18 diciembre 2023

 


Defensa ética del ocio

Martín Cruz Santos 

     En gran medida, las tres décadas[1] cuando me dediqué a la docencia universitaria en Puerto Rico estuvieron estrechamente vinculadas a la reflexión filosófica. Fueran cursos humanísticos, de pensamiento crítico, ética e historia, los planteamientos filosóficos eran inherentes. Los temas permeaban, asimismo, las conversaciones sostenidas con mis colegas. Recuerdo, especialmente, con afecto y respeto, los diálogos con el doctor Omar Ponce Rivera, investigador y educador quien ha destinado esfuerzos considerables y publicaciones al tema del ocio. Con él participé en un foro académico al respecto,[2]y, posteriormente, prolongamos la conversa mediante el podcast Conversaciones con Martín Cruz Santos.[3] Evidentemente, ha sido un asunto relevante.

   Retomemos la temática una vez más con el propósito de aportar algunos conocimientos para la consideración ética del ocio en la práctica cotidiana, esto es, a la luz de mis experiencias actuales, ya no como una adenda propuesta desde la academia. En el foro de 2021 aludido partía de la premisa que el contexto social donde ubicamos nuestras vidas empuja hacia la inmediatez del consumo de lo útil y materialmente productivo del tiempo valorado económicamente. Aseverábamos que en el campo educativo esto se traduce, desafortunadamente, en enseñar para las profesiones y estudiar para aprobar las evaluaciones y los cursos, no para la vida; conocer la disciplina u ocupación, pero sin énfasis en las responsabilidades personales y ciudadanas. En fin, evitar “filosofar”, ese desperdicio de la duración de las cosas.  Aprendimos, como dice el refrán, que “el ocio es la madre o el padre de todos los vicios”. Nos ha tocado desaprender. Es cierto que la insistencia estuvo cifrada en la vida universitaria, pero, hoy, en la fase de la jubilación otrora anhelada, reafirmo que el ocio puede ser creativo, contemplativo, recreativo, ética y estéticamente eficaz, por tanto, productivo. Pero, producir no en el sentido restringido que por definición el mundo laboral y económico le atribuye. En la continuidad de la construcción de mi existencia, el ocio implica la decisión responsable de aprehender las lecciones del camino.

     En Colombia, donde resido, como en Puerto Rico, mi país natal, es imprescindible reconsiderar la importancia cabal de capacitar la mente para fortalecer la voluntad de actuar conscientemente. Escribo desde la perspectiva de un adulto mayor jubilado y decidido a serenarme y no generar y reproducir problemas imaginarios que causan angustias reales. Busco vivir ociosamente sin distracciones ni divagaciones innecesarias.  Según el filósofo francés André Comte Sponville, al otium antiguo son consustanciales los significados cuyo referente mayor es la relación del ser humano con el contexto socio económico y cultural que le rodea. Significaciones que apelan a las antinomias de la conceptualización mercantilista del intervalo del trabajo sintetizadas en la expresión tan común “el tiempo es oro”. En ese marco, Comte Sponville alude al período libre que sirve para vivir. Recuerdo aquella estrofa de una canción de Juan Manuel Serrat: “Vale la pena vivir para vivir”.[4]  En esta etapa de mi vida es el momento y el espacio vital que ya no es devorado por el trabajo asalariado o la venta de la fuerza laboral y el consumo de las energías físicas e intelectuales en la producción de la riqueza, que usualmente amasa otro.

    Durante años viví añorando la temporada sobrante después de la jornada laboral asignada al descanso, que no era como tal el ocio, sino la pereza causada por el agotamiento corpóreo que obstaculizaba la disposición para el acto libre y creativo, que es expresión de las potencialidades individuales y comunitarias. El ocio, incluso el contemplativo, no es ajeno al talante cívico. Ahí estriba la singularidad del concepto.

