04 octubre 2026



Mosaico de cambalaches

Martín Cruz Santos

 

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador.
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor”.

(Estrofa del tango Cambalache)[1]

Cambalache primero: más allá del siglo veinte

     Del siglo veinte viví menos de la mitad. Probablemente, lo experimenté, en parte, como un “cambalache problemático y febril”[2], igual que tantos vivieron las épocas cuando recorrieron el camino del tiempo en espacios geográficos y culturales diversos. A diferencia de Santos Discépolo, no asevero categóricamente “que el mundo fue y será una porquería”.[3] Razones tuvo para enjuiciarlo con severidad en el contexto de las crisis nacionales e internacionales durante la década de 1930. Sin embargo, coincido con él: haya sido en el “quinientos diez y en el dos mil también”[4] las porquerías embolsadas en trueques desfavorables han estado presentes.

   Si en la continuidad del devenir histórico en el siglo veintiuno prescindimos de la idílica concepción de progreso, veremos que seguimos “en el mismo lodo, todos manoseaos”[5]. Los poderosos del mundo se abrogan la divulgación de verdades alternas, dirigidas a públicos incautos, mediante narrativas propias de anacrónicas novelas de caballería o modernas hagiografías seculares. No solo “es lo mismo ser derecho que traidor”[6], sino que las falacias transmutan en mensajes inspiradores de resiliencia pronunciados por héroes y salvadores, ¿de qué?

     Avanza el cambalache: “no pienses más, sentate a un lao.”[7]

Cambalache segundo: del dicho al hecho hay un largo trecho…

   De repetirlo y citarlo, el aforismo desdice. Estipulemos que lo afirmó el ministro de propaganda del régimen hitleriano en Alemania, aunque no haya sido Goebbles el primero ni el último en llegar a la iluminada sentencia: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad”. Es saber, incluso, de propagandistas mediocres. Difuminar los sucesos es una artimaña rentable: engrosa ganancias, cuantifica votos, conquista adeptos, glorifica personalidades, reinterpreta historias, diviniza instituciones y controla multitudes.

     “Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar”, es una máxima atribuida al ex presidente argentino Juan Domingo Perón (1895-1974) en una alocución de 1943 (¡ay, Discépolo!). Pero, del dicho al hecho hay un largo trecho. El enunciado peronista y su concordancia con la realidad es tan debatible como complejo. Que el medio es el mensaje, según acuñó McLuhan[8], implica que la forma cómo un ente comunicador afecta las percepciones humanas excede la importancia y la veracidad del contenido que transmite. Tamaño cambalache es la inherencia política, corporativa y mediática en nuestras vidas. Pueden ser evidentes o no las consecuencias de un acto dependiendo de la andanada de textos, imágenes, sonidos y sensaciones quirúrgicamente calculadas y comunicadas que enfocan la percepción, distraen la atención y multiplican la influencia del algoritmo.  

     ¿Cómo distinguir el dicho del hecho, si “de los cambalaches se ha mezclao la vida”[9]?

Cambalache tercero: el pasado que pesa y no pasa

     La compositora mexicana Consuelo Velázquez (1916-2005) escribió el bolero Amar y vivir[10], una de cuyas coplas pregona: “No quiero arrepentirme después de lo que pudo haber sido y no fue…”. Sin duda alguna, es una alusión tremebunda y memorable, particularmente, al considerar un ayer más pesado que el presente maltrecho. Hay pretéritos en apariencia inamovibles, petrificados y eternos. Parecen establecidos en un otrora casi ontológico. Curiosamente, el supuesto origen metafísico o mitológico apela a un refugio al cual retornar en medio de una actualidad tormentosa, pese al consejo del célebre fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola (1491-1556): “En tiempos de desolación o tempestad, no hacer mudanza”.[11]

     Tememos a los cambalaches, porque pueden mover el piso bajo los pies y destruir cimientos edificados para no ceder ni un ápice. No obstante, ¡qué rabia!: “los inmorales nos han igualao”.[12] ¿Quién es portaestandarte de la moral? Argumentamos nuestra probidad innata fundamentada en una ley natural o en un derecho divino. Entonces procede una diatriba inmisericorde contra los bandidos, farsantes y desbandados de siempre. De no haber un paraíso perdido, toca inventarlo, ubicarlos allá y achacarles la transgresión primigenia que jodió todo. Lo malo del pasado es que no pasa: “¡Dale nomás! ¡Dale que va!”[13]

Cambalache cuarto: la ruleta rusa o perder ganando

   Un mosaico no es un vitral. Comparten el principio básico de crear una imagen con piezas, pero, varían en los materiales, las formas y los efectos visuales. Los cambalaches que observo no son diáfanos. Por el contrario, son construidos sobre superficies opacas y desgastadas a causa del deterioro provocado. El orden mundial es un entretenimiento macabro con la ruleta rusa, y la mano en la pistola apunta directo hacia nosotros, la mayoría, esto es: la población no privilegiada. La apuesta terca ha sido constante: el crecimiento económico permanente, la acumulación de poder sin parangón en escazas manos, recalentar imperios, armar guerras interminables a la menor provocación para alimentar la voracidad de la industria armamentista, transmigrar pueblos, alentar desigualdades a diestra y siniestra, y exprimir hasta el último recurso natural del planeta. Encomendamos la vida a la locura lúcida de unos pocos emprendedores de nada. Ganan disparando, perdemos muriendo o sobreviviendo.

