04 octubre 2026



Mosaico de cambalaches

Martín Cruz Santos

 

“Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, chorro,
generoso o estafador.
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor”.

(Estrofa del tango Cambalache)[1]

Cambalache primero: más allá del siglo veinte

     Del siglo veinte viví menos de la mitad. Probablemente, lo experimenté, en parte, como un “cambalache problemático y febril”[2], igual que tantos vivieron las épocas cuando recorrieron el camino del tiempo en espacios geográficos y culturales diversos. A diferencia de Santos Discépolo, no asevero categóricamente “que el mundo fue y será una porquería”.[3] Razones tuvo para enjuiciarlo con severidad en el contexto de las crisis nacionales e internacionales durante la década de 1930. Sin embargo, coincido con él: haya sido en el “quinientos diez y en el dos mil también”[4] las porquerías embolsadas en trueques desfavorables han estado presentes.

   Si en la continuidad del devenir histórico en el siglo veintiuno prescindimos de la idílica concepción de progreso, veremos que seguimos “en el mismo lodo, todos manoseaos”[5]. Los poderosos del mundo se abrogan la divulgación de verdades alternas, dirigidas a públicos incautos, mediante narrativas propias de anacrónicas novelas de caballería o modernas hagiografías seculares. No solo “es lo mismo ser derecho que traidor”[6], sino que las falacias transmutan en mensajes inspiradores de resiliencia pronunciados por héroes y salvadores, ¿de qué?

     Avanza el cambalache: “no pienses más, sentate a un lao.”[7]

Cambalache segundo: del dicho al hecho hay un largo trecho…

   De repetirlo y citarlo, el aforismo desdice. Estipulemos que lo afirmó el ministro de propaganda del régimen hitleriano en Alemania, aunque no haya sido Goebbles el primero ni el último en llegar a la iluminada sentencia: “Una mentira repetida muchas veces se convierte en una verdad”. Es saber, incluso, de propagandistas mediocres. Difuminar los sucesos es una artimaña rentable: engrosa ganancias, cuantifica votos, conquista adeptos, glorifica personalidades, reinterpreta historias, diviniza instituciones y controla multitudes.

     “Mejor que decir es hacer, y mejor que prometer es realizar”, es una máxima atribuida al ex presidente argentino Juan Domingo Perón (1895-1974) en una alocución de 1943 (¡ay, Discépolo!). Pero, del dicho al hecho hay un largo trecho. El enunciado peronista y su concordancia con la realidad es tan debatible como complejo. Que el medio es el mensaje, según acuñó McLuhan[8], implica que la forma cómo un ente comunicador afecta las percepciones humanas excede la importancia y la veracidad del contenido que transmite. Tamaño cambalache es la inherencia política, corporativa y mediática en nuestras vidas. Pueden ser evidentes o no las consecuencias de un acto dependiendo de la andanada de textos, imágenes, sonidos y sensaciones quirúrgicamente calculadas y comunicadas que enfocan la percepción, distraen la atención y multiplican la influencia del algoritmo.  

     ¿Cómo distinguir el dicho del hecho, si “de los cambalaches se ha mezclao la vida”[9]?

Cambalache tercero: el pasado que pesa y no pasa

     La compositora mexicana Consuelo Velázquez (1916-2005) escribió el bolero Amar y vivir[10], una de cuyas coplas pregona: “No quiero arrepentirme después de lo que pudo haber sido y no fue…”. Sin duda alguna, es una alusión tremebunda y memorable, particularmente, al considerar un ayer más pesado que el presente maltrecho. Hay pretéritos en apariencia inamovibles, petrificados y eternos. Parecen establecidos en un otrora casi ontológico. Curiosamente, el supuesto origen metafísico o mitológico apela a un refugio al cual retornar en medio de una actualidad tormentosa, pese al consejo del célebre fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola (1491-1556): “En tiempos de desolación o tempestad, no hacer mudanza”.[11]

     Tememos a los cambalaches, porque pueden mover el piso bajo los pies y destruir cimientos edificados para no ceder ni un ápice. No obstante, ¡qué rabia!: “los inmorales nos han igualao”.[12] ¿Quién es portaestandarte de la moral? Argumentamos nuestra probidad innata fundamentada en una ley natural o en un derecho divino. Entonces procede una diatriba inmisericorde contra los bandidos, farsantes y desbandados de siempre. De no haber un paraíso perdido, toca inventarlo, ubicarlos allá y achacarles la transgresión primigenia que jodió todo. Lo malo del pasado es que no pasa: “¡Dale nomás! ¡Dale que va!”[13]

Cambalache cuarto: la ruleta rusa o perder ganando

   Un mosaico no es un vitral. Comparten el principio básico de crear una imagen con piezas, pero, varían en los materiales, las formas y los efectos visuales. Los cambalaches que observo no son diáfanos. Por el contrario, son construidos sobre superficies opacas y desgastadas a causa del deterioro provocado. El orden mundial es un entretenimiento macabro con la ruleta rusa, y la mano en la pistola apunta directo hacia nosotros, la mayoría, esto es: la población no privilegiada. La apuesta terca ha sido constante: el crecimiento económico permanente, la acumulación de poder sin parangón en escazas manos, recalentar imperios, armar guerras interminables a la menor provocación para alimentar la voracidad de la industria armamentista, transmigrar pueblos, alentar desigualdades a diestra y siniestra, y exprimir hasta el último recurso natural del planeta. Encomendamos la vida a la locura lúcida de unos pocos emprendedores de nada. Ganan disparando, perdemos muriendo o sobreviviendo.

     Sí, maestro Enrique Santos Discépolo: “Vivimos revolcaos en un merengue”[14], y, añado, distantes y no distintos del siglo veinte.  ¿Hasta cuándo? No sé. Sigo en mis Reflexiones desde El Jardín.

 



[1] Cambalache es el título de un tango famoso de la autoría del compositor y músico argentino Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Fue compuesto en el año 1934 e interpretado por vez primera en la voz de la cantante y actriz porteña María Isabel Bergero (1904-1958), artísticamente conocida como Sofía “La Negra” Bozán. Escuche la interpretación de Garlos Gardel (1890-1935):

https://youtu.be/iptZcYmcGUM?si=Jh_dVy8jMZ_8hG9L

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] El teórico de la comunicación Herbert M. McLuhan (1911-1980), canadiense, acuño la expresión “el medio es el mensaje” en su libro titulado Understanding Media: Extensions of Man, publicado en el año 1964.

[9] Tango Cambalache, Ibid.

[10] Relájese, disfrute, recuerde y cante escuchando esta interpretación de Amar y vivir por el trío Los Panchos: https://www.youtube.com/watch?v=9VcWRTMiUSI&list=RD9VcWRTMiUSI&start_radio=1

[11] Quinta regla de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola publicados por vez primera en 1548. El texto original lee: “En tiempo de desolación nunca hacer mudanza”.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Ibid

 

4 comentarios:

  1. Saludos. Tu escrito nos a llevado a una serie de reflexiones y hemos llegado a concluir que cambian los escenarios, las épocas pero el ser humano sigue con conductas similares..Norma y Ramón.

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  2. Muchas gracias, Norma y Ramón, por comentar la reflexión. Un abrazo.

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  3. Estamos jodidos con este mundo que anda como el cangrejo mi estimado don Martín: de para atrás. Un abrazo, muy buena reflexión y pendiente unos guarilaques en la tampa para reflexionar con tangos.

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  4. Saludos cordiales. Gracias por leer y comentar la reflexión. Un abrazo.

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