     Reviso la respuesta a una interrogante tantas veces formulada: ¿dónde radica el componente ético del ocio? Reitero que en su pertenencia a la condición humana y social donde la moral ha de ser entendida como una segunda naturaleza construida para regular el comportamiento en la sociedad. La moral es la materia prima para la reflexión filosófica que denominamos ética. Visto a partir de esa óptica, el ocio es la manifestación de la libertad condicionada por las relaciones de poder a las cuales subyace un torrente de contradicciones. En este ámbito, el principio ético de la responsabilidad como cuidado de sí mismo emerge como un imperativo.

    Cómo no traer a colación el análisis del filósofo y psiquiatra francés Michel Foucault [5] acerca dea la problematización del poder y sus repercusiones en las interacciones humanas, entiéndase, el espectro amplísimo que incluye, pero no se limita a: entre individuos, en la familia, las educativas, el orden o desorden político, las de producción económica (que incluye el consumo, claro) y todas las enmarcadas en el quehacer cultural, que es bastante. Foucault enuncia una diferencia entre los estados de poder y las relaciones de poder. En las ligazones sociales asienta el problema ético de la definición de las prácticas aplicables al ocio. Para él, la libertad está supeditada por los significados colectivos influidos por las concomitancias del poder.

     Interesantemente, en su discurso, Foucault pregunta: “¿Qué es la ética sino la práctica de la libertad, la práctica reflexiva de la libertad? Y acto seguido afirma: “La libertad es la condición ontológica de la ética; pero la ética es la forma reflexiva que adopta la libertad”.[6] De esa concepción emanan sus ideas a tenor con la diligencia de sí mismo. El autor distingue dos miradas epistemológicas. Una que lo asume como un acto egoísta, es decir, la contradicción entre mi deber con el otro y el interés por mí. Perspectiva ésta que, a mi juicio, minimiza la complejidad de la socialización donde la moral no es, simplemente, un decálogo de deberes personales. La otra visión, que es la promovida por Foucault, es el cultivo de lo característicamente humano: el atenderse como ser holístico, el autoconocimiento, la autosuperación, el dominio de uno mismo, entre otras.

  Foucault no deja lugar para la duda en cuanto a la visión ética planteada: “Yo no digo que la ética es el cuidado de sí, sino que, en la antigüedad, la ética como práctica reflexiva de la libertad ha girado en torno a este imperativo fundamental: ‘cuida de ti mismo’”.[7] De ahí se desprende la consideración del cuidado de sí, del cual es parte el ocio, ético en sí mismo, es decir, partícipe de la construcción del ethos o modo de ser arraigado a principios éticos. Por ende, la atención personal no excluye la vinculación con otros congéneres y la diversidad de seres naturales ni actuar solidariamente, escuchar y comprender las enseñanzas surgidas de la socialización en los espacios compartidos. Es “jugar a perder el tiempo”, una expresión lúdica y reivindicativa del ocio recreativo y colectivo, atendemos la salud corporal y emocional y, cómo no, transgredimos el paradigma absurdo de vivir para trabajar.

   Las correlaciones de poder experimentadas en las formas organizadas o desorganizadas de lo político, económico y cultural incluyen, pues, las posibilidades de la emancipación y la resistencia. La opción de elegir es determinada por múltiples aspectos y amerita cultivar responsablemente las capacidades concernientes desarrolladas mediante procesos educativos formales e informales, éticos y estéticos. En el centro de esa ocupación se ubica el ocio, que no es solo una necesidad, sino un deber moral éticamente justificado. Por tal razón, para Foucault el cuido de sí aparece como una condición pedagógica, ética y política. Es medular en la ética para enfrentar con realismo los nexos de poder de todo tipo, que son inevitables. Ese es el punto de articulación de la preocupación ética, de la lucha política por el respeto de los derechos humanos y ciudadanos, y del compromiso crítico activo contra las técnicas abusivas del poder.

   Dicho categóricamente desde la autodeterminación ganada por mi terquedad madurada (con nuevos bríos, aunque con varios achaques después de jubilado), lejos de constituir una pérdida, el ocio y la ponderación filosófica son ineludibles. Extrapolemos la valoración de Foucault sobre la función crítica de la filosofía, a saber: “Deriva, hasta cierto punto, del imperativo socrático: "ocúpate de ti mismo", es decir: "fúndate en la libertad, mediante el dominio de ti".[8] El reto en cuestión conlleva la superación de las visiones economicistas neoliberales que menosprecian el ocio y lo relegan al rol funcional de un lapso concedido para el reposo en aras de recuperar las fuerzas a gastarse en la producción asalariada, algo así como un mal necesario para obtener el objetivo monetario. 

