04 mayo 2024

 









Las burbujas inmobiliarias no son de amor[1]

Martín Cruz Santos

    Advierto que la pericia en asuntos financieros no abunda en mi curriculum vitae ni los carismas adivinadores de futuros inexorables me asisten. Sin embargo, debo asirme a la coherencia ética, particularmente, en cuanto a lo expuesto en mis escritos previos sobre el tema de la vivienda[2]. Un buen amigo y compañero de luchas afirma que cuando se plantea y examina un problema considerado apremiante, resulta imperativa la responsabilidad de presentar soluciones posibles. Estoy de acuerdo, aunque naufraguemos en el intento, porque eso es parte de los procesos sociales y políticos. De modo que dedico y someto a la consideración de mis lectores esta reflexión a tenor con el riesgo no menor de una burbuja inmobiliaria, un producto de la especulación asociada al afán de lucro desmedido, que a su vez es causante de la gentrificación y las consecuencias habidas.

  ¿Qué es una burbuja inmobiliaria? La definición técnica aduce el incremento excesivo e injustificado de los precios inmobiliarios[3]. Al ocurrir ese aumento exorbitante en la propiedad raíz disponible, la búsqueda de un beneficio económico lucrativo conduce a comprar para luego vender a un valor superior. Entiéndase tal acción como especulativa, que es el motor principal del fenómeno. Las empresas constructoras y la banca comercial también son protagonistas, ya que las primeras solicitan y obtienen créditos bancarios para responder a la demanda en ascenso, que a su vez empuja el abultamiento de los costos. La burbuja crece en pleno apogeo.

    En el ínterin, la tierra se torna apetecible gracias a la premura creada de suelos edificables. Trastocada quedan la planeación y planificación. El Estado, presionado por los sectores inversionistas, flexibiliza las normativas correspondientes y amplía las aprobaciones de los permisos o las licencias de uso. Rendimientos parciales: más terrenos disponibles para la compraventa y la edificación, la multiplicación de las inversiones en infraestructura y el agolpamiento de los negocios vislumbrados que atraen a clientes potenciales con poder adquisitivo considerable. El remedio económico aparenta ser burbujeante. Es la fiesta de los millones y todo procede. Por tanto, no hay avalúo o tasación que racionalice las cantidades descabelladas de dinero que se piden por un predio, casa o apartamento. Hay quien las pague, pero, ¿hasta cuándo?    

     Simultáneamente, la cuantía para adquirir un inmueble es inasequible para muchas personas de la clase trabajadora quienes sobreviven con salarios menguados en una carestía perenne[4]. El desplazamiento social, la imposibilidad del alquiler a largo plazo debido a la “escasez de vivienda”, pese a la retahíla de construcciones y la disponibilidad de ventas y arriendos con valores pecuniarios casi auríferos, y la carrera desbocada por superar los topes de ventas demacran el derecho a un hogar digno. Contradictoriamente, la necesidad real no es satisfecha por la oferta abundante. Al revés, la irreal e inflada arrastra consigo el ofrecimiento por el derrotero conducente al estallido de la burbuja inmobiliaria como ocurrió en Colombia en la década de 1990 cuando:

“la política económica ocasionó el aumento de la financiarización de la economía y la desregulación del sistema, produciendo una burbuja especulativa en el sector inmobiliario, que no responde a la demanda real derivada de los ingresos de los colombianos, sino al apalancamiento sin control del sistema financiero[5]”.

El problema ahonda en la medida que acontece una crisis de proporciones riesgosas cuyos efectos paralizan el desarrollo socioeconómico. Un panorama aterrador entra en la escena: insolvencia de los clientes de recursos limitados, freno calculado en las cuentas inversoras, embargo de propiedades, desplome de los precios, estancamiento de la fabricación otrora boyante, el desempleo amenaza y cumple, y el sistema financiero, para autosanarse, agrava a los enfermos:

“Esta burbuja reventó a finales de la década de los 90 jalonada por la crisis económica internacional, dando paso a una contracción del sistema financiero y al aumento de las tasas de interés en el país, conllevando al despojo de cientos de miles de viviendas por parte de las entidades financieras y la realización del capital especulativo, por medio del despojo tanto directo de las entidades financieras al pueblo colombiano, como también por las políticas de reajuste estructural puestas en marcha en Colombia, lo que impactó el gasto social, mientras se beneficiaba al gran capital y claramente al sistema financiero tanto nacional como internacional[6].

