15 septiembre 2023


 

Olor a caña en Antioquia y el Valle del Cauca:

la Misión Chardón de 1929 y sus antecedentes

 

Martín Cruz Santos

 

“Si huele a caña, tabaco y brea, usted está en Cali, ay, mire, vea.” [1]

 

     Recuerdo que mi profesor de historiografía puertorriqueña en el nivel graduado, el fenecido doctor Carmelo Rosario Natal, proponía que incluyéramos en nuestras agendas investigativas futuras el tema de la emigración, presencia y participación de puertorriqueñas y puertorriqueños en otros países. Él nos había precedido con el estudio de las emigraciones puertorriqueñas al Caribe y Hawái a principios del XX.[2] Han sido abordadas más las oleadas migratorias de mis compatriotas a los Estados Unidos continentales. En menor grado conocemos la migración a latitudes diversas. Dado que al presente soy un emigrado fuera del contexto habitual estadunidense, desde Sudamérica rememoro las palabras del colega maestro e historiador y comienzo a vislumbrar el quehacer histórico puertorriqueño en Colombia.  

   Mi aproximación al tema es por la vía de la agricultura y la caña de azúcar, renglón tantas veces abordado en la historiografía puertorriqueña. El primer encuentro no es con obreros cañeros en la diáspora, sino el contexto histórico y económico colombiano de la época cuando comenzó a auparse el negocio azucarero a gran escala con el objetivo de insertar a Colombia en el sistema de producción agrícola mundial. Llegadas las primeras décadas del siglo XX, la agricultura del País, que durante la centuria anterior osciló entre la ganadería y los cultivos agrarios para satisfacer el consumo nacional, experimentó cambios generados por el Estado, pero, enmarcados en el mercado capitalista mundial de la época. La necesidad del conocimiento científico y tecnológico para la consecución del interés exportador condujo a la contratación de expertos internacionales para asesorar el proceso. Entraron en la esfera nacional las misiones de especialistas provenientes de Europa y Norteamérica. Probablemente, la más significativa estuvo dirigida por un micólogo puertorriqueño, Carlos Eugenio Chardón Palacios.

Chardón: un científico puertorriqueño

     Considerado el primer micólogo puertorriqueño o especialista en la investigación de los hongos, particularmente, los que afectan la producción agrícola, nació en la sureña ciudad de Ponce el 27 de septiembre de 1897. Realizó los primeros estudios universitarios en el Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas (CAAM) de la Universidad de Puerto Rico ubicado en la sultana del oeste, Mayagüez.[3]  No alcanzó un grado académico en ese recinto universitario, debido a los efectos devastadores del terremoto ocurrido el 11 de octubre de 1918.[4] Continuó sus estudios en la Universidad de Cornell en Nueva York donde culminó especializaciones en Micología y Fitopatología en 1921.[5] Además de haber sido un científico naturalista, Chardón se desempeñó como funcionario público en Puerto Rico. Concluidos sus estudios universitarios trabajó como fitopatólogo en la Estación Experimental Agrícola Insular de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, a partir de 1921. De 1923 a 1930 se desempeñó en el cargo de Comisionado de Agricultura.

      De su quehacer político gubernamental es conocido mayormente el llamado Plan Chardón, nombre atribuido a la participación de él como uno de los autores del proyecto de reconstrucción económica y social promulgado por el presidente Franklin Delano Roosevelt para Puerto Rico durante la década de 1930 en tiempos de pauperización y convulsión política. También recibió el nombramiento de administrador de la Puerto Rico Reconstruction Administration (PRRA) por el indignamente recordado gobernador Blanton Winship. Asimismo, fungió como Canciller (puesto cuyo título cambió a Rector en 1942) de la Universidad de Puerto Rico de 1930 a 1935. El último gobernador estadunidense de la Isla, Rexford G. Tugwell, le encargó la dirección de la recién creada Autoridad de Tierras, puesto que ocupo entre 1941 y el 1942.

El micólogo en Colombia: Antioquia, su primera parada

    Conocemos que Chardón anduvo por las tierras colombianas en distintos periodos entre 1925 a 1930. La poeta, diplomática y pedagoga chilena Lucila Godoy Alcayaga, mejor conocida en el mundo literario por el seudónimo de Gabriela Mistral,[6] lo llamó el continentalista por sus labores en varios países de la América, en particular, Colombia:

“En su primer viaje reorganizó el Colegio de Agricultura de Medellín y en el segundo dirigió la comisión de técnicos que haría el reconocimiento agropecuario del clásico Valle del Cauca. La fundación colombiana de la Estación Agrícola de Palmira arranca igualmente de esta visita.” [7]

