02 abril 2024


 

Cooperativas de vivienda: sus posibilidades

Martín Cruz Santos

     Continuamos la reflexión en torno a la escasez de vivienda, tema abordado en nuestros escritos previos[1]. No debe causar redundancia, dado que el fenómeno afecta gravemente a quienes dedican esfuerzos ingentes con el propósito de hallar “una casa o un apartamento disponible para ser arrendado a largo plazo”[2]. Asimismo, no basta con describir, analizar y denunciar tal realidad. Es imprescindible aportar perspectivas distintas y soluciones viables. Por tanto, proponemos una aproximación a la cuestión de las cooperativas de vivienda y sus posibilidades frente a un problema ascendente y contrario a un derecho, que “posee carácter internacional desde el momento cuando fue reconocido como parte del derecho a un nivel de vida adecuado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948”[3].

    Encontrar el espacio apropiado para habitarlo dignamente, aunque concierna a una actividad privada, es un asunto cuyas repercusiones son colectivas. Como seres humanos y sociales podemos y solemos aunar voluntades tendentes incluso a la sobrevivencia en última instancia. Mientras pretendamos resolver la insuficiencia de casas atribuyendo a cada cual la responsabilidad de proveérsela, despojamos de una de sus funciones al Estado y la organización comunitaria. Los proyectos gubernamentales para la construcción de residencias de interés social coadyuban a aliviar la situación. No obstante, en ocasiones los trámites burocráticos y financieros, con el perjuicio de la corrupción, entorpecen las metas cifradas. La respuesta ciudadana de resignarse y esperar pasivamente o sacrificarlo todo, incluido el endeudamiento indebido, como en una especie de inmolación salvífica de corte individualista es inoperante. Por el contrario, la eficacia en el actuar conlleva activar la organización y autogestión vecinal, porque la unidad de intenciones bien orquestada abona a la satisfacción de las necesidades primordiales del gremio.  

     Sabemos que la historia del cooperativismo evidencia haber fomentado la ayuda mutua al procurar soluciones para los dilemas comunes. Es “un método de organización socioeconómica por grupos que siguen los principios de la cooperación adaptados a su propia realidad”[4]. Los diversos modelos de cooperativas construidos desde el siglo XIX hasta el presente han sido creados para mejorar y, en lo posible, transformar las vidas de sus socios en su contexto histórico. Contribuyen al desarrollo social, económico, político y cultural a través de la cooperación voluntaria, coherente y determinada de quienes optan por este medio.

    Converger y solucionar, de eso se trata. Cuando numerosas personas están aquejadas por un mismo rompecabezas, ¿por qué no intentar unirse para descubrir cuáles son las piezas que faltan y colocarlas donde van? La complementariedad de los caracteres humanos y culturales vinculados en la diversidad es mayor que la complejidad del inconveniente a superar. Dentro del cooperativismo, las cooperativas de vivienda fungen como entidades sin fines de lucro que atienden el objeto de reflexión planteado. Es decir, la alianza con el fin de adquirir las viviendas anheladas. Este tipo de sociedad participativa establece el énfasis en los integrantes, no en el capital lucrativo. Participar en los roles de miembros y dueños favorece alcanzar las mejores condiciones de calidad y precios acorde al poder económico conjugado.  Recordemos que es prioritario el bien común.

   Los objetivos generales de las cooperativas de viviendas procuran garantizar el acceso a la habitación meritoria y asequible[5]. En comparación con los costos en el mercado inmobiliario e hipotecario, las unidades se adquieren por un precio menor. Los planes de pago son adaptados a la capacidad presupuestaria de los afiliados tomando en consideración la salud fiscal de la entidad grupal. Además, las decisiones compartidas y apoyadas categóricamente condicionan e impiden la especulación tan frecuente hoy día. En fin, el valor ulterior es “generar proyectos de vida fundamentados en principios como la solidaridad, vecindad, ayuda mutua, autogestión y propiedad colectiva”[6]. 

