29 mayo 2025



¿Por qué arrojar basura? o “ser humano y naturaleza”

Martín Cruz Santos

 

“Desde Aristóteles se sabe que la tierra, las montañas

y las rocas son organismos vivos; el mundo moderno olvidó

esa verdad simple y antigua”.[1]

Jorge Giraldo Ramírez

 

“Trascender es integrarse profundamente con el espíritu

de la naturaleza, con la gran comunidad a la cual pertenecemos

y de la cual somos una parte dinámica”.[2]

Martin Von Hildebrand

 

     Un amigo y colega profesor universitario dijo en una conferencia de tema científico, ante un público estudiantil diverso, y a modo de comentario jocoso y atinado: “todos somos animales, unos más que otros…” Entre las reacciones hubo carcajadas, pero, también sonrisas fabricadas con visos de una ofensa recibida. Algunas personas de marcado perfil religioso tradicional casi lo declararon anatema.  Aquellas palabras resonaron en oídos adaptados a imaginarios que acogen la dualidad del ser humano y la naturaleza como entes separados, a los que subyace un entramado ideológico armado con la supremacía racional del pretendido antropocentrismo, invención peligrosamente capaz de someter el “mundo natural” a la "voluntad civilizada". 

     El ser humano es parte, no aparte de la naturaleza. Somos seres vivos vinculados por hábitats interdependientes. Parto de esa premisa esbozada en los epígrafes. Nuestra especie cohabita el Planeta con otros millones de organismos. Solemos considerarnos racionales y conscientes para distinguir la especificidad de dos rasgos acompañantes del quehacer cultural.[3] Sin embargo, el desarraigo de no saberse ni sentirse miembro de la comunidad biológica languidece la presunta excelsitud del raciocinio, contradice la superioridad del animal humano y contamina el hogar planetario. ¿Cómo explicar que un ser “inteligente y sabio” dañe con sus actividades el ecosistema donde vive y atente, incluso, contra la salud propia? Formulo otra interrogante, precisamente, la motivadora de esta reflexión: ¿Por qué arrojar basura? Pregunta ésta que me quita el sueño y ronda mis pensamientos constantemente.

   Soy un caminante de rutas casi diarias por vocación y disciplina.[4] Es un placer andar por los caminos rurales y las calles del pueblo, contemplar el amanecer, escuchar atentamente los sonidos de las aves y el fluir del agua por los causes de los ríos y las quebradas, observar los colores de la floresta, compartir saludos con paseantes habituales o de ocasión y apreciar la limpieza del entorno que ayudamos a cuidar. Durante cada trayecto llevo una bolsa para recoger desperdicios sólidos. Sin excepción, la traigo llena. Hiere la sensibilidad encontrar cotidianamente envolturas de comestibles, latas y botellas plásticas o de cristal vacías, papeles sucios, cajetillas de cigarrillos, servilletas, recibos de pago, entre otros, arrojados a las vías públicas urbanas y las zonas del campo. La basura es una presencia indeseable en el medio ambiente, porque no pertenece a él, por el contrario, está compuesta de sustancias y residuos que afectan la calidad del suelo, el aire y el agua.

   ¿Por qué arrojar basura? Infiero que una parte de la respuesta es la escasez de sentido de pertenencia, es decir, la idea preconcebida de la naturaleza entendida como objeto ajeno a la persona, recurso explotable, vertedero clandestino y materia desechable distinta a la “esencia humana”. Añadamos la pseudo solidaridad inherente a la expresión condescendiente: “alguien la recoge y vive de eso”. A lo que es preciso ripostar con un mensaje leído en un parque recreativo: “no te pedimos que limpies este espacio, pero, te exigimos que no lo ensucies”. Botar sobras por doquier demuestra no solo indiferencia crasa, sino también, insensibilidad rampante y el vacío de conciencia social de quienes, arrogantemente, pretenden ser dueños o mayordomos de lo que no les pertenece.

     Consciente o inconscientemente, lanzar bazofia en cualquier lado es descartarla porque el contenido consumible fue agotado y lo restante es engorroso. No obstante, la actitud cívica, que, obviamente, amerita una pedagogía crítica y, en este caso, una ecoética (ética ambiental), promueve depositar la basura en los envases designados. Corresponde a las autoridades comunitarias proveerlos eficazmente.  Si no hay uno cerca, es pertinente desarrollar el hábito de llevarla consigo y luego dejarla en el recipiente adecuado, que nunca debe ser el ámbito natural ni el público (aceras, calles, parques, fachadas, entre otros). Lamentablemente, la ausencia de higiene personal es extrapolada al contexto externo. Dicho sin ánimo de insultar, pero, como dice un refrán: “a quien le caiga el sayo que se lo ponga”.

     “Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos”, sentencia la respuesta del Cacique Seattle a Franklin Pierce, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, en 1854.[5]  He ahí el riesgo mayor de minimizar el impacto tóxico de la basura. Si bien las responsabilidades a tenor con la contaminación admiten gradaciones, ya que transitan por los organismos internacionales, gobiernos nacionales, las empresas locales, regionales y transnacionales, la individualidad no está exenta. La estética afeada del habitáculo enfermado hoy irrumpirá mañana con repercusiones nefastas. Aparentemente, el acto de tirar un sobrante donde no compete es inofensivo, pero, las apariencias autoengañan. Es inmoral, ilícito e indigno. Cuales sean los argumentos, de haberlos, que persigan sustentar la insignificancia de un hecho irresponsable, carecen de verdad y validez.

