De
la gentrificación y turistificación
a
la xenofobia y la insolidaridad
Martín Cruz Santos
El abordaje de temas acuciantes conlleva
otear sus ángulos insospechados u obviados. La urgencia no debe ser razón para
desdeñar las miradas complejas, detenidas y decididamente críticas. Que en
nuestros entornos urbanos y los rurales observemos más rótulos “hoteleros” y
menos avisos de alquiler o arrendamiento temporero; incrementos estratosféricos
en los precios de las viviendas y la escasez aguda en la disponibilidad de los
alquileres, con el agravante de la inflación en el costo de la vida, abona a la
necesidad imperiosa de reflexionar, investigar y buscar soluciones a los problemas
sociales que degradan la vida. Cuando en agosto del año 2023 publicamos y
compartimos la reflexión titulada Gentrificación urbana y rural[1]
apenas comenzábamos a dilucidar las implicaciones de este fenómeno cuya
manifestación evidenciable es la escasez de vivienda, aspecto planteado en un
escrito posterior.[2]
Lamentablemente, hay dimensiones del asunto que enervan incluso las energías
para encontrar un lugar digno para morar.
Recientemente me ha conmovido la angustia
de personas cercanas a mis afectos. La razón principal de sus pesares es no
hallar una casa o un apartamento disponible para ser arrendado a largo plazo.
En los casos varios encontramos un común denominador: caseros que solicitan al
inquilino la entrega del inmueble alquilado para posteriormente dedicarlo al
negocio turístico tipo Airbnb o su facsímil razonable. Además, está
presente la especulación inmobiliaria: espacios limitados con precios
limitantes por excluyentes. Esto incluye los locales comerciales. La
gentrificación en todo su apogeo causa el desplazamiento de los vecinos
habituales y viene asociada con la turistificación, ese flujo continuo de
turistas ávidos por disfrutar del lugar donde otros viven o sobreviven.
Incrementa entonces el valor de la propiedad para la compra y el arriendo.[3]
Una de las soluciones esgrimida,
principalmente, por los intereses empresariales es dejar al mercado la
regulación de la oferta y la demanda habitacional. Según ese axioma pretendido,
todo se resolverá mediante la inexorable acción de la mano invisible del
capital. Adviértase la posición implícita de vaciar la responsabilidad del
Estado y despojar al ciudadano económicamente vulnerable de su derecho a
habitar un hogar. Fuera risible, de no ser un cinismo, que aprovechar el auge
turístico para alquilar hasta el baño de la casa propia con fines de lucro llegue
a considerarse un emprendimiento laudable.
El abigarramiento de la cuestión es tal que
exige la planificación gubernamental con la debida participación ciudadana. Apremia
la atención inmediata, porque para luego será tarde, de los sectores
involucrados, que abarca, pero no se limita, a los ciudadanos, los gobiernos,
las empresas y los centros de investigación. De lo contrario, el turismo
insostenible y el abuso contra el consumidor deteriorarán la convivencia
comunitaria irremediablemente hasta conculcar el carácter inalienable del
derecho humano a un nivel de vida adecuado.[4]
Si suena apocalíptico el augurio, expongo
algunas consecuencias severas de la situación reflexionada. Desviar la atención
de las causas es una estrategia mediática e ideológica. En la ausencia de la
discusión pública y la educación consecuente para fomentar la comprensión de un
mal con muchos aquejados, prevalece el sálvese quien pueda del individualismo
consumista. La legitimidad justa de poseer una vivienda es desvirtuada por la
ilusión del privilegio lucrativo. Que alguien no encuentre dónde vivir es su
problema y allá el gobierno que lo resuelva, si acaso. Mientras tanto, quien atesore
el mínimo metro cuadrado de tierra o habitación, que obtenga el mayor provecho
económico posible rentando y vendiendo como si viviéramos en Dubái y
generáramos los ingresos de los jeques petroleros.
