El
Caribe otra vez…
Martín Cruz Santos
“En
tanto denominación de una región geográfica,
el
Caribe es una invención del siglo XX. Esta invención
arranca,
precisamente, de la transición en nuestra región
de
la hegemonía europea a la estadounidense”[1].
Antonio Gaztambide Geigel
No sé a ustedes, pero a mí me aturde e
indigna escuchar los estruendos de guerra alborotados con narrativas
virulentas. Máxime cuando surgen en las cercanías costeras que bordean una
parte del norte de Sudamérica, donde resido, y el arco de las Antillas, mi
lugar de procedencia. El Caribe nuestro, decimos. ¿Qué tanto lo es? Concepto geográfico,
étnico, cultural, musical, lingüístico y cambiante. Mar de colonizaciones, ruta
de galeones europeos unas veces hundidos por la furia de los huracanes y otras
a causa de la codicia y la competencia lucrativa entre filibusteros, corsarios
y piratas. Tierras invadidas, conquistadas, colonizadas y expoliadas por
españoles, franceses, británicos, holandeses, daneses, y alguna intentona
alemana, antes de que los autodenominados plenipotenciarios estadunidenses
ampliaran sus fronteras terrestres tragándose las aguas localizadas al sureste
del Golfo de México, caprichosamente rebautizado por un presidente de turno en
la Casa Blanca de Washington D.C. tiempo
atrás.
El Caribe es una región geoestratégica desde
antes de recibir ese nombre propio. Considerado como un área defensiva
privilegiada por el imperio español, que dominó sus territorios isleños hasta
la última década del siglo XIX, advino militarizada por Estados Unidos a partir
de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), pero, principalmente, durante la
Segunda (1939-1945). “Frontera Imperial”, en palabras del ilustre dominicano
Juan Bosch,[2]
el Caribe de influencia estadounidense, principalmente, aunque con añoranzas
trasnochadas allende el Atlántico hasta el presente, de playas paradisiacas y
paraísos fiscales también, es supeditado al patio trasero proyectado en la
Doctrina Monroe[3]
y ejecutado, en gran medida, por el tristemente célebre William McKinley[4]-admirado por Donald Trump[5]- para sellar el final del
siglo diecinueve con la Guerra Hispanoamericana[6]. Triunfante la supremacía
naciente contra el vetusto imperio español, el Caribe, con la adquisición de
Puerto Rico como colonia, que no era contrincante directo en la mencionada conflagración,
pero arrebatado más que cedido junto a Guam y las Filipinas (ambas posesiones
de España en el Océano Pacífico) como botín de guerra, y Cuba como
“protectorado” (eufemismo de neocolonia), y la compra de las islas vírgenes o
colonias danesas por 25 millones de dólares en oro en 1917, acrecentó su
importancia geopolítica.
De esa mitad oceánica que lame la cintura de
América y el contorno superior del litoral sudamericano han surgido esclavitudes,
liberaciones, ritmos cadenciosos, producciones agrícolas, industriales,
turísticas y, particularmente, revoluciones de mambises pertrechados de
rebeldía, esperanza y valentía desde el último decenio del siglo XVIII hasta
nuestros días. Pero, asimismo, asedios foráneos a vecinos caribeños, porque,
lamentablemente, el Caribe, como es el caso de Puerto Rico, territorio invadido
y ocupado en 1898, es catapulta para las agresiones militares en la región perpetradas
por la potencia estadounidense con fines de dominación económica disfrazados
con discursos caricaturescos de derechos humanos, democracia y libertad[7]. Términos cuyos significados
son tan expansibles como los propósitos políticos que acompañan a quienes los
pronuncian vehementemente en las atalayas imperiales convocando a “guerras
civilizatorias”.
Configurar enemigos reales o imaginarios e
introyectarlos en el pensamiento ingenuo y consumista de las poblaciones instrumentalizando
los medios de comunicación social, la educación formal y la religión
institucionalizada es inherente a los poderosos del mundo. Bajo el pretexto de
amenazas a la seguridad nacional la historia contemporánea evidencia que el
miedo es un remedio eficaz para conjurar espíritus guerreros listos para someter
a diversos oponentes (subrayo la diversidad): ayer eran negros esclavizados, brujas
y hechiceras, protestantes, judíos, herejes, asiáticos mal llamados orientales,
entre otros; hoy son los comunistas, islámicos, inmigrantes, narcotraficantes,
terroristas, y amplíe la lista a su gusto. Las cruzadas anti cambios y a favor
de un paternalismo autoritario con licencia para reordenar un bienestar
primigenio que nunca fue pululan al sonar de las trompetas apocalípticas
abonadas con una fe ciega y la razón adormecida, que, al fin y al cabo, resulta
ser lo mismo.