    Me resulta llamativo cuando congéneres halagan el compromiso social de la limpieza asumido voluntariamente. Esperamos que sea un aliciente para no arrojar basura, recoger la encontrada e insistir hasta la saciedad en la educación para la vida, que incluye, claro está, el cultivo de los ángulos complejos del ser humano, ente bio-psicosocial, según afirma el pedagogo y filósofo francés Edgar Morín: “Desde ahora, una ética propiamente humana, es decir una antropoética debe considerarse como una ética del bucle de los tres términos (individuo+ sociedad +especie), de donde surgen nuestra conciencia y nuestro espíritu propiamente humano. Esa es la base para enseñar la ética venidera”.[6] Continuaré caminando, rumiando y proponiendo consideraciones en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Jorge Ramírez Giraldo (2024), Citará, la montaña, el hogar, Medellín: Editorial Grámmata, pág. 97.

[2] Martin Von Hildebrand (2024), El llamado del Jaguar: mi vida en el Amazonas, Bogotá: Pengun Random House Grupo Editorial, S.A.S, pág. 238.

[3] Recomendamos la lectura de la reflexión previa publicada en nuestro blog: Pertinencia de las políticas culturales, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2025/04/pertinencia-de-las-politicas-culturales.html

[4] Léase al respecto: Caminar y cantar, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/10/caminar-y-cantar-martin-cruz-santos.html

[6]  Edgar Morin (1999), Los siete saberes necesarios para la universidad del futuro, disponible en línea:

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000117740_spa

 


 

06 abril 2025



Pertinencia de las políticas culturales 

Martín Cruz Santos

     Hay tiempos cuando es ineludible retornar a los temas que ocuparon el pensamiento, la investigación y la posterior difusión de los hallazgos. Es el caso de la problematización del quehacer en torno a la cultura.  Máxime ante la urgencia que propicia el desprecio, la trivialización y el desmantelamiento de las actividades y la institucionalidad cultural en diversos países. Durante varios años dediqué esfuerzos académicos a hurgar en los fundamentos legales de las prácticas a tenor con determinado imaginario cultural impulsado por el Estado. Publiqué los resultados en un libro que utilizo como referencia principal en este escrito.[1]

   Antes de proceder al asunto central es adecuado aludir al concepto cultura en cuanto a su origen, desarrollo y significados, aunque sea sucintamente.  Desde una perspectiva occidental, que no es la única, claro está, el término cultura, es proveniente del latín cultus y era referente al cuidado del campo o del ganado. Entonces partimos de una concepción estrechamente relacionada con los seres humanos y la naturaleza en los modos de producción de bienes materiales. Cómo los grupos llevaban a cabo la configuración del entorno vital es medular al alcance original, porque confiere sentidos de pertenencias e identidades. Podemos aseverar que, con sus matices propios de cada espacio geográfico, tal representación se mantuvo arrimada a lo agrícola y ganadero, prácticamente, hasta el siglo XIII de la llamada Edad Media. Pero, hacia el siglo XVI, con el Renacimiento, adquirió una connotación metafórica como cultivación de las facultades humanas no alrededor de la productividad agraria, sino de la creación intelectual y estética.

    Consecuentemente, en la modernidad, el empuje racionalista y las visiones científicas condujeron a un enfoque centrado en la dominación de la naturaleza por el ser humano. En tal contexto ocurre el auge economicista del capitalismo en encaminándose a la etapa industrial apalancando la concepción de los recursos naturales explotables como materia prima encausada a la producción de la riqueza mediante la mano de obra asalariada y la acumulación del capital.  Posteriormente, en el siglo XVIII, la cultura emerge en el mundo académico como materia de reflexión. Con la Ilustración, quedaron entreveradas las nociones de la civilización y el progreso como portaestandartes pretendidamente hegemónicos de un ideario europeo.

     Esa visión comenzó a perder terreno hacia finales del siglo XIX y principios del XX con la cada vez más pujante influencia de las Ciencias Sociales, especialmente, la antropología. De modo que la teorización del objeto de estudio en cuestión ha abierto debates interminables dada la complejidad misma del término fundamentada en lo cambiante de las actividades humanas.  Cabe reformular una y otra vez la interrogante ¿qué es la cultura? Sin ambicionar definiciones categóricas, aventuro a decir que es un sistema de ideas, creencias, símbolos y expresiones que regulan un orden cuya coherencia depende de la normatividad configuradora de la identidad colectiva. Si abordamos el campo de regulaciones y normatividades, estamos en el ámbito de las políticas culturales.