     Es importante acotar que la decisión en cuanto al modo cooperativo de vivienda depende de las fortalezas, las carencias, los intereses y las finalidades de copartícipes. La compra terrenos, edificaciones independientes o apartamentos en edificios multifamiliares; la existencia de zonas públicas y áreas recreativas para la convivencia, entre otros, son aspectos a considerar. Sin embargo, aunque organizar y colaborar figuran tareas arduas y de navegación contracorriente en las sociedades abocadas al egoísmo y el afán de las ganancias, subordinar los derechos ciudadanos al segundo eje aumenta la gentrificación[7] y el desplazamiento. Por supuesto que la opción esbozada no es la única salida. Solo añadimos una línea de acción en aras de la consecución de un sitio habitado y hogareño que merecemos todos. Sirva como incitación a vislumbrar horizontes de justicia e igualdad. De paso, validamos que el derecho no ejercido es conculcado. Por el momento, emito estas opiniones en mis Reflexiones desde El Jardín.  

    

   

    



[1] Véase la reflexión titulada Escasez de vivienda, ¿por qué? Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html

[2] La expresión es tomada de mi reflexión que lleva por título De la gentrificación y turistificación a la xenofobia y la insolidaridad. Disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/de-la-gentrificacion-y-turistificacion.html

[3] Escasez de vivienda, ¿por qué?

[4] Asociación Colombiana de Cooperativas, Historia del cooperativismo mundial. Disponible en: https://ascoop.coop/historia-del-cooperativismo-mundial/

[5] Recomendamos consultar la fuente siguiente: Lydia Mabel Castillo Sanabria, Cooperativas de vivienda o cohousing: ¿una figura viable en Colombia? Disponible en:

https://www.notinetlegal.com/cooperativas-de-vivienda-o-cohousing-una-figura-viable-en-colombia-621.html

[6] Ibid.

[7] Martín Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el Jardín, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html

01 marzo 2024


La ética otra vez

  Martín Cruz Santos

    Hay temas que no escapan de mi agenda reflexiva. Están presentes reiteradamente y emergen porque son consustanciales a mi pensamiento filosófico.[1] Considero que durante la carrera académica de tres décadas que llevé a cabo, la enseñanza y el aprendizaje del componente ético resultó ser lo más gratificante. Tanto que aún después de la vida universitaria continúo auscultando sus vertientes posibles.[2] Máxime dadas las aristas concernientes a la convivencia social que debemos construir históricamente.

    No fueron escazas las ocasiones cuando tocó definir las perspectivas del quehacer ético que proponemos, ya que existen tergiversaciones que confunden la reflexión filosófica de la conducta moral, que es la ética, con el afán moralizante de raigambre ideológico religioso en boga.  Categóricamente dicho, ética es la parte más práctica de la filosofía[3] y atañe sólo a los humanos y sus relaciones con el entorno cultural, entiéndase social, político, económico y ecológico. Como vemos, abarca bastante. Somos seres morales en cuanto al cohabitar en grupos sociales propensos a erigir valoraciones y regulaciones normativas para interactuar. Las normas indican lo que debe ser, según lo interiorizan los afiliados a una colectividad. De ahí que hablemos de moralidad definida como hechos apropiados de los individuos conformes a la moral establecida.  Vivir y hacer el bien, lo bueno en el sentido moral, es el objetivo ulterior. Pero, ¿cuáles son los intereses que subyacen a un andamiaje moral?[4]   Ahí radica, a mi juicio, la médula del problema.

    Todo entramado social contiene un follaje moral que configura los actos libres de los miembros del conjunto. Teóricamente, la vida consciente manifestada en valores y costumbres arraigados configuran el “ethos” (modo de ser o carácter adquirido), o como decía Aristóteles, “una segunda naturaleza”.  Sí, segunda, porque el animal ético es creador de cultura para complementar imaginariamente su primera naturaleza, la biológica, orgánica y corpórea. Con el saber teórico y práctico adjudicable al juicio ético se pretende abonar a la coexistencia mediante consensos mínimos que rigen las relaciones de poder entre los individuos.

