecológico. Como vemos, abarca bastante. Somos seres morales en cuanto al cohabitar en grupos sociales propensos a erigir valoraciones y regulaciones normativas para interactuar. Las normas indican lo que debe ser, según lo interiorizan los afiliados a una colectividad. De ahí que hablemos de moralidad definida como hechos apropiados de los individuos conformes a la moral establecida.  Vivir y hacer el bien, lo bueno en el sentido moral, es el objetivo ulterior. Pero, ¿cuáles son los intereses que subyacen a un andamiaje moral?[4]   Ahí radica, a mi juicio, la médula del problema.

    Todo entramado social contiene un follaje moral que configura los actos libres de los miembros del conjunto. Teóricamente, la vida consciente manifestada en valores y costumbres arraigados configuran el “ethos” (modo de ser o carácter adquirido), o como decía Aristóteles, “una segunda naturaleza”.  Sí, segunda, porque el animal ético es creador de cultura para complementar imaginariamente su primera naturaleza, la biológica, orgánica y corpórea. Con el saber teórico y práctico adjudicable al juicio ético se pretende abonar a la coexistencia mediante consensos mínimos que rigen las relaciones de poder entre los individuos.

     Hay dos componentes sobresalientes que acompañan el constructo abordado. Son los cimientos psicológicos y sociológicos. Las experiencias culturales devienen a partir de la combinación dinámica bio-psico-social. Por ende, la eticidad de las acciones racionales, optativas, libres y responsables está asociada a principios y normas afectadas por interferencias complejas.  El énfasis ético que subrayamos haya su espacio en la problematización de la actividad decidida, y no mecánicamente determinada, con secuelas en la vida comunal. Por ejemplo, no debe afectar a alguien que yo decida ir de caminata por las rutas públicas de las veredas de Jardín, Antioquia, municipio colombiano donde resido; pero si la decisión es irme sin avisar y evadir adrede un compromiso prioritario contraído con otras personas, sí hay consecuencias morales, pues estaría faltando a la responsabilidad emanada de una decisión potestativamente consensuada. Segundo caso: que alguien respire dentro de un salón cerrado es un acto biológico o fisiológico, no afecta moralmente; pero que alguien inhale o exhale humo de cigarrillos en la misma habitación no sólo tiene consecuencias adversas para la salud de fumadores activos y pasivos, sino que, asimismo, comporta efectos morales, por ser contrario a las normas y causante de daños.

   Las dos muestras anteriores son básicas. No obstante, las interrelaciones también pueden ser conflictivas en mayor grado. Consideremos la violencia y sus variantes (interpersonal, psicológica, física, de género, política, armada, bélica, entre otras). Quien ejerce el uso de la fuerza agresiva para someter o defenderse del sometimiento aduce razones con matices morales justificadas con argumentaciones[5] y basadas en una visión ideológica que implica “un conjunto de significados y valores que codifican ciertos intereses relevantes para el poder social”.[6] A ese ideario pertenece el asunto moral que atiende el saber ético. Es importante acotar que la complejidad de cualquier ideología, y su conflictividad implícita, arrastra a los actores a la renegociación moral constante entre las partes a pesar de las trincheras supuestamente inalterables de sus puntos de referencia.

     Ciertamente, la ética propicia edificar conocimientos teóricos clarificadores del ejercicio moral. Teóricos, porque acarrean el estudio concienzudo de una cuestión con el debido proceder sistemático, metodológico, indagador y en búsqueda de entendimientos certeros que arrojen luz a la realidad social próxima. En ese marco, no evade la esfera comunitaria que clama por acuerdos auténticos para su transformación; por tanto, la experiencia acumulada por la actividad ética genera procesos de análisis y exploración de interpretaciones de los obstáculos que aquejan el desarrollo de un pueblo, y convergencias entre los diferentes agentes que trabajan por el bien común.  

      Reiteramos, que la ética enfoque la moral, su objeto de investigación, no la convierte en auxiliar de moralismos ni monsergas fundamentalistas.  El desafío estriba en demostrar por qué una sociedad considera un acto bueno o malo, moral o inmoral, en determinado contexto. No es para justificar convencionalismos e imponerlos culturalmente divinizándolos o adjudicándoles sitiales universales e inapelables. La ética analiza los patrones de conducta moral (valores morales, ángulos morales de problemas sociales, políticos y económicos, entre otros). No predica ni prescribe normas. El afán inquisidor y el oficio ético están reñidos. Claro, la explicación de los códigos, los valores y las prácticas vividas en una época, puede tener repercusiones en la comprensión de lo que somos, estamos siendo y pretendemos ser.

     El núcleo del raciocinio ético es un valimiento audaz para encauzar los esfuerzos concertados en pro de alcanzar entendimientos fraguados al calor de proyectos que vislumbran un futuro justo y solidario. Hagamos que surjan vías insospechadas, vertientes fluidas, transgresiones imprescindibles, en fin, aportes renovadores en tiempos discurridos entre verdades anquilosadas e innovaciones superfluas. Dicho sea, con voluntad ética, en mis Reflexiones desde El Jardín.  

   

  

 

 

 

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[1] Vida consciente, pensamiento y filosofía constituyen una trilogía inseparable. Las dimensiones de esta afirmación fueron dialogadas con el filósofo y educador colombiano, el doctor Renier Castellanos Meneses, en mi podcast Conversaciones con Martín Cruz Santos el 24 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.youtube.com/live/kX1VqUGSoHI?si=xZS3LNGqbyPyOo9H

[2] En diciembre de 2023 publiqué por este medio una reflexión titulada Defensa ética del ocio. Pueden acceder a su lectura en el enlace siguiente:  https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/defensa-etica-del-ocio-martin-cruz.html

[3] Recuerdo siempre que mi primer profesor de ética en la universidad fue el doctor Carlos Rojas Osorio, un colombiano quien reside en Puerto Rico desde hace décadas. Posteriormente fuimos colegas. Considero que es un filósofo, investigador que ha aportado grandemente al desarrollo humanístico de la educación universitaria.  Para quienes se inician en el estudio de la filosofía, recomiendo el libro siguiente: Carlos Rojas Osorio, (2010), La filosofía: sus transformaciones en el tiempo, San Juan: Isla Negra Editores. 

[4] Ética es filosofía, por tanto, formula preguntas para ahondar en el porqué de su objeto de estudio. Son preguntas vitales que atienden incluso la cotidianidad. Al respecto recomiendo dos lecturas de un mismo autor: Fernando Savater, (2008), Las preguntas de la vida, Barcelona: Editorial Ariel; _______ (1991), Ética para Amador, Barcelona: Editorial Ariel, S.A. Asimismo, es recomendable la lectura de un clásico:  Arthur Shopenhauer, (edición de 2010), Los dos problemas fundamentales de la ética. Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A.

[5] Recomiendo la lectura siguiente: Jorge Orlando Melo, (2021), Colombia: las razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del País y el fracaso de la lucha armada, Colombia: Crítica.

[6] Terry Eagleton, (2005), Ideología: una introducción, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 25.