     Dichos estatutos encuentran asentamiento en la institucionalidad, si las consideramos como el conjunto de las intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles y los grupos comunitarios organizados a fin de ofrecer una orientación al desarrollo de la creatividad simbólica y lograr la satisfacción de las necesidades culturales de una sociedad. Además, “son enunciados o definiciones que buscan la movilización del Estado y la sociedad para obtener determinados fines de carácter cultural”.[2]  Para el filósofo, antropólogo y sociólogo argentino, Néstor García Canclini, deben promover el crecimiento cultural de todos los ciudadanos y los grupos representativos de la sociedad.[3] Lejos de constituirse en imperativos, entiéndanse como los apoyos formales para la consecución de un orden social capaz de canalizar los aspectos de la cultura de una comunidad.[4] Tampoco son, aunque puede tornarse en, mecanismos del centralismo cultural o la construcción de identidades colectivas favorables a los intereses de una determinada clase social preponderante representada por el Estado. El horizonte preceptivo debe funcionar como guía idónea para acequiar articuladamente la diversidad de la gestión cultural.

     Ahora bien, cabe acotar que entra en el juego la legislación o instrumentalidad de la justificación social y jurídica para la implantación del andamiaje cultural. A propósito, Edwin Richard Harvey, abogado y profesor de política y legislación cultural comparada, en su trabajo titulado Políticas culturales en Iberoamérica y el mundo,[5] propone que a cada acto de política pública relacionado con la cultura subyace una legislación cultural que se apoya en la idiosincrasia del pueblo. Según él, “tienen por objeto satisfacer las necesidades culturales de la población y de la comunidad mediante el empleo óptimo de todos los recursos materiales y humanos que dispone una sociedad en un momento dado”.[6] He ahí la pertinencia.

    En un país, región o vecindad municipal, independientemente del desarrollo económico, social y político, la cantidad de habitantes y demás particularidades, establecer pautas de acción cuyos objetivos son definidos con atención y respeto a la agrupación es inherente a las políticas culturales. A partir de su puesta en práctica aportan a la producción simbólica y la codificación de la praxis ciudadana. Por el contrario, en la ausencia de ellas corremos el riesgo de privilegiar el espontaneísmo, la desarticulación o la implantación, contradictoriamente, de personalidades colectivas inamovibles. Insistamos, las culturas son dinámicas, por tanto, cambiantes y abiertas a interpretaciones contextualizadas históricamente. 

    Considero imprescindible aunar voluntades para ejercer la prerrogativa correspondiente a la responsabilidad compartida de estructurar la cultura en sus vertientes de crear, socializar, preservar, vivenciar y diversificar libre de chovinismos y conservatismos excluyentes. Ciertamente, no es privativo de un gobierno decretar los contenidos de la ocupación cultural. Mas bien es un ejercicio conjunto, pues la ciudadanía con sus diferencias sectoriales ha de enfrentar las distopías latentes en las narrativas moralistas y religiosas, entre otras, transmutadas en una singularidad impositiva que utiliza a conveniencia los aparatos ideológicos del Estado.[7] Asimismo, dejar al azar el devenir de las acciones creativas y sus aristas divergentes fomenta el atomismo social. Probablemente, el equilibrio se halla al aupar, organizar, orientar, documentar y favorecer la diversidad cultural.

     Finalmente, forjar políticas culturales requiere la comprensión profunda del carácter evolutivo de las mentalidades o representaciones de cada pueblo. La idea es garantizar que las disposiciones normativas expresen el modo de ser o ir siendo de las identidades en construcción. Es recomendable practicar continuamente el análisis, la revisión y la apertura crítica ante los cambios históricos. En resumidas cuentas, debemos generar política pública mediante la indagación participativa y sistemática que responda al bien común mediante la búsqueda de soluciones y la toma de decisiones. Son cuestiones apremiantes que debemos considerar en mis Reflexiones desde El Jardín.  



[1] Martín Cruz Santos (2014), Afirmando la nación… políticas culturales en Puerto Rico (1949-1968), San Juan: Ediciones Callejón.

[2] Ministerio de Cultura de la República de Colombia, (2010), Compendio de Políticas Culturales, Bogotá: Industrias Gráficas Darbel, pág. 31

[3] Néstor García Canclini, (1987), Políticas culturales en América Latina, México: Editorial Grijalbo, S.A., 1987, pág. 54.

[4] Véase al respecto: Toby Miller y George Yúdice, (2004), Política cultural, Barcelona: Editorial Gedisa, S.A., pág. 11.

[5] Edwin R. Harvey, Políticas culturales en Iberoamérica y el mundo (Madrid: Editorial Tecnos, S.A., 1990).

[6]Ibid., pág. 15.

[7] El término aparato ideológico del estado fue acuñado por el filósofo francés Louis Althusser y propicia indagar en la ideología como mecanismo del poder político institucional. Véase: Louis Althusser, Ideología y Aparatos Ideológicos del Estado, en: Žižek, Slavoj (compilador). Ideología: un mapa de la cuestión (México: Fondo de Cultura Económica, 1994), 115-155.

 

 

03 marzo 2025


Apuntes para un observatorio social sobre la escasez de vivienda

en Jardín, Antioquia

 Martín Cruz Santos

 

     En varias publicaciones he reflexionado sobre el tema de la preocupación generalizada por el alza en los precios de los arriendos, la venta y la escasez de vivienda en Jardín, Antioquia.[1] Como sucede en otros pueblos del mundo, es un problema social creciente en detrimento de personas y familias que no encuentran vivienda disponible para arrendar a largo plazo o los precios están fuera de su alcance presupuestario. Acá suele buscarse las causas en el auge del turismo y los negocios que lo acompañan, la especulación inmobiliaria y la gentrificación. Sin embargo, son más los testimonios individuales y los rumores anecdóticos que la documentación confiable al respecto. Por tanto, es imprescindible estudiar el asunto con el rigor que amerita.

