01 julio 2026


 




Venezuela y los sismos en el espejo

 

Martín Cruz Santos

 

“No le temo a la culebra ni a cuarenta tiburones,
pero, si la tierra tiembla, corro más que los ratones.
Si la tierra tiembla
yo me voy de aquí.”[1]

Luis Tata Guerra (1934-2015),

músico, compositor y arreglista cubano

 

 

     Aunque la historia de las experiencias humanas advierte múltiples evidencias de la sismicidad que subyace bajo nuestros pies, particularmente, en estas tierras americanas donde tampoco son ajenos los volcanes y los huracanes, es desgarrador el dolor causado por la pérdida de vidas. Venezuela es el espejo reciente al cual dirigimos las miradas, particularmente, a partir del miércoles 24 de junio de 2026.  Los expertos denominan doblete sísmico al fenómeno natural “que ocurre cuando dos terremotos principales son muy cercanos en el tiempo y el espacio”.[2] El segundo no es una réplica del primero, porque su magnitud puede ser igual o mayor que el anterior. Recordemos que allá el intervalo temporal entre ambos (de 7.2 y 7.5 en la escala Richter respectivamente) fue de apenas 39 segundos.

     Las imágenes transmitidas por los medios de comunicación social y las redes sociales propician visualizar a distancia el sufrimiento conmovedor del pueblo venezolano, que, al momento de redactar este escrito, llora perpleja la muerte de más de 2,200 personas, asiste a 11,200 heridos y busca a cerca de 50,000 desparecidos. Sin duda alguna, es una tragedia ante la cual es insuficiente lamentarse por lo sucedido o manifestar solidaridad a corto plazo. El reflejo del territorio sacudido puede alumbrar a todo ser humano, especialmente, a quienes pisamos y edificamos en zonas de alta actividad sísmica. Corresponde recapacitar sobre el antes, durante y después de un movimiento telúrico. El conocimiento científico, las vivencias y el desarrollo tecnológico deben acompañar la voluntad política para llevar a cabo los cambios imprescindibles que mitiguen las consecuencias de los eventos naturales que catalogamos como desastres.

     La planificación, educación, capacitación, prevención y evaluación son acciones inherentes a las políticas públicas y los planes a corto, mediano y largo plazos, prerrogativas del Estado, gestor principal de las estrategias, los proyectos y las decisiones para el mayor bien común. Hallar las soluciones a los problemas de un colectivo ciudadano es un imperativo ineludible. Cuando la debilidad o la ausencia de competencia para ejercer el poder, por causas diversas, arroja a la mayoría poblacional a una precariedad frente a las calamidades, las probabilidades de una catástrofe aumentan exponencialmente. Cómo olvidar el terremoto de Haití en el año 2010 y los huracanes Irma y María en Puerto Rico en 2017. Son dos ejemplos de sucesos devastadores originados por contingencias geofísicas y meteorológicas en áreas históricamente vulnerables, pero, abandonadas a la suerte frente al colonialismo, la ineptitud y el desgobierno de jurisdicciones venidas a menos. ¿A caso los seísmos eludieron el suelo de la primera república negra del mundo hasta aquel fatídico momento? ¿La furia de los huracanes era desconocida en la colonia camaleónicamente disfrazada de “estado, libre, asociado” desde 1952?

   Como agravante, las multitudes suelen refugiarse en imaginarios permeados de creencias mitológicas, religiosas y de conspiraciones propensas a difundir narrativas simbólicas con significados inadecuados para comprender la complejidad de la naturaleza. Dichos sistemas de ideas privilegian diferentes pretensiones de entendimiento y cosmovisión, pero, no la teorización fundamentada en la observación experimental, el pensamiento crítico y las prácticas culturales, políticas y económicas respetuosas y sostenibles emanadas de las corroboraciones, las divergencias y los consensos. A mi juicio, concluir con la rapidez de la luz que determinado acontecimiento tectónico o climatológico es un castigo divino o una hecatombe sospechosamente planificada es sinónimo de fanatismo mágico religioso o de infantilismo pseudo científico.

   Venezuela ha perdurado en la atención internacional durante los años recientes. Muy probablemente continuará estando presente. Correspondería a un análisis distinto auscultar cómo interactúa la crisis humanitaria de este momento con las etapas previas. Por el respeto al duelo del hermano pueblo venezolano, no me inmiscuyo en ese tema. Sin embargo, cabe acotar que los bloques rocosos de la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, y sus respectivas fallas geológicas, referentes del epicentro asolador, sirven de asiento a diversos países de la región que habitamos. Independientemente de las circunstancias políticas que nos unen o separan y los condicionamientos geopolíticos del momento, las representaciones del dolor y la destrucción atraviesan el cristal roto del espejo de la República Bolivariana de Venezuela y recorren distancias hasta inquietar y sacudir las sensibilidades, conciencias y memorias de otros, como la mía, en mis Reflexiones desde el Jardín.



[1] Estrofa de la canción titulada “Si la tierra tiembla”, composición del músico, compositor y arreglista cubano Luis “Tata” Guerra (1934-2014), quien residió en Caracas desde 1960 hasta su fallecimiento.  Existen diversas interpretaciones de la pieza musical, pero, recordamos la grabación del también cubano Héctor Casanova con la orquesta del dominicano Johny Pacheco incluida en el álbum Los amigos, publicado por la disquera Fania Records en el año 1979. Comparto el enlace para escucharla: https://open.spotify.com/intl-es/track/64WNNS5euq1zjdKcVCK915?si=3582730503b64b82


[2] Redacción BBC Mundo (26 de junio de 2026), Qué es el “doblete sísmico” que sacudió a Venezuela (explicación en video), disponible en: https://www.bbc.com/mundo/articles/c802303pj9lo


2 comentarios:

  1. Aquello que nos golpea con mas fuerza, es lo que vemos que ocurre a otros, pero que no nos preparamos, por que estamos seguros que no nos ocurrirá a nosotros. Muy grave que todas.las viviendas que hizo Chavez, no tenían estructura antisísmicas. Eso dice mucho. Luis Eduardo Mejia

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