Un ensayo de la autoría de la ingeniera agrónoma y doctora en Estudios Ambientales y Rurales, Olga Lucía Delgadillo, y el comunicador social, periodista y doctor en comunicación, Víctor Hugo Valencia, ambas docentes de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, publicado en la revista colombiana Historia Agraria[8] arroja información relevante al respecto. Como trasfondo de la presencia de Chardón Palacios en el Valle del Cauca, documentan la llegada del micólogo al departamento de Antioquia en 1926 contratado por la gobernación departamental para reorganizar la Escuela Superior de Agronomía. Ciertamente, es corroborable por otras fuentes que el experto condujo un estudio exploratorio durante dos meses cuyas observaciones, hallazgos y recomendaciones están contenidas en el Informe sobre la reorganización de la Escuela Superior de Agricultura y Medicina Veterinaria presentado en Medellín el día 10 de junio de 1926.[9]    

   Chardón dividió el documento en dos partes: la reorganización de la Escuela y los problemas agrícolas del Departamento de Antioquia. Adujo tres problemas principales en la organización de la Escuela, a saber: la falta de un sitio apropiado, la falta de recursos para su equipo y gastos ordinarios y la falta de orientación.[10] Propone que para llevar a cabo la finalidad educativa y social de la Institución era importante promover tres actividades prioritarias: la experimentación, la vulgarización o difusión de los resultados de las investigaciones y la enseñanza agrícola. Llama la atención que recomendara favorecer la tendencia entonces vigente de “restarle fuerza a las humanidades y estudios clásicos y sumársela al estudio de las profesiones útiles”.[11] Su argumentación estuvo basada en una visión pragmática del conocimiento y su adhesión a la economía del mercado para formar profesionales prácticos, ya que, a su juicio:

“Un país o una industria regida por teóricos, no tarda en llegar al ridículo y al descredito; por eso debe tenerse sumo cuidado en estar siempre apartado de esta tendencia fatal”.[12]  

No obstante, cabe aseverar, que el informe proyecta un estudio concienzudo y pormenorizado en cuanto a las observaciones, recomendaciones y la planificación del currículo de enseñanza acorde a los cursos, el secuencial curricular y los créditos, así como también el presupuesto necesario para la infraestructura.  

     La segunda parte del texto es amplia en la exposición de sus impresiones a tenor con los problemas agrícolas encontrados en Fredonia, municipio localizado en el suroeste antioqueño, y las riberas antioqueñas del Río Cauca. En el trayecto pudo reconocer algunos problemas micológicos y relacionarlos con los habidos en Puerto Rico:

“Este viaje a pie resultó muy interesante, por haber encontrado en el camino varios árboles de café seriamente infectados de una plaga muy parecida a la producida por el "minador de la hoja" Leucoptera coffeella. Los síntomas de las hojas afectadas son tan parecidos a los de Puerto Rico, que se debe tratar de esta especie y de otra aliada”.[13]

Otros análisis micológicos en el laboratorio de la Escuela Superior de Agricultura y Medicina Veterinaria lo acercaron a Jardín, el municipio donde resido. Si bien no se trasladó al pueblo, tuvo acceso a muestras de Fumaginas o Capnodiom coffeau, una enfermedad común en Sudamérica en esos tiempos que estaba causando dificultades agrícolas en Jardín.[14] Asimismo, entrevera observaciones sobre las posibilidades de la cosecha de la caña de azúcar en la región del Cauca, lo cual tendría la oportunidad de profundizar posteriormente en la llamada Misión Chardón en el Valle del Cauca. Su mirada primera iba en esa dirección:

“En las riberas de este caudaloso río vi magníficos pastos y ganado muy sano y robusto; pude observar varias planicies de terreno llano admirablemente adaptadas para el cultivo de la caña, pero no vi esta planta por ningún sitio. Las tierras calientes son las ideales para el cultivo do esta planta; en ellas se desarrolla mucho más ligero, en doce o catorce meses se puede conseguir caña de magnífico dulce”.[15]

Reconoce el micólogo el valor de la producción de la panela o azúcar mascabada, que al ser la segunda industria agrícola de Antioquia (la primera era el café), por tanto, el mejoramiento del cultivo de la caña constituía una prioridad inmediata. Consecuentemente, sus consejos profesionales basados en el análisis del estado de la situación agrícola observada aportaron ideas para la modernización de la producción. Así narraba sus visitas exploratorias:

“A los pocos días de mi llegada a Medellín hice repetidas visitas a las plantaciones de caña de los alrededores; éstas, en mayoría, están situadas sobre tierras de aluvión, llanas, pero aparentemente de agotada fertilidad. En efecto, estas tierras llanas han estado cultivadas por muchos años sin la menor aplicación de abonos químicos. No es de extrañarse su actual estado de desgaste; conozco varios sitios en que las tierras han tenido que ser abandonadas para potreros. Este procedimiento de restablecer la fertilidad a las tierras, es decir, por el abandono durante varios años. es un proceso anticuado y muy lento. Hay necesidad de habilitar nuevamente estas tierras para el cultivo de la caña, o cualquier otro producto intensivo, por otro procedimiento más rápido y más moderno”.[16]

Interesantemente, Chardón vincula el proceso de modernización con las experiencias desarrolladas en Puerto Rico.