Mientras tanto, continúa el genocidio
despiadado en Gaza cometido por el Estado de Israel con la complicidad de la
inercia mundial; una guerra interminable en Ucrania, un imperio en decadencia
que, con tal de no rendir su voracidad de dominio, sacrifica a media humanidad.
Latinoamérica y el Caribe son convertidas otra vez en el escenario de las intervenciones
gringas con el aval y la conspiración de las élites rancias de diversos países
que aspiran a permanecer eternamente y disfrutar de la acumulación de la riqueza
producida por trabajadores con derechos conculcados. Opino que no se trata del
fracaso de la “civilización”, porque tal concepto solo funcionó en la narrativa
hegemónica occidental. Ni es el menoscabo de la democracia, porque su modelo
liberal es un mecanismo de los oligarcas para mantenernos como ratones expectantes
representados en el parlamento por gatos hambrientos. Si acaso, es un capítulo
adicional, patético y riesgoso en la trayectoria histórica del afán de lucro y
poder de unos pocos con muchos intereses por doquier.
El Caribe nuestro, por serlo, es sufrido
como los antepasados empobrecidos cuando sintieron y reconocieron el rol de
medianeros en tierras apetecibles para la explotación agrícola, la minería y el
expansionismo. Hoy la etiqueta de inmigrantes indocumentados, otrora
fantasmagórica, palidece ante el nuevo epíteto de narcoterroristas con vocación
de ataque letal. ¿Persiguen a narcotraficantes realmente? En Venezuela, a
diferencia de Haití, las mayores reservas petroleras del mundo, el oro y las
tierras raras mueven a las tropas del norte hacia el sur con su maquinaria de
muerte en defensa de la “libertad y la democracia”, claro está, sin pasar por
alto la etiqueta añejada de la lucha contra el narcotráfico. A su paso anegan
el Caribe con maniobras militares intimidatorias. Ocurre, precisamente, donde multitudes
humanas murieron sacrificadas en el altar de Mamón[8] para la mayor gloria de
los privatizadores de la vida y sus dioses con pies de barro durante la
conquista y colonización europea en el siglo XVI y los siguientes.
Escribir al respecto es superar el
silencio y nadar contracorriente. Sin embargo, es imprescindible el aporte en
mis Reflexiones desde El Jardín.
[1]
Antonio Gaztambide (2006), La invención del Caribe a partir de 1898: las
definiciones del Caribe revisitadas, Revista Jangwa Pana, vol. 5, núm.
1, enero-diciembre, 2006, pp. 1-24, Universidad del Magdalena Santa Marta,
Colombia.
[2]
Juan Emilio Bosch Gaviño (1909-2001) fue un escritor prolífico, historiador,
pensador social, educador y político nacido en la República Dominicana, de la
cual fue presidente constitucional a partir de 1963, pero derrocado mediante un
golpe de estado patrocinado por el gobierno de Estados Unidos ese mismo año.
[3]
Como sabemos, la Doctrina Monroe fue un pilar de la política exterior
estadounidense iniciado por el quinto presidente de ese País, James Monroe,
quien presidió de 1817 a 1825. En síntesis, el estatuto declaró la exclusión de
las potencias europeas de la intervención en los territorios del continente
americano y reservaba el dominio de los Estados Unidos sobre el hemisferio
occidental.
[4]
William McKinley (1843-1901) fue el presidente número 25 de los Estados Unidos.
Veterano de la Guerra de Secesión, republicano, gobernador y congresista de
Ohio, respectivamente, ocupó la silla presidencial de 1897 hasta 1901 cuando
fue asesinado por un anarquista.
[5] Redacción de BBC News Mundo, 25 de enero de 2025, Quién fue y qué hizo el presidente William McKinley, del que Trump dice ser admirador, disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/clynw9edzl6o
[6]La
denominada Guerra Hispanoamericana fue un conflicto bélico causado por la
intervención de Estados Unidos en el conflicto de la guerra de independencia de
Cuba librada contra el imperio español en 1898.
[7]
El Departamento de Defensa, hoy bautizado como Departamento de Guerra por
Trump, inició operaciones militares en Puerto Rico para invadir: República
Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989) y, actualmente, se
remilitariza el territorio puertorriqueño tras el cierre de bases militares en
la primera década de este siglo, con prácticas militares en la planificación
intervencionista en Venezuela y, tal vez, otros países del hemisferio con la justificación
política de una lucha contra el narcotráfico.
[8] En
la tradición judeocristiana, Mamón representa la avaricia, la acumulación de
riquezas en detrimento de la justicia. Por tanto, no es un ser divino como tal,
sino una personificación de la riqueza desordenada.