   Finalmente, recordemos que la faena ética sobrepasa las ilaciones entre los mortales de la especie racional y abarca un carácter eco ético. Como bien ha expuesto el pedagogo y filósofo francés Edgar Morín: “Desde ahora, una ética propiamente humana, es decir una antropoética debe considerarse como una ética del bucle de los tres términos (individuo+ sociedad +especie), de donde surgen nuestra conciencia y nuestro espíritu propiamente humano. Esa es la base para enseñar la ética venidera”[9]. Añado, también lo es para educar y aprender a cuidar de nosotros mismos, el aprecio por el ocio creativo, contemplativo, ético, estético, recreacional, espiritual y amante de la natura aquejada por la voracidad sin límites ni tregua del afán de lucro. Que nos cataloguen como ociosos, si es preciso, porque es un deber moral serlo y está éticamente fundamentado y documentado en mis Reflexiones desde El Jardín.

 



[1] Trabajé en la docencia universitaria desde agosto de 1993 hasta julio de 2023.

[2] El ocio en tiempo de pandemia: análisis ético e implicaciones educativas para la educación física, la recreación y las ciencias del ejercicio. Semana de la Educación: perspectivas y experiencias transformadoras a un año de la pandemia. Panel integrado por: Dr. Omar Ponce Rivera, Dr. Martín Cruz Santos y Dr. Adolfo López Alemán, Universidad Ana G. Méndez, Recinto de Cupey. Moderador: Dr. Luis Mondríguez Torres. 3 de mayo de 2021. La redacción del contenido de este artículo está basada en la ponencia presentada ese día.

[3] Dr. Omar Ponce Rivera (invitado). Ocio y educación, jueves 2 de diciembre de 2021, grabación disponible en línea:  https://www.youtube.com/live/3dF0Ws1XE34?si=ThydkS8vx8XvODWj

 

[4] Para vivir es el título de la novena canción incluida en el álbum homónimo, el undécimo LP grabado por el cantautor catalán Joan Manuel Serrat. Fue editado por la compañía discográfica Zafiro/Novola en el año 1974. Oprima el enlace siguiente para escuchar la canción: https://youtu.be/ucHm4D6ttuo?si=mm68XhjcDI124vPp

[5] Michel Focault (1926-1984), filósofo francés de gran influencia por su teorización crítica de los conceptos del progreso, el poder y la sexualidad. Varias de sus obras de mayor relevancia son: Locura y civilización (1960), La arqueología del saber (1969) Las palabras y las cosas (1966) Vigilar y castigar (1975) y los volúmenes de la Historia de la sexualidad:  Introducción (1976) y El uso del placer (1984). La preocupación de sí mismo (1984).

[6] Michel Foucault, La ética del cuidado de sí como práctica de la libertad, diálogo con H. Becker, R. Fornet Betancourt, A. Gómez Müller, 20 de enero de 1984, disponible en línea: https://www.topologik.net/michel_foucault.htm

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Edgar Morin (1999). Los siete saberes necesarios para la universidad del futuro, disponible en línea:

https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000117740_spa

 

 

 

01 diciembre 2023


 

Salseros puertorriqueños en Colombia

Martín Cruz Santos

     En Colombia los días de la Navidad coinciden con otro evento festivo también esperado. Del 25 al 30 de diciembre de 2023 en Cali se escuchará, bailará y vivirá el género musical de la Salsa como parte de la sexagésima sexta versión de la tradicional Feria de Cali, que es cultura popular.[1] Puerto Rico estará representado por músicos salseros de orquestas reconocidas. Las relaciones culturales entre ambos países son de larga duración. Si bien actualmente la música urbana, con énfasis en el reguetón, es un referente primordial de este intercambio cultural, ha sido la Salsa la avenida por donde han transitado diversos artistas puertorriqueños en armonía con los colombianos.