    En la mayoría de sus recomendaciones propulsa importar semillas, conocimientos y recursos humanos de la Isla, pero, tomando en consideración las debidas precauciones en cuanto a las enfermedades detectadas en las Antillas. En cuanto a los hongos hallados en plantas de café, propuso:

“Lo ideal sería que un patólogo de Puerto Rico, plenamente familiarizado con las enfermedades que se encuentran en las Antillas, fuese contratado por el Gobierno Departamental y viniese por dos años a hacer investigaciones en Antioquia. Este técnico debiera después ser enviado a la América Central para hacer comparaciones, y a su vuelta estaría en condiciones dar importantísimas opiniones sobre este asunto tan obscuro de la investigación agrícola”.[17]

Rafael Andrés Toro (1897-1981), fitopatólogo puertorriqueño, recibió la encomienda propuesta por Chardón. Aportó “un extenso trabajo en el área de la botánica y la micología, fundó el Herbario Medel[18] y recogió una amplia colección de hongos fitoparásitos”.[19] Entre ambos lograron la colección gracias a sus excursiones en Antioquia.[20] El trabajo estuvo vinculado a la Universidad de Cornell, a donde remitieron la colección. Los resultados de la investigación tuvieron difusión no solo en Antioquia, sino también en otros países, como Venezuela, donde ambos colaboraron en actividades de investigación y asesoramiento.[21]

     Para el manejo adecuado de las plagas que atacaban los cultivos de la caña, no pasa por alto la función y el compromiso científica de la Escuela reorganizada:

“En mis excursiones por los cañaverales de Antioquia no he podido encontrar el "mosaico", circunstancia muy afortunada para los agricultores de esta región; pero con el intercambio de semillas debe establecerse pronto, el Gobierno Departamental puede adoptar rigurosas medidas de cuarentena, para evitar que la enfermedad del "mosaico” venga en las semillas importadas. La medida más conveniente sería que se negase la entrada a este Departamento de cualquier semilla de caña que no esté destinada directamente a la Escuela y que no venga acompañada del correspondiente certificado de "buena salud” de las Oficinas de Cuarentena Vegetal de sus respectivos países. La Escuela debiera ser la única llamada a hacer estas importaciones, para sus fines experimentales, primeramente, y para la distribución general de la semilla después”.[22]

 

Cultivar la caña había sido una tarea ardua en Antioquia como en cualquier lugar donde cosechara incluso durante siglos, como era el caso más conocido por Chardón, Puerto Rico, donde los pininos cañeros se remontan al siglo XVI cuando fueron establecidos los primeros ingenios azucareros. La experiencia acumulada y el conocimiento científico se amalgamaron para dejar claro que “el cuidado de la plantación es tan importante como el buen terreno y la buena semilla, pues la caña es una planta que necesita de un cultivo esmerado”.[23] Axioma aplicable igualmente al Valle del Cauca donde la Misión Chardón extendió la presencia y los aportes del científico puertorriqueño.

La Misión Chardón en el Valle de Cauca   

  Reiteramos que la misión encabezada por Carlos E. Chardón Palacios y cuatro profesionales (un veterinario, un patólogo, un agrónomo y un secretario) es considerada la más destacada de las recibidas en Colombia por sus repercusiones en el desarrollo socioecológico y económico de la región bordeada por el río Cauca.[24] El objetivo principal era “la discusión y el estudio general de los problemas pecuarios, incluyendo las enfermedades y su control, aclimatación y cruce de razas exóticas  de ganado, así como también la discusión y el estudio general de los problemas agrícolas del Departamento (Valle del Cauca) desde la perspectiva económica”.[25]  No faltaron las recomendaciones para la legislación agrícola y un plan para la reorganización de la Estación Experimental Agrícola.[26]

     Las gestiones para el retorno de Chardón a Colombia fueron iniciadas por Carlos Holguín Lloreda, a la sazón gobernador del departamento del Valle del Cauca entre los años 1927 al 1929 y continuadas por el sucesor de él, Tulio Raffo. Requirió de una coordinación compleja que incluyó el aval del ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Olaya Herrera, quien posteriormente sería presidente de Colombia entre 1930 y 1934, el cabildeo diplomático entre la embajada colombiana en Washington, el consulado de San Juan y la Estación Experimental Agrícola de Mayagüez donde laboraba Chardón Palacios.  