     Hay dos componentes sobresalientes que acompañan el constructo abordado. Son los cimientos psicológicos y sociológicos. Las experiencias culturales devienen a partir de la combinación dinámica bio-psico-social. Por ende, la eticidad de las acciones racionales, optativas, libres y responsables está asociada a principios y normas afectadas por interferencias complejas.  El énfasis ético que subrayamos haya su espacio en la problematización de la actividad decidida, y no mecánicamente determinada, con secuelas en la vida comunal. Por ejemplo, no debe afectar a alguien que yo decida ir de caminata por las rutas públicas de las veredas de Jardín, Antioquia, municipio colombiano donde resido; pero si la decisión es irme sin avisar y evadir adrede un compromiso prioritario contraído con otras personas, sí hay consecuencias morales, pues estaría faltando a la responsabilidad emanada de una decisión potestativamente consensuada. Segundo caso: que alguien respire dentro de un salón cerrado es un acto biológico o fisiológico, no afecta moralmente; pero que alguien inhale o exhale humo de cigarrillos en la misma habitación no sólo tiene consecuencias adversas para la salud de fumadores activos y pasivos, sino que, asimismo, comporta efectos morales, por ser contrario a las normas y causante de daños.

   Las dos muestras anteriores son básicas. No obstante, las interrelaciones también pueden ser conflictivas en mayor grado. Consideremos la violencia y sus variantes (interpersonal, psicológica, física, de género, política, armada, bélica, entre otras). Quien ejerce el uso de la fuerza agresiva para someter o defenderse del sometimiento aduce razones con matices morales justificadas con argumentaciones[5] y basadas en una visión ideológica que implica “un conjunto de significados y valores que codifican ciertos intereses relevantes para el poder social”.[6] A ese ideario pertenece el asunto moral que atiende el saber ético. Es importante acotar que la complejidad de cualquier ideología, y su conflictividad implícita, arrastra a los actores a la renegociación moral constante entre las partes a pesar de las trincheras supuestamente inalterables de sus puntos de referencia.

     Ciertamente, la ética propicia edificar conocimientos teóricos clarificadores del ejercicio moral. Teóricos, porque acarrean el estudio concienzudo de una cuestión con el debido proceder sistemático, metodológico, indagador y en búsqueda de entendimientos certeros que arrojen luz a la realidad social próxima. En ese marco, no evade la esfera comunitaria que clama por acuerdos auténticos para su transformación; por tanto, la experiencia acumulada por la actividad ética genera procesos de análisis y exploración de interpretaciones de los obstáculos que aquejan el desarrollo de un pueblo, y convergencias entre los diferentes agentes que trabajan por el bien común.  

      Reiteramos, que la ética enfoque la moral, su objeto de investigación, no la convierte en auxiliar de moralismos ni monsergas fundamentalistas.  El desafío estriba en demostrar por qué una sociedad considera un acto bueno o malo, moral o inmoral, en determinado contexto. No es para justificar convencionalismos e imponerlos culturalmente divinizándolos o adjudicándoles sitiales universales e inapelables. La ética analiza los patrones de conducta moral (valores morales, ángulos morales de problemas sociales, políticos y económicos, entre otros). No predica ni prescribe normas. El afán inquisidor y el oficio ético están reñidos. Claro, la explicación de los códigos, los valores y las prácticas vividas en una época, puede tener repercusiones en la comprensión de lo que somos, estamos siendo y pretendemos ser.

     El núcleo del raciocinio ético es un valimiento audaz para encauzar los esfuerzos concertados en pro de alcanzar entendimientos fraguados al calor de proyectos que vislumbran un futuro justo y solidario. Hagamos que surjan vías insospechadas, vertientes fluidas, transgresiones imprescindibles, en fin, aportes renovadores en tiempos discurridos entre verdades anquilosadas e innovaciones superfluas. Dicho sea, con voluntad ética, en mis Reflexiones desde El Jardín.  

   

  

 

 

 

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[1] Vida consciente, pensamiento y filosofía constituyen una trilogía inseparable. Las dimensiones de esta afirmación fueron dialogadas con el filósofo y educador colombiano, el doctor Renier Castellanos Meneses, en mi podcast Conversaciones con Martín Cruz Santos el 24 de mayo de 2022. Disponible en: https://www.youtube.com/live/kX1VqUGSoHI?si=xZS3LNGqbyPyOo9H

[2] En diciembre de 2023 publiqué por este medio una reflexión titulada Defensa ética del ocio. Pueden acceder a su lectura en el enlace siguiente:  https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/12/defensa-etica-del-ocio-martin-cruz.html

[3] Recuerdo siempre que mi primer profesor de ética en la universidad fue el doctor Carlos Rojas Osorio, un colombiano quien reside en Puerto Rico desde hace décadas. Posteriormente fuimos colegas. Considero que es un filósofo, investigador que ha aportado grandemente al desarrollo humanístico de la educación universitaria.  Para quienes se inician en el estudio de la filosofía, recomiendo el libro siguiente: Carlos Rojas Osorio, (2010), La filosofía: sus transformaciones en el tiempo, San Juan: Isla Negra Editores. 