   Recientemente reproduje la grabación de la edición número 161 del podcast titulado Coloqueo, cuyo concepto es de conferencias en línea coordinadas desde el Instituto de Cultura Puertorriqueña y producidas por mi amigo y colega, el doctor Pablo L. Crespo Vargas.[2] Salsa puertorriqueña en Colombia es el título de una interesantísima conversa entre la escritora y conocedora de este género musical, Bella Martínez,[3] de Puerto Rico, y el periodista, investigador y escritor sobre temas de la Salsa, el colombiano, Robert Téllez M.[4] Ambos personas son expertas, apasionadas y comunican eficazmente. Aprender y deleitarse al escucharlos no están reñidos. A partir del programa decidí dedicar un escrito reflexivo a los salseros puertorriqueños que han vivido en Colombia.  Quienes éramos jóvenes en la década de 1970 crecimos al son de las melodías salseras, aunque interactuando con otros géneros, por supuesto. Definitivamente, la historia de la Salsa es parte de nuestro trasfondo cultural.

    Los ángulos temáticos abordados por Martínez y Téllez son significativos, porque evidencian la estrecha conexión musical colombo boricua que data, según Téllez y otros especialistas, de la primera presentación de la orquesta del sonido bestial, Richie Ray y Bobby Cruz, en Colombia dos veces durante el año 1968. La primera fue en el Carnaval de Barranquilla el 24 de febrero;[5] la segunda, en la Feria de Cali el 26 de diciembre.[6] Cuatro años antes había nacido en New York el sello discográfico Fania Records creado por el músico dominicano Juan Pablo Pacheco Knipping, conocido artísticamente como Johny Pacheco, y el productor y empresario italoneoyorquino Jerry Masucci. El termino comercial Salsa acuñado entonces estaba precedido por un bagaje musical que hunde sus raíces en la evolución de las fusiones rítmicas caribeñas (son montuno, rumba, guaguancó, guaracha, mambo, bomba, plena) y las tendencias de la herencia negra estadunidense (jazz, latín jazz, blues, soul, entre otras).[7] 

   La Salsa llegó a Colombia por la vía marítima. Los puertos de Buenaventura, en el litoral del océano pacífico, y Barranquilla, capital del departamento del Atlántico, propiciaron la entrada de los sonidos afrocaribeños, cubanos y puertorriqueños. Acogidos por las ondas radiales y las casas disqueras, comenzaron a difundirse por el extenso territorio colombiano. En Medellín, ciudad de la eterna primavera y sede de diversos juntes paisarriqueños,[8] el maestro Julio Ernesto Estrada Rincón, apodado Fruko, una leyenda de la música popular colombiana, fue pionero del género tropical amalgamado en Nueva York. En adelante, la mayoría de los salseros puertorriqueños que descollaban en la época grabaron discos con la empresa discográfica Codiscos, principalmente. Entre ellos podemos mencionar a: Luisito Carrión, Pedro Arroyo, Junior González y Tony Vega. La gestoría cultural del proceso se debió al productor musical, compositor y percusionista medellinense Diego Galé.  

    Corrían los tiempos gloriosos de la Salsa. Sudamérica se caribeñizaba al compás cadencioso de las influencias acogidas en Panamá y curtidas en Venezuela. Colombia y Perú abrían paso a los exponentes puertorriqueños, particularmente, la tierra del Grupo Niche y Guayacán Orquesta.  Allí dieron con la plaza fuerte para empujar sus carreras artísticas. Mención primera merece el cantante oriundo del municipio sureño de Juana Díaz, Humberto Luis Gómez Rivera, el prolífico Tito Gómez. El experimentado vocalista destacó su talento con varias orquestas puertorriqueñas: la Sonora Ponceña, el Conjunto Clásico, el Conjunto de Rey Barreto, La Terrífica, Tony Valentín y Charlie Palmieri, para evocar algunos nombres.[9] Tras su paso por Venezuela, donde formó parte de la Orquesta La Amistad, arribó a Colombia en la década de 1980 para desarrollar cabalmente su trayectoria salsera con el “Grupo Niche destacándose como solista. Junto a esta agrupación, el intérprete boricua selló la internacionalización de su talento”.[10]  Falleció en Cali, la ciudad donde residió como un “borincaleño”,[11] el 11 de junio de 2007.