     La Misión coincidió con el inicio de la Gran Depresión en los Estados Unidos y sus consecuencias graves en tierras colombianas, ya que el precio del café, el principal renglón económico, había disminuido mundialmente. Corrían tiempos políticamente convulsos causados por las rivalidades entre conservadores y liberales, la fundación del Partido Socialista y la intervención diplomática del gobierno estadunidense en la defensa de sus intereses económicos en el País y la búsqueda de hacer contrapeso al avance ideológico del marxismo leninismo desarrollado en la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Arriban a Colombia en 1929 y la visita se extendió hasta 1930 cuando institucionalmente se había promulgado el fomento de la educación y la inmigración. Implicaba la organización de instituciones educativas e investigativas para desarrollar la agricultura.

     En el Valle del Cauca la producción de la caña de azúcar era muy baja en comparación con el potencial ecológico de sus tierras hábiles para el cultivo. Los integrantes de la Misión determinaron que eran mayúsculas las posibilidades de aumentar la rentabilidad del producto dado que los terrenos disponibles, las condiciones materiales óptimas y la valoración de la azúcar refinada era uno de gran demanda en el mundo. Hubo recomendaciones aceptadas y puestas en práctica por el gobierno departamental de inmediato, entre ellas, “la región inició la ejecución de un plan piloto de siembra de caña de azúcar en los ingenios Manuelita y Providencia, mediante el cual se redujo considerablemente la distancia entre plantas para darle mayor uso a la tierra”.[27] Una estación experimental, la de Palmira,[28] recibió atención especial de los expertos, quienes recomendaron el desarrollo de la misma como parte de la estrategia agrícola iniciada en el Valle del Cauca. De Puerto Rico llegaron nuevas variedades de caña. La modernización quedó evidenciada en la preparación de los suelos para la siembra, las técnicas de cosecha y los sistemas de riego.  Además, la investigación científica y tecnológica abonó los planes gubernamentales y económicos en adelante.

     Como bien concluyen Olga Lucía Delgadillo y Víctor Hugo Valencia:

“La Misión Chardón fue la estrategia del estado regional que facilitó la incorporación de métodos y técnicas productivas de carácter científico, innovaciones introducidas y reforzadas posteriormente con las propuestas y recomendaciones de las entidades extranjeras (misiones y universidades)”.[29]

 Chardón y sus colegas marcaron la ruta de la magnitud del avance que alcanzaría posteriormente el Valle del Cauca en la industria del azúcar. Otros departamentos de Colombia establecieron políticas públicas similares en cuanto al uso de los suelos para la producción agrícola, la detección y el tratamiento de las enfermedades que afectaban la agricultura y la formación de los profesionales en ese campo. Por tanto, desde su primera visita al departamento de Antioquia hasta el andamiaje que significó el estudio ejecutado por la Misión, hubo una influencia científica, política y económica del proyecto que representaba Carlos Chardón en la modernización de Colombia, que no era ajena, definitivamente, a los intereses del mercado internacional.  

   Culminada la Misión, Carlos E. Chardón Palacios regresó a Puerto Rico para continuar en el servicio público. Colombia no quedó atrás como un paso adicional en su profesión. En 1936 volvió al Valle del Cauca, esa vez para evaluar los daños causados por una enfermedad conocida, el Mosaico. Hizo otras recomendaciones incorporadas por las autoridades gubernamentales y empresariales. Tuvo la oportunidad de dictar una conferencia ante la Sociedad de Agricultores de Colombia en la cual insistió en la médula de sus propuestas de 1930:

“…que la agricultura progresaba de dos formas: por observación (método primitivo que databa de los tiempos bíblicos), y por experimentación científica (método con apenas cincuenta años de aplicación, pero cuyos resultados positivos eran superiores a los de tres mil años de observaciones)”.[30]

Privilegiaba las mismas ideas y los principios que motivaron la reorganización de la Escuela Superior de Agricultura y Medicina Veterinaria de Antioquia y el reconocimiento agropecuario del Valle del Cauca. De ahí que promoviera la formación de ingenieros, químicos, agrónomos y veterinarios, pues el País urgía de un crecimiento agrícola indispensable para una economía nacional capaz de insertare en el contexto internacional.