¿Cuáles son las causas de la
gentrificación y la turistificación? A juzgar por una narrativa tendenciosa expandida
como el fuego, es debido a la presencia de los extranjeros como categoría
monolítica, es decir, sin una caracterización plural del emigrado. El relato no
considera auscultar el contexto histórico próximo y el remoto o internacional ni
quiénes son los protagonistas sistémicos de las dinámicas del poder financiero
que habilita la gentrificación (inmobiliarios, bancarios, hipotecarios,
inversionistas, gobiernos, entre otros). Ciertamente, a los destinos turísticos
atractivos por sus encantos naturales y culturales arriban viajeros adinerados de
diversos países -que constituyen la minoría de los visitantes- dispuestos a
invertir, pero, con la venia de los socios locales y las autoridades
pertinentes. El riesgo de ese discurso ambiguo es la xenofobia y los
sentimientos antinmigrantes institucionalizados. La construcción de prejuicios empeora
las circunstancias, debilita las oportunidades de cohabitación y promueve la
fragmentación social. Conste que soy un inmigrante legal en Colombia, casado
con una nacional colombiana, y que no llegamos al sur con el norte puesto en el
enriquecimiento.
La desintegración colectiva ahoga el apoyo
mutuo y favorece la insolidaridad. Ante la carencia de vivienda asequible, ser
indiferentes, porque no somos afectados directamente, conduce a mermar el desarrollo
de un pueblo. Sin cooperación solidaria puede aumentar la edificación individual
junto con la disminución del tejido general. Si mi vecino no encuentra casa
para residir durante un periodo de tiempo extenso, porque la variedad de
apartamentos de alquiler a corto intervalo ha multiplicado con creces, es una
tendencia que tarde o temprano acabará por arroparnos, si no actuamos para
evitarlo. A menos que hayamos introyectado moralmente la lógica del mercado y
aceptemos la inevitabilidad del “progreso” futuro sin vecindario.
Seamos solidarios. No basta con evocar actos
de caridad donde la justicia es imprescindible. La gentrificación y la
turistificación no han llegado para quedarse. Y si lo hacen es para apropiarse lucrativamente
de las condiciones que posibilitan la coexistencia humana en grupos. Seguramente
sería con la connivencia insolidaria de algunos. Es el momento propicio para
formular y hacer valer categóricamente las políticas públicas concernientes, llevar
a cabo una planeación urbana y rural articulada, construir proyectos de interés
social, establecer alianzas cooperativas y fortalecer la voluntad política
propulsora de cambios, por mencionar algunas tareas pendientes. Simultáneamente,
aupemos una ética vecinal solidaria capaz de avivar el compromiso auténtico
para darnos la mano y salir adelante. Continuaremos conversándolo en nuestras
Reflexiones desde El Jardín.
[1]
Martín
Cruz Santos, Gentrificación urbana y rural, Blog Reflexiones desde el
Jardín,
disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/08/gentrificacion-urbana-y-rural-martin.html
[2] La
publicación de nuestra reflexión al respecto llevó por título Escasez de vivienda, ¿Por qué?
La fecha origina de la entrada en el Blog es el 27 de agosto de 2023. Dada la importancia que le atribuimos,
republicamos el artículo el 7 de febrero de 2024. Recomendamos su lectura
disponible en: https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2024/02/escasez-de-vivienda-por-que-nota-previa.html
[3] Al respecto hay iniciativas académicas para la investigación y la búsqueda de soluciones adecuadas. Uno de ellos es reseñado en: Análisis Académico Medellín, Iniciar el camino para enfrentar la gentrificación y la turistificación, disponible en: https://www.eafit.edu.co/noticias/agenciadenoticias/2023/Iniciar-al-camino-para-la-gentrificacion-y-la-turistificacion#:~:text=La%20gentrificaci%C3%B3n%20%E2%80%94definida%20como%20un,el%20%C3%A1rea%20metropolitana%20del%20Aburr%C3%A1.
[4] El
Artículo
25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y el 1.1 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966
reconocen este derecho.

¡Crónica de una muerte anunciada!🇵🇷
ResponderEliminarMuy bien explicado un tema, que en su existir no es neonato, pero muy bien refleja una enfermedad socioeconómica llamada capitalismo. Si bien es cierto que los gobiernos están tratado de sacudirse un poco los postulados Keynesiano, para dejarle la solución del problema a la mano invisible de Mr. Adams, también podemos ver que en los países dónde ocurre este fenómeno, que no es otra cosa, desde mi punto de vista, que la lucha de un capitalismo desgastado inmerso en un mundo que está despertado después de un largo sueño, que permitió el desplazamiento de este tan peligroso sistema económico, el capitalismo. Si logramos como humanidad deshacernos del capitalismo, descubrimos el paraíso, de lo contrario, estaremos condenados al infierno.
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