    Sin temor a equivocarnos, el ejemplo categórico de un querendón del público salsero colombiano es Ismael Ruiz Hernández (Maelo Ruiz). En una entrevista con la periodista Damaris Hernández Mercado, Maelo aseveró:

“Todo lo que es mi carrera se lo debo a los colombianos. Es a través de Colombia que mi música se ha escuchado en otros países latinos incluso mi Puerto Rico. Ese País me abrió las puertas cuando estaba con la orquesta de Pedro Conga. Me siento orgulloso cuando me presentan como un boricua que se siente colombiano. Esta carrera es de altas y bajas y puedo asegurar que el público colombiano siempre me ha tratado con respeto. Hay un montón de cantantes que vivimos de Colombia”.[12]

No es para menos, ya que el cantante es un viajero asiduo a la patria de Joe Arroyo[13] desde el año 1987 para celebrar conciertos en diferentes localidades del territorio nacional. Es un uno de los salseros invitados a la Feria de Cali frecuentemente.

    Dicen que Medellín es la capital mundial del reguetón como Cali es de la Salsa. A la ciudad del departamento del Valle del Cauca ha venido una pléyade salsera puertorriqueña y algunos exponentes establecieron su residencia. Es el caso de los Hermanos Lebrón, banda fundada en Brooklyn, New York, el 4 de junio de 1967. Asimismo, del cantante y actor de Guayama, Roberto Lugo, “el galán de la Salsa”, quien fuera la voz principal de la agrupación de Luis “Perico” Ortiz de 1980 a 1984 cuando debutó como solista.  Lugo estableció hogar y lugar de trabajo en “Cali pachanguero”.[14]

   Como no recordar en este recorrido al fenecido cantante y compositor ponceño Mariano Cívico (1954-2013). Después de sus éxitos con la orquesta Costa Brava y de intentar iniciarse como solista, viajó a Colombia y fijó su residencia en Cali en el año 2001.[15] Grabó varios discos acogidos por quienes apreciaron su música. Además, organizó una empresa promotora de espectáculos junto a su esposa, la caleña Jazmín Eliana Posada. Falleció durante el transcurso de una gira por Europa, en Madrid, España, el 21 de febrero de 2013. Sus restos mortales fueron trasladados a la capital vallecaucana[16] para rendirle homenaje y luego a Puerto Rico donde reposan.

    Yan Collazo es el nombre de quien participara en varios grupos merengueros (Patrulla 15, Karis) en la Isla antes de transmutar a la Salsa en el exterior. Para él, Colombia es el segundo hogar, pues acá es notable su presencia desde que cantó con Guayacán Orquesta y el Grupo Niche en la primera década de este siglo. Hace once años incursionó como solista, y en el espacio de sus grabaciones, como bien resalta, “siempre tiene que estar Colombia, acá es mi base, siempre estoy buscando como involucrar al país en mis producciones. Yo, soy un colombiano más, me quieren mucho y yo amo a Colombia.”[17]

   Entre los cantantes de Grupo Niche estuvo, además, el boricua Wichie Camacho. Grabó temas igualmente con Guayacán Orquesta. Hasta donde conocemos, reside en Panamá.

   Y en la cosecha nueva se encuentra Christian Alicea. Llegó a Medellín en 2017 atraído por el reguetón, pero, revirtió a la Salsa y en 2023 ha cantado en el Carnaval de Barranquilla, en República Dominicana y Miami. Continúa desarrollándose en Medallo.[18]

   Probablemente hay más interpretes boricuas que debemos conocer, no solo cantores, sino músicos instrumentistas y directores. No los pasamos por alto. Será bueno continuar investigando al respecto.