     Sí, maestro Enrique Santos Discépolo: “Vivimos revolcaos en un merengue”[14], y, añado, distantes y no distintos del siglo veinte.  ¿Hasta cuándo? No sé. Sigo en mis Reflexiones desde El Jardín.

 



[1] Cambalache es el título de un tango famoso de la autoría del compositor y músico argentino Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Fue compuesto en el año 1934 e interpretado por vez primera en la voz de la cantante y actriz porteña María Isabel Bergero (1904-1958), artísticamente conocida como Sofía “La Negra” Bozán. Escuche la interpretación de Garlos Gardel (1890-1935):

https://youtu.be/iptZcYmcGUM?si=Jh_dVy8jMZ_8hG9L

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] El teórico de la comunicación Herbert M. McLuhan (1911-1980), canadiense, acuño la expresión “el medio es el mensaje” en su libro titulado Understanding Media: Extensions of Man, publicado en el año 1964.

[9] Tango Cambalache, Ibid.

[10] Relájese, disfrute, recuerde y cante escuchando esta interpretación de Amar y vivir por el trío Los Panchos: https://www.youtube.com/watch?v=9VcWRTMiUSI&list=RD9VcWRTMiUSI&start_radio=1

[11] Quinta regla de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola publicados por vez primera en 1548. El texto original lee: “En tiempo de desolación nunca hacer mudanza”.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid

 

01 septiembre 2026


 

Aquella mañana del terremoto

Martín Cruz Santos

 

“Hay un instante, apenas unos segundos, en el que
el mundo deja de ser confiable. No es solo el movimiento
brusco del suelo ni el ruido seco de las paredes quebrándose.
Es algo más íntimo: una fisura en la certeza de que
la realidad obedece a un orden. 
Cuando la tierra tiembla,
también tiembla el mundo interior”.[1]

 

      Apenas habían transcurrido nueve días desde que el suelo de la Guaira fue sacudido bruscamente a finales de junio cuando escribí la reflexión titulada Venezuela y los sismos en el espejo.[2] A poco más de un mes del escrito, la tierra volvió a temblar, pero, en esta ocasión, el epicentro, localizado en el municipio de San José del Palmar, en la ruralidad del departamento colombiano del Chocó, dista unos ochenta y cuatro kilómetros en línea recta de Jardín, Antioquia, donde vivimos.  Las palabras que plasmé sobre el acontecimiento venezolano repercuten hoy:

“…las representaciones del dolor y la destrucción atraviesan el cristal roto del espejo de la República Bolivariana de Venezuela y recorren distancias hasta inquietar y sacudir las sensibilidades, conciencias y memorias de otros, como la mía…”[3]

En momentos angustiosos en la proximidad de las víctimas mortales, los sobrevivientes quebrantados, los destrozos de las viviendas, los hospitales, las escuelas y los espacios comunes de la infraestructura social, sentimos el impacto que nos dejó el terremoto de aquella mañana del lunes 10 de agosto de 2026 a las 7:34 A.M.

    Claudia y yo habíamos desayunado en nuestra casa, subimos al segundo nivel y nos alistamos para las actividades cotidianas. De repente escuchamos el sonido distintivo de una alarma y, en cuestión de segundos, sentimos que todo alrededor se movía en trepidación y oscilación. Pensamos fugazmente y nos situamos en el baño, dada la probable seguridad del armazón. Aumentaban el movimiento implacable, el ruido del crujir de las paredes y los techos, las caídas de objetos, así como también, el llanto de infantes y los gritos desesperados de adultos provenientes del exterior de la residencia. Enlazados en un abrazo amoroso, intenso y nervioso, permanecimos sobrecogidos por los eternos noventa segundos de la duración sísmica.

     Logramos salir ilesos y sin daños materiales relevantes. Una vez en la calle, los vecinos acudimos a un encuentro de supervivencia. Experimentamos una mezcla emocional manifestada en lágrimas, miradas sorprendidas, la alegría de vernos, el temor a las réplicas y la búsqueda inmediata de los seres queridos que no estaban en sus hogares en el instante terrible de la sacudida. El tiempo transcurrió entre los rumores, las especulaciones y las noticias que daban cuenta de la magnitud del temblor: 7.4 en la escala Richter, el tercero de esa categoría registrado en la historia de Colombia.[4] Comenzamos a entrever la tragedia que arrastra un fenómeno natural de tal envergadura.