    Como antecedente inmediato, recordamos que en el año 2024 surgió la iniciativa de llevar a cabo un conversatorio con el propósito de clarificar y entender conceptos tales como la gentrificación y la turistificación asociados con la contrariedad en cuestión. La respuesta del público asistente a la actividad del viernes 24 de mayo de 2024 evidenció la urgencia de organizar, investigar y proponer soluciones a los dilemas planteados que aquejan a la comunidad jardineña. Para ser consecuentes al respecto, debemos enfrentarlos a tiempo, si no es que ya estamos tarde. Esbozaré algunas ideas en cuanto erigir un instrumento de análisis y acción que propicie canalizar la actividad colectiva. Proponemos la creación de un observatorio social.

Observatorio social, ¿qué es?

    Es un medio de investigación participativa y de organización para atender un fenómeno de interés mutuo que debe ser analizado con el propósito de lograr resultados y tomar decisiones. Quienes participan en el proceso deben procurar que la información obtenida sea veraz, pertinente y actualizada. Recopilarla supone un trabajo de indagación articulado metodológicamente. El instrumento puede tener carácter permanente o transitorio de acuerdo con los objetivos cifrados inicialmente.

Funciones de un observatorio social

  Las funciones emanan de los propósitos definidos. Por tanto, se ha de tener claro el problema de investigación, esto es, la situación específica que afecta a la comunidad en determinada coyuntura. A partir de esa realidad es posible avanzar. En un nivel general, las funciones son:

1.    Definir el problema a solucionar

2.    Organizar el procedimiento de estudio

3.    Desarrollar investigación a partir de la materia definida como problema

4.    Recopilar, analizar y documentar la información

5.    Establecer los canales de difusión del conocimiento alcanzado

6.    Informar a la comunidad los hallazgos y el desarrollo del trabajo realizado

7.    Decidir y establecer los planes de acción colaborativa

8.    Promover las actividades consecuentes con el plan de trabajo

9.    Evaluar la marcha del proceso, los resultados y las etapas subsiguientes

La diversidad de ocupaciones confluye en el monitoreo constante y eficaz del fenómeno enfocado. Es fundamental el intercambio de ideas e información con la comunidad y, en particular, las personas más afectadas, para fomentar y acrecentar el sentido de pertenencia mediante la participación.

Alcance político

  Los hallazgos deben influir en las políticas públicas. Al hacerlo, ejercemos la responsabilidad ciudadana que nos compete. Por ejemplo, podría hacerse uso de la veeduría ciudadana como recurso jurídico del Estado colombiano, si fuera necesario. Es razonable que el organismo integre perspectivas disciplinarias de estudio capaces de abarcar saberes culturalmente amplios. De ese modo, las miradas sociológicas, legales, históricas, políticas, económicas y financieras, estadísticas, literarias y artísticas, entre otras, aportarán a la mayor y mejor comprensión del contexto histórico donde enfrentamos las circunstancias adversas que nos ocupan. 

    Aportamos estos apuntes desde el compromiso ético y la voluntad de ejercerlo. La unidad de los esfuerzos conjuntos entre las autoridades municipales, la vecindad, las organizaciones varias y los individuos configurará los cambios necesarios para la satisfacción del bien común. Así lo constato en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Recomendamos la lectura de: Gentrificación urbana y rural, disponible en línea: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html ; Escasez de vivienda, ¿Por qué? La fecha origina de la entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023.  Dada la importancia que le atribuimos, republicamos el artículo el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html ; De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad, disponible en:   https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html, Cooperativas de vivienda: sus posibilidades. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/04/cooperativas-de-vivienda-sus.html ; Las burbujas inmobiliarias no son de amor, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/05/las-burbujas-inmobiliarias-no-son-de.html


 

30 enero 2025


Exilios, deportaciones y retornos

 

Martín Cruz Santos

 

“El imperialismo romano podía ser brutal,

y a menudo la ´Pax Romana´ se hacía cumplir por la fuerza.”[1]

 

   En tiempos de borrasca política es aconsejable “tener la cabeza fría”,[2] el corazón sensible y la estrategia ardiente. Puede ser desconcertante lidiar con la vorágine de medidas gubernamentales trumpistas promulgadas con el objetivo implícito de neutralizar las reacciones opositoras[3] tanto en el territorio estadunidense como en las zonas de influencia próxima de un imperio en decadencia. Cuando las consecuencias inmediatas afectan adversamente a millones de seres humanos en el mundo, la distancia geográfica y cultural no es remedio contra la indiferencia ante el atropello de los poderosos. Históricamente, los exilios, las deportaciones y los retornos acompañan la marcha de las poblaciones humanas desde épocas pretéritas. Por tanto, las respuestas de los países receptores al advenimiento de los idos deben ser proporcional y consecuentemente eficaces para coadyuvar a proteger, recomponer y dignificar las vidas de sus conciudadanos.