      Continúa hasta nuestros días el cultivo de la caña y el café en Antioquia y el Valle del Cauca con sus altas y bajas. La evolución científica y tecnológica es parte de los procesos políticos, económicos e industriales. Las conclusiones y repercusiones de la Misión Chardón y sus antecedentes han sido harto estudiadas, citadas e historiografiadas académicamente en Colombia. Considero que en Puerto Rico existen vacíos investigativos al respecto. Si con este escrito logramos retrotraer algunas líneas de investigación que trasciendan nuestro objetivo específico de acercarnos a la presencia puertorriqueña en Colombia, habrá sido fructífero sembrar las semillas del tema en mis Reflexiones desde El Jardín.  



[1] Estrofa de la canción titulada Oiga, mire, vea, un éxito de la música popular colombiana compuesto por Saturnino Caicedo Córdoba y grabado por la Orquesta Guayacán en 1990.   

[2] Al respecto es recomendable la lectura de su obra: Carmelo Rosario Natal, 1971, Éxodo puertorriqueño: las emigraciones puertorriqueñas al Caribe y Hawái (1900-1910), Rio Piedras: Editorial Edil, 2021 (cuarta edición).

[3] Fundada la Universidad de Puerto Rico en el año 1903, su extensión de servicios educativos hacia otras áreas geográficas del archipiélago puertorriqueño tuvo inicio en Mayagüez con la fundación del Colegio de Agricultura el 23 de septiembre de 1911. Dos años después el concepto y nombre cambió a Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas. Así se le conoció hasta que en 1966 una reforma universitaria organizó la Universidad de Puerto Rico en recintos y comenzó a llamarse Recinto Universitario de Mayagüez (RUM).   

[4] El sismo acontecido en Puerto Rico a las 10:14 A.M. del 11 de octubre del 1918 tuvo una magnitud de 7.3 grados, según la Escala Richter, lo cual se considera un terremoto de magnitud mayor. 116 personas fallecieron. Las pérdidas materiales se cuantificaron como millonarias. También se le conoce como el terremoto de San Fermín, ya que, en el santoral católico, que era culturalmente influyente en esa época, coincidió con la fecha del sismo.

[5] Para una biografía general de Chardón Palacios, acceder a: https://enciclopediapr.org/content/carlos-e-chardon-palacios/

[6] Lucía Godoy Alcayaga nació en Vicuña, Chile, el 7 de abril de 1889. Su creatividad literaria prolífica propició que fuera galardonada con el Premio Nobel de Literatura en 1945 como la primera mujer iberoamericana en obtenerlo. Falleció en la ciudad de Nueva York el 10 de enero de 1957.

[7] Gabriela Mistral, 1934, Un hombre en Puerto Rico: Don Carlos Chardón, copia de un texto mecanografiado y firmado con anotaciones y correcciones a lápiz y tinta. Disponible en línea: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-141916.html

[8]Olga Lucía Delgadillo y Víctor Hugo Valencia, (abril de 2020), Misión Chardón y la modernización agrícola en el valle geográfico del río Cauca (Colombia), Historia Agraria, número 80, pp. 145-175.

[9] Carlos E. Chardón, Informe sobre la reorganización de la Escuela Superior de Agricultura y Medicina Veterinaria, Medellín, 10 de junio de 1926, documento digitalizado por la Biblioteca Nacional de Colombia:

https://catalogoenlinea-bibliotecanacional-gov

 

[10] Ibid., pág., 14. 

[11] Ibid., pág., 13.

[12] Ibid.

[13] Ibid., pág. 39. 

[14] Ibid., pág. 50.

[15] Ibid., pág. 41.

[16] Ibid., pág. 52.

[17] Ibid., pág. 51.

[18] Se conoce como Herbario Medel al Museo Herbario Gabriel Gutiérrez Villegas de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín fundado en la Escuela Superior de Agricultura y Veterinaria en marzo de 1927 por los micólogos Rafael Andrés Toro y su mentor Carlos E. Chardón Palacios. Posee una colección de más de 73,000 especies de flora. Fuentes:    https://ciencias.medellin.unal.edu.co/museos/herbario/es/  https://redcultural.medellin.unal.edu.co/expored/templates/unal/pdf/herbario.pdf

[19] Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, Museo Micológico de la Sede tiene la colección más grande de hongos fitoparásitos del país, disponible en línea: https://medellin.unal.edu.co/noticias/1053-museo-micologico-de-la-sede-tiene-la-coleccion-mas-grande-de-hongos-fitoparasitos-del-pais.html

[20] Oficina de Planeación de Universidad Nacional de Colombia, Sede Medellín, 1996, Reseña de la Universidad Nacional Sede Medellín, disponible en línea: https://planeacion.medellin.unal.edu.co/images/documentos/HistoriaUnalMed.pdf

[21] Yolanda Texera Arnal, Especialistas del exterior en el Ministerio de Agricultura y Cría de Venezuela (1936-1938), Revista Electrónica Latinoamericana de Estudios Sociales, Históricos y Culturales de la Ciencia y la Tecnología, Año 2014 No. 2. SNN 2244-7008, disponible en línea: http://www.ucv.ve/fileadmin/user_upload/cendes/Cursos_ampliacion/especialistas2014.pdf

[22] Ibid., pág. 55.

