Sobre
lecturas y amistades
Martín Cruz Santos
A Luis
A. Montañez Del Valle (1959-2023), porque nuestra amistad nació en el contexto
de intentar la lectura reflexiva de la vida y del mundo.
Cuando cumplí mis 18 años de edad, la
pobreza y el entusiasmo juvenil afloraban en mis sueños condicionándose
mutuamente. Crecí entre carencias socioeconómicas y culturales, pero, con la
esperanza de cambiar las cosas cambiando el mundo. Tamaña tarea para un joven
con poco peso corpóreo y demasiadas ambivalencias. En mi núcleo familiar
faltaba el dinero, pero abundaban la humildad, amistad y solidaridad. El barrio
y la vecindad fueron el terreno fértil donde sembrábamos las semillas de la
fraternidad. Una cosmovisión religiosa lo permeaba todo. El catolicismo, a
medio camino entre la doctrina oficial y la religiosidad popular, configuró nuestro
ethos[1]
para abordar la realidad social que apenas atisbábamos a comprender. Confieso
que no intuía el extenso camino que comenzaba a recorrer.
En
la década de 1980, influido por las narrativas aprendidas y las interacciones
ceñidas al micro mundo de mi pueblo natal, Cayey, Puerto Rico, fui seminarista
de la Diócesis de Caguas. Había acontecido recientemente el asesinato de Mons.
Óscar Arnulfo Romero Galdámez[2] en San Salvador, El
Salvador, Centroamérica. El hecho causó una indignación ética en mi persona al
punto que abonó mi decisión de ser sacerdote. Corrían los tiempos de la
opción preferencial por los pobres tras las conferencias episcopales de
Medellín y Puebla.[3] En una Iglesia puertorriqueña
tradicionalmente conservadora, la Diócesis de Caguas fue fundada en 1964, y su
primer obispo, Rafael Grovas Félix, tomó la dirección pastoral. Se trataba de un
intelectual progresista, puertorriqueñista y partidario una iglesia
liberadora. Fueron sentadas las bases de una iglesia desde abajo, unida al
pueblo, irradiada por las conclusiones del Concilio Vaticano II [4] y sus repercusiones en
Latinoamérica. Claro está, esa praxis era foco de todo tipo ataques.
El seminario, entonces llamado Instituto
de Formación Vocacional, constituía un experimento de inserción
comunitaria, es decir, no vivíamos en un claustro, sino en las
comunidades vecinales y estudiábamos en una universidad como cualquier
estudiante común y corriente. Muchos proveníamos de la pobreza y tomamos
conciencia de nuestra condición y sus causas mediante la formación vivida
en el seminario. Forjamos el quehacer social comprometido basados en la
teología de la liberación, que a Puerto Rico llegaba a pesar de los
pesares, porque, podemos parafrasear al presidente mexicano Porfirio Díaz
Mori[5] cuando decía: "Pobre
México, tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos". Lo mismo pasa
en la colonia. En ese ambiente conocí a mi amigo Luis A. Montañez Del
Valle, natural del barrio Espino del municipio de San Lorenzo, Puerto Rico,
quien falleció recientemente y a él dedico esta reflexión, ya que ambos fuimos
jóvenes pobres con muchas ilusiones de salir adelante, cobramos conciencia
social y política y seguimos rumbos personales, sociales y profesionales lejos
del objetivo de ser sacerdotes, pero, próximos al compromiso con nuestro pueblo
siempre.
Han
pasado muchas décadas desde cuando alimentábamos ideales y compromisos con
lecturas filosóficas, análisis crítico de la realidad social y la participación
en luchas comunitarias. Más de 40 años después [6] me topo
con la lectura de un libro titulado De Dios se habla caminando, cuyo
autor es el colombiano, sacerdote católico y misionero javeriano Jairo Alberto
Franco Uribe.[7]
Utilizo el verbo topar, porque, aunque he compartido con Jairo varias veces en
las prácticas de Yoga en Jardín, Antioquia,[8] apenas
comenzamos a conocernos. Sé de él que vivió en Kenia, África, dos décadas y que
retornó a Colombia para continuar su misión. Mediante la lectura de sus
reflexiones voy adentrándome en el corazón y la mente de mi nuevo amigo.