   Para culminar, hablemos de Héctor Juan Pérez Martínez, ​el cantante de los cantantes, Héctor Lavoe (1946-1993). Quiero referirme al tiempo que vivió en Cali, 71 días, para ser exacto, desde noviembre de 1982 hasta finales de enero de 1983. Lavoe conocía la Ciudad, porque había cantado en ella, pero no regresó para cantar, sino, simplemente, para estar allí y escuchar música. Así lo relata el periodista y escritor caleño Alejandro Aguirre en su libro titulado 71 días: retrato de Héctor Lavoe en Cali.[19] Es curioso saber que el hijo de la barriada Bélgica en Ponce haya decidido una especie de retiro en Colombia, aunque el productor “Larry Landa lo quería, como artista permanente que era, en Juan Pachanga Charanga [una discoteca] con una orquesta que se llamaba La Juan Pachanga Charanga que era dirigida por Alfredo de la Fe. Cuando él iba a cantar lo hacía, pero como de mala gana porque realmente no quería”,[20]aduce Aguirre en una entrevista periodística. Conversando, vacilando, jangueando, en fin, viviendo la música a su modo, hizo de las ciudades de Cali y Buenaventura un hogar añorado y temporero, lejos, aparentemente, de los ajetreos y fantasmas que atormentaban su vida.  

    Cumplo de este modo un episodio adicional detrás de las andanzas de compatriotas míos que anduvieron por Colombia.  En esta etapa de mi quehacer vital hay historias que me apasionan, por eso las incluyo en las Reflexiones desde El Jardín.   

 



[1] Conoce más sobre este evento cultural en el portal de la Feria de Cali: https://feriadecali.com.co/cultura-popular-en-la-feria-de-cali-2023/

[2] Puede acceder al podcast en el enlace siguiente: https://www.youtube.com/watch?v=A47rKSWVXDo

[3] Recomendamos visitar su página de Facebook “Bella Martínez escribe”: https://www.facebook.com/BellaMartinezescribe

[4] El portal virtual de Robert Téllez: https://robertellez.com/

[5] Hay evidencia documental periodística del evento que puede ser consultada en: Néstor Emiro Gómez, Momentos en la historia: http://www.herencialatina.com/Momentos_en_la_Historia_2/Colombia_boogaloo.htm ; Fausto Pérez Villareal, Richie Ray y Bobby Cruz, cuatro días de goce en el Carnaval de Barranquilla de 1968, Contexto, 23 de abril de 2023, disponible en: https://contextomedia.com/richie-ray-y-bobby-cruz-cuatro-dias-de-goce-en-el-carnaval-de-barranquilla-de-1968/

[6] Sobre la presencia de Richie Ray y Bobby Cruz en Cali, recomendamos leer: Luis Guillermo Restrepo Satizábal, Richie Ray y Bobby Cruz: 45 años de un arrebato en Cali, El País, 12 de diciembre de 2013, disponible en: https://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/richie-ray-y-bobby-cruz-45-anos-de-un-arrebato-en-cali.html ; Gerardo Quintero, El día que Richie Ray & Bobby Cruz cambiaron la historia musical de Cali, Noticiero 90 minutos, disponible en: https://90minutos.co/vida-moderna/salsa/richie-ray-bobby-cruz/ ; Cultura, Redacción de El Tiempo, Richie Ray, pianista mayor de la Salsa, en un conversatorio sonoro, 4 de marzo de 2021, disponible en: https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/richie-ray-pianista-mayor-de-la-salsa-en-un-conversatorio-sonoro-571126

 [7] Consultar: Hiram Guadalupe Pérez, 2005, Historia de la Salsa, San Juan: Editorial Primera Hora; también, el documental Historia de la Salsa producido por Public Broadcasting Service, disponible en:  https://www.youtube.com/watch?v=KdWgpS2WMTU 

[8] Denominamos paisarriqueño a la unión de la denominación paisa, proveniente de la palabra paisano, que distingue a los habitantes de la extensión territorial constituida por los departamentos colombianos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío, y una parte del gentilicio puertorriqueño.  

[9] Para ahondar en los datos biográficos de Tito Gómez, pueden acceder a: Fundación Nacional para la Cultura Popular: https://prpop.org/biografias/tito-gomez/ ;

[10] Ibid.

[11] Borincaleño es un gentilicio compuesto por boricua u oriundo de Puerto Rico y caleño.