     Al paso de las horas, recorrimos algunas rutas del pueblo. Observamos las damnificaciones en las fachadas y las tejas de variados inmuebles, especialmente, los patrimoniales, que cuentan con más de una centuria de haber sido levantados.  Luego supimos de las calamidades en el campo. Pero, más allá de los límites del territorio que habitamos en el suroeste antioqueño, es en los departamentos del Chocó, Risaralda, Valle del Cauca, Caldas y Quindío donde la devastación eclipsa las impresiones causadas a primera vista. El espejo de Venezuela, aludido en el texto susodicho, ya no luce empañado, sino que deslumbra la realidad circundante y, simultáneamente, se opaca con las lágrimas derramadas ante el inmenso dolor sentido en las capitales departamentales: Quibdó, Pereira, Cali, Manizales y Armenia, y los municipios afectados en dichas zonas.    

  “Estamos bien”, repetí como respuesta frecuente a los mensajes numerosos de solidaridad que recibimos de familiares y amigos, lo cual agradecemos profundamente. Claro, el estado de bienestar es condicionado. Y cómo no serlo, si la muerte transmutó la vida de cientos de personas y la desolación alcanza a miles. No resultar damnificados implica una responsabilidad compartida. Es un imperativo inexorable participar en las campañas de reconstrucción y colaborar, según las posibilidades de cada quien. Ciertamente, es menester pensar y actuar eficazmente, que entraña aprovechar la contigüidad geográfica y atenuar la lejanía con alianzas oportunas.

     La Tierra continúa moviéndose, sucede tras un seísmo, y la tectónica de las placas avanza en su proceso geológico. El conocimiento científico generado, en particular, sismológico, propicia no solo saber más y mejor a tenor con las dinámicas inherentes a los eventos causantes de secuelas catastróficas, sino, asimismo, planificar, organizar, prevenir, construir y recuperar la prolongación de la vida, con mayor resiliencia, en determinado lugar.  Recurro a la reflexión mencionada al inicio de ésta:

“Sin embargo, cabe acotar que los bloques rocosos de la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, y sus respectivas fallas geológicas, referentes del epicentro asolador, sirven de asiento a diversos países de la región que habitamos.” [5]

A lo citado, añádale, el nombre de cualquier placa, conozca los modos de interacción entre ellas conforme el desplazamiento de sus límites (divergentes, convergentes, transformantes), señale en un mapa la ubicación de su país o región e investigue al respecto. Superemos el pensamiento mágico, el sensacionalismo, las narrativas conspiratorias y la desinformación, con información crítica y veraz disponible en fuentes rigurosas. Preparémonos adecuadamente, porque la historia prosigue, incluso con sobresaltos, desastres, reedificaciones y otros devenires. Mientras tanto, comparto este aporte en mis Reflexiones desde El Jardín.

 



[1] José A. Posada Villa, Lo que se mueve por dentro cuando la tierra se mueve, Cambio, lunes 17 de agosto de 2026, disponible en: https://cambiocolombia.com/salud-y-bienestar/articulo/2026/8/lo-que-se-mueve-por-dentro-cuando-la-tierra-se-mueve

[2] Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2026/07/venezuela-y-los-sismos-en-el-espejo.html

[3] Ibid.

[4] Según el Servicio Geológico Colombiano, esa magnitud es superada solo por los terremotos acontecidos en el año 1906 (8.8) y el de 1979 (8.1). Ambos ocurridos en el extremo suroccidental del País. Fuente: https://www.sgc.gov.co/

[5] Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2026/07/venezuela-y-los-sismos-en-el-espejo.html

 

02 agosto 2026


 

“Vientos de mi autoexilio”[1]

 

Martín Cruz Santos


“…lo curioso, lo absurdo, es que, a pesar
de que aguardo mensajes y pregones
de todas las memorias y de todos
los puntos cardinales,
lo raro, lo increíble, es que a pesar
de mi desamparada expectativa,
no sé qué dice el viento del exilio”.

 

Mario Benedetti (1920-2009)

 

Vientos de la Provincia Oriental[2]

      Mario Benedetti era uruguayo, compatriota de Pepe Mujica (1935-2025).[3] Sus vidas transcurrieron entre resistencias políticas, aspiraciones ideológicas, clandestinidades, sobresaltos y amores. Al primero, plasmar sentimientos, metáforas y perspectivas del mundo le atrajeron el exilio y los galardones literarios; al segundo, la terquedad lúcida de pensar y actuar coherentemente para lograr una sociedad más justa y solidaria, lo llevó de la clandestinidad a la cárcel, y de la tortura a la lucha incansable hasta el último suspiro, después de servir al pueblo como presidente. Benedetti regresó a Uruguay con las cicatrices que dejó en su rostro el viento del exilio, que a Pepe no azotó, porque él sufrió otras penas tan dolorosas como el destierro.

