17 agosto 2023

                                    Foto de Jesús Colón tomada de: https://enciclopediapr.org/content/jesus-colon/



Cayey en la distancia o recordando a Jesús Colón

Martín Cruz Santos

 

     En los inicios del siglo XVIII la población de Puerto Rico apenas alcanzaba la cifra de 6,000 habitantes. La conquista y colonización de este territorio antillano produjo bajos niveles de poblamiento durante los dos siglos previos. No obstante, desde finales del siglo XVII el gobierno español, como parte de un programa de reformas coloniales, fomentó la inmigración, particularmente, de residentes de las Islas Canarias y de libertos provenientes de las islas del arco antillano que habían sido colonizadas por otras potencias europeas. Dicha política, además de la reducción de los brotes de epidemias y el aumento en los nacimientos, propició una mayor cantidad de pobladores. En 1776, cuando comenzaron a llevarse a cabo los censos anuales sistemáticos, el incremento poblacional contaba con 70,355 personas. Gobernaba la colonia hasta ese año el capitán general Miguel de Muesas desde el 1769.

   La fundación de los pueblos del archipiélago puertorriqueño fue paulatina y dependiente del vaivén demográfico y los intereses económicos y políticos. Los siglos XVI y XVII vieron el nacimiento de seis municipios; en el siglo XVIII se fundaron 29, entre ellos, Cayey, uno de los siete pueblos fundados durante la gobernación de Miguel de Muesas. Es el pueblo donde nací, crecí y retorné a residir en enero de 2022 tras treinta años de ausencia, para de ahí, después de año y medio, partir hacia Colombia, donde residimos mi esposa y yo.

     Comencé a redactar esta reflexión el 17 de agosto de 2023, el día cuando conmemoramos el 250 aniversario de la fundación de Cayey. Toda ausencia evoca presencias del pasado posibilitadoras de memorias históricas capaces de fundamentar las efemérides que celebramos. Los significados que construimos como parte de nuestros imaginarios colectivos cobran vida al fragor de las luchas ciudadanas para construir espacios de convivencia social. ¿Qué es la historia si no el quehacer humano a través del tiempo y en determinados espacios?

   Hay ausencias que los ausentes sentimos tal vez más que cuando habitábamos el lugar de los recuerdos. Entonces es imprescindible resaltar las memorias de otros que nos precedieron con sus distancias de la Ciudad del Torito. Tiempo atrás comentaba con mi amigo, compueblano y colega Luis Manuel Santiago Torres que estamos en deuda con el cayeyano Jesús Colón quien nació el 20 de enero de 1901 y durante su niñez emigró con su familia al Viejo San Juan, de donde se trasladaron a Nueva York en el 1917.  En este escrito quiero reproducir algunos fragmentos de un artículo que publiqué al respecto hace 11 años aproximadamente.[1] El propósito es contextualizar y actualizar la pertinencia del legado de Jesús Colón.

    ¿Quién fue Jesús Colón y por qué debemos recordarlo? Probablemente, su niñez en Cayey estampó en su vida un sello indeleble. Advino a su conciencia de clase social a edad temprana. Su aprendizaje inicial rebasó las paredes escolares y se adentró en los talleres donde desgastaban sus energías las trabajadoras y los trabajadores del tabaco:

“De niño comenzó a escuchar las crónicas de los tabacaleros y la lectura de textos clásicos de la literatura universal y la obrera socialista en su pueblo natal. En la adultez, pasó a ser un intelectual autodidacta y protagonista de las luchas comunitarias de la diáspora como organizador sindical, fundador de organizaciones cívicas y culturales, miembro del Partido Comunista y escritor prolífico desde la perspectiva de la clase obrera.[2] Pero, esencialmente, fue un cronista de la memoria histórica colectiva”.

Como no recordar también a otro cayeyano emigrado, Bernardo Vega, cuyas memorias fueron editadas por César Andreu Iglesias.[3] Ambos trabajadores compartieron los oficios de la industria del tabaco, los afanes de los obreros organizados y la vocación de cronistas de la comunidad puertorriqueña en Nueva York. Planteamos en nuestro escrito de 2012 citado la importancia de los textos que ambos legaron para comprender el quehacer histórico y cultural no solo de ellos, sino también de otras personas de nuestra diáspora neoyorquina. Son memorias personales que registraron el devenir de las identidades colectivas fraguadas con faenas memorables “para garantizar que algo ocurrió antes de que nos formásemos el recuerdo de ello”,[4] en palabras de Paul Ricoeur.