[12] Damaris Hernández Mercado, Estrellas boricuas que brillan allí, El Nuevo Día, 18 de julio de 2015, disponible en: https://www.pressreader.com/puerto-rico/el-nuevo-dia1/20150718/282441347775562

[13] Álvaro José Arroyo González, cuyo nombre artístico era Joe Arroyo, fue un cantante y compositor nacido en Cartagena el 1 de noviembre de 1955. Es reconocido como uno de los grandes intérpretes de la música latina y de la fusión de ritmos colombianos y caribeños. Falleció en Barranquilla el 26 de julio de 2011.  

[14] Cali Pachanguero es el título de un éxito musical del Grupo Niche fundado por el compositor y director colombiano Jairo de Fátima Valera Martínez (1949-2012). Incluido en el álbum titulado No hay quinto malo (1984), fue interpretado por el cantante caleño Luis Alfonso Peña Sánchez, conocido como Moncho Santana. Posteriormente volvió a grabarse en el disco recopilatorio Historia Musical (1987) con la vocalización de Tito Gómez.

[15] Redacción Cultura y Entretenimiento, Mariano Cívico: un boricua con corazón caleño, El tiempo, 21 de febrero de 2013, disponible en:  https://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12610527

[16] Redacción de El País, Cuerpo del cantante Mariano Cívico ya llegó a Cali para ser velado el miércoles, El País, 5 de marzo de 2013, disponible en:    https://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/cuerpo-del-cantante-mariano-civico-ya-llego-a-cali-para-ser-velado-este-miercoles.html

[17] Redacción de El Tiempo, El salsero Yan Collazo y Olga Tañón presentan la canción Tesoro mío, 10 de marzo de 2023, disponible en:  https://www.eltiempo.com/contenido-comercial/el-salsero-yan-collazo-y-olga-tanon-presentan-la-cancion-tesoro-mio-749175

[18] Redacción de El Colombiano, Christian Alicea, el salsero puertorriqueño que comenzó su carrera en Medellín, 30 de enero de 2023, disponible en:  https://www.elcolombiano.com/cultura/musica/christian-alicea-el-salsero-que-comenzo-su-carrera-en-medellin-OB20218547

[19] Alejandro Aguirre, (2022), 71 días: retrato de Héctor Lavoe en Cali, Cali: 15/12 Editores.

[20] Diego Rey, Héctor Lavoe, los 70 días que vivió en Cali: conozca a detalle las vivencias del puertorriqueño en la sultana del Valle, Infobae, 2 de julio de 2023, disponible en: https://www.infobae.com/colombia/2023/07/01/hector-lavoe-los-70-dias-que-vivio-en-cali-conozca-a-detalle-las-vivencias-del-puertorriqueno-en-la-sultana-del-valle/

 

15 noviembre 2023


 

Conversar, escribir, fotografiar

Martín Cruz Santos

    

     Las etapas de la vida advierten cambios significativos. Hubo tiempos cuando crecer no corría prisa, porque nos placía la cotidianidad lúdica prolongada sin presiones ni desencantos. De jóvenes avanzábamos enérgicamente, y estudiar, con o sin desgano, fijaba el preámbulo de la adultez laboral imbuida con responsabilidades que presagiaban la irrupción de la madurez acompañada de las canas, arrugas y otras naturalidades. Entre continuidades y discontinuidades, así transita la dinámica vital. Llegado el momento de retirarse de las faenas del trabajo asalariado, fase cifrada por el sistema económico y legislada por el Estado con la venia patronal, quedamos absortos entre la liquidez del tiempo libre restante para vivir, la mengua de las energías corpóreas y el entusiasmo por la libertad alcanzada. Entonces es imperativo responder categóricamente ante una interpelación primera: ¿Qué hacer?