Vientos del Chocó[4]

     Suelo deslumbrarme con los atardeceres que pintan el firmamento de tonos anaranjados. En el horizonte, frente a mi ventana, donde los Farallones del Citará[5] se levantan como murallas que anteceden el océano Pacífico, los colores del ocaso representan fuegos cansados al anochecer. Luego advienen relámpagos capaces de alumbrar la noche más oscura. Y qué decir de esas corrientes a chorro del Chocó. Son vientos que soplan desde el Pacífico hasta la cordillera Occidental de los Andes colombianos. Tan fuertes y ascendentes que al chocar contra los prominentes macizos rocosos riegan abundantes descargas de lluvia y refrescan los despeñaderos. Penetran con fuerza modificadora, no solo los caudales de los ríos, sino también los estados de ánimo de quienes habitamos el territorio campeando el autoexilio.

 

Vientos del Caribe

      En el Caribe, la mayoría de los vientos tormentosos provienen de la misma dirección que los alisios. Durante la temporada de huracanes, la brisa suave que transmuta en brusquedad puede ser un presagio. Entonces el Caribe geográfico y cultural, el cadencioso y musical, el isleño y antillano, el étnicamente diverso, el que lame las costas continentales, dibuja una tensa calma.

     Cuando se espera la llegada de un huracán, es parecido al diagnóstico fatal de la enfermedad terminal que padece un cuerpo. ¿Qué implica en el plano gubernamental? La prevención del desastre es proporcional a la voluntad política del Estado y la organización ciudadana. Tristemente, en nuestros países eso debe ser interpretado como una cuestión de tiempo inevitable o la “crónica de una muerte anunciada”. Por ejemplo, cuando en mi tierra natal, Puerto Rico, el gobierno de turno vocifera la preparación oficial adecuada frente al fenómeno atmosférico que se avecina, la reacción pública acarrea dos consignas: “sálvese quien pueda” o “solo el pueblo salva al pueblo”. Habiendo presenciado las consecuencias de ambas, trato de disminuir con el autoexilio el pavor que me causa la ruidosa velocidad destructiva de los vientos.

 

Vientos del norte

     Hay vientos preocupantes, deplorables e indignantes, porque no constituyen una masa natural de aire en la atmósfera. A diferencia de los ciclones, las ráfagas de esos vendavales son impulsadas por la codicia, el afán desmedido del poder y la hegemonía. Son ventarrones implacables. Soplan del norte hacia los puntos cardinales restantes, particularmente, el sur. Contienen la furia de los tornados y las trombas marinas. Arrasan todo a su alcance hasta el punto que la flora, la fauna y los recursos minerales insospechados quedan al descubierto para su extracción lucrativa inmediata. Conocemos el estruendo de las detonaciones que provocan; los truenos suenan como silbidos en comparación esos estallidos. Aquellos torbellinos insaciables someten, quiebran, matan y desparecen con la frialdad del mitológico Aquilón.  

   Causa lástima y rabia que el nivel de riesgo de los vientos del norte aumente con la convergencia interesada de los autóctonos. Unidos para depredar sin miramientos, aunque disfrazados de céfiros, trascienden las zonas intertropicales y empujan con el fin de inundar de miseria los empobrecidos tugurios donde habitar es sinónimo de sobrevivir a lo que el viento se llevó. No cabe duda: el remolino usurpador continuará despojando las riquezas allende las fronteras y reducirá las especies (incluida la humana) a la subordinación, la migración forzada y la muerte mientras a la inversa no insuflen tifones de intransigencia a ultranza. De lo contrario, el autoexilio no será una opción, porque ni siquiera habrá libertad para escogerlo.



[1] El título de este escrito alude a una obra de Mario Benedetti (1981), Viento del exilio, Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

[2] Provincia Oriental fue el nombre de la actual República Oriental del Uruguay desde su fundación en el año 1813 como parte de la Liga Federal y las Provincias Unidas del Río La Plata hasta la independencia en 1825.

[3] Recordemos que su nombre completo fue José Alberto Mujica Cordiano, y se destacó por haber sido un pensador prolífico, combatiente, político, floricultor y expresidente de Uruguay.

[4] Hago referencia departamento del Chocó, uno de los 32 departamentos de Colombia, cuya ciudad capital es Quibdó. Es reconocido, entre otros aspectos, por ser uno de los lugares de mayor precipitación pluvial en el Planeta.