     Seamos categóricos en la exposición argumentativa. La migración es un fenómeno cultural complejo que atavía causas y consecuencias sociales, políticas y económicas cuyas características corresponden a momentos históricos específicos.[4] Asimismo, a cada Estado le cobija la prerrogativa de ejercer la soberanía nacional que incluye la determinación migratoria. Deportar es una acción conforme a la legalidad establecida. No obstante, existe un pacto, además de diversas normativas, para la Migración Segura, Ordenada y Regular.[5] Si bien no es vinculante, es decir, carece del carácter jurídico necesario para la obligatoriedad del cumplimiento de los firmantes, fomenta la cooperación en virtud del derecho internacional. Esa y otras instancias reconocen el trato digno y desprejuiciado en favor de quienes, por razones variadas, sufren el destierro por partida doble: la salida del lugar de origen y la expulsión de donde arribaron. Residir irregularmente en una región constituye un acto contrario al debido cumplimiento reglamentario, pero, no convierte a la persona en despojada de derechos ni en criminal detestable cuyo destino ineludible es “correr por no llevar papel”.[6]

   La saturación mediática corporativa, una táctica narrativa justificadora de la hegemonía de los Estados Unidos, es equivalente al delirio de grandeza de su presidente. Adulado por gendarmes del círculo palaciego inmediato y sobrellevado con el sometimiento conveniente de representantes de las élites en otras latitudes, el prepotente transmigra en monarca absoluto por antonomasia. Regenta decretando, dicta amedrentando. Todo sea por la adorada MAGA (Make America Great Again). Claro está, no falta la conchabanza incluso de moralistas religiosos y conservadores a ultranza nostálgicos de regímenes de “ley y orden”, entiéndase, por su puesto, el andamiaje guardaespaldas de intereses privilegiados.  A tenor, recuerdo el dicho: “Si el sabio no aprueba, malo; si el necio me aplaude, peor”. 

     Tristeza, compasión, indignación e ira vivencio al presenciar la arrogancia, el desprecio y maltrato de las autoridades gringas encargadas de desahuciar a indocumentados o “ilegales”, categoría farisaica inventada para conculcar el respeto a los caídos en desgracia. Intervenciones en lugares de trabajo, iglesias y escuelas, además de rastrear vecindades constituyen la nueva normalidad de la “tierra de las oportunidades”. Abundan las imágenes de arrestados y encadenados de manos, cintura y pies como prisioneros de la “guerra contra el terror” llevada a cabo a principios de este siglo, igualmente, por “el país de las libertades”.  Como si no bastara, el “emperador” anuncia la apertura de un Centro de Operaciones Migratorias en la infame prisión de la Base Naval de Guantánamo, enclavada en territorio de Cuba, para enjaular hasta treinta mil inmigrantes tildados como “delincuentes de alta prioridad”.[7] Los carceleros recibirán a cambio una felicitación patriotera sucinta: Good job; God bless America!

     El mítico sueño americano es una pesadilla para despavoridos. Bien decía mi abuela que el camino del infierno está repleto de buenas intenciones. En este caso, lo primero suena escalofriante, pero, en realidad, lo segundo, en materia política, es muy peligroso, ya que es ajeno a la escatología y próximo al fascismo. Otro dicho elocuente: “El poder no da derecho a ser canalla”.  

    Múltiples retornos en momentos aciagos implican retos formidables en los países receptores. Lejos de constituirse en cargas onerosas, los connacionales antes expatriados deben ser empoderados en los contextos de países capaces de cambiar las condiciones estructurales causantes de las migraciones masivas. Conlleva, desde luego, romper las dependencias y las sujeciones que, por las artimañas del comercio desigual, las sanciones unilateralmente impuestas, la corrupción rampante y la codicia sin parangón de las oligarquías mundiales y locales, y los chantajes financieros de instituciones al servicio de las potencias dominantes, empobrecen a la mayoría de la humanidad y la arrojan al exilio en cantidades ingentes para luego estigmatizarla y proscribirla. Tamaña agenda prioritaria nos compete. No es para menos, si consideramos que, aunque la historia parezca repetirse, es el proceder amañado del poderío el causante de esa percepción beneficiosa para sus intereses, nefasta para el planeta.

     La calma racional y el empuje colectivo articulado al interior de las sociedades particulares con alianzas regionales serán indispensables, si nos proponemos enfrentar y superar la mezquindad internacionalizada, que “es un monstruo grande y pisa fuerte”[8]. Sobrevienen entuertos indeseables[9] con denuedos indefectibles. Toca admitir la esperanza activa, pertinaz y concertada de muchos y extraditar el miedo hacia al norte, pues allá pertenece. Manifiesto solidario en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Noíse Mac Sweeney (2024), Occidente, una nueva historia de una vieja idea, España: Editorial Planeta, S.A, 46.