[23] Ibid., págs. 55-56.

[24] Olga Lucía Delgadillo y Víctor Hugo Valencia, Op.Cit., 148.

[25] Ibid., pág. 154.

[26] Néstor Fabio Valencia Llano y Álvaro Acevedo Tarazona, Origen de la educación agrícola superior en el Valle del Cauca, 1910-1934, HiSTOReLo Vol. 2, No. 3, junio de 2010, pág, 79, disponible en línea: http://www.scielo.org.co/pdf/histo/v2n3/v2n3a04.pdf

[27] Ibid., pág. 156.

[28] La Estación Agrícola Experimental de Palmira fue creada en 1926. Posteriormente, en 1928, abrió el Centro de Investigación Palmira, cuya organización recayó en los miembros de la Misión Chardón contratados por Ciro Molina Garcés (1891-1953), secretario de Industrias del Valle y gestor público de la modernización agrícola del Departamento del Valle del Cauca. Dese 1938 el Centro obtuvo carácter nacional cuando pasó a ser administrada por el Ministerio de Agricultura de Colombia y comenzó a llamarse Centro Nacional de Investigación.   Fuentes: Centro de Investigación Nacional de Colombia, disponible en línea: https://www.agrosavia.co/nosotros/sedes/centro-de-investigaci%C3%B3n-palmira 

https://repository.agrosavia.co/bitstream/handle/20.500.12324/23373/22498_3275.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Universidad Nacional de Colombia, Repositorio Institucional, Biblioteca Digital, La Estación Experimental de Palmira: https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/71942

[29] Ibid., pág. 170.

 

[30] Ibid., pág. 162.

06 septiembre 2023

Sobre lecturas y amistades

Martín Cruz Santos

 

A Luis A. Montañez Del Valle (1959-2023), porque nuestra amistad nació en el contexto de intentar la lectura reflexiva de la vida y del mundo.

 

      Cuando cumplí mis 18 años de edad, la pobreza y el entusiasmo juvenil afloraban en mis sueños condicionándose mutuamente. Crecí entre carencias socioeconómicas y culturales, pero, con la esperanza de cambiar las cosas cambiando el mundo. Tamaña tarea para un joven con poco peso corpóreo y demasiadas ambivalencias. En mi núcleo familiar faltaba el dinero, pero abundaban la humildad, amistad y solidaridad. El barrio y la vecindad fueron el terreno fértil donde sembrábamos las semillas de la fraternidad. Una cosmovisión religiosa lo permeaba todo. El catolicismo, a medio camino entre la doctrina oficial y la religiosidad popular, configuró nuestro ethos[1] para abordar la realidad social que apenas atisbábamos a comprender. Confieso que no intuía el extenso camino que comenzaba a recorrer.

      En la década de 1980, influido por las narrativas aprendidas y las interacciones ceñidas al micro mundo de mi pueblo natal, Cayey, Puerto Rico, fui seminarista de la Diócesis de Caguas. Había acontecido recientemente el asesinato de Mons. Óscar Arnulfo Romero Galdámez[2] en San Salvador, El Salvador, Centroamérica. El hecho causó una indignación ética en mi persona al punto que abonó mi decisión de ser sacerdote. Corrían los tiempos de la opción preferencial por los pobres tras las conferencias episcopales de Medellín y Puebla.[3]  En una Iglesia puertorriqueña tradicionalmente conservadora, la Diócesis de Caguas fue fundada en 1964, y su primer obispo, Rafael Grovas Félix, tomó la dirección pastoral. Se trataba de un intelectual progresista, puertorriqueñista y partidario una iglesia liberadora. Fueron sentadas las bases de una iglesia desde abajo, unida al pueblo, irradiada por las conclusiones del Concilio Vaticano II [4] y sus repercusiones en Latinoamérica. Claro está, esa praxis era foco de todo tipo ataques.