[5] Los Farallones del Citará constituyen un impresionante complejo montañoso ubicado en la cordillera occidental de Los Andes colombianos. Al respecto, recomiendo la lectura de: Jorge Giraldo Ramírez (2022), Citará: la montaña, el hogar, Medellín: Editorial Grámmata.  Sobre la biodiversidad de los Farallones: https://farallonesdelcitara.bioexploradores.com/lugares/farallones-del-citara/

 


01 julio 2026


 




Venezuela y los sismos en el espejo

 

Martín Cruz Santos

 

“No le temo a la culebra ni a cuarenta tiburones,
pero, si la tierra tiembla, corro más que los ratones.
Si la tierra tiembla
yo me voy de aquí.”[1]

Luis Tata Guerra (1934-2015),

músico, compositor y arreglista cubano

 

 

     Aunque la historia de las experiencias humanas advierte múltiples evidencias de la sismicidad que subyace bajo nuestros pies, particularmente, en estas tierras americanas donde tampoco son ajenos los volcanes y los huracanes, es desgarrador el dolor causado por la pérdida de vidas. Venezuela es el espejo reciente al cual dirigimos las miradas, particularmente, a partir del miércoles 24 de junio de 2026.  Los expertos denominan doblete sísmico al fenómeno natural “que ocurre cuando dos terremotos principales son muy cercanos en el tiempo y el espacio”.[2] El segundo no es una réplica del primero, porque su magnitud puede ser igual o mayor que el anterior. Recordemos que allá el intervalo temporal entre ambos (de 7.2 y 7.5 en la escala Richter respectivamente) fue de apenas 39 segundos.

     Las imágenes transmitidas por los medios de comunicación social y las redes sociales propician visualizar a distancia el sufrimiento conmovedor del pueblo venezolano, que, al momento de redactar este escrito, llora perpleja la muerte de más de 2,200 personas, asiste a 11,200 heridos y busca a cerca de 50,000 desparecidos. Sin duda alguna, es una tragedia ante la cual es insuficiente lamentarse por lo sucedido o manifestar solidaridad a corto plazo. El reflejo del territorio sacudido puede alumbrar a todo ser humano, especialmente, a quienes pisamos y edificamos en zonas de alta actividad sísmica. Corresponde recapacitar sobre el antes, durante y después de un movimiento telúrico. El conocimiento científico, las vivencias y el desarrollo tecnológico deben acompañar la voluntad política para llevar a cabo los cambios imprescindibles que mitiguen las consecuencias de los eventos naturales que catalogamos como desastres.

     La planificación, educación, capacitación, prevención y evaluación son acciones inherentes a las políticas públicas y los planes a corto, mediano y largo plazos, prerrogativas del Estado, gestor principal de las estrategias, los proyectos y las decisiones para el mayor bien común. Hallar las soluciones a los problemas de un colectivo ciudadano es un imperativo ineludible. Cuando la debilidad o la ausencia de competencia para ejercer el poder, por causas diversas, arroja a la mayoría poblacional a una precariedad frente a las calamidades, las probabilidades de una catástrofe aumentan exponencialmente. Cómo olvidar el terremoto de Haití en el año 2010 y los huracanes Irma y María en Puerto Rico en 2017. Son dos ejemplos de sucesos devastadores originados por contingencias geofísicas y meteorológicas en áreas históricamente vulnerables, pero, abandonadas a la suerte frente al colonialismo, la ineptitud y el desgobierno de jurisdicciones venidas a menos. ¿A caso los seísmos eludieron el suelo de la primera república negra del mundo hasta aquel fatídico momento? ¿La furia de los huracanes era desconocida en la colonia camaleónicamente disfrazada de “estado, libre, asociado” desde 1952?

   Como agravante, las multitudes suelen refugiarse en imaginarios permeados de creencias mitológicas, religiosas y de conspiraciones propensas a difundir narrativas simbólicas con significados inadecuados para comprender la complejidad de la naturaleza. Dichos sistemas de ideas privilegian diferentes pretensiones de entendimiento y cosmovisión, pero, no la teorización fundamentada en la observación experimental, el pensamiento crítico y las prácticas culturales, políticas y económicas respetuosas y sostenibles emanadas de las corroboraciones, las divergencias y los consensos. A mi juicio, concluir con la rapidez de la luz que determinado acontecimiento tectónico o climatológico es un castigo divino o una hecatombe sospechosamente planificada es sinónimo de fanatismo mágico religioso o de infantilismo pseudo científico.

   Venezuela ha perdurado en la atención internacional durante los años recientes. Muy probablemente continuará estando presente. Correspondería a un análisis distinto auscultar cómo interactúa la crisis humanitaria de este momento con las etapas previas. Por el respeto al duelo del hermano pueblo venezolano, no me inmiscuyo en ese tema. Sin embargo, cabe acotar que los bloques rocosos de la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, y sus respectivas fallas geológicas, referentes del epicentro asolador, sirven de asiento a diversos países de la región que habitamos. Independientemente de las circunstancias políticas que nos unen o separan y los condicionamientos geopolíticos del momento, las representaciones del dolor y la destrucción atraviesan el cristal roto del espejo de la República Bolivariana de Venezuela y recorren distancias hasta inquietar y sacudir las sensibilidades, conciencias y memorias de otros, como la mía, en mis Reflexiones desde el Jardín.