[2] La referencia es a las palabras de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, en relación con la estrategia de saturación con decretos presidenciales que utiliza el recién estrenado presidente de E.U., Donald Trump. Véase: Elías Camhaji, “Sheinbaum llama a tener cabeza fría ante decretos”, La Jornada, 22 de enero de 2025, disponible en línea: https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/01/22/politica/sheinbaum-llama-a-tener-cabeza-fria-ante-decretos-7242

[3] Luke Broadwater, “La velocidad abrumadora de la agenda de Trump es parte de su estrategia política”, The New York Times, 29 de enero de 2025, disponible en línea: https://www.nytimes.com/es/2025/01/29/espanol/estados-unidos/agenda-trump-estrategia-politica.html

[4] Al respecto, recomiendo la lectura de mi reflexión titulada Colomrriqueños y PaisaBoricuas, publicada en este medio. Disponible en: https://www.blogger.com/blog/post/edit/4952124511128813048/4135628412505177265

[5] Organización de las Naciones Unidas, Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Pacto Mundial para Migración Segura, Ordena y Regular (19 de diciembre de 2018), disponible en línea: https://docs.un.org/es/A/RES/73/195

[6] Manu Chao, Clandestino, Álbum: Clandestino, EMI Latin, 1998. Video oficial en:  https://www.youtube.com/watch?v=7AzimrAgWbA

[7] Redacción de BBC Mundo, Trump anuncia un centro de detención en Guantánamo para 30,000 migrantes y Cuba lo califica como “un acto de brutalidad”, 29 de enero de 2023, disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c4gwp81yz9eo

[8] León Gieco, Solo le pido a Dios, Álbum, IV LP, Music Hall, 1978.

[9] Al respecto, recomiendo leer mi reflexión titulada Sobre hegemonías imperiales y otros entuertos, disponible en: https://www.blogger.com/blog/post/edit/4952124511128813048/4414934900370134037

 

27 enero 2025

 




Sobre hegemonías imperiales y otros entuertos

 

Martín Cruz Santos

 

 

“Sin embargo, cada imperio se dice a sí mismo y al mundo que es diferente a todos los demás imperios, que su misión no es saquear y controlar, sino educar y liberar”. Edward Said (1935-2003)

 

 

   Cuando la originalidad es nominal y el reacomodamiento de lo viejo plaga determinado contexto histórico es ineludible, a mi juico, auscultar el envolvente devenir que le subyace. Al presente, un torbellino ideológico con ribetes fascistas, chauvinistas y fundamentalistas precede a la marcha mundial del autoritarismo prepotente cuya expresión cimera parece ser el arribo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica rodeado de conservadores de nuevo cuño y multimillonarios de la tecnología emergente. Sin pasar por alto la oleada europea de partidos ultraderechistas disfrazados de populismos mesiánicos que encuentran eco allende el Atlántico en personajes como el argentino Javier Milei y Nayib Bukele, salvadoreño. La marca indeleble del colonialismo trasnochado es una cicatriz abierta del capitalismo y el imperialismo en su resurgir cíclico. 

    Comparto un ensayo que publiqué años atrás en dos medios electrónicos.[1] Lleva por título El colonialismo en el entrecejo del capitalismo y el imperialismo (siglo XIX). Contiene un trasfondo que considero pertinente, si pretendemos ampliar el conocimiento y la discusión sobre la etapa de remozamiento avasallador y alucinante del capitalismo, con vórtice político y financiero estadunidense, a la que asistimos en esta década del siglo XXI.


El colonialismo en el entrecejo del capitalismo y el  imperialismo (siglo XIX)

 

Martín Cruz Santos, Ph.D.

 

Si bien el imperialismo no era un fenómeno reciente, en el siglo XIX surgió una tendencia mediada por la lógica del desarrollo de la producción mecanizada y monopolística de la Revolución Industrial. Como sistema de doctrinas a partir de un Estado cuya economía apuesta al capital y la expansión, la nueva modalidad imperial extendió sus dominios agresivamente en África, Asia y el Medio Oriente, así como también afianzó sus colonias antiguas. Las naciones europeas refundaron imperios para controlar y distribuirse el mundo en el marco del expansionismo capitalista. Allí donde las riquezas eran producidas por los recursos del otro, habitaban los colonizados bajo la mirada suspicaz del colonizador.

Es notable que Francia e Inglaterra amasaron una tajada mayor de la repartición imperialista. Económicamente, la demanda de productos causaba la necesidad de ir tras lugares remotos donde la materia prima fuera abundante, la mano de obra barata y los mercados cautivos. Producían mucho, consumían todo el algodón, el lino, las semillas y las fuentes de energía disponibles en sus territorios. Por tanto, Europa, como en los tiempos del imperialismo previo, al no lograr satisfacer la demanda industrial, se abrió paso en otros continentes. Con ello también atendían otros problemas, como la carestía, ya que el crecimiento poblacional encarecía el costo y el precio de los alimentos. Veámoslo en el contexto de las luchas obreras cuando los sindicatos habían logrado reivindicaciones salariales significativas y los empresarios vieron disminuidas sus ganancias. Medios de producción y obreros abundantes allende sus fronteras empujaron las ansias de los imperios.