    El conocimiento logrado a tenor con la vida y la obra de Jesús Colón lo debemos, especialmente, al trabajo académico y de labor archivística e investigativa generado por el Centro de Estudios Puertorriqueños, Hunter College, que está disponible en los Archives of the Puertorican Diaspora.[5] Gracias a tales aportes del Centro tenemos a disposición las investigaciones “que ahondan en los significados explícitos e implícitos en las crónicas, y otros documentos, redactados tanto en inglés como en español, por épocas y siguiendo objetivos guiados por el compromiso con la comunidad inmigrante, en el caso de Jesús Colón, para demostrar así la intensa vida de los emigrados”.[6] Bernardo Vega y Jesús Colón abrieron espacios en una ciudad inhóspita para los inmigrantes. A partir de sus vivencias y las de la comunidad “vivieron y escribieron intensamente a partir de un activismo político siempre ligado al vecindario, la clase obrera, la marginalidad, la patria ausente no como un referente añorado y anquilosado en el recuerdo, sino como país todavía por hacer, y la construcción de un imaginario de la identidad puertorriqueña en suelo extraño.[7]

   Considero que es necesario auscultar la autoría prolífica de Jesús Colón desarrollada mediante publicaciones que transitan desde las crónicas iniciales de tendencia moralizante cuyos medios periodísticos fueron Gráfico, Vida Alegre (1931) y El Curioso (1934-35), los temas sociopolíticos, con la comunidad hispana como norte canalizados, ejemplificados en Pueblos Hispanos (1943-1944) y los estrechamente ligados con su pensamiento político sobre la independencia de Puerto Rico y su visión internacionalista obrera expuestos en Liberación (1946), The Daily Worker (1955-57), Mainstrean (1957-1959), The Worker (1958-68) y The Daily World (1968-74). Afortunadamente, los escritos están contenidos en las recopilaciones: The Way it Was and Other Writings[8], A Puerto Rican in New York and other Sketches[9] y “Lo que el pueblo me dice”[10].

    La historia de Cayey, como la de Puerto Rico en general, queda incompleta, con vacíos incomprensibles y silencios cómplices sin las narrativas historiográficas surgidas de las olas migratorias nuestras. Al conmemorarse los 250 años de aquel hato ganadero y de producción agrícola devenido en municipio bien hacemos con mirar detenidamente el pasado para comprender el presente y proyectarnos hacia el futuro. Propongo que insertemos en los proyectos conmemorativos a mediano y largo plazo el reconocimiento debido a Jesús Colón fallecido en New York el 14 de mayo de 1974 y sus cenizas esparcidas, de acuerdo con su voluntad, donde nace el Río la Plata en Cayey. Mínimamente, un espacio público de nuestro pueblo, que puede ser una calle, un edificio cultural o una escuela debe llevar el nombre del insigne cayeyano. Es el tiempo preciso, hagámoslo. A su memoria dedico estas letras que son parte de mis Reflexiones desde El Jardín.

 



[1] Martín Cruz Santos, Nueva York, memorias de otros. Cruce, revista de crítica socio-cultural contemporánea. Escuela de Ciencias Sociales, Humanidades y Comunicaciones. 17 de septiembre de 2012. Disponible en línea: https://www.revistacruce.com/node/464

[2] Ibid.

[3] César Andreu Iglesias (Editor), Memorias de Bernardo Vega: contribución a la historia de la comunidad puertorriqueña en Nueva York (Río Piedras: Ediciones Huracán, 1977).

[4] Paul Ricoeur, La memoria, la historia, el olvido (México: Fondo de Cultura Económica, 2008 [segunda edición en español]), 23.

[5] Hunter College, Center for Puerto Rican Studies, disponible en línea: https://centroarchives.hunter.cuny.edu/

[6] Martín Cruz Santos, ibid.

[7] Ibid.

[8] Jesús Colón, The Way it Was and Other Writings (Edited and introduced by Edna Acosta-Belén and Virginia Sánchez Korrol) (Houston: Arte Público Press, 1993).

[9] Jesús Colón, A Puertorican in New York and other Sketches (New York: International Publishers, 1961).

[10] Edwin Karli Padilla (editor), “Lo que el pueblo me dice…” (Houston: Arte Público: Press, 2001)


3 comentarios:

  1. Muy acertado este ensayo. No podemos dejar nuestra historia incompleta, con vacíos y mucho menos asumir complicidad silente. Se hace necesario continuar investigando sobre nuestra verdadera historia, sobre esa otra cara de lo nuestro. Completamente de acuerdo con que se reconozca a Jesús Colón,

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