[1] Estrofa de la canción titulada “Si la tierra tiembla”, composición del músico, compositor y arreglista cubano Luis “Tata” Guerra (1934-2014), quien residió en Caracas desde 1960 hasta su fallecimiento.  Existen diversas interpretaciones de la pieza musical, pero, recordamos la grabación del también cubano Héctor Casanova con la orquesta del dominicano Johny Pacheco incluida en el álbum Los amigos, publicado por la disquera Fania Records en el año 1979. Comparto el enlace para escucharla: https://open.spotify.com/intl-es/track/64WNNS5euq1zjdKcVCK915?si=3582730503b64b82


[2] Redacción BBC Mundo (26 de junio de 2026), Qué es el “doblete sísmico” que sacudió a Venezuela (explicación en video), disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c802303pj9lo


01 junio 2026




                                                                    Reseña del libro

Entre montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas

 

Martín Cruz Santos

 

    La publicación reciente del libro titulado Entre montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas (2026)[1] es el producto del trabajo de campo de estudiantes del curso de Investigación Etnográfica del Pregrado en Antropología de la Universidad de Antioquia (UdeA) en Medellín, Colombia. Durante una semana, en diciembre de 2025, con la mentoría del doctor Jonathan Echeverri Zuluaga, el grupo recorrió parte del territorio del municipio de Jardín, localizado en el suroeste del departamento de Antioquia, para observar, conversar, registrar y analizar diversas manifestaciones culturales de quienes lo habitan. Mediante sus apuntes, diarios de campo y fotografías lograron plasmar no solo sus perspectivas, sino también las memorias de las vivencias.

   El texto consta de siete capítulos organizados acertadamente y precedidos por los agradecimientos y una introducción de Echeverri Zuluaga. Aneja al final pinturas y fotos hechas por residentes. Considero un acierto haber comenzado la exposición textual con la inspiración poética de Pedro Alonso Agudelo Rendón y Effy Osorio Pinilla que dan paso a los enfoques de carácter biológico y cultural.

     Mundos interespecie es la categoría que abre el diálogo leyente y propicia reflexiones bioéticas sobre las prácticas de conservación de especies, en particular, las aves. Laura Michelle Agudelo Marín pajareó con el acompañamiento bien orientado de Élver Andrés Ledesma, especialista en reservas naturales, el reconocido biólogo y pajarero, José Castaño, y el doctor Luis Orlando Marulanda Orozco, director de la Reserva Natural Jardín de Rocas. De su escrito emanan momentos compartidos y salpicados por una curiosidad ávida capaz de registrar los andares forjados en busca de una convivencia biocéntrica. Por su parte, Natalia Medina Taborda supo adentrarse por senderos aromáticos y saberes añejados en torno a la agricultura cafetera. Jardín es partícipe de la geografía cultural del café. Es un pueblo con vocación agrícola que transita por la vía turística. Tomar un tinto en las cercanías del Parque El Libertador es un ritual que apela a la expansión mundial de ese fruto ancestral. Desde que la bebida fue esparciéndose históricamente a partir de su origen en Etiopía, surgieron caracterizaciones y sensibilidades complejas que fundamentan la pregunta formulada por Natalia: ¿Qué sabe uno realmente del café?

   Las abejas, cuya presencia es imprescindible en el hábitat planetario, motivaron a Briana Camila Cediel, quien captó la acogida recibida por los tours que promueven la comprensión de la necesidad de cuidar las polinizadoras nativas más allá de la popularidad de la miel que de ellas extraemos. La cotidianidad y cercanía de los proyectos agroecológicos en las veredas con prácticas adecuadas, ciertamente, convierten el espacio en “tierra prometida” donde la abundancia no es un milagro, es el resultado de un vínculo interespecie que se ha sostenido en el tiempo”[2].

   Cabe resaltar los signos de carácter creativo plasmados en las páginas de la obra reseñada.  La autoría variada, que incluye a jardineños, destaca el arte y la creación, cuyas expresiones abonan dinámicas estéticas de conexiones identitarias. No faltan los abordajes en cuanto a la gastronomía y los sabores (leer a Alejandra Estrada Quintero y Tomás González Agudelo), la literatura (leer a María Isabella Henao Hernández), los murales (leer a María Salomé Agudelo Barón), y, cómo no, el patrimonio arquitectónico constituido, principalmente, por la Basílica Menor de la Inmaculada Concepción de María y el Parque el Libertador, declarados monumentos nacionales de la República de Colombia mediante el Decreto 1132 de 1985 (leer a Larry Jesús Valencia Guzmán). En el contexto de los encuentros comunitarios, cuando la tertulia nos acompaña, el Parque es un espacio sin parangón, la sala de la casa jardineña donde el taburete autóctono es un elemento medular por su valor simbólico de tradición y arraigo territorial (leer a Angelina Sabogal Jaramillo).  