     Además, producir masivamente redundaba en excedentes que podían ser vendidos en mercados cautivos; crearlos conllevaba lograr la dependencia indispensable de los colonizados. De las neocolonias extraían los bienes naturales y laborales para incrementar la industria, asimismo, las ganancias producidas por los consumidores dependientes. La subyugación económica fue rentable por el andamiaje político implantado en las colonias. Desarrollar la agenda imperialista incluye una dosis importante de nacionalismo, considerado como un movimiento/proceso ideológico de carácter sociopolítico edificador de un discurso tendente a la integración y diferenciación de la identidad del conglomerado social que lo construye.[2] Ernest Gellner puntualiza el principio político que busca la coherencia entre la integración nacional y la política.[3] Es un fenómeno plural y polisémico, es decir, contiene múltiples posibilidades de prácticas, significados e interpretaciones diversas. La concesión de privilegios extranacionales basada en una percepción de grandeza autoconferida capaz de justificar la posesión de colonias es parte de dicha complejidad. Y, valga decir, está revestida de un misticismo misionero con vocación de poderío nacional proclamado mediante el predominio. De modos diversos, el alegato de razones morales y humanitarias en sus andanzas por el mundo era parte del discurso político avasallador. Fue a partir de la segunda mitad del siglo XIX que el nacionalismo mutó en una fuerza de carácter ideológico capaz de levantar bandera en las luchas emancipadoras de pueblos sometidos por las naciones hegemónicas de turno, pero también de amalgamarse con los aspectos estratégicos y geopolíticos del imperialismo.

Recordemos que hubo potencias europeas repartiéndose territorialmente África. Lo hemos dicho, Inglaterra y Francia embolsicaron colonias en demasía. Buscaban controlar los estrechos y las islas estratégicas o las grandes rutas terrestres. Inglaterra casi consiguió formar un imperio de norte a sur desde el Mediterráneo hasta el Cabo de Buena Esperanza. Comenzaron en Egipto, explotaron Sudán, Uganda, Kenia, Rodesia y Sudáfrica; dominaron Gambia, Sierra Leona, Costa de Oro y Nigeria. Francia unió sus posesiones del Sahara a Somalia con el Mar Rojo, pero colisionó con los intereses de Inglaterra y el primero perdió poder territorial. Aún así, la ocupación francesa de Argelia en 1830 propició el control de África occidental. Por su parte, uno de los veteranos de la colonización de América, Portugal, estableció colonias en Angola, Mozambique y Guinea e islas de interés para facilitar la llegada de buques; su consorte, España, impuso presencia colonizadora en una parte de Marruecos, del Sahara y de Guinea. No olvidemos a Italia en la ocupación, por ejemplo, de Libia y Somalia; Alemania posesionó a Tanganica, Camerún y Sudáfrica occidental; Bélgica explotó las riquezas del Congo. En fin, todo un continente ocupado por el colonialismo europeo.

En 1914 el Imperio Británico incluía una cuarta parte de toda la población mundial.[4] Una muestra: India, país de una extensión territorial cerca de veinte veces más que Gran Bretaña, y cuya población era siete veces mayor, fue su colonia más preciada. Allí los ingleses enriquecieron y los colonizados empobrecieron. 

Voraz apetito el imperialista no satisfecho con cada territorio conquistado y mercado de expansión establecido. China es un caso Sui generis. La milenaria y populosa sociedad enclavada en un espacio privilegiado sintió el fuetazo de la Compañía Británica de las Indias Orientales (1600-1874), la misma que había tomado la India por asalto, vio en el país de las murallas un negocio fabuloso. Originalmente aparentaba ser una relación comercial próspera que databa de 1795, mas terminó siendo una imposición colonial. Primero, llegaba a Inglaterra la seda, el té, las porcelanas y otras manufacturas que pagaban en plata de contado, transacción inconveniente para el Imperio. Luego el opio proveniente de la India arribó a los puertos del coloso vencido y, paulatinamente, generó ganancias pingües para los empresarios ingleses y perdidas irremediables para los chinos, pues las importaciones cada vez mayores y más frecuentes eran pagadas en plata a precios elevados. Eventualmente China se vio obligada a detener aquel comercio desigual. Entonces acaeció un conflicto que condujo a la primera guerra del opio (1839- 1842),[5] ganada por Inglaterra, y la imposición del Tratado de Nankín (1842) que implicó el pago de indemnizaciones, la entrega de Hong Kong, uno de los puertos más importantes del mundo ansiado por los anglosajones, la cesión de cinco puertos adicionales, la exención de los británicos para someterse a las leyes del gigante asiático, entre otras obligaciones. Tras la demostración de poderío inglesa llegaron los franceses a tomar posesión del área del sur oriental y otras zonas; los rusos hicieron lo propio con Manchuria; Alemania y Japón también participaron de la ola colonizadora, asimismo, Estados Unidos, que si bien entró en Asia con sus posesiones de Guam y Filipinas, y la creciente influencia en Hawaii, exigió a China una política de puertas abiertas con igualdad comercial para todas las naciones imperialistas. 


Junto con el afán expansionista y de usurpación de abundancias arribaron las hordas migratorias europeas. Colonización multifocal con un objetivo singular: establecer el sistema capitalista prevaleciente en sus países. La superabundancia de capitales y el excedente de productos actúa por vía del predominio político. Ejecutar el programa de explotación económica forzaba la conflictividad prevaleciente en la tríada capitalismo- colonialismo-imperialismo. Esa europeización influyente e impositiva desde varios flancos (económico, político, cultural, etc.) marcó el futuro de las naciones colonizadas y configuró el retrato del colonizado y el colonizador.[6] Opacidad de los sin rostro, omnipresencia de los amos del mundo. Colonizar es oprimir, vejar, negar identidades y derechos, invadir geografías y cuerpos, dominar mentes, quebrar espíritus y hacer mezquino al colonizador, quien no se cansa de mezquinar. En Argelia, China o India, el estado de violencia colonial constituía el orden legal y moral.