      El seminario, entonces llamado Instituto de Formación Vocacional, constituía un experimento de inserción comunitaria, es decir, no vivíamos en un claustro, sino en las comunidades vecinales y estudiábamos en una universidad como cualquier estudiante común y corriente. Muchos proveníamos de la pobreza y tomamos conciencia de nuestra condición y sus causas mediante la formación vivida en el seminario.  Forjamos el quehacer social comprometido basados en la teología de la liberación, que a Puerto Rico llegaba a pesar de los pesares, porque, podemos parafrasear al presidente mexicano Porfirio Díaz Mori[5] cuando decía: "Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos". Lo mismo pasa en la colonia. En ese ambiente conocí a mi amigo Luis A. Montañez Del Valle, natural del barrio Espino del municipio de San Lorenzo, Puerto Rico, quien falleció recientemente y a él dedico esta reflexión, ya que ambos fuimos jóvenes pobres con muchas ilusiones de salir adelante, cobramos conciencia social y política y seguimos rumbos personales, sociales y profesionales lejos del objetivo de ser sacerdotes, pero, próximos al compromiso con nuestro pueblo siempre.

  Han pasado muchas décadas desde cuando alimentábamos ideales y compromisos con lecturas filosóficas, análisis crítico de la realidad social y la participación en luchas comunitarias. Más de 40 años después [6] me topo con la lectura de un libro titulado De Dios se habla caminando, cuyo autor es el colombiano, sacerdote católico y misionero javeriano Jairo Alberto Franco Uribe.[7] Utilizo el verbo topar, porque, aunque he compartido con Jairo varias veces en las prácticas de Yoga en Jardín, Antioquia,[8] apenas comenzamos a conocernos. Sé de él que vivió en Kenia, África, dos décadas y que retornó a Colombia para continuar su misión. Mediante la lectura de sus reflexiones voy adentrándome en el corazón y la mente de mi nuevo amigo.

   El texto, compuesto por reflexiones concisas organizadas en orden cronológico, recoge su trayectoria espiritual de compromiso liberador recorrida a partir de enero de 2017 y hasta abril de 2023. Rinde homenaje a los pobres de la tierra con quienes, parafraseando al apóstol de Cuba, José Martí, ha echado su suerte a andar.[9] Llevando a África y Colombia en el corazón, Jairo Alberto entremezcla vivencias cotidianas traslucidas con su fe cristiana vivenciada desde el lugar de los pobres. Leerlas me remontó a mis lecturas de la teología de la liberación en la década de 1980, pero, asimismo, a las historias libertarias tanto de África como de América Latina. Su voz profética plasmada por escrito denuncia categóricamente no solo las injusticias y crueldades sociales y políticas, sino también las incongruencias de la Iglesia cuando se aparta de la evangélica opción por los pobres. Rememora a otros que le precedieron en la misión inspirada por los rostros diversos de Dios en la gente de a pie, las sufridas y sufridos, las cicatrices testimoniales de duras faenas de trabajo, hambre y solidaridad.

     Identifica el autor la causa de los pobres como el espacio histórico donde se hilvanan la fe y el compromiso ciudadano. Solventa la dicotomía entre la defensa de los “derechos de Dios” y los deberes cristianos:

“Los únicos que pueden decirnos qué es lo que quiere Dios son los crucificados   que gritan desde sus cruces, muchas veces sin siquiera pensar y creer en Dios. En la situación que vivimos, el único rito posible, la única pascua, es la de los que están sufriendo y muriendo”.[10]   

Argumenta explícitamente su concepción sacerdotal, que no deja de ser una crítica abierta a sus hermanos del ministerio y de la Institución en cualquier rincón del planeta. Infiero que lo lleva a cabo sin el desconocimiento de las represiones y sanciones sufridas por otros, como Leonardo Boff, para mencionar un ejemplo conocido, pero que no agota los nombres de tantas personas posiblemente cercanas al proceder de Jairo en Colombia. Publicarlas es un acto de libertad y responsabilidad consecuente, no me cabe duda. Al reflexionar sobre las masacres acontecidas en el viacrucis largo y cruento del conflicto colombiano y las circunstancias adversas para el pueblo continuadas en el posconflicto, asevera:

“He aquí el rito sagrado para todos, sacerdotes, hombres y mujeres que queremos la gloria de Dios: ir al altar de las calles y elevar los cuerpos ninguneados, palpar la pascua en sus cicatrices, pronunciar sobre ellos las palabras de la consagración reconocer a Cristo y adorar en ellos a Dios. Lo nuestro como cristianos no pasará de la superstición y no será, en todo caso, la religión de Jesús, si con el pan y el vino de la misa no juntamos estos cuerpos, el de Machuca y los de todas las víctimas, los que están en escombrera y todos los desaparecidos, los que todavía deambulan por las calles y piden ser satisfechos, los que en su diversidad sexual claman por su dignidad, los violentados de mujeres que exigen reparación, los de los trabajadores que luchan su derecho, los de los negros e indígenas que buscan inclusión, los de la infancia abusada que reclaman inocencia… Si esos cuerpos no son pan y vino de nuestra misa, nuestra religión resulta ser mentira y nuestra fe una farsa”.[11]  

Son palabras vivas, significativas, ardientes, vehementes y plétoras de una conciencia social que evoca a los profetas de la antigüedad tantas veces citados en los estudios bíblicos, pero incomprendidos e invisibilizados ayer y hoy.