   Por otro lado, el conservadurismo político y religioso es evidente en Jardín, como en otros lugares del Departamento. La inclusión del apartado sobre las Subjetividades en disputa abre oportunidades para conversaciones libres de prejuicios y estigmas excluyentes (leer a Effy Osorio Padilla y Gerson José Peralta Sepúlveda). Es un punto de partida beneficioso, si somos honestos al abordar controversias inconclusas. De hecho, el tema empalma con el peliagudo de la Espiritualidad y religiosidad (leer a Sarah Laleshka Gómez Lanos y Juan Carlos Durán Taborda), desarrollado, a mi juicio, con el respeto debido tanto a la religión institucionalizada como a la popular y la Embera-chamí. Ambos aspectos entreveran líneas de investigación inferidas de los ensayos, que debemos tomar en cuenta.

   En relación con la enseñanza y el aprendizaje, hay instancias sociales cuya labor es encomiable. Es el caso de la Corporación Escuela de Música de Jardín, a la cual dedicó su aportación la estudiante Vanesa Castaño Arenas. El sentido testimonial y afectivo, con acordes didácticos permea la óptica escrita. No es para menos, porque la misión de este referente importantísimo es ser una instancia de formación artística, que ofrece programas de música para niños y niñas, jóvenes y adultos con el propósito de contribuir al crecimiento integral de sus estudiantes.

    Nos enorgullece el aporte reflexivo de una docente muy querida en Jardín, Mercedes del Tránsito Arrubla Carmona, quien ha ejercido su proyecto didáctico en la Institución Educativa Miguel Valencia, ubicada en la vereda Verdún. Desde ese espacio rural ha impulsado una conversación global que conecta a la comunidad con el mundo. Un lema vital estimula a la galardonada educadora: “Aprender observando, pensando, haciendo, experimentando investigando y jugando”.

    Las miradas etnográficas del colectivo estudiantil arrojan luz, asimismo, sobre el turismo masivo y sus repercusiones (leer a Nicolás Moreno Millán y Alejandra Villa Tobón).  Denotan la importancia de la organización para atender un fenómeno de interés social que debe ser indagado con el propósito de obtener resultados y tomar decisiones. Quienes hemos participado en la dilucidación de las aristas al respecto (la sección incluye un artículo mío) debemos procurar que las anotaciones antropológicas construidas individual y pluralmente sean pertinentes y actualizadas en las políticas públicas y la planificación municipal.  

   Recomendamos encarecidamente la lectura de Entre montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas. La rigurosidad académica y metodológica del estudio realizado convoca a socializarlo, de modo que rebase las afinidades personales, apele al análisis documentado, fomente la discusión de ideas diferentes y amplíe los horizontes de la comunidad jardineña.



[1] Jonatan Echeverri Zuluaga y otros (2026), Entre montañas e historias se hace el Jardín: miradas etnográficas, Medellín: Páramo Editorial.

[2] Ibid., 57.

29 abril 2026



 












“A todos nos llega la radio”

 

Martín Cruz Santos

 

"La radio afecta a la gente de una forma muy íntima, de tú a tú,
y ofrece todo un mundo de comunicación silenciosa
 entre el escritor-locutor y el oyente". 

 
Herbert Marshall McLuhan (1911-1980),
 filósofo y sociólogo de la comunicación 


 

A la memoria de Ramón Cruz Santos (1947-1987), mi hermano mayor, apasionado por la radio.

      El eslogan “A todos nos llega la radio” fue parte de una campaña publicitaria desarrollada por la Asociación de Radiodifusores de Puerto Rico[1] a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente, si mal no recuerdo. La misión institucional de promover la radio y su influencia social enfrentaba la competencia de la televisión. Fluían tiempos cuando la búsqueda de reafirmar el alcance masivo de este medio auditivo, que, por su accesibilidad universal cumple una función social importantísima, ameritaba intensificar la difusión de sus fortalezas históricas. Celebrar en mayo el mes de la radio constituyó un aspecto de la agenda.  En la Isla, como en otros lugares de América y el mundo, es indudable el carácter comunicacional gracias a la capacidad de informar, interactuar, educar y entretener en tiempo real a los radioescuchas de diversos espacios geográficos, culturales y socioeconómicos.