Aunque es sucinto nuestro recorrido temático, nos aproxima a replantear la reflexión recurrente aún en los denominados tiempos poscoloniales. Aarón Gamaliel Ramos asevera que al estudiar “la historia de este modo de dominación, queda claro que su propósito central ha sido organizar los flujos económicos entre la metrópoli, las colonias y el mundo, y no el de organizar sociedades con economías construidas para beneficio de los pueblos”[7]; con lo segundo, lo primero sería inalcanzable. Inferimos que la ruptura de la situación colonial es inherente al colonialismo, porque éste destruye el imaginario del nacional transmutándolo en extranjero de suelo propio venido a menos, con la imposibilidad de ser el “otro” visualizado por el dominador, quien pretende implantarle su cultura hegemónica, causante de la agudización las contradicciones sociopolíticas al punto de ebullición, cuyo efecto más álgido conduce al rompimiento. Tal vez violento, a imagen y semejanza de la vorágine destructiva, o relativamente “pacífico y negociado”, pero quiebra al fin.

Dice un refrán con sabiduría plétora: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Lo cuantitativo del tiempo cronológico es relativo, a juzgar por las diversas experiencias coloniales anteriores y posteriores al siglo XIX, y en el dicho popular el número es simbólico, pero de la proposición restante no me cabe la menor duda, incluso en el caso de Puerto Rico, no aludido aquí, ¿o sí?

 

 

 

 




     [1] El colonialismo en el entrecejo de capitalismo e imperialismo (siglo XIX). Cruce, revista de crítica sociocultural contemporánea, 25 de agosto de 2018, disponible en:  https://issuu.com/revistacruce/docs/25_de_agosto-_colonias   

https://www.academia.edu/38129423/El_colonialismo_en_el_entrecejo_del_capitalismo_y_el_imperialismo_siglo_XIX_pdf 

[2] Si tomamos en consideración una acepción amplia, como la que utiliza el Dr. Luis Ángel Ferrao, el nacionalismo está compuesto por “toda afirmación positiva de la nacionalidad, todo ademán originado en el pueblo tendiente a acusar un perfil propio, toda obra literaria o artística que contribuya a dotar a la comunidad de un sentido de identidad, o todo símbolo o gesto –en el campo político o inclusive religioso-­‐ que sirva para aglutinar los sentimientos de la colectividad y darle un sentido de pertenencia”. Véase: Luis Ángel Ferrao, “Nacionalismo, hispanismo y élite intelectual en el Puerto Rico de la década de 1930” en Silvia Álvarez Curbelo y María Elena Rodríguez Castro (editoras), Del nacionalismo al populismo: cultura y política en Puerto Rico (Río Piedras: Ediciones Huracán, 1993), 38.

[3] Ernest Gellner, Cultura, identidad y política: el nacionalismo y los nuevos cambios sociales (Barcelona: Gedisa Editorial, 1998), 1. 

[4] Bien vale la pena echar un vistazo a ese recorrido histórico y sus consecuencias en el siglo XX con la lectura de: Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX (Barcelona: Editorial Crítica, 2006, novena edición); Anthony Pagden, Pueblos en imperios (Barcelona: Editorial Mondadori, 2001) y Nations and Nationalism Since 1780: Programme, Myth, Reality (Cambridge: Cambridge University Press, 1999). 

[5] La segunda Guerra del Opio duró de 1856 a 1860. 

[6] Albert Memmi, Retrato del colonizado (Madrid: Cuadernos para el Diálogo, 1974).

[7] Aarón Gamaliel Ramos, Islas migajas: los países no independientes del Caribe contemporáneo (San Juan: Travesier y Leduc Editores, 2016), 343.


Referencias:

 

Ferrao, Luis Ángel. “Nacionalismo, hispanismo y élite intelectual en el Puerto Rico de la década de 1930” en Silvia Álvarez Curbelo y María Elena Rodríguez Castro (editoras), Del nacionalismo al populismo: cultura y política en Puerto Rico: Río Piedras: Ediciones Huracán, 1993.

Gellner, Ernest. Cultura, identidad y política: el nacionalismo y los nuevos cambios sociales. Barcelona: Gedisa Editorial, 1998.

Hobsbawn, Eric. Historia del siglo XX. Barcelona: Editorial Crítica, 2006, novena edición.

 

Hutchinson, John & Anthony D. Smtih (editors). Nationalism. New York: Oxford University Press, 1994.

                               . Nations and Nationalism Since 1780: Programme, Myth, Reality. Cambridge: Cambridge University Press, 1999.

 

Memmi, Albert . Retrato del colonizado. Madrid: Cuadernos para el Diálogo,1974

Pagden, Anthony. Pueblos en imperios. Barcelona: Editorial Mondadori, 2001.

Ramos, Aarón Gamaliel. Islas migajas: los países no independientes del Caribe contemporáneo. San Juan: Travesier y Leduc Editores, 2016.