     Recuerdo haberle dicho a Jairo que me identifico con el abordaje de los temas expuestos en su libro. Sin embargo, no le dije que, en especial, admiro su acompañamiento a las Madres de la Candelaria, quienes, como las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina, luchan, insisten y persisten en la búsqueda de sus hijas e hijos desaparecidos en Colombia. Cuando aparecen los restos mortales y al fin se les puede dar sepultura, es imprescindible exigir la verdad y la justicia contra la impunidad. Con ellas va Jairo Alberto a proclamar la muerte y anunciar la resurrección del Dios de los pobres. No puede ser de otro modo. 

   Definitivamente, caminando se puede hablar de muchos temas. Así fue con mi amigo Luis A. Montañez Del Valle, un gran caminante y conversador. Estoy seguro que hubiera disfrutado la lectura del libro aludido y la reflexión que suscita en mí. Ya no está para que conversemos al respecto. Procuraré conversar y caminar fortalecido con las lecturas y las amistades que propician mis Reflexiones desde El Jardín.  



[1] Ethos es una palabra del idioma griego que significa carácter o modo de ser. Su extensión filosófica a otras áreas de la vida social implica el modo de ser cultural que permea a determinado grupo configurado por sus rasgos propios de actuar, los principios y los valores que le subyacen.   

[2] Óscar Arnulfo Romero Galdámez (1917-1980), salvadoreño, fue arzobispo de la arquidiócesis de San Salvador durante la época del conflicto armado que sacudió a ese país centroamericano entre el Estado y, particularmente, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)  que finalizó con la firma de los acuerdos de paz en 1992. La defensa de los pobres y sus denuncias de la opresión y la injusticia lo convirtieron en objetivo de sus detractores. Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la misa. El Papa Francisco lo canonizó el 14 de octubre de 2018. Se le venera como San Romero de América.

[3] Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano celebradas en las ciudades de Medellín, Colombia (1968) y Puebla, México (1979) constituyen dos referentes históricos importantes en el desarrollo de la renovación de la Iglesia Católica en América Latina en la búsqueda de una puesta al día de su quehacer en la realidad social del Continente.  En ambas fue acrisolada la opción preferencial por los pobres que inspiró la participación cristiana en las luchas sociales y el desarrollo de la Teología de la Liberación que la acompaña.

[4] El Concilio Vaticano II fue el vigésimo primer concilio ecuménico de la Iglesia Católica. Convocado por el Papa Juan XXIII en el año 1959, su primera sesión tuvo lugar en Roma en octubre de 1962. Las relaciones entre la Iglesia y el mundo actual con la actualización eclesial como norte condujeron la médula de los trabajos conciliares que culminaron en 1965 bajo la dirección del Papa Pablo VI, sucesor del fenecido iniciador. Para conocer los 16 documentos conclusivos del Concilio, recomendamos visitar el repositorio siguiente:   https://www.vatican.va/archive/hist_councils/ii_vatican_council/index_sp.htm

[5] Porfirio Díaz Mori presidió los Estados Unidos Mexicanos de 1876 a 1911.  

[6] 40 años después es el título de una de las Conversaciones con Martín Cruz Santos y la participación de dos amigos y ex compañeros del Seminario transmitida en vivo el 31 de mayo de 2022. Luis A. Montañez Del Valle estaba invitado, pero, ese día estaba en una sesión de su terapia para combatir el cáncer y no pudo estar con nosotros en la noche.  El enlace para acceder a la grabación es: https://www.youtube.com/live/GRYT2eC64Q8?si=bsmpUHtqpnz9Vcy5

[7] Jairo Alberto Franco Uribe, 2023, De Dios se habla caminando, Medellín: Innovación Gráfica Bryam.

[8] En relación con el Yoga, escribí una reflexión a la que pueden acceder en el vínculo siguiente:

https://conversacionesconmartincruzsantos.blogspot.com/2023/07/el-yoga-y-yo-martin-cruz-santos-gracias.html

[9] José Julián Martí y Pérez (1853-1895), cubano, patriota, poeta, filósofo y escritor es considerado el apóstol de Cuba por su participación en favor de lucha por la independencia de su patria frente al poder colonial español. La expresión es parafraseada de su obra Versos sencillos escrita en 1891. Para leer el texto completo del poema acceda a: https://ciudadseva.com/texto/versos-sencillos-01/

[10] Jairo Alberto Franco Uribe, Ibid., 52.

[11] Ibid., 80.