29 abril 2026



 












“A todos nos llega la radio”

 

Martín Cruz Santos

 

"La radio afecta a la gente de una forma muy íntima, de tú a tú,
y ofrece todo un mundo de comunicación silenciosa
 entre el escritor-locutor y el oyente". 

 
Herbert Marshall McLuhan (1911-1980),
 filósofo y sociólogo de la comunicación 


 

A la memoria de Ramón Cruz Santos (1947-1987), mi hermano mayor, apasionado por la radio.

      El eslogan “A todos nos llega la radio” fue parte de una campaña publicitaria desarrollada por la Asociación de Radiodifusores de Puerto Rico[1] a finales de la década de 1970 y principios de la siguiente, si mal no recuerdo. La misión institucional de promover la radio y su influencia social enfrentaba la competencia de la televisión. Fluían tiempos cuando la búsqueda de reafirmar el alcance masivo de este medio auditivo, que, por su accesibilidad universal cumple una función social importantísima, ameritaba intensificar la difusión de sus fortalezas históricas. Celebrar en mayo el mes de la radio constituyó un aspecto de la agenda.  En la Isla, como en otros lugares de América y el mundo, es indudable el carácter comunicacional gracias a la capacidad de informar, interactuar, educar y entretener en tiempo real a los radioescuchas de diversos espacios geográficos, culturales y socioeconómicos.

    La emisora pionera en mi lar nativo, WKAQ-AM, comenzó a transmitir el 3 de diciembre de 1922.[2] Nací cuarenta años después y crecí escuchando la programación radial del decenio y posterior a 1970. Cito lo dicho al respecto en otra de mis reflexiones:

“A finales de los sesentas, la radio era el medio de comunicación que utilizábamos en nuestra casa y en las de la mayoría de los vecinos. La televisión comenzó en Puerto Rico en otro marzo, el de 1954, pero, en los barrios pobres de los municipios rurales de la Cordillera Central, en uno de los cuales vivíamos, la señal tardó en recibirse, más por la carencia de recursos económicos para comprar un aparato televisivo que por la disponibilidad tecnológica de la transmisión y la oferta comercial de la novedosa pantalla de imágenes en movimiento.”[3]

La radiofonía es alcanzable, gratuita, creíble, de recepción sonora y estimulante para la imaginación. Tanto que sonaban familiares las voces de locutores con dicción impecable que notificaban sucesos al nacer el día. La diversión llegaba en el meridiano acompañada por comedias y variedades. Para mis padres, el informe meteorológico era sagrado, particularmente, en la temporada de huracanes en el Caribe (1 de junio al 30 de noviembre). No faltaban las radionovelas, algunas creadas por literatos puertorriqueños, cuyos personajes visualizamos a través de imágenes acústicas. Claro está, también recibíamos programas de distintos países, como el Radio periódico El Espectador (Colombia), México Canta para Puerto Rico (México) y Mi tío Juan, un hombre fuera de serie (esta última producida por el Servicio Radiofónico para América Latina (SERPAL), entre otros.

   La apreciación musical primera la aprendimos a distancia. Un aparato transistor coadyuvó a moldear y ampliar los gustos estéticos de muchos que, incluso, soñábamos con interpretar algún instrumento o cantar. Las ondas radiales trajeron la Salsa reciente, pero también sus ingredientes cubanos previos: el son montuno, la rumba (especialmente, el guaguancó), la guaracha, el mambo y el cha-cha-cha. Asimismo, la bomba y la plena de la Isla del Encanto. Las emisoras emitían boleros, baladas, soul, jazz y el rock de Carlos Santana y su guitarra mágica. Disfrutamos, además, de la instrumentalidad clásica, porque había segmentos dedicados no solo a la música popular.

   Agradezco a quienes dedican su vida entusiasta a la locución y complacen las peticiones de los radio oyentes. Recuerdo que, en el caso que nos ocupa, apelaban mayormente a canciones específicas y saludos para los seres queridos. Cuántas veces nos enteramos de la enfermedad o defunción de más de uno por un parte radial. Y, cómo olvidar los anuncios comerciales de los establecimientos locales que avisaban sobre los productos recién llegados o alguna vacante de empleo. Identificábamos vocablo y persona, novedad y hecho, resonancia y articulación de pensamientos, en fin, la radio con un mundo de posibilidades.

   Ramón, a quien dedico estos apuntes, inventaba un estudio donde ensayar con una grabadora portátil que adquirió tras cursar por correspondencia un curso de expresión oral. Aquel precedente de la educación en línea ofrecía algunas oportunidades, que, de otro modo, eran inasequibles para jóvenes pobres. Le gustaba grabar mensajes, sintonizar señales de amplitud modulada (AM) y frecuencia modulada (FM), deleitarse con la música y analizar las opiniones vertidas sobre temas políticos.

     En ese ámbito, después de su muerte, seguí los pasos de él e incursioné en proyectos específicos de comunicación social. Al principio, sentí afición por la onda corta antes que conectará la radio en internet (radio online). Resultaba maravilloso captar transmisiones internacionales. Más tarde colaboré con algunas estaciones, públicas o comerciales, hasta que, junto a un grupo de colegas universitarios, creamos Pulso Metropolitano, una iniciativa virtual de la Escuela de Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicaciones de la Universidad Metropolitana, hoy Universidad Ana G. Méndez, con sede en San Juan, Puerto Rico. Junto a la práctica docente, esos fueron los antecedentes de Conversaciones con Martín Cruz Santos, el podcast originado en un canal de YouTube (@MCRUZSA) para comunicar contenidos que propicien encuentros socioculturales y conversar sobre temas contemporáneos; y, recientemente, Ruta Cultural, servicio público y no promocional dedicado a difundir información pertinente a proyectos y actividades culturales de Jardín y el suroeste antioqueño, que es transmitido por Ondas de Jardín, la radio de la Villa Encantada (96.5 FM y en internet: ondasdejardin.com.co, y el canal de Conversaciones).

     A mi juicio, lejos de perder vigencia a causa de las plataformas digitales cambiantes vertiginosamente, la radio ha amplificado la cobertura y transformado los formatos tradicionales mediante el streaming y el podcast. Integrar las redes sociales a la estructura de interactividad ha redundado en la diversificación de la audiencia. Evidencia su evolución adaptándose a una presencia actualizada, coherente y capaz de responder a las necesidades y los retos de las comunidades. A todos nos llega la radio, queda demostrado en mis Reflexiones desde el Jardín.

 

 



[1] Es una organización sin fines de lucro que agrupa a las emisoras de radio del archipiélago puertorriqueño desde el año 1947, cuando fue fundada.

[3] Martín Cruz Santos, Vietnam: memorias de una guerra 50 años después, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2025/10/foto-de-eddie-adam-associated-press.html

 





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