02 agosto 2026


 

“Vientos de mi autoexilio”[1]

 

Martín Cruz Santos


“…lo curioso, lo absurdo, es que, a pesar
de que aguardo mensajes y pregones
de todas las memorias y de todos
los puntos cardinales,
lo raro, lo increíble, es que a pesar
de mi desamparada expectativa,
no sé qué dice el viento del exilio”.

 

Mario Benedetti (1920-2009)

 

Vientos de la Provincia Oriental[2]

      Mario Benedetti era uruguayo, compatriota de Pepe Mujica (1935-2025).[3] Sus vidas transcurrieron entre resistencias políticas, aspiraciones ideológicas, clandestinidades, sobresaltos y amores. Al primero, plasmar sentimientos, metáforas y perspectivas del mundo le atrajeron el exilio y los galardones literarios; al segundo, la terquedad lúcida de pensar y actuar coherentemente para lograr una sociedad más justa y solidaria, lo llevó de la clandestinidad a la cárcel, y de la tortura a la lucha incansable hasta el último suspiro, después de servir al pueblo como presidente. Benedetti regresó a Uruguay con las cicatrices que dejó en su rostro el viento del exilio, que a Pepe no azotó, porque él sufrió otras penas tan dolorosas como el destierro.

Vientos del Chocó[4]

     Suelo deslumbrarme con los atardeceres que pintan el firmamento de tonos anaranjados. En el horizonte, frente a mi ventana, donde los Farallones del Citará[5] se levantan como murallas que anteceden el océano Pacífico, los colores del ocaso representan fuegos cansados al anochecer. Luego advienen relámpagos capaces de alumbrar la noche más oscura. Y qué decir de esas corrientes a chorro del Chocó. Son vientos que soplan desde el Pacífico hasta la cordillera Occidental de los Andes colombianos. Tan fuertes y ascendentes que al chocar contra los prominentes macizos rocosos riegan abundantes descargas de lluvia y refrescan los despeñaderos. Penetran con fuerza modificadora, no solo los caudales de los ríos, sino también los estados de ánimo de quienes habitamos el territorio campeando el autoexilio.

 

Vientos del Caribe

      En el Caribe, la mayoría de los vientos tormentosos provienen de la misma dirección que los alisios. Durante la temporada de huracanes, la brisa suave que transmuta en brusquedad puede ser un presagio. Entonces el Caribe geográfico y cultural, el cadencioso y musical, el isleño y antillano, el étnicamente diverso, el que lame las costas continentales, dibuja una tensa calma.

     Cuando se espera la llegada de un huracán, es parecido al diagnóstico fatal de la enfermedad terminal que padece un cuerpo. ¿Qué implica en el plano gubernamental? La prevención del desastre es proporcional a la voluntad política del Estado y la organización ciudadana. Tristemente, en nuestros países eso debe ser interpretado como una cuestión de tiempo inevitable o la “crónica de una muerte anunciada”. Por ejemplo, cuando en mi tierra natal, Puerto Rico, el gobierno de turno vocifera la preparación oficial adecuada frente al fenómeno atmosférico que se avecina, la reacción pública acarrea dos consignas: “sálvese quien pueda” o “solo el pueblo salva al pueblo”. Habiendo presenciado las consecuencias de ambas, trato de disminuir con el autoexilio el pavor que me causa la ruidosa velocidad destructiva de los vientos.

 

Vientos del norte

     Hay vientos preocupantes, deplorables e indignantes, porque no constituyen una masa natural de aire en la atmósfera. A diferencia de los ciclones, las ráfagas de esos vendavales son impulsadas por la codicia, el afán desmedido del poder y la hegemonía. Son ventarrones implacables. Soplan del norte hacia los puntos cardinales restantes, particularmente, el sur. Contienen la furia de los tornados y las trombas marinas. Arrasan todo a su alcance hasta el punto que la flora, la fauna y los recursos minerales insospechados quedan al descubierto para su extracción lucrativa inmediata. Conocemos el estruendo de las detonaciones que provocan; los truenos suenan como silbidos en comparación esos estallidos. Aquellos torbellinos insaciables someten, quiebran, matan y desparecen con la frialdad del mitológico Aquilón.  