[4] Ética es filosofía, por tanto, formula preguntas para ahondar en el porqué de su objeto de estudio. Son preguntas vitales que atienden incluso la cotidianidad. Al respecto recomiendo dos lecturas de un mismo autor: Fernando Savater, (2008), Las preguntas de la vida, Barcelona: Editorial Ariel; _______ (1991), Ética para Amador, Barcelona: Editorial Ariel, S.A. Asimismo, es recomendable la lectura de un clásico:  Arthur Shopenhauer, (edición de 2010), Los dos problemas fundamentales de la ética. Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A.

[5] Recomiendo la lectura siguiente: Jorge Orlando Melo, (2021), Colombia: las razones de la guerra. Las justificaciones de la violencia en la historia del País y el fracaso de la lucha armada, Colombia: Crítica.

[6] Terry Eagleton, (2005), Ideología: una introducción, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica, S.A., 25.

 

15 febrero 2024

 










De la gentrificación y turistificación
a la xenofobia y la insolidaridad

 

Martín Cruz Santos

    El abordaje de temas acuciantes conlleva otear sus ángulos insospechados u obviados. La urgencia no debe ser razón para desdeñar las miradas complejas, detenidas y decididamente críticas. Que en nuestros entornos urbanos y los rurales observemos más rótulos “hoteleros” y menos avisos de alquiler o arrendamiento temporero; incrementos estratosféricos en los precios de las viviendas y la escasez aguda en la disponibilidad de los alquileres, con el agravante de la inflación en el costo de la vida, abona a la necesidad imperiosa de reflexionar, investigar y buscar soluciones a los problemas sociales que degradan la vida. Cuando en agosto del año 2023 publicamos y compartimos la reflexión titulada Gentrificación urbana y rural[1] apenas comenzábamos a dilucidar las implicaciones de este fenómeno cuya manifestación evidenciable es la escasez de vivienda, aspecto planteado en un escrito posterior.[2] Lamentablemente, hay dimensiones del asunto que enervan incluso las energías para encontrar un lugar digno para morar.

     Recientemente me ha conmovido la angustia de personas cercanas a mis afectos. La razón principal de sus pesares es no hallar una casa o un apartamento disponible para ser arrendado a largo plazo. En los casos varios encontramos un común denominador: caseros que solicitan al inquilino la entrega del inmueble alquilado para posteriormente dedicarlo al negocio turístico tipo Airbnb o su facsímil razonable. Además, está presente la especulación inmobiliaria: espacios limitados con precios limitantes por excluyentes. Esto incluye los locales comerciales. La gentrificación en todo su apogeo causa el desplazamiento de los vecinos habituales y viene asociada con la turistificación, ese flujo continuo de turistas ávidos por disfrutar del lugar donde otros viven o sobreviven. Incrementa entonces el valor de la propiedad para la compra y el arriendo.[3]  

     Una de las soluciones esgrimida, principalmente, por los intereses empresariales es dejar al mercado la regulación de la oferta y la demanda habitacional. Según ese axioma pretendido, todo se resolverá mediante la inexorable acción de la mano invisible del capital. Adviértase la posición implícita de vaciar la responsabilidad del Estado y despojar al ciudadano económicamente vulnerable de su derecho a habitar un hogar. Fuera risible, de no ser un cinismo, que aprovechar el auge turístico para alquilar hasta el baño de la casa propia con fines de lucro llegue a considerarse un emprendimiento laudable.

    El abigarramiento de la cuestión es tal que exige la planificación gubernamental con la debida participación ciudadana. Apremia la atención inmediata, porque para luego será tarde, de los sectores involucrados, que abarca, pero no se limita, a los ciudadanos, los gobiernos, las empresas y los centros de investigación. De lo contrario, el turismo insostenible y el abuso contra el consumidor deteriorarán la convivencia comunitaria irremediablemente hasta conculcar el carácter inalienable del derecho humano a un nivel de vida adecuado.[4]

   Si suena apocalíptico el augurio, expongo algunas consecuencias severas de la situación reflexionada. Desviar la atención de las causas es una estrategia mediática e ideológica. En la ausencia de la discusión pública y la educación consecuente para fomentar la comprensión de un mal con muchos aquejados, prevalece el sálvese quien pueda del individualismo consumista. La legitimidad justa de poseer una vivienda es desvirtuada por la ilusión del privilegio lucrativo. Que alguien no encuentre dónde vivir es su problema y allá el gobierno que lo resuelva, si acaso. Mientras tanto, quien atesore el mínimo metro cuadrado de tierra o habitación, que obtenga el mayor provecho económico posible rentando y vendiendo como si viviéramos en Dubái y generáramos los ingresos de los jeques petroleros.