El texto, compuesto por reflexiones concisas
organizadas en orden cronológico, recoge su trayectoria espiritual de
compromiso liberador recorrida a partir de enero de 2017 y hasta abril de 2023.
Rinde homenaje a los pobres de la tierra con quienes, parafraseando al apóstol
de Cuba, José Martí, ha echado su suerte a andar.[9] Llevando
a África y Colombia en el corazón, Jairo Alberto entremezcla vivencias
cotidianas traslucidas con su fe cristiana vivenciada desde el lugar de los
pobres. Leerlas me remontó a mis lecturas de la teología de la liberación en la
década de 1980, pero, asimismo, a las historias libertarias tanto de África
como de América Latina. Su voz profética plasmada por escrito denuncia
categóricamente no solo las injusticias y crueldades sociales y políticas, sino
también las incongruencias de la Iglesia cuando se aparta de la evangélica opción
por los pobres. Rememora a otros que le precedieron en la misión inspirada por
los rostros diversos de Dios en la gente de a pie, las sufridas y sufridos, las
cicatrices testimoniales de duras faenas de trabajo, hambre y solidaridad.
Identifica el autor la causa de los pobres
como el espacio histórico donde se hilvanan la fe y el compromiso ciudadano. Solventa
la dicotomía entre la defensa de los “derechos de Dios” y los deberes
cristianos:
“Los únicos que pueden decirnos qué es lo
que quiere Dios son los crucificados que
gritan desde sus cruces, muchas veces sin siquiera pensar y creer en Dios. En
la situación que vivimos, el único rito posible, la única pascua, es la de los
que están sufriendo y muriendo”.[10]
Argumenta explícitamente
su concepción sacerdotal, que no deja de ser una crítica abierta a sus hermanos
del ministerio y de la Institución en cualquier rincón del planeta. Infiero que
lo lleva a cabo sin el desconocimiento de las represiones y sanciones sufridas
por otros, como Leonardo Boff, para mencionar un ejemplo conocido, pero que no
agota los nombres de tantas personas posiblemente cercanas al proceder de Jairo
en Colombia. Publicarlas es un acto de libertad y responsabilidad consecuente, no
me cabe duda. Al reflexionar sobre las masacres acontecidas en el viacrucis
largo y cruento del conflicto colombiano y las circunstancias adversas para el
pueblo continuadas en el posconflicto, asevera:
“He aquí el rito sagrado para todos,
sacerdotes, hombres y mujeres que queremos la gloria de Dios: ir al altar de
las calles y elevar los cuerpos ninguneados, palpar la pascua en sus cicatrices,
pronunciar sobre ellos las palabras de la consagración reconocer a Cristo y
adorar en ellos a Dios. Lo nuestro como cristianos no pasará de la superstición
y no será, en todo caso, la religión de Jesús, si con el pan y el vino de la
misa no juntamos estos cuerpos, el de Machuca y los de todas las víctimas, los
que están en escombrera y todos los desaparecidos, los que todavía deambulan
por las calles y piden ser satisfechos, los que en su diversidad sexual claman
por su dignidad, los violentados de mujeres que exigen reparación, los de los
trabajadores que luchan su derecho, los de los negros e indígenas que buscan
inclusión, los de la infancia abusada que reclaman inocencia… Si esos cuerpos no
son pan y vino de nuestra misa, nuestra religión resulta ser mentira y nuestra
fe una farsa”.[11]
Son
palabras vivas, significativas, ardientes, vehementes y plétoras de una conciencia
social que evoca a los profetas de la antigüedad tantas veces citados en los
estudios bíblicos, pero incomprendidos e invisibilizados ayer y hoy.
Recuerdo haberle dicho a Jairo que me
identifico con el abordaje de los temas expuestos en su libro. Sin embargo, no
le dije que, en especial, admiro su acompañamiento a las Madres de la
Candelaria, quienes, como las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, luchan,
insisten y persisten en la búsqueda de sus hijas e hijos desaparecidos en
Colombia. Cuando aparecen los restos mortales y al fin se les puede dar
sepultura, es imprescindible exigir la verdad y la justicia contra la impunidad.