    La emisora pionera en mi lar nativo, WKAQ-AM, comenzó a transmitir el 3 de diciembre de 1922.[2] Nací cuarenta años después y crecí escuchando la programación radial del decenio y posterior a 1970. Cito lo dicho al respecto en otra de mis reflexiones:

“A finales de los sesentas, la radio era el medio de comunicación que utilizábamos en nuestra casa y en las de la mayoría de los vecinos. La televisión comenzó en Puerto Rico en otro marzo, el de 1954, pero, en los barrios pobres de los municipios rurales de la Cordillera Central, en uno de los cuales vivíamos, la señal tardó en recibirse, más por la carencia de recursos económicos para comprar un aparato televisivo que por la disponibilidad tecnológica de la transmisión y la oferta comercial de la novedosa pantalla de imágenes en movimiento.”[3]

La radiofonía es alcanzable, gratuita, creíble, de recepción sonora y estimulante para la imaginación. Tanto que sonaban familiares las voces de locutores con dicción impecable que notificaban sucesos al nacer el día. La diversión llegaba en el meridiano acompañada por comedias y variedades. Para mis padres, el informe meteorológico era sagrado, particularmente, en la temporada de huracanes en el Caribe (1 de junio al 30 de noviembre). No faltaban las radionovelas, algunas creadas por literatos puertorriqueños, cuyos personajes visualizamos a través de imágenes acústicas. Claro está, también recibíamos programas de distintos países, como el Radio periódico El Espectador (Colombia), México Canta para Puerto Rico (México) y Mi tío Juan, un hombre fuera de serie (esta última producida por el Servicio Radiofónico para América Latina (SERPAL), entre otros.

   La apreciación musical primera la aprendimos a distancia. Un aparato transistor coadyuvó a moldear y ampliar los gustos estéticos de muchos que, incluso, soñábamos con interpretar algún instrumento o cantar. Las ondas radiales trajeron la Salsa reciente, pero también sus ingredientes cubanos previos: el son montuno, la rumba (especialmente, el guaguancó), la guaracha, el mambo y el cha-cha-cha. Asimismo, la bomba y la plena de la Isla del Encanto. Las emisoras emitían boleros, baladas, soul, jazz y el rock de Carlos Santana y su guitarra mágica. Disfrutamos, además, de la instrumentalidad clásica, porque había segmentos dedicados no solo a la música popular.

   Agradezco a quienes dedican su vida entusiasta a la locución y complacen las peticiones de los radio oyentes. Recuerdo que, en el caso que nos ocupa, apelaban mayormente a canciones específicas y saludos para los seres queridos. Cuántas veces nos enteramos de la enfermedad o defunción de más de uno por un parte radial. Y, cómo olvidar los anuncios comerciales de los establecimientos locales que avisaban sobre los productos recién llegados o alguna vacante de empleo. Identificábamos vocablo y persona, novedad y hecho, resonancia y articulación de pensamientos, en fin, la radio con un mundo de posibilidades.

   Ramón, a quien dedico estos apuntes, inventaba un estudio donde ensayar con una grabadora portátil que adquirió tras cursar por correspondencia un curso de expresión oral. Aquel precedente de la educación en línea ofrecía algunas oportunidades, que, de otro modo, eran inasequibles para jóvenes pobres. Le gustaba grabar mensajes, sintonizar señales de amplitud modulada (AM) y frecuencia modulada (FM), deleitarse con la música y analizar las opiniones vertidas sobre temas políticos.

     En ese ámbito, después de su muerte, seguí los pasos de él e incursioné en proyectos específicos de comunicación social. Al principio, sentí afición por la onda corta antes que conectará la radio en internet (radio online). Resultaba maravilloso captar transmisiones internacionales. Más tarde colaboré con algunas estaciones, públicas o comerciales, hasta que, junto a un grupo de colegas universitarios, creamos Pulso Metropolitano, una iniciativa virtual de la Escuela de Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicaciones de la Universidad Metropolitana, hoy Universidad Ana G. Méndez, con sede en San Juan, Puerto Rico. Junto a la práctica docente, esos fueron los antecedentes de Conversaciones con Martín Cruz Santos, el podcast originado en un canal de YouTube (@MCRUZSA) para comunicar contenidos que propicien encuentros socioculturales y conversar sobre temas contemporáneos; y, recientemente, Ruta Cultural, servicio público y no promocional dedicado a difundir información pertinente a proyectos y actividades culturales de Jardín y el suroeste antioqueño, que es transmitido por Ondas de Jardín, la radio de la Villa Encantada (96.5 FM y en internet: ondasdejardin.com.co, y el canal de Conversaciones).

     A mi juicio, lejos de perder vigencia a causa de las plataformas digitales cambiantes vertiginosamente, la radio ha amplificado la cobertura y transformado los formatos tradicionales mediante el streaming y el podcast. Integrar las redes sociales a la estructura de interactividad ha redundado en la diversificación de la audiencia. Evidencia su evolución adaptándose a una presencia actualizada, coherente y capaz de responder a las necesidades y los retos de las comunidades. A todos nos llega la radio, queda demostrado en mis Reflexiones desde el Jardín.

 

 



[1] Es una organización sin fines de lucro que agrupa a las emisoras de radio del archipiélago puertorriqueño desde el año 1947, cuando fue fundada.

[3] Martín Cruz Santos, Vietnam: memorias de una guerra 50 años después, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2025/10/foto-de-eddie-adam-associated-press.html