     ¿Cuáles son las causas de la gentrificación y la turistificación? A juzgar por una narrativa tendenciosa expandida como el fuego, es debido a la presencia de los extranjeros como categoría monolítica, es decir, sin una caracterización plural del emigrado. El relato no considera auscultar el contexto histórico próximo y el remoto o internacional ni quiénes son los protagonistas sistémicos de las dinámicas del poder financiero que habilita la gentrificación (inmobiliarios, bancarios, hipotecarios, inversionistas, gobiernos, entre otros). Ciertamente, a los destinos turísticos atractivos por sus encantos naturales y culturales arriban viajeros adinerados de diversos países -que constituyen la minoría de los visitantes- dispuestos a invertir, pero, con la venia de los socios locales y las autoridades pertinentes. El riesgo de ese discurso ambiguo es la xenofobia y los sentimientos antinmigrantes institucionalizados. La construcción de prejuicios empeora las circunstancias, debilita las oportunidades de cohabitación y promueve la fragmentación social. Conste que soy un inmigrante legal en Colombia, casado con una nacional colombiana, y que no llegamos al sur con el norte puesto en el enriquecimiento.

     La desintegración colectiva ahoga el apoyo mutuo y favorece la insolidaridad. Ante la carencia de vivienda asequible, ser indiferentes, porque no somos afectados directamente, conduce a mermar el desarrollo de un pueblo. Sin cooperación solidaria puede aumentar la edificación individual junto con la disminución del tejido general. Si mi vecino no encuentra casa para residir durante un periodo de tiempo extenso, porque la variedad de apartamentos de alquiler a corto intervalo ha multiplicado con creces, es una tendencia que tarde o temprano acabará por arroparnos, si no actuamos para evitarlo. A menos que hayamos introyectado moralmente la lógica del mercado y aceptemos la inevitabilidad del “progreso” futuro sin vecindario.

  Seamos solidarios. No basta con evocar actos de caridad donde la justicia es imprescindible. La gentrificación y la turistificación no han llegado para quedarse. Y si lo hacen es para apropiarse lucrativamente de las condiciones que posibilitan la coexistencia humana en grupos. Seguramente sería con la connivencia insolidaria de algunos. Es el momento propicio para formular y hacer valer categóricamente las políticas públicas concernientes, llevar a cabo una planeación urbana y rural articulada, construir proyectos de interés social, establecer alianzas cooperativas y fortalecer la voluntad política propulsora de cambios, por mencionar algunas tareas pendientes. Simultáneamente, aupemos una ética vecinal solidaria capaz de avivar el compromiso auténtico para darnos la mano y salir adelante. Continuaremos conversándolo en nuestras Reflexiones desde El Jardín.

    

 

 

 

 

 

    



[1] Martín Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el Jardín, disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html

[2] La publicación de nuestra reflexión al respecto llevó por título Escasez de vivienda, ¿Por qué? La fecha origina de la entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023.  Dada la importancia que le atribuimos, republicamos el artículo el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html

[3] Al respecto hay iniciativas académicas para la investigación y la búsqueda de soluciones adecuadas. Uno de ellos es reseñado en:  Análisis Académico Medellín, Iniciar el camino para enfrentar la gentrificación y la turistificación, disponible en:   https://www.eafit.edu.co/noticias/agenciadenoticias/2023/Iniciar-al-camino-para-la-gentrificacion-y-la-turistificacion#:~:text=La%20gentrificaci%C3%B3n%20%E2%80%94definida%20como%20un,el%20%C3%A1rea%20metropolitana%20del%20Aburr%C3%A1.

[4] El Artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y el 1.1 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966 reconocen este derecho.


07 febrero 2024


 
                                              Escasez de vivienda, ¿por qué?