   Causa lástima y rabia que el nivel de riesgo de los vientos del norte aumente con la convergencia interesada de los autóctonos. Unidos para depredar sin miramientos, aunque disfrazados de céfiros, trascienden las zonas intertropicales y empujan con el fin de inundar de miseria los empobrecidos tugurios donde habitar es sinónimo de sobrevivir a lo que el viento se llevó. No cabe duda: el remolino usurpador continuará despojando las riquezas allende las fronteras y reducirá las especies (incluida la humana) a la subordinación, la migración forzada y la muerte mientras a la inversa no insuflen tifones de intransigencia a ultranza. De lo contrario, el autoexilio no será una opción, porque ni siquiera habrá libertad para escogerlo.



[1] El título de este escrito alude a una obra de Mario Benedetti (1981), Viento del exilio, Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

[2] Provincia Oriental fue el nombre de la actual República Oriental del Uruguay desde su fundación en el año 1813 como parte de la Liga Federal y las Provincias Unidas del Río La Plata hasta la independencia en 1825.

[3] Recordemos que su nombre completo fue José Alberto Mujica Cordiano, y se destacó por haber sido un pensador prolífico, combatiente, político, floricultor y expresidente de Uruguay.

[4] Hago referencia departamento del Chocó, uno de los 32 departamentos de Colombia, cuya ciudad capital es Quibdó. Es reconocido, entre otros aspectos, por ser uno de los lugares de mayor precipitación pluvial en el Planeta.

[5] Los Farallones del Citará constituyen un impresionante complejo montañoso ubicado en la cordillera occidental de Los Andes colombianos. Al respecto, recomiendo la lectura de: Jorge Giraldo Ramírez (2022), Citará: la montaña, el hogar, Medellín: Editorial Grámmata.  Sobre la biodiversidad de los Farallones: https://farallonesdelcitara.bioexploradores.com/lugares/farallones-del-citara/

 


7 comentarios:

  1. Saludos Martín. Excelente escrito. Hoy en nuestra patria nos sentimos exiliado. Soportando los vientos del norte y los torbellino internos. Abrazos!

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  2. Martín, una de las imágenes que más me impactó de tu ensayo fue la metáfora de los “vientos del norte”. Me parece una construcción literaria muy poderosa porque transforma un punto cardinal en una fuerza histórica. El viento deja de ser un fenómeno natural para representar corrientes de poder, intereses e influencias que atraviesan fronteras y terminan moldeando el destino de los pueblos.

    Lo que más valoro es que la metáfora no se queda en señalar el origen de esos vientos, sino que reconoce que su fuerza también depende de quienes, desde dentro, les abren espacio. Ese matiz le da profundidad al texto y evita una lectura simplista de la historia. Al final, los vientos no solo describen un fenómeno externo; nos invitan a reflexionar sobre la responsabilidad humana frente a las fuerzas políticas, económicas e ideológicas que transforman nuestras sociedades.

    Considero que la metáfora de los vientos fue coherente y sostenida de principio a fin. Felicitaciones por un ensayo que logra combinar sensibilidad literaria con reflexión histórica.

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    1. Muchas gracias, Félix, por leer y comentar críticamente el escrito. Muy acertadas tus observaciones.

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  3. Oscar Alfredo Muñiz6 de agosto de 2026 a las 5:06

    Hablado del auto exilio me pregunto: Qué cicatrices dejarán los vientos del sur que hoy soplan desde el lejano Buenos Aires? (Malos Aires, debería decirse hoy)
    El encuentro con los vientos que hoy soplan del norte harán que el aire comience a girar, como si se retorciera formando una cizalladura del viento. Tendrá este mal encuentro la suficiente fuerza para atrapa ese giro y dar origen a un destructor tornado?

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  4. Oscar Alfredo Muñiz6 de agosto de 2026 a las 5:07

    Hablado del auto exilio me pregunto: Qué cicatrices dejarán los vientos del sur que hoy soplan desde el lejano Buenos Aires? (Malos Aires, debería decirse hoy)
    El encuentro con los vientos que hoy soplan del norte harán que el aire comience a girar, como si se retorciera formando una cizalladura del viento. Tendrá este mal encuentro la suficiente fuerza para atrapa ese giro y dar origen a un destructor tornado?

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  5. Ciertamente, amigo Óscar, el junte de los vientos de sur con los preponderantes que soplan del norte pueden causar tornados destructivos. No obstante, las resistencias pueden crecer como torbellinos y enfrentar el temporal. Esperamos el cambio de los malos aires para el mayor bien de la humanidad toda.

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