  Si son perjudiciales la gentrificación, turistificación y el rastreo angustioso e inconcluso de espacios habitables, la explosión de una burbuja inmobiliaria empeora el cuadro descrito.

     No quiero ser pitoniso[7], pero, en guerra avisada muere menos gente. Dicho esto, a sabiendas que la violencia bélica ocasiona un cúmulo grotesco de muertes. En Jardín, Antioquia, y en tantos otros lugares de Colombia, Puerto Rico y el mundo, pululan las ofertas de terrenos, pisos y locales como si no quisieran ser vendidos o arrendados, a juzgar por el alza cada vez mayor de los costes. Que hace falta construir, no cabe duda. No obstante, pocos jardineños pueden darse el lujo de pagar lo ofertado. El catálogo es abierto para inversionistas nacionales y extranjeros que especulan junto a los autóctonos. Probablemente, es el juego de apuestas en una ruleta peligrosa.

     Subordinar el bien común al interés rentable acarrea desenlaces previsibles. En ausencia de equilibrio ninguna sociedad se estabiliza. Urge un llamado: analizar con detenimiento, rigor y valentía el contexto histórico inmediato, tomar decisiones categóricas e implantar políticas eficaces, porque en el recrudecimiento de las condiciones actuales se nos va la vida de pueblo amañador. Comparto mis ideas y argumentos para la discusión pública. Emanan de la observación crítica, la preocupación honesta y la voluntad congruente de aportar a la comunidad donde residimos y a las que llegue el reflejo, quien sabe si opaco, espero sea diáfano, de lo cavilado en mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Esta parte del título hace referencia a la canción Burbujas de amor, del cantautor dominicano Juan Luis Guerra. Está incluida en el tercer álbum de su grupo musical 4-40, Bachata Rosa, producido por Guerra para la casa discográfica Karen Records.   

[2] Martín Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el Jardín, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html ; Escasez de vivienda, ¿Por qué? La fecha origina de la entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023.  Dada la importancia que le atribuimos, republicamos el artículo el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html ; De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad, disponible en:   https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html, Cooperativas de vivienda: sus posibilidades. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/04/cooperativas-de-vivienda-sus.html

[3] David López Cabia (2022), Burbuja inmobiliaria, Economipedia, disponible en: https://economipedia.com/definiciones/burbuja-inmobiliaria.html

[4] A tenor con el panorama socioeconómico colombiano recomendamos la lectura de: John Freddy Gómez y Camila Andrea Galindo (2019), Burbuja inmobiliaria en Colombia: vivienda, salario y deuda, disponible en: https://www.cadtm.org/Burbuja-inmobiliaria-en-Colombia-Vivienda-salario-y-deuda 

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Hago referencia a las antiguas sacerdotisas del templo de Apolo, dios de la mitología griega asociado a las artes, la sanación y las profecías, que exponían sus oráculos en el templo de Delfos. 


2 comentarios:

  1. Cuando conocí el parque de jardín en el año de 1981 todavía la casa estaban habitadas por las familias tradicionales y clásicos negocios. Estas familias tenían la costumbre de sentarse siempre en un mismo lugar del parque dónde se desarrollaban más diversas relaciones de vecindad. Hoy ya poco queda de eso, y cada vez más las casas de familias se transforman en locales comerciales, en muchos casos, como una única posibilidad de seguir sosteniendo el costoso mantenimiento. El aumento exagerado del predial, los servicios públicos, la mano de obra y el costo de los materiales para su mantenimiento hacen imposible para cualquier habitante de jardín sostenerla. Cómo podríamos organizarnos para abordar el problema en comunidad?

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    1. Saludos. Gracias por leer y comentar el escrito a partir de sus experiencias directas en Jardín. La pregunta que usted formula es fundamental, porque a partir de las respuestas posibles se abren las probabilidades de organización comunitaria.

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