* NOTA PREVIA IMPORTANTE

El 27 de agosto de 2023 publiqué en este medio la reflexión titulada Escasez de vivienda, ¿por qué? Igualmente fue publicada en la revista Cruce, de crítica sociocultural contemporánea.[1] Dada la urgencia de la discusión pública del tema tanto en mi país de origen, Puerto Rico, como también donde resido, Colombia, reitero la pertinencia del asunto republicando el artículo.

Invito a dialogar, investigar e insistir en las políticas públicas correspondientes y las acciones ciudadanas para buscar soluciones a una situación que considero harto apremiante.  


Martín Cruz Santos

      Constituye una preocupación considerable para una gran cantidad de habitantes del mundo. Encontrar un espacio de vivienda para habitarlo dignamente es un reto acuciante sin soluciones previsibles en las agendas gubernamentales, aunque con advertencias categóricas formuladas por organismos internacionales. El derecho a la vivienda posee carácter internacional desde el momento cuando fue reconocido como parte del derecho a un nivel de vida adecuado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Asimismo, ha sido ratificado en diversos tratados como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966)[2]. Acuerdos todos que implican compromisos para los países firmantes.  

    El panorama crítico actual de la escasez de vivienda vulnera el derecho planteado. Investigaciones llevadas a cabo por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) evidencian la expansión del problema mundialmente:1,000 millones de personas (el 20% de la población mundial) carece de una vivienda adecuada; 1,600 millones malviven en asentamientos informales, 100 millones de seres humanos no tienen donde vivir y las expectativas no son esperanzadoras: en 2030, la cantidad de “sujetos de derechos humanos” sin vivienda adecuada aumentará a 3,000 millones.[3]

   Sin duda alguna, es un asunto muy relevante y prioritario, porque, una vivienda, casa o apartamento no es solo la construcción de un espacio estructural, sino que configura un hábitat. Históricamente, dedicar un lugar para habitarlo significa que las paredes el techo y el piso posibilitan el ámbito interno donde sus ocupantes establecen relaciones humanas y sociales organizadas culturalmente y vinculadas con el entorno territorial próximo. Por tanto, la presencia de un déficit habitacional transgrede la dignidad de la vida humana, porque la falta de vivienda adecuada es causada por las carencias de poder que incluyen la precariedad impuesta por las condiciones de la desigualdad social y las limitaciones al desarrollo físico, emocional, educativo-cultural, económico y político. Que la vivienda escasee en una ciudad o en un país no es una cuestión meramente cuantitativa, tiene un componente cualitativo ineludible.

     Ahora bien, ¿por qué la escasez de vivienda adecuada? Para ensayar respuestas posibles a la interrogante, acojamos inicialmente un argumento de la citada ONU-Habitat:

“La vivienda representa más del 70% del uso del suelo en la mayoría de las ciudades y determina la forma y la densidad urbana, proporcionando también empleo y contribuyendo al crecimiento, sin embargo, su sentido facilitador ha fracasado y se ha convertido en un factor de desigualdad social y económico”[4].       

Según el ente internacional citado, la edificación de viviendas constituyó un renglón significativo del desarrollo económico, así como también, un medio para la promoción social hasta hace algunas décadas. Los Estados y sus gobiernos cumplían, en mayor o menor grado, su responsabilidad social protegiendo el derecho a la vivienda adecuada mediante políticas públicas y planes para el mejoramiento habitacional. Sin embargo:

“la vivienda se ha convertido en un factor de especulación motivado fundamentalmente por sectores inmobiliarios privados quienes han trabajado solamente bajo la lógica del rendimiento económico. En tal sentido se ha desregularizado el mercado y se ha debilitado el Estado”.[5]

He ahí el meollo del tema. La escasez de vivienda no responde únicamente a la merma en las construcciones por razones económicas y políticas particulares de cada país o la inflación postpandemia. Al igual que ocurre con el fenómeno de la gentrificación[6] que abordáramos en una reflexión previa, la desigualdad económica agrava la asequibilidad a la vivienda, resultante de la especulación inmobiliaria y su fin lucrativo desmedido.