     Quienes me conocen bien saben que me gusta tanto la conversación como el silencio, la lectura sin la cual escribir es imposible, el caminar observando el entorno y la quietud despejada posteriormente al movimiento saludable. Durante tres décadas conversé con mis estudiantes, es decir, aprendimos interactuando, dialogando, comprendiéndonos y abriendo vías hacia el entendimiento filosófico e histórico de las realidades estudiadas. Representar y comunicar la búsqueda del porqué de las cosas con palabras escritas, habladas e imágenes ha sido propio de mi quehacer a través del tiempo. Recientemente, digamos con la Pandemia y en adelante, he intentado entretejer conversaciones, escritos y fotografías utilizando la virtualidad y sus posibilidades actualizadoras. De ahí nacieron Conversaciones con Martín Cruz Santos, el Podcast comenzado en mayo de 2021 (Facebook y YouTube), el grupo Amigos de Jardín, Antioquia fundado en 2020 (Facebook) y este Blog reciente. Tres medios salpicados de textos, sonidos e imágenes.  

    Converso y difundo lo conversado a interlocutores reales e imaginarios. Escoger, descubrir, crear y decidir temas y tertulianas es apasionante. Escribo para expresarme y compartir lo pensado. Soy un principiante fotográfico trasladado de la cámara del teléfono a la semiprofesional asistido por las lecciones de fotógrafos curtidos.[1] Aprecio el arte de la fotografía porque revela significados, cuenta historias, despierta emociones y es capaz de captar instantes singulares. Fotografiar es extender la mirada más allá de lo aparente, inquietar los sentidos, apalabrar sensibilidad y belleza para componer relatos visuales. Conversar, escribir y fotografiar ameritan encontrar los resquicios comunicacionales, dialogantes, fluyentes, y transversalmente participes del quehacer idóneo vivencial en el periodo de vida alcanzado. Continuar viviendo consciente, vigoroso, ágil y creativo manifestándome verbalmente, escribiendo y captando figuraciones es parte de mi respuesta inconclusa a la pregunta susodicha. 

     Ya no transmito las Conversaciones en vivo o grabadas con la frecuencia anterior.[2] Existen limitaciones técnicas,[3] además de autocuestionamientos sobre la eficacia de continuar llevándolas a cabo. Aquellas entrevistas conversadas tuvieron su momento y pertinencia. Quedan disponibles los repositorios y archivos digitales. Son los registros testimoniales de 104 encuentros temáticos. No significa que llegó el final del proyecto, sino que cambiamos los ámbitos y tiempos. Toca evaluar y tomar decisiones. Cuando esté listo para reanudar o renovar esa experiencia, con sus cambios, claro está, lo sabremos.

    Proliferan mis exteriorizaciones introspectivas publicadas en fragmentos textuales, fotos de paisajes naturales y culturales, ocurrencias habituales mezcladas con signos y símbolos. No faltan las alegorías ni los vaticinios y llamamientos. En fin, decir y hacer, no enmudecer. Escuchar y hablar; mirar y observar. Si el contexto inmediato es propicio y el entusiasmo me habita, ¿por qué no ampliar la percepción de mis impresiones e interpretarlas críticamente? Es preciso echar a volar la imaginación asistida por la voz y el micrófono o el lente de la cámara, y, para redactar estas líneas, la computadora, herramienta insertada en el propósito constante de exponer mis Reflexiones desde El Jardín.



[1] Recomiendo los recursos fotográficos siguientes, porque me han sido de gran ayuda en mi proceso de aprendizaje: Dan Zafra, Capture The Atlas, Fotografía: domina los conceptos básicos, disponible en línea: https://capturetheatlas.com/es/guias-fotograficas/ y Kike Arnaiz, (2020), Fotografía desde cero, disponible en línea: https://www.kikearnaiz.com/libro-fotografia-gratis-pdf

[2] El martes 16 de mayo de 2023 transmitimos la conversación titulada La última y nos vamos. Fue el final de una temporada extensa que iniciamos el martes 18 de mayo de 2021. Pueden acceder a la grabación en: https://www.youtube.com/live/t69BAWHdy_A?si=ueECBQMwjayAOHAi Posteriormente, el martes 11 de julio de 2023 tuvimos una conversación en vivo titulada Vive el turismo. Desde entonces no hemos compartido conversaciones en directo.

[3] Hemos enfrentado obstáculos relacionados con la señal de internet para transmitir en vivo desde Jardín, Antioquia en Colombia.