Con ellas va Jairo Alberto a proclamar la muerte y anunciar la resurrección del
Dios de los pobres. No puede ser de otro modo.
Definitivamente, caminando se puede hablar
de muchos temas. Así fue con mi amigo Luis A. Montañez Del Valle, un gran
caminante y conversador. Estoy seguro que hubiera disfrutado la lectura del
libro aludido y la reflexión que suscita en mí. Ya no está para que conversemos
al respecto. Procuraré conversar y caminar fortalecido con las lecturas y las
amistades que propician mis Reflexiones desde El Jardín.
[1]
Ethos es una palabra del idioma griego que significa carácter o modo de
ser. Su extensión filosófica a otras áreas de la vida social implica el modo de
ser cultural que permea a determinado grupo configurado por sus rasgos propios
de actuar, los principios y los valores que le subyacen.
[2]
Óscar
Arnulfo Romero Galdámez (1917-1980), salvadoreño, fue arzobispo de la
arquidiócesis de San Salvador durante la época del conflicto armado que sacudió
a ese país centroamericano entre el Estado y, particularmente, el Frente
Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) que finalizó con la firma de los acuerdos
de paz en 1992. La defensa de los pobres y sus denuncias de la opresión y la
injusticia lo convirtieron en objetivo de sus detractores. Fue asesinado el 24
de marzo de 1980 mientras celebraba la misa. El Papa Francisco lo canonizó
el 14 de octubre de 2018. Se le venera como San Romero de América.
[3]
Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano celebradas en las
ciudades de Medellín, Colombia (1968) y Puebla, México (1979) constituyen dos
referentes históricos importantes en el desarrollo de la renovación de la
Iglesia Católica
en América Latina en la búsqueda de una puesta al día de su quehacer en la
realidad social del Continente. En ambas
fue acrisolada la opción preferencial por los pobres que inspiró la
participación cristiana en las luchas sociales y el desarrollo de la Teología
de la Liberación que la acompaña.
[4]
El Concilio Vaticano II fue el vigésimo primer concilio ecuménico de la Iglesia
Católica. Convocado por el Papa Juan XXIII en el año 1959, su primera sesión tuvo
lugar en Roma en octubre de 1962. Las relaciones entre la Iglesia y el mundo actual
con la actualización eclesial como norte condujeron la médula de los trabajos
conciliares que culminaron en 1965 bajo la dirección del Papa Pablo VI, sucesor
del fenecido iniciador. Para conocer los 16 documentos conclusivos del
Concilio, recomendamos visitar el repositorio siguiente: https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm
[5]
Porfirio Díaz
Mori presidió
los Estados Unidos Mexicanos de 1876 a 1911.
[6] 40
años después es el título de una de las Conversaciones con Martín
Cruz Santos y la participación de dos amigos y ex compañeros del Seminario transmitida
en vivo el 31 de mayo de 2022. Luis A. Montañez Del Valle estaba invitado,
pero, ese día estaba en una sesión de su terapia para combatir el cáncer y no
pudo estar con nosotros en la noche. El
enlace para acceder a la grabación es: https://www.youtube.com/live/GRYT2eC64Q8?si=bsmpUHtqpnz9Vcy5
[7]
Jairo Alberto Franco Uribe, 2023, De Dios se habla caminando, Medellín:
Innovación Gráfica
Bryam.
[8] En
relación con el Yoga, escribí una reflexión a la que pueden acceder
en el vínculo
siguiente:
https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/07/el-yoga-y-yo-martin-cruz-santos-gracias.html
[9]
José
Julián Martí y Pérez (1853-1895), cubano, patriota, poeta, filósofo y escritor
es considerado el apóstol de Cuba por su participación en favor de lucha por la
independencia de su patria frente al poder colonial español. La expresión es
parafraseada de su obra Versos sencillos escrita en 1891. Para leer el texto
completo del poema acceda a: https://ciudadseva.com/texto/versos-sencillos-01/
[10]
Jairo Alberto Franco Uribe, Ibid., 52.
[11]
Ibid., 80.

Hermano tremenda relflexion. Cómo sigue tu salud?
ResponderEliminar