     Debilitado el Estado en su responsabilidad social, el derecho a la vivienda adecuada ha dejado de ser una prioridad en los programas de gobierno. La institucionalidad funge como facilitadora de negocios rentables para el capital privado. No es novel la simbiosis entre el Estado y los intereses económicos dominantes, lo sabemos. Pero, es imperativo acotar que el protagonismo financiero del sector inmobiliario y otros actores lucrativamente interesados inciden determinantemente en las decisiones políticas que afectan a la mayoría de la población. Hay ejemplos muy claros: los cambios estratégicos en los planes de usos de suelos, las reclasificaciones en las áreas urbanas, las aprobaciones de proyectos de urbanización sin mayor rigor, las ambigüedades en los reglamentos, las desregulaciones y el abandono de la prioridad de la vivienda para alquiler a largo plazo en aras de favorecer los alquileres corto plazo con fines turísticos. Añádale otras practicas harto conocidas.

   Debemos considerar que existen agravantes que obstaculizan el acceso a la vivienda adecuada. Sea para la compra o el alquiler, los precios han aumentado más que los ingresos. La desigualdad salarial impide enfrentar tales incrementos, máxime, porque el gasto presupuestario familiar mayor suele ser el pago por la vivienda.  El acceso a los créditos hipotecarios es casi inalcanzable a juzgar por las altas tasas de intereses y los criterios de aprobación que requieren una estabilidad financiera fantasmagórica.

     No pasa desapercibida la realidad demográfica del envejecimiento de la población mundial,[7] en particular, en América Latina, cuyos pueblos claman por la justa planificación gubernamental dirigida a las necesidades particulares de la salud, seguridad y los cuidados especiales acorde a la llamada tercera edad. En tal caso, la disponibilidad de facilidades debe ser planificada tomando en consideración criterios de calidad de vida: asequibilidad o que esté al alcance económico posible de quien la necesita, habitabilidad en la infraestructura del espacio con los servicios de energéticos, de agua potable y sistema de alcantarillado, telefonía e internet, entre otros; accesibilidad, es decir, que se propicie el acceso a la misma y esté libre de barreras arquitectónicas, y la ubicación de la vivienda en contextos de adecuación cultural posibilitadores de la creatividad y el ocio recreativo.

     Coexiste junto a la proliferación de adultos mayores la disminución poblacional por las vías de la pérdida de habitantes que migran hacia otros países y la baja poblacional o menos nacimientos que defunciones. Formular políticas públicas que conjuguen la satisfacción de las diferentes necesidades sociales con los recursos económicos disponibles es tamaño reto imprescindible para afrontar. Es mandatorio reivindicar el derecho humano a la vivienda y elevarlo al rango constitucional del derecho civil con la debida implantación y fiscalización. Sin medidas eficaces contra la especulación, la corrupción y el apetito lucrativo voraz de los sectores financieros involucrados, la escasez de vivienda adecuada continuará siendo un mero rubro de negocios y oportunidades favorable a unos pocos privilegiados, pero, oneroso y perjudicial para los pobres y los grupos vulnerables. El asunto amerita transformaciones estructurales complejas en cualquier sociedad que pretenda ser justa y democrática.  

    Urge organizar proyectos sociales y comunitarios con la vivienda como un aspecto central de su agenda programática. Abordar el tema públicamente debe ser preeminente. Abrirlo a la discusión y el análisis crítico es parte del quehacer que promovemos en nuestras Reflexiones desde El Jardín.  

    

    

                                                     

    

     



[1] Cruce, revista de crítica socio-cultural contemporánea, Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Cupey, San Juan, Puerto Rico, edicion del 27 de noviembre de 2023, disponible en: https://issuu.com/revistacruce/docs/constelar_-_edicion_cruce_-_27_de_nov_2023

[2] ONU-Hábitat, El derecho a la vivienda adecuada, Folleto Formativo número 21/rev. 1, disponible en línea: https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Publications/FS21_rev_1_Housing_sp.pdf

[3] ONU-Hábitat, Vivienda inviable para la mayoría, disponible en línea: https://onuhabitat.org.mx/index.php/vivienda-inviable-para-la-mayoria

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Recomendamos la lectura de: Martín Cruz Santos, 2023, Gentrificación urbana y rural, disponible en línea: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html

[7] Recomiendo la lectura de una de mis Reflexiones desde El Jardín publicada recientemente: Martín Cruz Santos, 2023, Somos viejos, disponible en línea: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/07/somos-viejos-martin-cruz-santos-el.html